La historia de Nápoles abarca su pasado como antigua polis de la Magna Grecia, municipium de la Italia romana,Laura Chioffi, Novità da Capua. XIV Congressus Internationalis. Epigraphiae Graecae et Latinae. 27. — 31. Augusti MMXII. capital del ducado bizantino de Nápoles,cfr. Campania tardoantica (284-604), p. 138 principal ciudad peninsular del Reino de Sicilia bajo las dinastías normandas y suabas,Cfr. The New Cambridge Medieval History: c. 500-700, p. 341 y, tras las Vísperas sicilianas, capital del Reino de Nápoles bajo las dinastías angevinas, aragonesas, francesas, españolas y austriacas que se sucedieron en el trono napolitano, hasta convertirse en capital del Reino de las Dos Sicilias bajo la casa de Borbón-Dos Sicilias.

Nápoles antigua thumb|left|Islote de Megaride, lugar donde supuestamente se instalaron los primeros colonos griegos en el a. C. que fundarían Cumas. En ese lugar se encuentra el Castel dell'Ovo construido en la época romana. La historia de la ciudad empieza con los griegos de Eubea, que a comienzos del  a. C. fundaron, en la isla de Isquia, la que fue probablemente la primera colonia griega de Occidente: Pitecusa. En ese mismo siglo los colonos de la isla tuvieron que abandonarla debido a los violentos fenómenos geológicos que allí se produjeron. Se establecieron en el continente fundando así la ciudad de Cumas. Gentes de esta ciudad, a finales del , fundaron la ciudad de Parténope en la colina de Pizzofalcone. La ciudad se extendió tras su victoria sobre los etruscos en el 474 a. C. y tomó el nombre de Neápolis (ciudad nueva). A finales del , los samnitas, instalados en los Abruzos, descendieron de sus montañas para ocupar la llanura litoral. Las ciudades griegas de la Campania, desprotegidas frente a estos aguerridos invasores, pidieron ayuda a Roma, que había repelido a los reyes etruscos y concluido la conquista del Lacio.

Nápoles, ocupada en el 328 a. C., recibió el estatuto de ciudad aliada, y conservó en el seno de la República romana su característica propia de antigua ciudad griega. Sus gimnasios y escuelas alimentaron su reputación. Personajes famosos establecieron allí su residencia, como Lúculo, amigo y corresponsal de Cicerón, y Virgilio, que compuso Las Geórgicas y probablemente fue enterrado en Nápoles. En el de nuestra era, el emperador Tiberio se instaló en Capri. Hasta comienzo del Campania se mantuvo fuera de las invasiones germánicas. Pero las fronteras del Imperio cayeron en el año 406, y Nápoles y su región tuvieron que enfrentarse a los godos de Alarico I y posteriormente a los vándalos de Genserico. El destino del imperio se decidió en Nápoles: en el año 476 el patricio Odoacro destituyó al último emperador, Rómulo Augústulo, y lo encerró en una villa napolitana, situada donde hoy se encuentra Castel dell'Ovo.

Nápoles medieval

Cuando el emperador bizantino Justiniano emprendió la reconquista de Italia y la reconstrucción de la unificación del Imperio romano en el , Nápoles pasó bajo su dominio (536). Entre los siglos y , la historia de la región estuvo marcada por la lucha entre lombardos y bizantinos. En los siglos y , el desmoronamiento del orden feudal arrastró consigo las antiguas divisiones políticas de Campania: el ducado lombardo de Benevento fue escindido en tres principados independientes, mientras que los ducados bizantinos, prácticamente independientes de la tutela imperial, se mantenían en Gaeta, Nápoles, Sorrento y Amalfi.

En esta situación los normandos probaron suerte. Llegaron al sur de Italia en el , y gradualmente extendieron su dominación gracias al apoyo de la Iglesia. Tras la conquista del principado de Salerno y posteriormente de Amalfi, Capua y Nápoles en 1139 por Roger II, el sur de Italia se convirtió en un solo Estado gobernado por los normandos, con Palermo como capital. Para conseguir el apoyo de la Iglesia, los normandos rindieron homenaje al papa Nicolás II (1059) y se comprometieron al pago de un censo a la Santa Sede.

La dinastía normanda se extinguió en 1189 a la muerte de Guillermo II, sin heredero. Entonces Enrique VI del Sacro Imperio Romano Germánico reivindicó el reino de Sicilia y se apoderó del trono en 1194. Se instaló así la dinastía suaba de los Hohenstaufen, cuyo representante más destacado fue Federico II, quien impulsó la vida cultural, económica y administrativa del reino.

En 1263, Carlos I de Anjou tomó posesión del reino de Sicilia, eliminó a los últimos representantes de los Hohenstaufen, e inauguró la hegemonía angevina en el sur de Italia. Nápoles se convirtió durante seis siglos en la capital de un reino independiente. En 1282, Nápoles continuó bajo control angevino, pero la isla de Sicilia pasó a control del rey Pedro III de Aragón. Tras numerosas revueltas feudales y revoluciones palaciegas, el periodo angevino concluyó en Nápoles en 1442 (época en que, sin embargo, se constituyó de iure la identidad política napolitana), al ser tomada por el rey Alfonso V de Aragón.

Nápoles aragonesa y bajo la Monarquía Hispánica thumb|Retrato de Alfonso I de Nápoles. thumb|Mapa del Reino de Nápoles.

En 1495 el reino pasa temporalmente de manos de la Corona de Aragón a manos del rey francés, para quedar, después, a manos de la Monarquía Hispánica, tras una de las primeras fases de las llamadas Guerras de Italia entre Francia y las Españas, en la que las tropas castellanas, lideradas por el Gran Capitán, derrotaron en Ceriñola a los franceses.Spencer C. Tucker, A Global Chronology of Conflict: From the Ancient World to the Modern Middle East, vol. 1, ABC-CLIO, (2009), p. 477.

El fue uno de los periodos más prósperos de la historia napolitana. Los virreyes españoles, que gobernaron el reino en nombre de Fernando II de Aragón, Carlos V y, posteriormente, de Felipe II, restablecieron el orden entre la nobleza local. Entre esos virreyes son particularmente recordados el Conde de Lemos y Pedro de Toledo, por sus reformas urbanísticas de la ciudad. La aristocracia napolitana levantó durante esta época numerosos palacios suntuosos, mientras que la Iglesia de la Contrarreforma construyó numerosas iglesias y monasterios, y en el campo, en los alrededores del Vesubio, se salpicaba de residencias veraniegas. Su puerto era muy activo, y las galeras velaban por la libre circulación de los buques cristianos amenazados por los piratas berberiscos en el mar Tirreno.Giuseppe Conigli, I viceré Spagnoli di Napoli, Ed. Fausto Fiorentino, Napoli 1967

En 1556, el rey Felipe II de España, crea el Consejo de Italia, integrando al reino de Nápoles y al reino de Sicilia (a los que posteriormente se sumaría el Estado de Milán), que hasta ese momento se encontraban en el Consejo Supremo de la Corona de Aragón. A finales del , Nápoles se convirtió incluso en una de las bases de la ruta de Flandes, que abastecía de soldados y plata a las guarniciones españolas de Holanda. Este periodo de prosperidad se acabó en el segundo cuarto del . La bancarrota genovesa de 1622 perturbó profundamente la actividad económica del Imperio español, y de Nápoles en particular, donde los intereses genoveses eran importantes. Comprometida en guerras ruinosas, España aumentó la presión fiscal y Nápoles se rebeló en 1647.

La crisis del culminó en 1656 con la gran epidemia de peste que asoló en pocos meses Nápoles y la Campania. La capital perdió casi tres cuartas partes de sus habitantes y se quebró su vitalidad económica. Cuando en 1707, tras las vicisitudes de la guerra de Sucesión de España, el reino pasó bajo dominio del emperador de Austria, Nápoles no había recuperado todavía su nivel de población de antes de la peste.

Nápoles borbónica

thumb|Fachada norte del Palacio Real de Caserta, monumental palacio construido bajo el reinado del rey Carlos.

Con el desmembramiento de la Monarquía Hispánica en el Tratado de Utrecht (1713), el Reino de Nápoles pasó a dominio austriaco, pero casi inmediatamente los españoles trataron de recuperarlos, dando lugar a la guerra de la Cuádruple Alianza. Aprovechando la guerra de sucesión polaca, en 1734, Carlos de Borbón, por entonces duque de Toscana, derrotó a los austriacos con las tropas de su padre Felipe V de España, y recuperó estos reinos para su dinastía. Carlos fue reconocido de inmediato por Francia en virtud del Primer Pacto de Familia. En 1737 lo harían los Estados Pontificios y, a continuación, el resto de los Estados italianos.

A la muerte de su hermano Fernando VI de España, Carlos cedió el trono de Nápoles-Sicilia a su hijo Fernando (IV de Nápoles y III de Sicilia) en 1759 para poder ceñirse la Corona española.

En 1768, Fernando IV se casó con María Carolina de Austria, hija de la emperatriz María Teresa I de Austria y hermana de María Antonieta, reina de Francia. Mientras que Fernando IV solo se preocupó de las relaciones con la Iglesia y de la construcción de obras públicas, como la Academia de Arquitectura de Nápoles o la Casa Vanvitelliana, la nueva reina logró controlar a su marido y participar activamente en el gobierno del reino, llegando poseer una posición de gran poder.

En los primeros años de gobierno, María Carolina se mostró tolerante con los movimientos republicanos. Sin embargo, tras la caída de Luis XVI durante la Revolución francesa, se unió a la Primera Coalición que formaron varios Estados europeos en contra de Francia, instituyendo severas persecuciones contra todos los sospechosos de simpatizar con la causa revolucionaria francesa.

Ocupación napoleónica

thumb|El cardenal Fabrizio Dionigi Ruffo (San Lucido, 16 de septiembre de 1744-Nápoles, 13 de diciembre de 1827). Encabezó las revueltas filoborbónicas en contra de la ocupación francesa. En 1796, Napoleón Bonaparte invadió Italia y tomó Roma. Fernando IV de Nápoles envió un ejército para frenar a los franceses. Pero el general francés Championnet contraatacó y el ejército napolitano no fue capaz de resistir, retirándose hacia Nápoles y entregando a los franceses todas las fortalezas de los territorios septentrionales del reino, incluyendo Gaeta. En su marcha hacia Nápoles, el general Championnet se encontró con una fuerte resistencia de campesinos en Abruzzo y Lacio, destacando la que organizó Michele Pezza, apodado Fra Diavolo. Finalmente, los franceses llegaron hasta las puertas de Nápoles. El 22 de diciembre de 1798, el rey abandonó la capital meridional para trasladarse a Sicilia.

En 1799 un grupo de napolitanos jacobinos proclamaron en la República Partenopea. Este nuevo estado se caracterizó por estar controlado por Francia y por no tener apoyo popular, sobre todo en las provincias, porque la población era leal a su antiguo rey y deseaba el retorno de la monarquía. A fines de enero, el cardenal Fabrizio Ruffo viajó a Palermo para presentar al rey Fernando un proyecto de reconquista del Reino de Nápoles. Ruffo creó el Ejército Católico Real y Fernando IV restauró la monarquía borbónica, pero después de la victoria en la batalla de Austerlitz el 2 de diciembre de 1805, Napoleón entró en Italia y dominó definitivamente Nápoles, declarando el fin de la dinastía de Borbón y nombrando rey a su hermano José Bonaparte. Fernando volvió a escapar a Sicilia donde, de acuerdo con Gran Bretaña, transformó la isla en un protectorado.

Reino de las Dos Sicilias

thumb|250px|Fernando I organizó la construcción de la Basílica de San Francisco de Paula en la Plaza del Plebiscito, que en ese entonces era llamada Largo di Palazzo. thumb|250px|El Fernando I, primer buque a vapor italiano en cruzar el Mediterráneo, zarpó de Nápoles el 27 de septiembre de 1818 y en su primer viaje llegó a Livorno, Génova y Marsella.