El municipio de Encarnación de Díaz es uno de los ciento veinticinco municipios en que se divide el estado de Jalisco, México. Forma parte de la región Altos Norte. Durante el periodo virreinal, Encarnación de Díaz formó parte del Reino de Nueva Galicia, y posteriormente, de la Intendencia de Guadalajara, dentro del Virreinato de la Nueva España. En la actualidad, también se le considera parte de la macrorregión del Bajío mexicano, por su ubicación geográfica y vínculos históricos, económicos y culturales de dicha zona.

Toponimia Recibió el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Encarnación de los Macías, sin embargo se le cambió el nombre en honor del General Porfirio Díaz, por sus triunfos obtenidos durante la Intervención Francesa.

Historia Los primeros pueblos que habitaron la región fueron las naciones chichimecas, nombre que daban los mexicas a un conjunto de pueblos originarios que habitaban el Centro-occidente y norte del país.http://www.historia-mexico.info/2011/10/los-chichimecas.html Chichimecas

Las bajas que tuvieron los conquistadores españoles en la región de los Altos de Jalisco debido a los ataques chichimecas, los condujeron a contestar con una táctica bélica de etnocidio. Llevaron al Bajío Occidente a milicianos rurales castellanos, algunos de ellos de ascendencia francesa, conducidos en la alta Edad Media para repoblar el centro de España. No obstante igualmente los hubo portugueses, italianos y oriundos de Flandes, que con anterioridad habían luchado contra turcos y moros. Contra estos últimos en el periodo histórico comprendido de la península ibérica, conocido como: “La Reconquista”.

Estos soldados, campesinos, adelantados españoles, y algunos cristianos nuevos, se establecieron con patrones de propiedad privada y con una ideología católica, mezclándose con algunos chichimecas que habían quedado.

Durante los siglos y , el norte de la Nueva Galicia —hoy correspondiente a regiones como los Altos de Jalisco, Aguascalientes y parte de Zacatecas— fue paulatinamente colonizado por familias españolas, muchas de las cuales poseían orígenes diversos: castellanos, extremeños, andaluces, portugueses e incluso criptojudíos con linaje sefardí o cierta ascendencia árabe a través de la convivencia peninsular. Estas familias llegaron como parte de la expansión agrícola, ganadera y militar impulsada tras la pacificación de los pueblos indígenas locales. Su asentamiento quedó registrado en fuentes eclesiásticas (libros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones), así como en documentos civiles (mercedes de tierras, testamentos y padrones). Una de las obras genealógicas más completas sobre este fenómeno es Retoños de España en la Nueva Galicia, de Mariano González-Leal, que compila una gran cantidad de linajes que poblaron estas regiones desde el periodo virreinal temprano. Entre los apellidos más antiguos y representativos de estos primeros colonos destacan:

Aceves, Alba (de), Alcalá y Mendoza, Aldrete, Álvarez del Castillo, Álvarez-Tostado, Anava, Anda-Altamirano (de), Aranda, Ascencio de León, Azuela de San Palayo (de la), Camacho-Riquelme, Camarena, Carlín, Casillas y Cabrera, Cuéllar, Chávez-Fragoso, Díaz del Castillo, Díaz-Infante, Díaz-Varela, Díaz de Sandi, Enríquez del Castillo, Escoto-Tovar, Esquivel y Vargas, Estévez y Guzmán, Estrada-Bocanegra, Fernández de Palos, Fernández de Rueda, Fernández de San Salvador, Flores-Alatorre, Flores de la Torre, Franco de Cueva, Franco de Escalante, Franco de Paredes, Gallegos, Galván de Rojas, García de Hermosillo, García de León, Gómez de Espejo, Gómez-Hurtado de Mendoza, Gómez de Portugal, González del Castillo, González de Hermosillo, González de Laris, González-Rubio, González de Rubalcava, González de San Román, Guerra, Guerra de San Román, Gutiérrez de Hermosillo, Gutiérrez de Laris, Gutiérrez de Mendoza, Gutiérrez-Rubio, Gutiérrez de Velasco, Helguera (de la), Hernández-Gamiño, Herrera, Hurtado, Hurtado de Mendoza, Hurtado de Mendoza y Olivares, Issasi, Jiménez de Castro, Jiménez de Mendoza, Landeros, Leal de Avala, Lomelín (Lomellini), López de Heredia, López de Lara, López de Nava, López de Rivadeneyra, Lozano-Isla, Macháin, Macías-Valadez, Manzo de Zúñiga, Márquez de los Olivos, Martín del Campo, Martín-Gallardo, Martín de Sotomayor, Mora-Hurtado de Mendoza (de la), Moreno de Ortega, Mota-Padilla (de la), Muñoz de Hermosillo, Muñoz de Jerez, Muñoz de Nava, Murguía, Navarro-Gaytán, Ortiz de Parada, Ortiz-Peguero, Padilla-Dávila, Parga y Gayosso, Peña (de la), Pérez-Franco, Pérez de Paredes, Pérez-Sandi, Portillo (del), Rábago, Ramírez de Hermosillo, Ramírez de Mendoza, Rentería, Reynosa y Rentería, Rodríguez de Portugal, Romero de Chávez, Romo de Vivar, Ruiz de Esparza, Sáinez de Santiago, Sánchez de Porras, San Román, Tavera de la Vega, Tello de Orozco, Torre-Ledesma (de la), Torres, Valdivia, Vázquez de Victoria, Vázquez de Zermeño, Verdín.

Gracias a esta documentación, es posible identificar algunos de los apellidos más antiguos registrados en la región, muchos de los cuales han perdurado hasta nuestros días, formando parte esencial del linaje y la identidad cultural de Jalisco y sus alrededores. No es de extrañar, por tanto, que muchos de estos apellidos se repitan en Zacatecas, Aguascalientes y los Altos de Jalisco, pues gran parte de estas familias formaban parte de un mismo tronco genealógico que, a lo largo de generaciones, se fue ramificando y asentando en distintas localidades de la región, creando un entramado familiar común que aún perdura en los registros y en la memoria de muchas comunidades actuales.

La población la fundó Manuel Agustín Calvillo en 1760 en el Sauz de los Macías;http://www.historiasyrecuerdosdeencarnaciondediaz.com/macias.html se le deseaba dar el nombre de Villa de Nuestra señora de la Encarnación de los Siete Príncipes; por ser siete los principales donantes; a lo que el 18 de agosto del mismo año se le otorga el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Encarnación de los Macías. Rumbo al norte, pasó por el poblado Don Miguel Hidalgo y Costilla después de la derrota en Puente de Calderón. Lo custodiaba él General Agustín Marroquín, quien atacó el fuerte en el cerro el Baluarte, defendido por las tropas realistas, a los que derrotó. No capitalizó la victoria pues, como viese una nube de polvo que se acercaba en el camino, creyó que les llegaban refuerzos a las tropas realistas y huyó. El 8 de febrero de 1766, Don José Basarte, presidente de la Real Audiencia, le concedió él título de Villa, llegando a ser con el tiempo paso a jornada del camino Real México-Santa fe.

Cabe señalar que el análisis de diversas fuentes documentales, tanto civiles como eclesiásticas del , provenientes de la región de los Altos de Jalisco y específicamente del municipio de Encarnación de Díaz, evidencia una presencia temprana de personas de origen africano —tanto esclavizadas como libres—, así como de mulatos, indígenas y otros grupos clasificados dentro del sistema de castas virreinal. Estas personas fueron empleadas en distintos ámbitos conforme a su clasificación social y condición legal, frecuentemente en contextos de trabajo forzado o servidumbre.

La presencia de personas negras y mulatas en los Altos de Jalisco se remonta al , cuando llegaron junto con los primeros colonizadores españoles y portugueses, quienes establecieron las primeras haciendas y estancias en la región del Bajío mexicano.

Los esclavizados de origen africano fueron empleados principalmente en actividades agrícolas, ganaderas y domésticas. Provenían de diversas regiones del continente africano, especialmente de Guinea, Mozambique, Angola y el Congo, y eran trasladados a través del Camino Real México-Zacatecas.

Además de los africanos, diversos grupos indígenas y personas mestizas también fueron empleados en labores productivas dentro de las haciendas y estancias. Su trabajo abarcaba desde la producción agrícola y ganadera hasta tareas del ámbito doméstico.

Entre las haciendas que destacaron por el uso de mano de obra esclavizada se encuentran “La Mariquita”, propiedad de las familias Gómez-Portugal-Arrona; así como San Antonio de los Sauces, la hacienda de los Sauces, Atotonilquillo, y otras estancias menores como Río de los Sauces, de los Pedrosa, de los Lomelín, de los Romo, La Estanzuela, de los Villalobos, de los Alonso de los Ynojos y de los Delgado, el Puesto de San Miguel de los Alba, de los Villaseñor, y en el propio Sitio del Sauz de los Macias, de los Macias-Valadez, de los Ramírez y de los Cuellar, de entre muchas otras estructuras similares utilizadas con fines productivos.

Con el paso del tiempo y tras el fin de la época virreinal, el sistema de castas dejó de utilizarse oficialmente en los territorios que formaban parte del antiguo virreinato. Su desaparición fue inevitable, aunque en gran medida solo ocurrió en el ámbito documental. En los registros escritos, las categorías que antes clasificaban a la población en diversas castas y grupos étnicos —incluyendo los del municipio de Encarnación de Díaz— dejaron de aparecer.

La municipalidad de Encarnación de Díaz es de creación anterior a 1824, ya que el decreto del 27 de marzo de ese año ya menciona su existencia. Desde 1825 dependió del 2.º Cantón de Lagos hasta 1843 en que pasó a depender del 11.º Cantón de Teocaltiche; el 21 de marzo de 1872 se erige en Departamento la villa de Encarnación. Recibió el título de ciudad el 26 de febrero de 1879 por decreto del Congreso del Estado y siendo Presidente de México Porfirio Díaz. Su archivo municipal empezó a funcionar el 14 de enero de 1867, pero en 1914, durante la Revolución mexicana, fue destruido parcialmente; en la actualidad se conservan datos de 1915 a la fecha.

Durante la década de 1930 se asentaron en Encarnación de Díaz un centenar de familias provenientes de España, específicamente del País Vasco y de Andalucía; con la finalidad de refugiarse tras el desarrollo de la guerra civil española.

Al sitio arribaron también (aunque en menor cantidad) ciudadanos de Francia.

Cierto número de familias abandonó la Zona de los Altos Norte en los años 50 para reubicarse en la Región de la Ciénaga de Michoacán, en los municipios de: Villamar, Marcos Castellanos y Cojumatlán.

Demografía Según el Censo de Población y Vivienda 2020, su población en ese año era de 53,039 personas; de las cuales el 48.2 por ciento eran hombres y 51.8 por ciento mujeres. Comparando este volumen poblacional con el del año 2015 (53,555 habitantes), se observa que la población municipal disminuyó un 0.96 por ciento en cinco años.

En el año 2010 estaba clasificado como un municipio de grado muy bajo de vulnerabilidad social, con el 11.79% de su población en estado de pobreza extrema.

La población del municipio está mayoritariamente alfabetizada (8.27% de personas analfabetas al año 2010), con un grado de escolarización en torno de los 6.5 años. Solo el 0.32% de la población se reconoce como indígena.

El 98.26% de la población profesa la religión católica. El 0.96% adhiere a las iglesias Protestantes, Evangélicas y Bíblicas.

Localidades En 2020 Encarnación de Díaz contaba con 333 localidades, de éstas, 56 eran de dos viviendas y 112 de una. La localidad de Encarnación de Díaz era la más poblada, con 27,833 personas, que representaban el 52.5% de la población del municipio; le seguía Bajío de San José con el 7.7%, Mesón de los Sauces con el 4.7%, El Tecuán con el 4% y San Sebastián del Álamo con el 3.8% del total municipal. Código INEGILocalidadPoblación (2020)140350001Encarnación de Díaz27 833140350017Bajío de San José4 062140350138Mesón de los Sauces2 483140350277El Tecuán2 143140350251San Sebastián del Álamo2 017140350259Santa María Transpontina1 460Otras localidades13 041Total municipal53 039

Migración El índice de intensidad migratoria se ubicó en 61.66, lo que significa un grado de intensidad migratoria Medio

Pobreza por carencia social