La catedral estival de Nuestra Señora de la Asunción (), conocida popularmente como la catedral nueva (), es la iglesia principal de Brescia, la iglesia matriz de la diócesis homónima y un monumento nacional italiano. Está situada en la Piazza Paolo VI, también conocida como Piazza del Duomo, y se encuentra junto a la catedral vieja. Este edificio de culto fue erigido entre 1604 y 1825 en la zona en la que se encontraba previamente la basílica paleocristiana de San Pietro de Dom, que databa de los siglos y . Además, es sede de una parroquia que forma parte de la zona pastoral de Brescia Centro.

Historia Una nueva catedral miniatura|Exterior de la cúpula La historia de la catedral tiene su inicio en 1603, cuando Agostino Avanzo propuso la demolición de la antigua basílica paleocristiana de San Pietro de Dom para construir un nuevo edificio religioso. La antigua basílica, ya en malas condiciones, debía ser sustituida por una nueva catedral, más apropiada para las nuevas exigencias arquitectónicas dictadas por la Contrarreforma y más en línea con la arquitectura de la época. Agostino Avanzo presentó un primer proyecto de la catedral en un estilo híbrido entre el manierismo y el clasicismo, con planta en cruz latina, tres naves y transepto, altares laterales que sobresalían del edificio y una gran cúpula central. Esta última, en particular, estuvo presente desde las primeras ideas del proyecto y acompañará a las obras a lo largo de los siglos como una especie de gran aspiración común, deseada y soñada por todos los arquitectos que trabajaron en ellas.

Giovanni Battista Lantana, recién salido de la academia y con los estudios frescos, a diferencia de Avanzo, que ya era un maestro experimentado, presentó un proyecto bastante similar pero más moderno y con una mayor atención a la estructura. Sin embargo, ambas propuestas fueron descartadas por los diputados de la comisión de obras, elegidos por el Ayuntamiento y por el obispo, principalmente porque no mostraban una afinidad suficiente con las directrices del Concilio de Trento en el ámbito de la arquitectura religiosa. Por ello, Lantana presentó un nuevo proyecto con planta en cruz griega inscrita en un cuadrado, una gran cúpula central rodeada por cuatro cúpulas menores y un ábside saliente, bastante similar al presentado por Bramante para la basílica de San Pedro pero sin la nave exterior y solo con el ábside del fondo, proyecto que fue acogido favorablemente por la comisión.

No obstante, no tardaron en surgir las controversias. En primer lugar, había dudas sobre la ubicación que debería tener la catedral, es decir, si se debía construir en lugar de la basílica de San Pietro de Dom, demoliéndola, o en el lado sur de la plaza, creando un fondo monumental de pleno gusto barroco. Sin embargo, en este lugar, donde actualmente se encuentra el Palazzo Negroboni del siglo , estaba la residencia de esta familia de aristócratas brescianos, una gran villa con jardín. A cambio de la cesión del terreno y de la consiguiente destrucción de su villa, los Negroboni exigían otra con un parque anexo. Además, la basílica de San Pietro de Dom habría permanecido en pie, exigiendo con prontitud una restauración radical. Por ello, se optó por la solución más económica, es decir, demoler la antigua basílica y construir en su lugar la nueva catedral.

La disputa sobre la planimetría derecha|miniatura|La cúpula Llegados a este punto surgieron otros debates: el proyecto de Lantana era demasiado similar a la conformación de la catedral vieja, situada justo al lado, y la cruz griega propuesta era demasiado moderna y todavía poco entendida por los constructores y por la población, además de ser incompatible con las regulaciones de la Contrarreforma. De todos modos, este último problema no era tan determinante, ya que la planta en cruz griega, elevada a forma perfecta de la arquitectura religiosa por prácticamente todos los artistas renacentistas más importantes (desde Leonardo da Vinci hasta Bramante o Antonio da Sangallo el Joven), estaba fuertemente arraigada en la ideología sobre el tema, tanto que ni siquiera la Contrarreforma consiguió eliminarla del todo. En ese sentido, existían ejemplos relevantes como la iglesia de Sant'Alessandro in Zebedia de Milán o la basílica de Santa Maria di Carignano de Génova, construidas en cruz griega precisamente en esos mismos años, lo que hacía que no fuera totalmente inédita. De hecho, es probable que para su proyecto Lantana se inspirara en la basílica de Carignano, ya que los primeros canteros que trabajaron en las obras de la catedral fueron los Orsolini, genoveses. Por último, Lantana propuso un tercer proyecto, que resultaría ser el definitivo, en el que añadió un orden menor toscano acompañando al orden mayor corintio y colocó otra cúpula sobre el ábside, que sería soportada por algunos contrafuertes externos intercalados con hornacinas. Para estas últimas, los diputados de la comisión de obras encargaron estatuas decorativas a Giovanni Antonio Carra, patriarca de una ilustre familia de escultores brescianos.

La puesta de la primera piedra se produjo en 1604 y rápidamente la plaza fue ocupada por los casetas de los canteros, transformándose así en una verdadera escuela de escultura y arquitectura, esta última ausente desde siempre en Brescia. Las polémicas, sin embargo, no disminuyeron: en el centro de todas ellas estaba la cuestión de la planta en cruz griega, que la mayoría querían transformar en cruz latina. A la cabeza de los opositores se colocó Pier Maria Bagnadore, más para obstaculizar a su rival Lantana que por cuestiones arquitectónicas. Bagnadore propuso un proyecto alternativo, prácticamente idéntico al definitivo de Lantana, con la única adición de una crujía hacia el oeste que convertía la cruz griega en una cruz latina. Esta «batalla» fue ganada por Bagnadore, que asumió el encargo de dirigir las obras, mientras Lantana se quedó para administrar su aspecto económico. Sin embargo, la rivalidad entre los dos era irremediable: los desacuerdos surgían por todos lados y por cualquier detalle y esto hacía que las obras se bloquearan durante largos períodos.

miniatura|El broletto, la Torre del Pegol y la catedral nueva vistos desde la Piazza del Duomo En este momento el proyecto sufrió algunas modificaciones: a ambos lados del ábside se colocaron sendas estructuras de servicio, una de las cuales sería utilizada como casa parroquial. El ábside quedaría así rodeado por ellas y ya no sobresaldría, hasta el punto que su cúpula ya no necesitaba contrafuertes. También las hornacinas exteriores, decoradas con las estatuas de los Carra, se redujeron de las cinco originales a solo dos, en las que se colocaron únicamente las estatuas de los santos Faustino y Jovita, todavía presentes. En realidad, ni siquiera Bagnadore, que había entrado en las obras como «defensor» de la planta en cruz latina, la realizará realmente: una modificación posterior del proyecto, realizada por él mismo, transformó la planta de la catedral nuevamente en una cruz griega, reduciendo la crujía añadida poco antes a solo dos hornacinas entre los pilares de la contrafachada. Las continuas diferencias con Bagnadore y quizás también el discutible comportamiento de este, prácticamente hipócrita, llevaron a Lantana a abandonar las obras poco tiempo después. La gota que colmó el vaso parece que fue la llegada de Tommaso Lorando, un alumno de Lantana, que se unió a él en la gestión de la contabilidad, quizás poniendo en duda la capacidad de Lantana también en este campo y generando su rechazo definitivo a seguir el curso de las obras.

Las obras sufrieron nuevamente largos parones. La vuelta a la planta en cruz griega por parte de Bagnadore le costó su salida de las obras en 1611 por órdenes del obispo de Brescia, Giorgi, quien llamó en su lugar al milanés Lorenzo Binago, artífice de la iglesia de Sant'Alessandro in Zebedia, precisamente una de las que quizás había inspirado el proyecto original de Lantana. Empezaba así la segunda fase de la construcción de la catedral: Binago fue acompañado por Antonio Comino, otro gran exponente de la arquitectura y la escultura bresciana de la época y autor del proyecto de reconstrucción de la iglesia de los Santos Faustino y Jovita. Comino se convirtió en el director de las obras, mientras Binago siguió siendo el proyectista y superintendente. En esta fase se produjo una gran cantidad de dibujos de carácter ejecutivo, acompañados por anotaciones y explicaciones. La fachada diseñada por Binago es más barroca y está rodeada por dos campanarios, como estaba de moda en la época para los edificios religiosos. Esta última solución, sin embargo, era de nuevo demasiado moderna a ojos de la población y del Ayuntamiento, ya que nunca antes se había visto en Brescia una iglesia con dos torres en la fachada. Es más, si se hubieran construido, habría habido cuatro torres en la plaza: las dos de la catedral, la Torre del Popolo del broletto y el campanario de la catedral vieja, que actualmente no existe porque se derrumbó en 1708. Teóricamente, la idea habría servido para «hacer barroca» la plaza, pero la época no era todavía madura y por ello estas torres nunca fueron construidas.

La epidemia de peste del La epidemia de peste que afectó al norte de Italia en torno al 1630 y la consiguiente crisis económica y demográfica supusieron una dura prueba para las obras de la catedral, provocando su detención durante casi cuarenta años. Las obras se retomaron, con altibajos, en la segunda mitad del siglo , pero no será hasta finales de siglo cuando se podrán considerar plenamente reiniciadas. Si las obras se pudieron retomar de un modo relativamente rápido fue debido a todas las herencias donadas a la Iglesia por el enorme número de difuntos provocado por la peste, lo que puso a la diócesis de Brescia en una situación económica adecuada para continuarlas, aunque fuera la crisis todavía causaba estragos.

En la reapertura de las obras, lógicamente, todos los personajes habían cambiado: empezaba así la tercera fase de la construcción del edificio. En 1698 Luca Serena, hijo del pintor Nicola Serena, elaboró un proyecto para la finalización de la catedral, al igual que haría en 1711 Giuseppe Antonio Torri, artista de fama nacional en la época, quien también propuso una cubierta del ábside a casco de barco, nunca realizada. Pocos años después Antonio Biasio se convirtió en el nuevo director de las obras y en 1719 proyectó una nueva fachada en sustitución de la de Binago, coronada por un frontón semicircular, muy de moda en aquel tiempo. Esta idea se mantuvo hasta 1748, cuando otra modificación, también obra de Biasio, modificó el frontón en forma de arco rebajado, nuevamente siguiendo las costumbres de la época. En estos años también se produjo el floreciente obispado del cardenal Ángel María Querini, que daría un fuerte impulso a las obras. En esos años, además, se solicitó la consultoría de muchos artistas ilustres de la época, entre los que se encuentran Andrea Pozzo, Giorgio Massari y Filippo Juvarra, en ese momento arquitecto de la Casa de Saboya, el cual llegaría a afirmar que:

La última fase de las obras miniatura|Fachada de la catedral nueva