miniaturadeimagen|Cólera Las epidemias de cólera en Guipúzcoa (España) afectaron al territorio principalmente durante el siglo XIX. Los episodios de mayor importancia fueron los registrados en 1834, 1855 y 1885, en el contexto de las sucesivas pandemias de cólera que alcanzaron Europa durante ese siglo.
La epidemia de 1855 fue especialmente grave. Las estadísticas recogidas posteriormente por José Luis Munoa Roiz y María del Carmen Mendinueta Aguirre contabilizaron 7.207 enfermos graves y 3.393 fallecidos en el conjunto de Guipúzcoa.
Las sucesivas epidemias impulsaron la adopción de medidas de aislamiento, vigilancia sanitaria e higiene pública. A lo largo del siglo XIX adquirieron asimismo mayor importancia el saneamiento urbano, el abastecimiento de agua y el control de las condiciones higiénicas de viviendas, alimentos y espacios públicos.
Descripción de la enfermedad El cólera es una infección intestinal aguda causada por la bacteria Vibrio cholerae, descubierta en 1883 por Robert Koch.
Se transmite principalmente mediante el consumo de agua o alimentos contaminados y puede provocar una diarrea acuosa intensa y una rápida deshidratación.
La principal medida terapéutica es la rehidratación mediante soluciones de rehidratación oral y, en los casos graves, mediante líquidos intravenosos. Los antibióticos pueden utilizarse como tratamiento complementario en determinados casos graves.
Durante las epidemias del siglo XIX se desconocían inicialmente tanto el agente causal como el mecanismo preciso de transmisión. Las autoridades y los médicos recurrieron por ello a diferentes teorías sobre el contagio y los llamados miasmas, al tiempo que adoptaban medidas de aislamiento, limpieza y control sanitario.
Cólera en Guipúzcoa
Epidemia de 1834 En 1834 llegó a Guipúzcoa, concretamente a San Sebastián, a través de un barco procedente de Bilbao y permaneció en la ciudad durante dos meses en los que, de los 12.000 habitantes con los que contaba San Sebastián por aquel entonces, 75 fueron infectados y de ellos 46 fallecieron. El peligro se acentuó en Loyola e Igara. La primera por estar muy poblada y la segunda por sus lagunas y pantanos que impedía la siembra de vegetales, siendo causa permanente de fiebres y rebeldes afecciones.
En San Sebastián, la propagación de la enfermedad afectó especialmente a los barrios situados fuera del recinto amurallado como el barrio de San Martín. Se habilitaron la Misericordia y el monasterio de San Bartolomé para la atención de los enfermos. Entre las primeras víctimas figuraron también miembros del personal sanitario y religioso encargado de asistir a los afectados.
Los médicos residentes en San Sebastián que trataron la enfermedad y dejaron bien documentado su trabajo fueron Francisco Eugenio de Arruti, Baltasar Torres, Martín Antonio Argaya, Juan Francisco Goizueta y Mariano García Huerta.
El 22 de diciembre de 1834 se cantó el Te Deum en Acción de Gracias en la iglesia de Santa María por el término de la epidemia.
En 1834 hubo varios brotes en la provincia, por ejemplo en Alegría por lo que la población cercana de Tolosa tomó medidas para combatirla consiguiendo poca transmisión de la enfermedad. Epidemia de 1855 Una nueva epidemia de cólera alcanzó Guipúzcoa en 1855 y tuvo consecuencias mucho más graves que la de 1834.
La enfermedad afectó a numerosas localidades del territorio. Las estadísticas recogidas por Munoa y Mendinueta contabilizan 7.207 enfermos graves, de los cuales sobrevivieron 3.814 y fallecieron 3.393. Además se registraron numerosos casos de menor gravedad.
El impacto fue muy desigual entre las distintas poblaciones. Entre las localidades con un elevado número de afectados figuraron Tolosa, Azpeitia, Motrico, Oñate, Vergara, San Sebastián, Deva, Zumaya y otras poblaciones de la provincia.
En San Sebastián se contabilizaron 492 enfermos graves y 275 fallecidos. La ciudad habilitó instalaciones específicas para atender a los enfermos, entre ellas un pequeño hospital provisional y un hospital de coléricos situado extramuros. Se organizó asimismo un servicio permanente formado por facultativos, sacerdotes, practicantes y enfermeros.
Las farmacias permanecieron abiertas durante las veinticuatro horas del día y se suministraron gratuitamente medicamentos a las personas sin recursos. Las autoridades tuvieron también que adoptar medidas extraordinarias relacionadas con el cementerio y el traslado de cadáveres.
La epidemia empezó a remitir en San Sebastián a finales de septiembre y se consideró desaparecida el 22 de octubre de 1855.
Epidemia de 1885 En 1885 se produjo una nueva epidemia de cólera en España que alcanzó también Guipúzcoa. Las estadísticas oficiales contabilizaron 158 fallecidos por la enfermedad en la provincia, una mortalidad considerablemente inferior a la registrada durante la epidemia de 1855.
La amenaza epidémica dio lugar asimismo a la difusión de instrucciones preventivas. En Azpeitia se publicó en 1885 una Instrucción a las familias para preservarse del cólera morbo-asiático, mientras que la revista Euskal-Erria difundió consejos dirigidos a las familias sobre las medidas que debían adoptarse ante la posible aparición de la enfermedad. Los médicos Luis Alzúa y José Ramón de Sagastume tuvieron especial relevancia en cuanto a tratamiento y documentación.
La epidemia de 1885 se produjo en un contexto sanitario diferente al de las anteriores. Durante las décadas precedentes había aumentado la preocupación por el saneamiento urbano y por la calidad de los abastecimientos de agua, y los conocimientos bacteriológicos comenzaban a transformar la comprensión científica de las enfermedades infecciosas. Es considerada la última epidemia de cólera desarrollada en Guipúzcoa, sin considerar otros casos aislados.
Consecuencias de la enfermedad Las sucesivas pandemias que sufrió Guipúzcoa y por extensión España, provocaron una recesión económica y una oportunidad de cambio profundo en la sanidad y en la higiene.
El impacto demográfico del cólera fue especialmente intenso durante la epidemia de 1855. Los 3.393 fallecidos contabilizados entre los enfermos graves representaron una importante crisis de mortalidad para Guipúzcoa, aunque la incidencia varió considerablemente entre unas localidades y otras.
Las epidemias obligaron a movilizar recursos económicos y humanos extraordinarios. Los ayuntamientos y las instituciones provinciales tuvieron que habilitar hospitales y establecimientos temporales, organizar servicios sanitarios, atender a la población sin recursos y adoptar medidas relacionadas con el abastecimiento y la higiene pública.
Las crisis epidémicas contribuyeron también a reforzar la preocupación por las condiciones higiénicas de las poblaciones. Durante la segunda mitad del siglo XIX aumentó la importancia concedida al abastecimiento de agua potable, al saneamiento urbano y al control de los residuos y aguas contaminadas.
El impacto del cólera de 1885 contribuyó asimismo a impulsar mejoras en las redes urbanas de saneamiento, dentro de un proceso más amplio de transformación de las condiciones sanitarias de las poblaciones guipuzcoanas durante las últimas décadas del siglo XIX.
Véase también
COVID-19 en Guipúzcoa Difteria en Guipúzcoa Epidemias de fiebre amarilla en Guipúzcoa Gripe española en San Sebastián Peste bubónica en Guipúzcoa Sífilis en San Sebastián (España) Tosferina en Guipúzcoa Tuberculosis en Guipúzcoa VIH/sida en Guipúzcoa Viruela en Guipúzcoa
Referencias
Categoría:Brotes de cólera Categoría:Historia de Guipúzcoa Categoría:Sanidad en el País Vasco