La Virgen Dolorosa es una obra realizada hacia 1720 y atribuida a Tomás de Sierra. Procesionada el Jueves Santo, la imagen está ubicada en el Museo de Semana Santa de Medina de Rioseco, en Valladolid (Castilla y León, España).
Historia Talla Autoría Atribución a Juan de Juni Desde hace décadas existe cierta controversia entre la Virgen de las Angustias de Valladolid, obra de Juan de Juni hacia 1561, y la Virgen Dolorosa venerada en Medina de Rioseco, todo ello con origen en un artículo de La Voz Católica de Valladolid aparecido a finales del siglo ; este texto se hacía eco de un trabajo publicado en La Crónica de Campos donde se afirmaba que la Virgen vallisoletana había tenido como clientes iniciales a los riosecanos, quienes supuestamente la habrían rechazado debido al gran tamaño de su pie derecho, motivo por el que la imagen sería apodada la «zapatona» o «zapatuda». De acuerdo con esta tradición, de la que existieron a su vez variantes que situaban el rechazo de la obra vallisoletana en Boecillo (según Matías Sangrador y Vitores) y Tudela de Duero (según Juan Ortega Rubio), tras darse cuenta del error que habían cometido al desestimar la pieza los riosecanos habrían pleiteado para recuperarla; Juni, con el fin de terminar el conflicto, habría tallado una réplica expresamente para Medina de Rioseco. Juan Agapito y Revilla descalificó la historia del rechazo de la Virgen vallisoletana en la revista Guía de Semana Santa de Medina de Rioseco (1926), donde publicó un artículo titulado «La Dolorosa de Rioseco, modelo de la Virgen de los Cuchillos de Valladolid»; argumentando que el relato carecía de cualquier «viso de veracidad», Agapito y Revilla trató de demostrar la falsedad del mismo basándose en una lectura no adecuada de un temprano testamento de Juni redactado en Salamanca y fechado el 26 de octubre de 1540. En este documento, elaborado por el escultor ante una probable muerte inminente debido a una enfermedad que padecía en aquel entonces, Juni solicitaba ser enterrado en la Iglesia de San Mateo, donde tenía sepultura en propiedad, siendo la tercera cláusula la que hizo a Agapito y Revilla atribuir erróneamente la Virgen Dolorosa al artista borgoñón:
thumb|Virgen de las Angustias (c. 1561), por Juan de Juni. Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid. Agapito y Revilla cometió el error de identificar la Virgen Dolorosa con la «quinta angustia» que figura en el documento, en el que destaca la mención al pintor de la imagen, Martín de Fonseca, valioso colaborador del tallista que moriría supuestamente en Rioseco; debido a que Juni no policromaba sus tallas, solía buscar buenos profesionales con el fin de que la calidad artística de sus obras no se viese mermada. Esta confusión llevó a creer equivocadamente que la Virgen de Rioseco había sido comprada por el obispo de Mondoñedo Antonio de Guevara, cuya relevancia a nivel social resulta significativa puesto que además de obispo fue uno de los negociadores reales en la Guerra de las Comunidades así como hombre de confianza del IV almirante de Castilla Fadrique Enríquez, siendo a su vez cronista oficial de Carlos I, director del Convento de San Francisco de Rioseco y superior electo del Convento de San Francisco de Valladolid. Su condición de hombre de confianza del almirante Enríquez llevó erróneamente a pensar que la primera referencia documental de la Virgen Dolorosa se hallaba en el contrato para la hechura del retablo de la Colegiata de Santa María la Mayor de Toro, encargo del cardenal Juan Pardo de Tavera al pintor Lorenzo de Ávila en 1537, donde consta que la obra «a de llevar un crucifixo de bulto de cinco pies hecho de mano de Juan de Juny ymaginero vecino de la ciudad de Leon que obra aora en medina de Rioseco al señor Almirante ciertas ymagenes de bulto»; ese mismo año Fadrique Enríquez mandó buscar a Juni en León para que ejecutase varias obras con destino al Convento de San Francisco de Medina de Rioseco, siendo estas los grupos escultóricos en barro cocido de San Jerónimo y el Martirio de San Sebastián (desde 1537 Juni poseía un taller en la Plaza del Matadero, hoy Plaza de la Solidaridad, el cual no desatendería hasta su muerte pese a contar con otro taller en Valladolid para poder atender los numerosos encargos que recibía). Guevara adquirió la «quinta angustia» por un precio elevado y la regaló a la Cofradía de la Vera Cruz, fundada hacia 1538 en la Capilla de la Quinta Angustia o de la Cruz, sita en el convento riosecano. El obispo solicitó a su vez al escultor la hechura de un retablo donde se veneraría la obra hasta que en 1592 Juan de Hermoso edificó la capilla de la cofradía además de un patio de comedias (actualmente un teatro) y un hospital llamado «de la Caridad» en la calle de la Doctrina. Con respecto a la Virgen Dolorosa, lo que sí se sabe con certeza es que fue tallada para la Cofradía de la Vera Cruz y, por lo tanto, custodiada en la capilla de la hermandad al igual que la «quinta angustia» hasta que fue conducida a la Iglesia de Santiago Apóstol con motivo de la desamortización a mediados del siglo , conservándose hoy en día en el Museo de Semana Santa de Medina de Rioseco.
En cuanto a Juni, tras abandonar Salamanca viajaría a Valladolid, donde viviría hasta su muerte en la calle Spiritu Santo. El cabildo de la Iglesia de Santa María La Antigua contrató con el entallador el 12 de febrero de 1545 el retablo mayor del templo, cuyo elevado precio, estipulado por el escultor, no resultó convincente, motivo por el que se recurrió al tasador Francisco Giralte, quien por una rivalidad artística con Juni valoraría la obra en un precio muy inferior al señalado por el tallista. El 12 de febrero de 1545 la Chancillería de Valladolid inició un proceso judicial contra Juni, donde los testigos presentados por las partes atestiguaron la existencia de numerosas obras en Rioseco con el fin de testimoniar la calidad artística del escultor; Carlos Izquierdo Amigo situó equivocadamente entre esas obras a la Virgen Dolorosa, llegando a considerar por su parte la posibilidad de que la «quinta angustia» mencionada en el testamento (que Izquierdo confundió también con la Virgen riosecana al basarse en el texto de Agapito y Revilla) hubiese sido tallada por capricho en vez de por encargo. En el juicio Alonso de la Carrera dijo «haber visto las obras que hizo pa el Almirante don Fadrique difunto en el monasterio de San Francisco de la villa de medina de Rioseco que hacen obras my perfectas e byen acabadas», mientras que el licenciado Balboa señaló «haber visto algunas ovras como el san jeronimo y san sebastian [...] e ziertas figuras del obispo guebara que hizo el dho Juan de Juny», no correspondiéndose ninguna de ellas con la Virgen Dolorosa. En un nuevo pleito con el cabildo de la Iglesia de Santa María La Antigua por las condiciones contractuales del retablo mayor, con fecha del 8 de diciembre de 1573, se constata la gran labor desarrollada por Juni en Rioseco desde su llegada en 1537 ya que en el documento figura un inventario de los bienes «que allare en esta villa del dho Juan de Juny que paresce están en sus casas a la plaça del matadero donde el dho Juan de Juny posaba y tenia su taller [...] e allaron los vienes siguientes una cama de cordel y dos colchones, dos mantas, un cobertor colorado, dos almoadas, una antepuerta, figuras pequeñas, un sombrero de fieltro, un arca de pino, [...] dos modelos de barro el uno de la figura de nuestra señora e otro de la de San Juan al pie de la cruz, [...] una traca en pergamino del rretablo de la iglesya de santa maria, un modelo de zera negra grande hecho pa el dho retablo metido en una caxa de madera, un modelo de varro pequeño de la figura de nra señora de la ascension, modelos en barro, [...]». Esta vasta producción fue otro de los factores que llevaron a Izquierdo a creer erróneamente que Juni era el artífice de la Virgen Dolorosa, afirmando el autor a mayores que entre los modelos citados se podría encontrar una réplica de la imagen.
En el último testamento del escultor, fechado el 8 de abril de 1577, se hace referencia a la devoción que el tallista sentía por la advocación de la Quinta Angustia: «Item mando que me entierre la cofradia y cofrades de nra señora de la quinta angustica desta villa [Valladolid] donde yo soy cofrade con un paño y andas e ynsinias y se les de de limosna un ducado para zera». Debido a que la Ilustre Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid se puso en contacto hacia 1561 con Juni para la hechura de la talla de la Virgen de las Angustias, Agapito y Revilla, quien creía que la Virgen Dolorosa había sido creada poco antes de 1540 debido a su confusión con la «quinta angustia» mencionada en el testamento firmado en Salamanca, defendió erróneamente que el escultor había replicado la imagen riosecana, declarando además que el rostro de la Virgen Dolorosa representaba la faz de Catalina de Montoya, primera esposa de Juni:
Atribución a Tomás de Sierra thumb|La Virgen Dolorosa en 1939. En esta imagen pueden apreciarse ricos adornos en las cenefas que serían eliminados en 1960. Con el tiempo los historiadores irían rechazando no solo la datación de Agapito y Revilla sino también la autoría de Juni, demostrándose finalmente que la Virgen riosecana no constituye un antecedente sino una réplica de la talla vallisoletana, tal y como señalan Ramón Pérez de Castro y Virginia Asensio al afirmar que la Virgen Dolorosa es una «magnífica relectura barroca y sensible del original juniano», vinculándose a mayores la talla con el periodo de esplendor de Tomás de Sierra. Al igual que Agapito y Revilla, Esteban García Chico también relacionó en su momento a la Virgen Dolorosa con la producción de Juni, aunque más tarde se alejaría de esta postura para asociarla con Alonso de Rozas, fechándola a finales del siglo . Por su parte, Juan José Martín González destacó la poderosa influencia de la Virgen vallisoletana entre numerosas imágenes pertenecientes a las cofradías castellano-leonesas y adjudicó también la obra inicialmente a Juni, aunque en 1959 rechazaría esta tesis para postular a Tomás de Sierra, maestro establecido en Medina de Rioseco que contó con un famoso taller y tuvo varios vástagos que ejercieron el oficio de escultor. Vicente Méndez Hernán apoya esta postura y sitúa la talla en torno a 1720, destacando a su vez la difusión del modelo vallisoletano gracias a un grabado realizado por Juan de Roelas. Este cambio de autoría no contó en principio con la aprobación de los riosecanos, quienes llegaron a pedir a Martín González «que se retractase de las ofensas inferidas», perdurando hasta el día de hoy cierto grado de conflicto sobre la paternidad de la pieza pese a la total certeza de que la misma no es obra de Juni.
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