La gentrificación es un proceso de transformación urbana en el que zonas tradicionalmente habitadas por población de menores ingresos experimentan cambios económicos, sociales y físicos asociados a la llegada de inversión y de residentes con mayor poder adquisitivo. Este proceso suele implicar el aumento en el costo de la vivienda, la modificación del uso del suelo y el desplazamiento paulatino de la población original. El término gentrificación surgió en la década de 1960 para analizar procesos de transformación urbana en distintos contextos urbanos y, posteriormente, fue incorporado a los estudios urbanos en América Latina para explicar transformaciones vinculadas a dinámicas neoliberales de desarrollo urbano. En el contexto de la Ciudad de México, la gentrificación ha sido utilizada como un concepto analítico para comprender la reconfiguración de zonas centrales y consolidadas de la ciudad, así como sus impactos sociales y territoriales. miniaturadeimagen|Casa tradicional (2017) a la izquierda y edificio residencial de lujo (2024) a la derecha, en la Alcaldía Benito Juárez, reflejando el cambio en el tipo de vivienda a lo largo del tiempo. La Ciudad de México ha ido expandiendo masivamente su tejido urbano y densidad de población, convirtiéndose en la quinta ciudad más grande del mundo. Una combinación de políticas neoliberales, ubicación geográfica compleja, disparidades socioeconómicas y estrategias ineficientes, han influido en el proceso de gentrificación de la ciudad.
La combinación de numerosos megaproyectos y estrategias de planeación urbana ineficientes han llevado a que hayan disfunciones en la circulación, la asignación comunitaria y la igualdad de acceso a los recursos. En consecuencia, las comunidades de ingresos medios y bajos se han visto directa o indirectamente alienadas y desafiadas a adaptarse a un entorno urbano complejo y en evolución.
Historia del desarrollo de la Ciudad de México La historia de la Ciudad de México comienza con Tenochtitlán, un asentamiento mexica construido alrededor de 1325 dC en el Valle de México. Desarrollado como una serie de islas artificiales sobre un lago, el pueblo estaba conectado por un sistema de canales, rodeando el acueducto de Chapultepec que servía como principal recurso de agua dulce y por lo tanto como base para la evolución del asentamiento. El Imperio Mexica creció rápidamente después de conseguir el control de las tierras circundantes alcanzando un tamaño de alrededor de 15 km y una población de alrededor de un millón de habitantes. Estas personas vivían en casas bajas hechas de adobe, comúnmente anexadas a chinampas para el cultivo. Las viviendas se compartían entre familias y se agrupaban en torno a un patio creando una diversidad de vecindades que rodeaban las construcciones públicas centrales en torno al Templo Mayor. Las principales áreas definidas por el imperio (Tepeyac, Tlacopan, Coyoacán, Iztapalapa y Texcoco) continúan siendo parte de la ciudad moderna. Las divisiones sociales según el estatus familiar, la riqueza, la ocupación, la edad y el género también eran culturalmente predominantes e influyentes en la arquitectura y el urbanismo de la época. Por ejemplo, las élites (o colonos europeos) a menudo vivían en grandes viviendas llamadas haciendas, mientras que el resto de las comunidades indígenas sobrevivía en pequeños lotes construidos de manera informal.
El desarrollo de la Ciudad de México como el entorno urbano que reconocemos hoy, comenzó a tomar forma con la llegada de Hernán Cortés, el conquistador español, a Tenochtitlán en 1519. Cuando el Imperio Azteca liderado por Moctezuma fue derrocado, los españoles tomaron el control de la planificación y organización de la ciudad. La división de bloques en cuadrícula, alrededor de una plaza central a la que se accedía a través de cuatro calles principales, creó un diseño práctico que ayudó a los españoles a retener el control, administrar la división de lotes y mantener una unidad de poder consolidado. La colocación de edificios de autoridad, instituciones religiosas y espacios económicos y sociales, enfatizó la plaza como el punto de partida físico, cultural y comercial de la ciudad. La estandarización de la arquitectura y la creación de un tejido urbano a través de una red de asentamientos diversos también habla del sentido de permanencia y expansión que aspiraban los conquistadores. La construcción de nuevos sitios fue incentivada al otorgar a los primeros colonos españoles un estatus de élite urbana y poder político que se mantendría de generación en generación. Las Ordenanzas de Indias de Felipe II, sentaron las bases para la fundación de ciudades en el Nuevo Mundo, siguiendo un conjunto de reglas estrictas de ordenación espacial y jerarquías, inspiradas en las ideas urbanísticas clásicas romanas. En este sistema de riqueza adquirida surgieron otras formas de explotación como el trabajo forzoso, la expropiación de tierras, el control de los recursos minerales, la imposición de precios elevados a los bienes y los impuestos, así como sistemas más complejos como la encomienda y el latifundio, muchas veces relacionados con la implantación del cristianismo.derecha|miniaturadeimagen|230x230px| Vista de la Ciudad de México, c. 1890En medida que las instituciones españolas generaban riqueza para la corona española, la población mexicana vivía una extrema desigualdad, incapaz de beneficiarse de su potencial económico. Desde la Independencia en 1821 hasta la Revolución mexicana en 1910, persisten las disparidades entre los grupos sociales y se fomenta la inestabilidad política a través de múltiples dictaduras, corrupción, así como rotaciones de poder. Los monopolios administrados por élites cuentan con el apoyo del gobierno, mientras que la mayoría de la población se queda con servicios públicos poco eficientes, sin acceso a educación o incentivos económicos y con poca o ninguna agencia sobre cómo se maneja el país. La Revolución Industrial empodera a la nación con un crecimiento económico basado en la exportación de bienes e inversiones externas, pero la distribución de la riqueza permanece centralizada. Esto afecta la forma en que la ciudad se desarrolla físicamente en torno a un núcleo, cultivando la densidad de población, así como una expansión urbana masiva que refleja su repentina presencia global económica y cultural.
Desarrollo Urbano La Ciudad de México ha sido un ejemplo icónico de área metropolitana extensa desde el , cuando se convirtió en la ciudad más grande del continente americano. Su continuo crecimiento demográfico y la concentración del poder económico y político tuvieron un auge en la década de 1930 cuando la participación del país en los mercados globales benefició a la industria financiera nacional. Actualmente la quinta ciudad más grande del mundo, con una población de 21 millones de habitantes (17,47% de la población nacional) que viven en 16 distritos y 59 municipios, el área urbana sigue en expansión recibiendo 1100 nuevos habitantes diariamente. La división de la ciudad se deriva de una fuerte población social y económicamente segregada conectada por su interdependencia, que se manifiesta en arreglos espaciales donde las áreas de lujo coexisten con los barrios marginales. Su desarrollo en torno a un núcleo denominado El Zócalo deriva de la relevancia histórica, cultural y política de una plaza central, así como de su concentración contemporánea de poder económico, que actualmente alberga el 80% de todas las empresas nacionales.
Desde 2005, una restauración y rediseño de zonas, motivada por inversiones estatales y privadas, ha creado emocionantes áreas de importancia histórica, oportunidades de entretenimiento y residenciales de alta calidad. Estos desarrollos urbanos se han dirigido a comunidades de élite principalmente porque este grupo sostiene económicamente al país (el 10 superior produce el 38% del ingreso nacional total) y porque el gobierno, predominantemente dirigido por el PRI (Partido Revolucionario Institucional), ha mantenido una perspectiva de política orientada a las ganancias. Por lo tanto, estos desarrollos no solo han llevado a un aumento de la población, el tráfico y la contaminación debido a una planificación urbana ineficiente, sino que también han empujado a grandes cantidades de familias de bajos ingresos a las afueras de la ciudad y han puesto en peligro la seguridad de las 11,5 millones de personas que dependen económicamente del sector subterráneo. Este problema se suma a la condición ya crítica del 40% de la población que vive en asentamientos informales, muchas veces sin acceso a red de alcantarillado y agua potable. La geología de la ciudad, ubicada en un valle montañoso, contribuye aún más a las condiciones de vida insalubres, concentrando altos niveles de contaminación del aire.
La realidad que enfrenta actualmente la ciudad es la de un rápido crecimiento urbano histórico que no ha podido ser adecuadamente controlado y planificado, debido a un gobierno corrupto y económico, así como a una sociedad compleja y fuertemente segregada. Las autoridades han pasado por alto los efectos negativos de la gentrificación en la Ciudad de México, considerados como un proceso inevitable y argumentados como inexistentes en algunos casos. En los últimos años, sin embargo, se han desarrollado una serie de propuestas como una forma de continuar con la gentrificación de la ciudad de una manera que integre y respete los derechos de todos los ciudadanos.
Causas
Políticas neoliberales y renovaciones El desplazamiento de personas en la Ciudad de México comenzó desde los años 70 y 80 en forma de gentrificación simbólica y excluyente provocando desplazamiento directo (precondicionado) e indirecto (consecuencia). Las políticas neoliberales adoptadas en la década de 1980 favorecieron las inversiones privadas para reconstruir la infraestructura de la ciudad, con el fin de atraer nuevos usuarios, residentes y turistas, así como nuevos capitales globales que motivaron múltiples y drásticas renovaciones urbanas. La visión era adoptar una competitividad de mercado que hiciera que la ciudad fuera económicamente atractiva para las inversiones locales y extranjeras. Los proyectos urbanísticos que se derivaron de estas condiciones, sin embargo, incrementaron significativamente los precios de la tierra, las rentas, los servicios y los impuestos, intensificaron y transformaron los usos del suelo y solo beneficiaron al gobierno, los desarrolladores y una población mínimamente elitista.
Las poblaciones de bajos ingresos se vieron muy afectadas por el costo de estas áreas y algunas incluso fueron desalojadas o reubicadas como parte de un plan maestro para un entorno urbano “más limpio”. El concepto de una urbanidad ideal fue enfatizado aún más cuando el comercio informal fue prohibido en 1993. En algunos casos, el Programa de Comercio Popular logró la reubicación de vendedores ambulantes en plazas comerciales cubiertas, minimizando el impacto de la gentrificación laboral. De cualquier manera existen argumentos en contra de la deslocalización o invisibilización del comercio informal como la criminalización de la pobreza y la exclusión de las actividades populares locales.