La lesión del ligamento cruzado anterior se produce cuando el ligamento cruzado anterior (LCA) se distiende o se desgarra parcial o completamente. La lesión más habitual es el desgarro completo. Los síntomas de la rotura del LCA son dolor, un chasquido en el momento de la lesión, inestabilidad de la rodilla e hinchazón de la articulación, que suele instaurarse en las dos horas posteriores a la lesión. En la mitad de los casos aproximadamente, también se dañan otras estructuras de la rodilla, como los ligamentos circundantes, el cartílago o el menisco

Entre los mecanismos causantes más frecuentes se encuentran un cambio rápido de dirección, una parada brusca, la caída tras un salto o un impacto directo contra la rodilla. Es más común en deportistas, en particular en aquellos que practican esquí alpino, fútbol, fútbol americano o baloncesto. Por lo general, el diagnóstico se realiza mediante una exploración física y, a veces, se complementa con imágenes de resonancia magnética (RM). En la exploración física, a menudo, se observa dolor, disminución del rango de movimiento y aumento en la laxitud de la rodilla.

La prevención de la lesión se consigue mediante el entrenamiento neuromuscular y el'''fortalecimiento del tronco''' La elección del tratamiento dependen del nivel de actividad del paciente. En pacientes con previsión de nivel bajo de actividad física puede ser suficiente el tratamiento no quirúrgico, que incluye '''dispositivos ortopédicos''' y fisioterapia. Sin embargo, en personas con altos niveles de actividad se suele recomendar la reparación quirúrgica mediante la reconstrucción artroscópica del ligamento cruzado anterior. La reconstrucción consiste en el reemplazo con un tendón obtenido en otra parte del cuerpo o procedente de un cadáver. Tras la operación, la rehabilitación incluye incrementos progresivos del rango de movimiento de la articulación y el fortalecimiento de los músculos alrededor de la rodilla. En los casos en los que se indica el tratamiento quirúrgico, éste no se lleva a cabo hasta que la inflamación ha remitido.

En Estados Unidos unas 200.000 personas al año se ven afectadas por esta lesión. En algunos deportes, las mujeres presentan un mayor riesgo de lesión del LCA, mientras que en otros deportes la distribución por sexos es similar. Aunque los adultos con un desgarro completo presentan mayor tasa de osteoartritis de rodilla, no se ha comprobado que la elección terapéutica modifique el riesgo de sufrir dicha complicación.

Signos y síntomas Ante una lesión del LCA es común oír un chasquido en la rodilla seguido de dolor e hinchazón. Además, puede aparecer inestabilidad en la rodilla al reanudar la marcha y hacer otras actividades pues el ligamento ya no puede estabilizar la articulación de la rodilla ni evitar que la tibia se desplace hacia adelante.

Otros signos habituales de una lesión aguda del LCA son la disminución del rango de movimiento de la rodilla y el dolor a lo largo de la línea articular. El dolor y la hinchazón pueden desaparecer por sí solos; sin embargo, la rodilla permanecerá inestable y reanudar la actividad deportiva sin tratamiento puede agravar los daños en la articulación.

Causas miniaturadeimagen|280x280px|Desgarro del LCA Las principales causas son:

Un cambio rápido de dirección (también conocido como "fintar") Una caída en mala posición tras un salto Una parada brusca en carrera Un impacto directo o colisión contra la rodilla (p. ej., durante una entrada de fútbol o el choque en un vehículo)

Estos movimientos hacen que la tibia se separe del fémur rápidamente, ejerciendo presión sobre la articulación de la rodilla, lo que favorece la ruptura del LCA. Alrededor del 80% de las lesiones del LCA ocurren sin traumatismo directo. Algunos de los factores de riesgo son: la anatomía femenina, determinados deportes, una mala condición física, la fatiga y practicar deporte en un campo de césped.

Predominio femenino Las deportistas tienen de dos a ocho veces más probabilidades de lesionarse el LCA en deportes que incluyen fintas y saltos, en comparación con los hombres que practican esos mismos deportes. A continuación se muestran los datos de la NCAA sobre la tasa relativa de lesión por cada 1 000 exposiciones/atleta

Baloncesto masculino: 0,07; baloncesto femenino: 0,23 Lacrosse masculino 0,12; lacrosse femenino 0,17 Fútbol masculino 0,09; fútbol femenino 0,28

La gimnasia era el deporte que presentaba los valores más altos de lesión del LCA en mujeres, con una tasa de lesión de 0,33 por cada 1000 exposiciones/ deportista. De los cuatro deportes con la tasa más alta de lesión del LCA, tres eran femeninos: gimnasia, baloncesto y fútbol.

Las diferencias entre hombres y mujeres que se han identificado como posibles causas son: la protección muscular activa de la articulación de la rodilla, las diferencias en la alineación de la pierna/pelvis y la laxitud relativa de los ligamentos. causada por las diferencias en la actividad hormonal del estrógeno y la relaxina. Parece que las píldoras anticonceptivas disminuyen el riesgo de lesión.

Teorías de la dominancia miniaturadeimagen|320x320px|Fémur con genu valgo, el ángulo formado por una línea trazada desde la espina ilíaca anterosuperior a través del centro de la rótula y una línea trazada desde el centro de la rótula hasta el centro de la tuberosidad tibial En algunos estudios se ha planteado la existencia de cuatro desequilibrios neuromusculares que predisponen al sexo femenino a presentar mayor incidencia de lesión del LCA. En el caso de las deportistas es más probable que, tras un salto, caigan con las rodillas relativamente rectas e inclinadas hacia dentro, mientras que la mayor parte del peso corporal recae sobre un pie y el tronco se inclina hacia un lado. Se han planteado diferentes teorías para explicar estos desequilibrios. Entre ellas se encuentran las teorías de la dominancia ligamentosa, de la dominancia del cuádriceps, de la dominancia de una pierna y de la dominancia del tronco.

Según la teoría de la dominancia ligamentosa, cuando una deportista cae tras un salto, su musculatura no absorbe suficientemente la energía del impacto contra el suelo y son los ligamentos de la rodilla los que deben absorber la fuerza, lo que aumenta el riesgo de lesión. La dominancia del cuádriceps hace referencia a que en las deportistas el músculo del cuádriceps es el principal responsable de estabilizar la rodilla. Puesto que la musculatura del cuádriceps empuja la tibia hacia delante, una contracción de alta intensidad puede ejercer mucha presión sobre el LCA, lo que aumenta el riesgo de lesión.

La dominancia de una pierna describe al hecho observado de que las mujeres tienden a colocar más peso en una pierna que en otra. Por último, según la dominancia del tronco los hombres suelen mostrar un mayor control del tronco durante la actividad física, pues muestran una mayor activación del músculo oblicuo interno. En el caso de las deportistas, es más probable caigan con la parte superior del cuerpo inclinada hacia un lado y apoyando más peso en una pierna que en la otra, por lo que ejercen una mayor fuerza de rotación sobre las rodillas.

Diferencias hormonales y anatómicas Antes de la pubertad, no se han observado diferencias según el sexo en la frecuencia de desgarros del LCA. Para intentar explicar la predisposición a la rotura del LCA se ha planteado una posible relación con los cambios en los niveles de hormonas sexuales. La elevación de los estrógenos y la relaxina en mujeres durante el ciclo menstrual podrían aumentar la laxitud articular y la extensibilidad de los tejidos blandos que rodean la articulación de la rodilla.

En un estudio se ha demostrado que las atletas universitarias con niveles de concentración de relaxina superiores a 6,0 pg/ml presentan un riesgo cuatro veces mayor de sufrir un desgarro del LCA que aquellas que mostraban concentraciones más bajas.

Además, durante la pubertad la pelvis femenina se ensancha por el efecto de las hormonas sexuales. Este ensanchamiento de la pelvis provoca un aumento del ángulo del fémur con respecto a la rodilla, el llamado ángulo Q. El promedio para los hombres es de 14° y para las mujeres es de 17°. Se pueden tomar medidas para reducir el ángulo Q, como el uso de dispositivos ortopédicos. La cadera femenina, relativamente más ancha, y el ángulo Q mayor podrían aumentar la probabilidad de desgarros del LCA en las mujeres.

LCA, rigidez muscular y fuerza Durante la pubertad, las hormonas sexuales también causan remodelación de los tejidos blandos del cuerpo. La remodelación tisular en las mujeres genera LCA más pequeños y que pueden fallar (es decir, romperse) con fuerzas de carga más bajas. Además, también provoca diferencias en la rigidez muscular y ligamentosa entre hombres y mujeres. Durante la activación muscular, las mujeres presentan menor rigidez en la articulación de la rodilla. Cuando se aplica fuerza sobre una rodilla menos rígida existe mayor probabilidad de causar desgarros del LCA.

Por otra parte, el músculo cuádriceps femoral es un antagonista del LCA. Según un estudio realizado en mujeres deportistas en la Universidad de Míchigan, en el 31% de los casos, las mujeres presentaron activación del músculo cuádriceps femoral en primer lugar, en comparación con el 17% de los hombres. Debido a una intensa contracción del músculo cuádriceps femoral durante la actividad física, se ejerce una mayor tensión sobre el LCA debido a la «traslación anterior de la tibia».

Fisiopatología La articulación de la rodilla está formada por tres huesos: el fémur (hueso del muslo), la tibia (hueso de la espinilla) y la rótula. Estos huesos se mantienen unidos por los ligamentos, que son fuertes bandas de tejido que mantienen la estabilidad de la articulación al caminar, correr, saltar... En la rodilla existen dos tipos de ligamentos: los ligamentos colaterales y los ligamentos cruzados.

Los ligamentos colaterales son el ligamento colateral tibial (en la región medial de la rodilla) y el ligamento lateral externo (en la región lateral de la rodilla). La función de estos ligamentos es limitar el desplazamiento lateral de la rodilla.

Los ligamentos cruzados forman una «X» dentro de la articulación de la rodilla: el ligamento cruzado anterior se extiende desde la cara frontal de la tibia hasta la parte posterior del fémur mientras que el ligamento cruzado posterior se extiende desde la parte posterior de la tibia hasta la parte frontal del fémur. El ligamento cruzado anterior evita que la tibia se deslice sobre del fémur y aporta estabilidad rotacional.

También hay dos estructuras cartilaginosas en forma de «C» llamadas menisco medial y menisco lateral que se asientan sobre la tibia y que actúan como amortiguadores entre los huesos. 283x283px300x300px Rodilla derecha, vista frontal, muestra los ligamentos interiores. Rodilla izquierda, vista dorsal, muestra los ligamentos interiores.

Diagnóstico

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