Las relaciones entre Polonia y Rusia (; ) tienen una historia larga y a menudo turbulenta que data de la Baja Edad Media, cuando el Reino de Polonia y la Rus de Kiev (y más tarde el Principado de Moscú) se disputaban el control de sus fronteras. Durante siglos, se han producido varias guerras polaco-rusas; además, Polonia ocupó Moscú una vez y Rusia controló gran parte de Polonia durante los siglos y , dañando las relaciones. Las relaciones entre Polonia y Rusia entraron en una nueva fase tras la caída del comunismo, entre 1989 y 1993. Desde entonces, las relaciones polaco-rusas han experimentado mejorías y deterioros.
Historia
Polonia y la antigua Rusia Uno de los primeros acontecimientos conocidos en la historia polaco-rusa data de 981 d. C., cuando el gran príncipe de la Rus de Kiev, Vladimiro Sviatoslávich, le arrebató las ciudades Cherven al Ducado de Polonia. La relación entre ambos Estados era habitualmente cercana y cordial, ya que no se había producido ninguna guerra importante entre ambos.
En 966, Polonia aceptó el cristianismo de Roma, mientras que la Rus de Kiev fue cristianizada por Constantinopla. En 1054, el cisma interno cristiano dividió la Iglesia en las vertientes católica y ortodoxa, separando a los polacos de los eslavos orientales.
En 1018, Sviatopolk el Maldito, que huyó de Kiev, pidió ayuda al rey polaco Boleslao I el Bravo, quien derrotó a Yaroslav el Sabio en la batalla del Río Bug. La campaña de Boleslao I se saldó con la toma de Kiev, pero Boleslao, en lugar de cederle el poder a Sviatopolk, empezó a gobernar la ciudad personalmente. En respuesta, el pueblo de Kiev se sublevó y comenzó a «vencer a los polacos». Boleslao huyó con el tesoro y también se llevó a las hermanas de Yaroslav el Sabio. Las ciudades de Cherven fueron devueltas a Polonia hasta que Yaroslav el Sabio y su hermano Mstislav el Bravo las retomaron en 1030–1031.
Una historia similar tuvo lugar en 1069, cuando el gran duque Iziaslav Yaroslávich fue a Polonia a pedirle ayuda a su sobrino Boleslao II el Temerario, y este, tras haber viajado a Kiev, intervino en la disputa dinástica de la Rus a favor de Iziaslav. Dice la leyenda que una espada reliquia llamada Szczerbiec, que se utilizaba durante las coronaciones de los reyes polacos, recibió una muesca cuando Boleslao I o Bolesao II asestaron una estocada contra la Puerta Dorada de Kiev. La primera opción no es posible porque la Puerta Dorada se construyó en la década de 1030, y la segunda tampoco está confirmada debido a la datación por radiocarbono de la espada, que, al parecer, no se creó antes de la segunda mitad del siglo .
Al mismo tiempo, la Rus de Kiev y Polonia gozaron de largos periodos de coexistencia pacífica (por ejemplo, durante la vida de Vladimiro después de 981) y alianzas militares. Así, el rey polaco Casimiro I concertó una alianza con Yaroslav el Sabio en 1042, casando al primero con la hermana del gran duque, María Dobroniega. En 1074, según la crónica, el príncipe de Smolensk Vladimiro Vsévolodovich Monómaco firmó la paz con Boleslao II en Suteisk y, en 1076, junto con el príncipe Oleg Sviatoslávich de Volinia, acudió en ayuda de los polacos en una campaña militar contra los checos. El gran príncipe de Kiev, Sviatopolk Iziaslávich, hizo las paces con el rey polaco Boleslao III el Bocatorcida, quien, en 1103, se casó con la hija de Sviatopolk Sbyslav. Cuando estalló una lucha en Polonia entre Boleslao III y su hermano Zbigniew, las tropas de la Rus acudieron en ayuda del rey y obligaron a Zbigniew a reconocer su poder.
Al igual que los principados que surgieron tras la desintegración de la Rus de Kiev, Polonia fue invadida por Mongolia en el siglo . No obstante, a pesar de la devastación, el yugo mongol no se consolidó, lo que le brindó a Polonia una ventaja en el desarrollo del comercio, la cultura y las relaciones públicas. En 1340, Vladimiro Lvóvich, el último heredero de la dinastía ruríkida, murió, tras lo cual el principado de Galitzia fue heredado por Casimiro III el Grande y anexionado al Reino de Polonia.
Moscovia y el Imperio ruso miniaturadeimagen| Capitulación de la guarnición rusa de Smolensk ante Vladislao IV de Polonia en 1634. Las relaciones entre Polonia y la Rusia moscovita fueron tensas, ya que el Gran Ducado de Lituania, cada vez más desesperado, implicó al Reino de Polonia en su guerra contra Moscovia en el siglo . Dicho por el historiador polaco Andrzej Nowak, aunque antes había contactos ocasionales entre los polacos y los rusos, fue la unión polaca a Lituania lo que llevó a la Polonia católica y prooccidental y a la Rusia ortodoxa a mantener una relación real y constante. Ambos Estados participaron en «la contienda por la preponderancia política, estratégica y de civilización en Europa Central y Oriental».Andrzej Nowak, The Russo-Polish Historical Confrontation, Sarmatian Review, edición de enero de 1997 Aunque hubo intentos ocasionales de crear una alianza entre la nueva Mancomunidad de Polonia-Lituania y el Principado de Moscú (incluyendo varios intentos de elegir a los zares moscovitas para el trono polaco y crear la Mancomunidad de Polonia-Lituania-Moscovia), no llegaron a ninguna parte. En su lugar, estallaron varias guerras. En particular, durante la guerra polaco-moscovita de 1605-1618, Polonia explotó la debilidad política de Moscovia suscitada por la guerra civil y las fuerzas polacas tomaron Moscú, suceso que determinó el futuro de las relaciones ruso-polacas.Peter Cheremushkin, "Russian-Polish relations: A long way from stereotype to reconciliation" , Intermarium, vol. 5, n.º 3. (2003), School of International and Public Affairs, Universidad de Columbia Moscovia, que ahora era el Imperio ruso, tomó represalias aprovechando el debilitamiento de la Mancomunidad, apoderándose de los territorios en disputa y desplazando sus fronteras hacia el oeste tras la guerra ruso-polaca de 1654-1667, y más tarde participó en la destrucción de la Mancomunidad durante el Diluvio. A principios del siglo , cuando el sistema político de la Mancomunidad (Libertad Dorada) se sumió en la anarquía, los rusos pudieron intervenir en los asuntos internos polacos a su antojo, política y militarmente. Hacia mediados del siglo , la influencia de los embajadores y enviados de Rusia a Polonia podía compararse a la de los virreyes coloniales y la Mancomunidad era vista por los rusos como una especie de protectorado.
Tras el fracaso de la Confederación de Bar en contra de la influencia política y militar rusa sobre Polonia, en 1772 se produjo la primera partición, seguida de la segunda partición y la tercera partición de Polonia. En 1795, las tres particiones de Polonia borraron al país del mapa de Europa. Como señaló Nowak: «una nueva justificación para el colonialismo ruso cobró fuerza a partir de la Ilustración». Los autores rusos retrataron la Polonia ocupada como un país anárquico y peligroso cuyas ideas católicas y democráticas debían ser suprimidas por los «vecinos más ilustrados». Durante los siguientes 123 años, gran parte de la población polaca y su antiguo territorio estuvieron sometidos al mandato del Imperio ruso. Sin embargo, Polonia experimentó un renacimiento cultural y político tras la primera partición, que culminó con la Constitución del 3 de mayo de 1791 y la insurrección de Kościuszko en 1794. Muchos expatriados y voluntarios polacos se pusieron de parte de la Francia revolucionaria y napoleónica en sus luchas contra las mismas potencias (Rusia, Austria y Prusia) que se habían repartido Polonia. Después de 1815, se produjeron varios levantamientos (sobre todo el Levantamiento de Noviembre y el Levantamiento de Enero) para intentar recuperar la independencia de Polonia y poner freno a la rusificación y otras políticas similares destinadas a eliminar cualquier rastro de la antigua dominación polaca o de la influencia cultural polaca; no obstante, Polonia solo recuperó su independencia después de la Primera Guerra Mundial (como la Segunda República polaca).
Unión Soviética
miniaturadeimagen| 25.º Aniversario del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua entre la URSS y Polonia. La oposición nacionalista al control ruso de Polonia persistió durante el siglo y, tras la caída de la dinastía Románov en la Revolución rusa, el Imperio alemán obligó al nuevo régimen bolchevique de Vladímir Lenin a firmar el Tratado de Brest-Litovsk, por el que se entregaba la mayor parte de la Polonia rusa como Estado cliente de Alemania. Justo después de recuperar su independencia en 1918 tras la caída de Alemania, Polonia se enfrentó a la nueva Rusia bolchevique, y la guerra polaco-soviética se saldó con una victoria polaca en Varsovia, echando por tierra los planes de Lenin de enviar su Ejército Rojo al oeste para desencadenar una revolución comunista mundial. Sin embargo, Polonia no cumplió su objetivo bélico de anexionarse los territorios ocupados por los soviéticos, como Ucrania, Bielorrusia y Lituania, que se incorporaron a la Unión Soviética como repúblicas socialistas soviéticas.
Durante las siguientes dos décadas, la Unión Soviética vio a Polonia como un enemigo y, junto con Alemania durante la República de Weimar y el Tercer Reich, un Estado ilegítimo creado por las potencias aliadas durante la Primera Guerra Mundial a costa de Alemania y Rusia. Durante el periodo de entreguerras, Iósif Stalin temía una invasión coordinada en dos frentes polaco-japonesa. Muchos habitantes de la República Socialista Soviética de Ucrania cruzaron la frontera con Polonia en protesta por la política de colectivización y el Holodomor del primer plan quinquenal. La Unión Soviética apoyó las actividades subversivas del Partido Comunista Polaco, el Partido Comunista de Bielorrusia Occidental y el Partido Comunista de Ucrania Occidental. Por su parte, Polonia envió agentes secretos al otro lado de la frontera para fomentar la rebelión contra el mandato soviético, lo que hizo que Stalin empezase a relacionar a los polacos en la Unión Soviética con grupos disidentes y terroristas nacionalistas. El NKVD mató a 111 091 polacos durante la operación polaca y deportó a muchas familias a Kazajistán. El temor a una invasión polaca y al espionaje externo también justificó la represión interna general de la Gran Purga en los años treinta. No obstante, la URSS y Polonia firmaron un pacto de no agresión formal en 1932.