El Seminario mayor es una comunidad eclesial y educativa que tiene como finalidad “el acompañamiento vocacional de los futuros sacerdotes, y por tanto el discernimiento de la vocación, la ayuda para corresponder a ella y la preparación para recibir el sacramento del Orden con las gracias y responsabilidades propias, por las que el sacerdote se configura con Jesucristo Cabeza y Pastor y se prepara y compromete para compartir su misión de salvación en la Iglesia y en el mundo”.

Introducción El Seminario Mayor de Tucumán fue creado en 1899, dos años después de la creación de la diócesis de Tucumán, siendo obispo Mons. Pablo Padilla y Bárcena (1898-1921), durante el pontificado del papa León XIII. El obispo encargó la formación del clero de la nueva diócesis a los padres lourdistas venidos de Francia.

Esto fue así hasta 1907, que por contar con pocos seminaristas teólogos, los seminaristas fueron enviados a Buenos Aires. En este periodo se ordenaron veinte sacerdotes.

Para 1911 se inaugura el edificio donde comenzaría a funcionar el Seminario Menor ubicado donde actualmente funciona el Seminario Mayor. La obra fue diseñada por el arquitecto Pelsmaker.

El 15 de abril de 1932 los obispos del norte crean en la provincia de Catamarca un Seminario Regional para la formación del clero a cargo de los sacerdotes del Verbo Divino. En el mismo año, Mons. Agustín Barrere hace cargo a la Hermandad de Sacerdotes Operarios de la formación del Seminario Menor.

En 1963 a raíz del cierre del Seminario Regional, Mons. Juan Carlos Aramburu crea el Seminario Mayor “Nuestra Señora de las Mercedes” también bajo la dirección de los Padres Operarios hasta 1991 donde el clero Diocesano asumirá esta tarea. miniaturadeimagen|Seminaristas 2022 En el Seminario actualmente se forman jóvenes de la arquidiócesis de Tucumán y de otras diócesis del NOA: Santiago del Estero, Catamarca, Nueva Orán (Salta), Añatuya (Santiago del Estero) y Concepción (Tucumán).

Historia

Origen de los Seminarios en la Iglesia alt=Entrada al edificio por Avenida Sarmiento 841|miniaturadeimagen|Seminario Mayor de Tucumán La celebración del Concilio de Trento (1545-1563) trajo a la Iglesia uno de sus mejores frutos del que aun se goza en la actualidad: el Seminario. Existían ya algunas experiencias formativas en torno al sacerdocio ministerial, pero Trento presentó algo novedoso. Como no es fácil de encontrar el texto del decreto 18 de la sección 23, lo paso a transcribir.“Siendo la juventud inclinada a seguir los placeres del mundo, si no se la educa convenientemente, y de no formarla desde los tiernos años en piedad y religión antes de que los vicios la dominen, nunca podrá perseverar en la disciplina eclesiástica con perfección y sin un grande y especialísimo auxilio de Dios omnipotente, el Santo Sínodo ordena que todas las catedrales, metropolitanas e iglesias mayores, según sus posibilidades y la extensión de la diócesis, estén obligadas a mantener, educar religiosamente e instruir en las disciplinas eclesiásticas a un cierto número de niños de la misma ciudad y diócesis o de su provincia (de no encontrarlos en aquella) en un Colegio especial junto a las mismas iglesias o en otro lugar conveniente, que elegirá el Obispo.

En este Colegio recíbanse a los niños que tengan por lo menos doce años, nacidos de legítimo matrimonio, que sepan bien leer y escribir y cuyo carácter e inclinación ofrezcan esperanzas de que habrán de servir siempre en los ministerios eclesiásticos. Quiere el Santo Sínodo que se elijan preferentemente los hijos de los pobres, sin excluir los de los ricos, con tal que se costeen por su cuenta y demuestren voluntad de servir a Dios y a su Iglesia. A estos jóvenes el Obispo los distribuirá en tantas secciones cuantas crea conveniente, según su número, edad y adelantos en la carrera eclesiástica. Según le parezca oportuno, los ira destinando al servicio de las iglesias y a los restantes los retendría en el Colegio para su educación, y pondrá a otros en el lugar de los que vayan saliendo, de manera que este Colegio sea un perpetuo seminario de ministros del Señor.

Ahora bien, para que sean más cómodamente instruidos en la disciplina eclesiástica, desde el primer momento llevarán tonsura y hábito clerical, y aprenderán gramática, canto, cómputos eclesiásticos y demás materias de letras humanas (aliarumque bonarum artium disciplinam). Asimismo se instruirán en Sagrada Escritura, libros eclesiásticos, homilías de los santos y en la manera de administrar los sacramentos, sobre todo respecto de oír confesiones, con todos sus ritos y ceremonias. Cuide el Obispo de que asistan diariamente al sacrificio de la Misa y de que, al menos cada mes, confiesen sus pecados y conforme al parecer del confesor tomen el Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo; de que sirvan en la catedral y en las otras iglesias de la población los días festivos. Y todas estas cosas y otras que parezcan oportunas y necesarias, cada uno de los Obispos las ordenaran de acuerdo con dos de los canónigos mas ancianos y graves, que ellos mismos habrán de elegir, según el Espíritu Santo les sugiera, y se afanarán para que se cumplan todas estas cosas visitando muchas veces el Seminario. A los díscolos, incorregibles y sembradores de malas costumbres, los castigarán con rigor y cuidaran diligentemente de remover los obstáculos que se opusieren a la conservación y aumento de tan santa y pía institución”.Con este texto, Trento deja establecido el modo como se llevara a cabo la formación sacerdotal. Sabemos que los mandatos del Concilio tardaron en difundirse y más aún en cumplirse. Estamos hablando de mediados del .

Cuando en América, más precisamente en nuestra región del Tucumán comenzaron a verse los primeros florecimientos de la misión de la Iglesia, uno de ellos fue a través de la organización eclesiástica. Con las primeras diócesis se vieron abrir los primeros seminarios. En primer lugar tenemos al seminario Nuestra Señora de Loreto fundado en 1597 en la primera diócesis del Tucumán en Santiago del Estero.

Luego, el Seminario Conciliar San Buenaventura en la ciudad cabecera del entonces obispado de Salta. El primer intento de fundación se dio en 1863 en una casa particular, pero por la escasez de recursos debió cerrarse hasta que se pudo levantar “el primer y principal cuadro del edificio”. El decreto de erección corresponde a Mons. Fray Buenaventura Rizo Patrón, del 23 de mayo de 1874.

Documentos que tratan sobre el seminario Muchos siglos después de Trento, nos encontramos con un Sínodo (1899) muy cercano a nosotros aunque celebrado en la ciudad eterna. Por diversas razones digo que fue cercano, una de ellas es porque el tema a tratar fue la situación de la Iglesia en América Latina. Otra, porque en el Sínodo participó el Obispo diocesano de Tucumán, Mons. Pablo Padilla y Bárcena. En el Título VII se encuentra el tema “de la formación del clero”.

En capítulo I habla de la elección y preparación de los niños al estado clerical en el Seminario. En el capítulo II trata de los Seminarios menores. En el capítulo III, de los Seminarios Diocesanos Mayores. Y en el último capítulo, del examen de los sacerdotes recién ordenados.

Es un perfecto plan formativo que va desde los primeros años hasta después de la ordenación. El texto conclusivo de dicha reunión nos otorga mayor luz en lo que la Iglesia pretendía de la formación sacerdotal. Fiel al tridentino, repite en tono disciplinar y esquemático lo que se venia viviendo hasta ahora. El Obispo Padilla, hace suya la inquietud universal de celebrar Sínodos diocesanos. Por tanto, desde el 19 al 25 de marzo de 1905 se vio reunidos en la catedral a los más importantes exponentes eclesiásticos para establecer los cimientos de la nueva diócesis.

Cronología

Fechas de inauguraciones y bendiciones solemnes en el Seminario Mayor

20 de abril de 1912 – Inauguración solemne del edificio de Av. Sarmiento, por Mons. Padilla. No fue inaugurado íntegro. 20 de octubre de 1927 – “Inauguración (por Mons. Piedrabuena) de las placas de bronce colocadas a la entrada del Seminario como signo de sincera gratitud al Dr. Pablo Padilla y Bárcena, y a los que colaboraron en la primera hora en la gran obra del Seminario” (libro de efemérides I, pág. 52). 10 de noviembre de 1927 – “este año también el obispo hizo traer de Europa los hermosos vidrios catedral que ostentan las puertas y ventanas de nuestra capilla” (libro de informes 1934-1964). 3 de octubre de 1928 – Bendición del ventanal de Santa Teresita en la Capilla por el Sr. Obispo de Santiago del Estero, Mons. Rodríguez. (Libro de efemérides I, pág. 66). 21 de abril de 1936 – “se aprueba la construcción y restauración de la actual puerta de la capilla del Seminario” (Libro de efemérides 1934-1964). 9 de agosto de 1945 – Bendición del claustro en honor a Mons. Agustín Barrére por el 80 aniversario de su natalicio. (Claustro de la Virgen del Valle). 8 de abril de 1987 – El nuevo edificio de seis pisos fue bendecido desde el aeropuerto de Tucumán por el Papa Juan Pablo II bajo el obispado de Mons. Bózzoli.

Formación Sacerdotal

Dimensiones de la Formación Sacerdotal

Formación Humana Fundamento

Sin una adecuada formación humana toda la formación sacerdotal estaría privada de su fundamento necesario”. En efecto, la existencia cristiana y sacerdotal, como don de la gracia, no destruye ni anula la naturaleza del hombre sino que la supone y asume para elevarla y perfeccionarla.

Objetivos

Educar a los seminaristas para que puedan crecer en las principales virtudes y valores humanos, especialmente los siguientes: sinceridad y amor a la verdad; prudencia en los juicios y decisiones; fidelidad a la palabra dada; búsqueda constante de la justicia y de la paz; capacidad de amistad, hospitalidad, diálogo, colaboración, agradecimiento y perdón; espíritu de servicio, solidaridad y sacrificio; austeridad, laboriosidad, responsabilidad e iniciativa; moderación en el hablar y actuar; aptitud para el silencio y la soledad.

Que los seminaristas puedan lograr un conocimiento realista de la propia persona y una recta valoración de sí mismos. De esta manera podrán potenciar sus virtudes, asumir sus limitaciones y las de los demás, y vivir así la esperanza que permite superar las tentaciones de desaliento, agobio y pesimismo. Esta tarea implica un reconocimiento sincero de la historia personal y familiar, así como del influjo del medio cultural en la estructuración de la propia personalidad. En orden al conocimiento de sí mismo es necesario promover el discernimiento de las motivaciones que dan origen a los comportamientos más habituales.

Educar a los jóvenes de tal modo que puedan vivir la afectividad y la sexualidad como camino de maduración humana y preparación al celibato sacerdotal. “A la vista del compromiso del celibato, la madurez afectiva ha de saber incluir, dentro de las relaciones humanas de serena amistad y profunda fraternidad, un gran amor, vivo y personal, a Jesucristo”.

Medios

Diálogo personal con los formadores y los compañeros; Dedicación constante al estudio personal y preparación atenta de las tareas apostólicas; Clima de libertad y autoformación responsable; Participación activa en la comunidad del Seminario asumiendo responsabilidades y oficios propios de la casa, incluyendo el trabajo manual; Descanso, deporte, esparcimiento, actividades comunes como campamentos, salidas comunitarias, etc.; Educación sexual y educación de las virtudes; Apertura a la realidad a través de los medios de comunicación, educando una prudente valoración crítica; Experiencias y pruebas formativas especiales; Asistencia profesional de psicólogos y médicos competentes y conocedores de la vida consagrada.

Formación Espiritual Fundamento

La formación espiritual ha de proporcionarse de manera que dinamice y plenifique el crecimiento humano y cristiano de los futuros sacerdotes, y sea el sólido fundamento de su formación pastoral.