Nuestra Señora de Lourdes es una advocación mariana católica refiriéndose a las dieciocho apariciones que Bernadette Soubirous afirmó haber presenciado en 1858 en la gruta de Massabielle, en las afueras de la ciudad de Lourdes, en Francia, en las estribaciones de los Pirineos.

Ya en vida de Bernadette, multitud de católicos creyeron en las apariciones de la Virgen María como vehículo de la gracia de Dios, y el papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes en 1862, unos diecisiete años antes de la muerte de Bernadette.

Bernadette Soubirous fue proclamada santa por Pío XI el 8 de diciembre de 1933. Desde entonces, la advocación de la Virgen María como Nuestra Señora de Lourdes ha sido motivo de gran veneración, y su santuario es uno de los más visitados del mundo: unos 8 000 000 de personas peregrinaron allí en 2011. Tras la pandemia de COVID-19, el número de visitantes se estima entre los cinco y seis millones, y se calcula que la ciudad obtiene beneficios (principalmente a través de la industria hostelera) de 270 millones de euros al año.

Nuestra Señora de Lourdes está asociada al dogma católico de la Inmaculada Concepción, ya que la visión se presentó a Bernadette bajo este nombre, según lo que ella afirmó. La Iglesia católica invoca a Nuestra Señora de Lourdes como patrona de los enfermos, porque muchos de ellos acuden a Lourdes por la reputación milagrosa del agua de Lourdes.

Apariciones

Bernadette Soubirous, una adolescente pobre y analfabeta de catorce años de edad, aseguró haber visto en dieciocho ocasiones a la Virgen María en la gruta de Massabielle, al occidente de Lourdes entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858.

Ella decía que se le aparecía una señora joven, vestida de blanco con una cinta de color azul a la cintura, con las manos juntas en actitud de oración, con un rosario colgándole del brazo, con una rosa dorada en cada pie y un velo blanco cubría su cabello.

En la tercera aparición, la niña aseguró haber hablado con la Señora en gascón, dialecto occitano que se usa en la zona, la cual se dirigió a ella usando el "usted" (voi) de cortesía y pidiéndole: "¿Me haría usted el favor de venir aquí durante quince días?" (Boulet aoue era gracia de bié aci penden quinze dias?). Bernadette le prometió que lo haría. A su vez, la Señora le anunció que no le prometía hacerla feliz en este mundo, sino en el otro.

En sucesivas apariciones, el mensaje fue tomando cuerpo:

Invitación a la penitencia y a la oración por los pecadores (21 de febrero). Invitación a vivir una pobreza más evangélica . Solicitud de que se hicieran procesiones a la gruta y le fuera erigida allí una capilla (2 de marzo).

El 25 de febrero, según testificó Bernadette, la Virgen le dijo que fuera a tomar agua de la fuente y que comiera de las plantas que crecían libremente allí. Ella interpretó que debía ir a tomar agua del cercano río Gave y hacia allá se dirigió. Pero la Señora le enseñó con el dedo que escarbara en el suelo. Al excavar en el fango e intentar beber, Bernadette ensució su rostro, y sus gestos y apariencia fueron motivo de escepticismo por parte de muchas de las 350 personas presentes, ya que el manantial no se manifestó de inmediato. Sin embargo, poco después surgió una fuente de agua que, hasta el día de hoy, es meta de peregrinaciones por parte de muchos católicos y que ha sido testigo de numerosos milagros. El manantial que brotó aquel 25 de febrero de 1858 produce cien mil litros de agua por día, de forma continua desde aquella fecha hasta nuestros días.

Ante la reiterada petición de Bernardette de que revelara su nombre, el 25 de marzo de 1858 (en su decimosexta aparición) la Señora le dijo : "Que soy era Immaculada Councepciou" ("Yo soy la Inmaculada Concepción"). El dogma católico de la Inmaculada Concepción de la Virgen María había sido solemnemente proclamado el 8 de diciembre de 1854, tres años antes. La expresión resultaba ajena al vocabulario de Bernadette y, en principio, fue motivo de desconcierto, tanto en el propio Padre Peyramale -párroco de Lourdes- como en otras autoridades eclesiásticas y civiles. Sin embargo, Bernadette mantuvo una consistente actitud de calma durante todos los incisivos interrogatorios que se le hicieron, sin cambiar su historia ni su actitud, ni pretender tener un conocimiento más allá de lo dicho respecto de las visiones descritas.

Aprobación eclesiástica

thumb|200px|Bernadette y la aparición de la Virgen María. Bonneval. El último interrogatorio ante la comisión eclesiástica, presidida por el obispo de Tarbes, Laurence, fue el 1 de diciembre de 1860. El anciano obispo terminó emocionado, al repetir Bernadette el gesto y las palabras que la Virgen hiciera el 25 de marzo de 1858: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

El 18 de enero de 1862, Laurence publicó la carta pastoral con la cual declaró que "la Inmaculada Madre de Dios se ha aparecido verdaderamente a Bernadette". En ese mismo año, el papa Pío IX autorizó al obispo local para que permitiera la veneración de la Virgen María en Lourdes. Desde entonces los diversos pontífices han apoyado de varias formas la devoción y la peregrinación al santuario. El papa Pío X extendió la celebración de la memoria a toda la Iglesia. El 9 de noviembre de 1907 el Papa Pío X introdujo la indulgencia de 300 días por cada invocación a Nuestra Señora de Lourdes. (p. 26)

Pío XI ratificó definitivamente la celebración de Nuestra Señora de Lourdes al beatificar a Bernadette el 6 de junio de 1925, y canonizarla en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción del Año Santo de la Redención, el 8 de diciembre de 1933. En 1937, el mismo Pío XI nombró a Eugenio Pacelli como delegado papal para visitar y venerar personalmente a la Virgen en Lourdes. El 8 de septiembre de 1953, en conmemoración del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción, el papa Pío XII, decretó en su Carta Encíclica Fulgens Corona la celebración de un Año Mariano –el primero en la historia de la Iglesia católica– en todo el mundo, mientras describía los sucesos de Lourdes con las siguientes palabras:

Naturaleza de la aprobación

Las apariciones se catalogan como revelaciones privadas y no públicas. Esto significa que la Iglesia no las considera artículos de fe; no incorporan material nuevo como objeto de fe de la Iglesia, ni se requiere que sus fieles crean en ellas para obtener la salvación. En la fe de la Iglesia católica, Dios elige a quién curar y por qué medios, pues “sus pensamientos no son los míos, ni sus caminos son mis caminos, dice el Señor” (Isaías 55, 8). En el decir de Blaise Pascal, «Dios tiene sus razones que nuestra razón no conoce».

Consecuencias de la aprobación

thumb|200px|Estatuillas que representan la aparición de María a Bernadette en una cueva de Lourdes Por otra parte, las autoridades de la Iglesia católica han expresado explícitamente su devoción a Nuestra Señora de Lourdes de distintas formas. El 25 de marzo de 1958, centenario de aquella aparición en la que la "Señora" se presentó con las palabras "Yo soy la Inmaculada Concepción", el cardenal Angelo G. Roncalli —más tarde papa Juan XXIII, canonizado en 2014— consagró la gran basílica subterránea de san Pío X. En la clausura del centenario de las apariciones de Lourdes, lo expresó así: "La Iglesia, por la voz de sus papas, no cesa de recomendar a los católicos que presten atención al mensaje de Lourdes".

El calendario litúrgico católico celebra la Festividad de Nuestra Señora de Lourdes el día de la primera aparición, es decir, el 11 de febrero. En 1992, el papa Juan Pablo II instituyó la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo a realizarse el 11 de febrero de cada año, en memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes.

En 1983 y 2004, Juan Pablo II en persona visitó Lourdes, al igual que lo haría su sucesor Benedicto XVI el 15 de septiembre de 2008, en conmemoración del 150 aniversario de las apariciones de 1858.

Hoy, el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes es uno de los sitios principales de peregrinaje católico en el mundo. Con una población de aproximadamente 15 000 habitantes, Lourdes recibe actualmente la visita estimada de entre cinco y seis millones de peregrinos por año.

Representación

La imagen de la Virgen de Lourdes que los fieles católicos veneran sigue en general la descripción que Bernadette hiciera de la Señora:

Joven. Vestida de blanco con una cinta de color azul a la cintura. Con las manos juntas en actitud orante. Con un rosario colgándole del brazo. Con una rosa dorada en cada pie. Un velo blanco cubría su cabello.

Patronazgo de los enfermos

La Iglesia católica siempre consideró a la Virgen María como una figura íntimamente próxima a todo sufrimiento humano, desde aquel momento descrito por el Evangelio de Juan:

A partir de los hechos testimoniados por Bernadette Soubirous, la Iglesia católica consideró a la Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes, la patrona de los enfermos.

Es importante señalar que tanto las apariciones de Lourdes como la existencia de hechos "no explicables científicamente por las leyes naturales" no constituyen artículos de fe —estos últimos incluidos en el Credo—.

"Le Bureau des Constatations Médicales" y de "Le Comité Médical International" de Lourdes, que rigen el análisis científico de las curaciones producidas en Lourdes, lo hacen de forma sumamente estricta. De los aproximadamente 7000 expedientes de curación registrados desde las apariciones, solo 72 casos han sido reconocidos por la Iglesia como milagros en un siglo y medio, hasta la fecha de enero de 2026. "La Iglesia siempre ha sido muy cuidadosa acerca de las curaciones", dijo el facultativo francés Patrick Theillier, católico practicante y director de la oficina médica. "Prefiere no reconocer un milagro verdadero a proclamar uno donde no existe". La curación de Marie Bailly, aquejada de peritonitis tuberculosa en último estadio (el famoso "Dossier 54" de los Archivos de "Le Bureau des Constatations Médicales" de Lourdes), y testimoniada por el médico católico Alexis Carrel —por entonces escéptico— (Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1912), no se encuentra incluida entre los casos considerados milagrosos por la Iglesia católica, simplemente por una constatación insuficiente del estado psíquico de la paciente previo a su curación (ver detalles más adelante).

thumb|200px|Silueta del Santuario de Lourdes recortada en el cielo

La persona más joven que se considera recibió esa gracia fue un niño de 2 años: Justin Bouhort, de Lourdes (Francia), que padecía hipotrepsia crónica post infecciosa con retardo del desarrollo motor. El más reciente reconocimiento de un milagro por parte de la Iglesia católica sobrevino en el año 2011. Asimismo, se reconoció que 6 milagros tuvieron lugar por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes sin que los enfermos viajaran a Lourdes. Más del 70 % de los milagros se produjeron por contacto con el agua de Lourdes. Para que una curación se considere milagrosa se deben cumplimentar una serie de requisitos, entre los que se cuentan:

Que la dolencia sea incurable, desde un punto de vista científico. Que se haya puesto de manifiesto la total ineficacia de los medicamentos o protocolos empleados en su tratamiento. Que la curación haya sobrevenido de forma súbita y no gradual. Que la curación haya sido absoluta, con efectos duraderos, y no solamente una remisión. Que la curación no sea el resultado de una interpretación derivada del estado psíquico de la persona.

Un total de 70 casos de curación fueron considerados milagrosos por la Iglesia católica. Entre ellos se cuentan los siguientes: