La iglesia de Santa Eulalia es un templo católico situado en las cercanías de la localidad de Corao, en la parroquia de Abamia del concejo de Cangas de Onís (Principado de Asturias, España). El edificio actual data del , si bien se tiene constancia de la existencia de un templo del en la misma ubicación.
La iglesia es monumento histórico-artístico desde 1962 y el espacio circundante o «campo de iglesia» es Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico, desde 2017.
Historia Origen del templo Está situada en una zona dolménica, cerca y sobre una necrópolis romano-vadiniense, de las que ha aparecido in situ alguna estela, y otras veinte en el propio Corao. Ambrosio de Morales, durante su célebre viaje de 1572 (publicado en 1575 como parte de la Crónica General de Ocampo, y por separado en 1765 y otras ediciones), ofrece un gráfico relato que ilustra el estado de la iglesia en el último tercio del .<, en su aspecto actual es románica (arte románico).
La primera referencia que de ella se tiene escrita como Abelania está en la Crónica Albeldense. Yepes cita hacia el año 737 la existencia en esta zona de un monasterio de la regla de San Benito.
De acuerdo con otras fuentes, la primera referencia escrita sobre la iglesia se encuentra en la confirmación otorgada en 926 por Ramiro Alfonsiz, hijo de Alfonso III, sobre las donaciones de sus antepasados a San Salvador de Oviedo, donde se cita: “in territorio Kangas (...) ecclesiam sancte eulalie de Vendammio”. Aunque se trata de un falso pelagiano del , redactado por el scriptorium del obispo Pelayo y donde se interpolaron más donaciones de las contenidas originalmente, parece ser que en este caso la referencia a Abamia no sería un añadido. Así parecen confirmarlo las excavaciones arqueológicas realizadas en la iglesia que datan su fundación en fechas altomedievales, a juzgar por su ocupación funeraria anterior al .
Sepultura del rey don Pelayo Durante varios siglos permanecieron sepultados en esta iglesia los restos mortales de don Pelayo, primer rey de Asturias y los de su esposa, la reina Gaudiosa. El rey falleció en Cangas de Onís, donde tenía su corte, en el año 737. Después de su defunción, su cadáver recibió sepultura en la iglesia de Santa Eulalia, en la que previamente había sido sepultada su esposa. En la Crónica Sebastianense, o de Alfonso III de Asturias, aparece mencionada la defunción y posterior sepultura de don Pelayo en estos términos: «Pelayo, tras haber completado diecinueve años de reinado, falleció de muerte natural y fue enterrado, junto con su esposa la reina Gaudiosa, en el territorio de Cangas, en la iglesia de Santa Eulalia de Velanio. Año 775 (737 d.C.)»
En el lado del Evangelio de la iglesia se conserva en la actualidad el sepulcro, vacío, que contuvo los restos del rey, y enfrente, colocado en el lado de la Epístola, se encuentra el que contuvo los restos de su esposa. Las laudas sepulcrales de Pelayo y Gaudiosa ya fueron vistas y descritas por el cronista Ambrosio de Morales en 1572. La atribuida al rey tiene sólo una espada, y en la de la reina aparece grabada la inscripción Heic Iacet Rª Gaudiosa Uxor Rs Pelagii; la confección de ésta puede fijarse mejor, en las citadas obras de 1786, pues Morales (ibid.) "se espantó de lo lisa y humilde que era", y Jovellanos en una visita anterior a esa fecha (1782) refiere que no tenía inscripción. Hay que entender, en todo caso, que se trata de simples cenotafios concordes con los datos y la tradición sobre dichos sepulcros, a cuya realidad no afecta el que las lápidas fueran añadidas posteriormente.
El cronista Ambrosio de Morales dejó constancia en su obra de que Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León, ordenó trasladar los restos de don Pelayo y su esposa a la Santa Cueva de Covadonga, aunque numerosos historiadores han cuestionado la autenticidad del traslado. En una cavidad natural de la Santa Cueva de Covadonga, e introducidos en un túmulo de piedra, reposan en la actualidad los restos de ambos monarcas junto con los de Ermesinda, hermana del rey.
Importancia simbólica La iglesia de Santa Eulalia de Abamia constituye uno de los lugares más emblemáticos de Asturias por su vinculación a los orígenes de la Monarquía Asturiana y la creencia popular de que el rey Pelayo y su esposa Gaudiosa fueron enterrados en ella. Esta tradición se recoge por primera vez en la versión ovetense de la Crónica albeldense, cuyo original data del siglo IX, donde se afirma que “sepultus cum uxore sua Gaudiosa regina territorio Cangas in ecclesia Sancte Eulaliae de Velanio fuit”. Pero esta referencia es una interpolación elaborada por el scriptorium del obispo Pelayo, que rigió la sede episcopal de Oviedo desde 1101 hasta 1130, y no aparece en ninguna de las versiones anteriores de esta Crónica. Sin embargo, éste es uno de los escasos ejemplos en los que podemos fechar el nacimiento de una leyenda que en los siglos posteriores adquirió el rango de verdad incontestable y pasó a formar parte de la tradición.
En 1572, Ambrosio de Morales perfeccionó la leyenda medieval añadiendo que la iglesia había sido construida por el propio Pelayo en conmemoración de su victoria contra los moros y que sus restos habían sido trasladados desde Abamia hasta la cueva de Covadonga por orden de Alfonso II el Casto. Por la misma época, Tirso de Avilés volvió a poner por escrito el relato anterior y precisó las fuentes históricas en que se basaba: “como consta en un libro gótico muy antiguo de la iglesia de Oviedo que se llama Itacio.". El códice “Itacio” se perdió, pero según Enrique Flórez, que pudo consultarlo en 1756, habría sido escrito antes de 1143 y posiblemente pudiera atribuirse al obispo Pelayo.
En 1695, el Padre Carvallo volvió a poner por escrito la leyenda uniendo las informaciones de Ambrosio de Morales y Tirso de Avilés, creando un texto que con el tiempo se convertiría en la versión definitiva. Seguramente, la visita de Jovellanos a la iglesia de Abamia en 1782, en la cual inspeccionó las tumbas regias y preguntó sobre ellas a los vecinos, estuvo animada por esta leyenda. Madoz escribió en 1848 que “la matriz es de las iglesias más antiguas de la provincia y aunque se ignora la fecha de su fundación, es sin duda anterior a la invasión de los árabes. Se llamó Belamia y por tradición se asegura que se enterró en ella al rey don Pelayo”.
Una muestra de la repercusión que alcanzó la leyenda en época contemporánea, ya convertida en un hecho histórico, es que incluso en el decreto que declaró monumento nacional la iglesia de Abamia en 1962, se aludía a los enterramientos regios y se determinaba que la iglesia tenía su “fundación de don Pelayo”. La importancia que hoy reviste la iglesia de Abamia, a la que podría calificarse de auténtico “símbolo nacional”, no puede entenderse al margen de la construcción de esta leyenda. De no existir esta leyenda, probablemente no habría ocupado un lugar destacado en el imaginario colectivo.
La importancia simbólica de Abamia en tiempos pasados se confirma con los diferentes restos arqueológicos encontrados cerca de la iglesia, que parecen atribuir al lugar una función funeraria. A finales del , Roberto Frassinelli y el estudioso local Soto Cortés descubrieron varias monedas romanas y un dolmen megalítico con una figura antropomorfa grabada en uno de sus ortostatos, conocida como “el ídolo de los ojos” y actualmente depositada en el Museo Arqueológico Nacional. Estos descubrimientos indicarían que en época megalítica el enclave de Abamia tenía un significado especial para los habitantes de la zona, además de su destino funerario. Esta jerarquía continuaría durante el período romano, como parece confirmar el hallazgo de dos fragmentos de una misma lápida, Esta lápida se encuadra en el numeroso grupo de estelas romanas encontradas en Corao desde el , según refieren Morales y Tirso de Avilés. En las recientes excavaciones arqueológicas también se encontraron fragmentos de tégulas y ladrillos romanos.
Abandono y restauración
La iglesia de Abamia se cerró al culto el 10 de noviembre de 1904, no tanto por el lamentable estado en que se encontraba, que amenazaba ruina pero podía haberse arreglado, como porque su localización apartada resultaba incómoda a muchos fieles y dificultaba su asistencia, trasladándose el culto a la iglesia de Corao. Desde entonces, el paso del tiempo se dejó sentir en la iglesia causando el desmoronamiento de la cubierta y el cabildo.
En 1958 Luis Menéndez-Pidal acometió la limpieza de la iglesia y la consolidación de sus muros. Finalmente, mediante el Decreto 614/1962 de 15 de marzo fue declarada Monumento Nacional Histórico-Artístico, lográndose así las tempranas aspiraciones de personas como el Marqués de Monsalud, que ya en 1907, desde la Real Academia de la Historia, había intentado esto mismo sin ningún éxito.
En 1977 tuvo lugar una desafortunada intervención en la iglesia para restaurarla parcialmente. Las bóvedas de hormigón que ahora cubren la nave fueron fruto de esta “restauración”, que únicamente se centró en la cubrición de la iglesia y desatendió sus otras necesidades.
Entre 2006 y 2007 y a cargo de la Consejería de Cultura del Principado de Asturias se rehabilitó completamente la iglesia . Esta restauración resultó altamente controvertida, en especial el revestimiento con estuco amarillo de los muros exteriores y la colocación de modernas porterías de cristal y metal. En la actualidad, la iglesia presenta severos problemas de humedad, por la presencia de goteras en el tejado y las filtraciones de los bajantes, que han provocado el desprendimiento del estucado en algunos sectores y su resquebrajamiento en otros, así como extensas manchas de humedad en los paños externos e internos de la iglesia.
Recientemente (2005-2007) se han efectuado en ella trabajos oficiales de restauración, que han provocado una fuerte polémica vecinal y en la prensa.
Descripción del templo
Se trata de un templo constituido por una sola nave con piedra de sillería y mampuestos. La portada meridional conserva diversos relieves.
Se pueden documentar en la iglesia varias fases principales: Las excavaciones de 2006 han verificado restos arquitectónicos anteriores al edificio actual (que data del siglo ), de fecha sin determinar pero con seguridad más viejos. La segunda es románica o protogótica del . La capilla mayor se añadió en el y es gótica; es posible que la ampliación a la que se refiere Ambrosio de Morales como posterior o reciente ("agora") sea de este momento. En el o se añadió la sacristía (que es el cuerpo agregado a la fachada sur) y un "cabildo" (nombre asturiano para un atrio), que fue suprimido en el . De época de Carlos III son las pinturas barrocas del retablo conmemorando las gestas de Pelayo, y probablemente los arcosolios laterales.
La fábrica actual de la iglesia no muestra ningún resto de este primitivo edificio altomedieval y no existe acuerdo entre los autores sobre su cronología. Para Gil López y Álvarez Martínez la nave de la iglesia, en la que se abren las portadas occidental y meridional, habría sido construida a finales del dentro de un estilo protogótico, mientras que para Ruiz de la Peña González se habría edificado más tarde y su estilo sería plenamente gótico. A la hora de fechar la cabecera actual de la iglesia, construida con posterioridad a la nave, también mantienen criterios cronológicos dispares: las primeras datan esta reforma en el , y la segunda a mediados del , en consonancia con los testimonios de Ambrosio de Morales que indicaba que la iglesia había sido ampliada recientemente.