La Montañesa Textil, Sociedad Anónima fue una antigua fábrica de hilado y tejidos ubicada en el barrio de Baldelazón,A veces escrito como Valdelazón. en la localidad de La Cavada, en el municipio de Riotuerto (España). Fue la segunda industria textil que se abrió en Cantabria, sólo por detrás de la fábrica de hilos del Duque del Infantado en Torrelavega, y la más antigua conservada en la región.Esta última fue creada a finales del siglo XVIII, llegó a tener 160 telares y fue destruida durante la guerra de la Independencia. La factoría estuvo en funcionamiento entre 1848 y 1965 y llegó a tener 450 trabajadores, siendo una de las fábricas de hiladuras más importantes de España en su época. Con su creación La Montañesa marcaría el arranque del textil moderno en Cantabria.

Características

thumb|left|Vista del complejo desde el exterior, con su cierre en muro de mampostería. Actualmente la antigua fábrica de tejidos, situada en el barrio de Baldelazón, se encuentran en estado de abandono.

El complejo fabril, delimitado al oeste por el río Miera y al este por la actual carretera autonómica CA-161 (Solares - La Cavada), de la que la separa un muro de piedra de mampostería, se estableció con un planteamiento industrial moderno bajo criterios de productividad y mecanización avanzada respecto a las experiencias previas existentes en la región.

Surgida durante la Primera Revolución Industrial, la factoría se compone de un edificio y junto a este se alza una monumental chimenea exenta, sobreelevada y construida en ladrillo, que permitía evacuar los humos de las calderas por un conducto subterráneo. El edificio principal de la fábrica textil es de estilo fabril manchesteriano, caracterizado por un diseño muy práctico y funcional, de gran altura y longitud, muchos y amplios ventanales que permitían una mayor ventilación e iluminación aprovechando la luz natural, dado que en aquella época el uso de la luz eléctrica no estaba muy extendido, y disposición del espacio de producción en plantas para una mejor explotación.El estilo manchesteriano es un modelo arquitectónico e industrial que surgió en Inglaterra durante la Primera Revolución Industrial, tomando como modelo la ciudad de Mánchester, la cual se convirtió en la primera ciudad industrial del mundo. Se caracteriza por su funcionalidad extrema, diseñado específicamente para maximizar la producción textil y la eficiencia en la época de la máquina de vapor. Además, se utilizaban máquinas y sistemas de producción muy avanzados para aumentar la eficiencia y la velocidad de producción.

Es uno de los principales ejemplos del desarrollo incipiente de la industrial textil en Cantabria y del arranque de la revolución industrial en esta comunidad autónoma.

thumb|right|Viviendas destinadas a personal de la fábrica, reflejo de la política social de algunas grandes empresas propia de la Revolución Industrial. Este paternalismo industrial marcó un periodo de profunda influencia empresarial sobre la vida de los trabajadores, creando una dependencia mutua entre empresa y trabajador.

El edificio principal es un bloque de tres plantas de forma rectangular con tres hileras de ventanas superpuestas y perfectamente simétricas, liviana cornisa y esquinales reforzados. Adosado hay un cuerpo de similares características pero de una sola altura. Estos edificios albergaban respectivamente el espacio productivo propiamente dicho y las oficinas. Según queda constancia por imágenes del periodo productivo (principios de ), el interior de la fábrica era un espacio diáfano jalonado por hileras simétricas de columnillas de hierro que estructuran la nave central en tres espacios corridos.

En los extremos del edificio parece que la techumbre era abovedada, a juzgar por la huella de arcos de medio punto que se observan en las paredes, muy deterioradas en la actualidad. El resto de las instalaciones fabriles se alojaban en edificios de menor entidad: viviendas obreras de una sola planta entremedianeras adosadas de dos en dos alineadas con el muro de la fábrica al borde de la carretera y que parecen haber sido construidas durante la primera época de la fábrica. Al otro lado de la carretera se conserva el edificio del comedor que fue construido a principios de los años 1940.Un decreto de 8 de junio de 1938 establecía la obligación de las empresas, cuando así lo solicitase la mitad del personal obrero, de conceder dos horas para el almuerzo y habilitar un local-comedor adecuado. Asimismo, en las primeras décadas del se construyeron nuevas fases de viviendas, en bloques continuos de dos alturas, destinadas tanto para obreros como a directivos de la fábrica. Esta disposición responde al sistema de colonia industrial de fines del y principios del , en el que los empleados del recinto fabril quedaban incorporados en el proceso productivo también mediante la integración física de su vida cotidiana, en lo que se ha venido en denominar el modelo de paternalismo industrial que también se aprecia en otras industrias de este periodo.

Junto a la fábrica se situaba una gran chimenea de ladrillo rojo, que daba salida al humo de la máquina de vapor y que es característica de este tipo de arquitectura industrial. Se localiza exenta al edificio principal, al otro lado de la carretera, en una cota más elevada del conjunto edificado. Es de sección circular y se estructura en tres tramos por anillos reforzados, también de material cerámico. Su diámetro disminuye en altura de manera progresiva.

El conjunto se completa una represa que aprovechaba el caudal del río Miera para mover tres turbinas hidráulicas. Esta fue una construcción reutilizada de la anterior Real Fábrica de Artillería de La Cavada, la cual se usó en el pasado para dar fuerza motriz a los ingenios destinados al barrenado de cañones.

Historia

miniaturadeimagen|right|Grabado de 1876 de la fábrica de «La Montañesa Textil». La reconstrucción de 1854 se aprovechó para realizar reformas, sustituyendo las estructuras de madera por otros materiales menos inflamables, se abren numerosos ventanales y se realiza un sistema para la salida de humos procedentes de todo el proceso de producción que saldrán al exterior a través de una chimenea construida en ladrillo.

En 1848 Juan Pedraja Escudero compra por 11336 reales al Ministerio de Marina unas antiguas edificaciones y 8800 m² de terreno en el sitio de Valdelazón afectados por el proceso de desamortización, junto a la valiosa concesión para el aprovechamiento hidráulico de la presa que allí existía. Las edificaciones, junto a este importante salto de agua, formaban parte del antiguo complejo de fundiciones de la que fue la Real Fábrica de Artillería de La Cavada, donde había cuatro máquinas movidas por energía hidráulica para barrenar el ánima de los cañones.

Juan Pedraja reforma los edificios ya existentes y a finales de 1850, y después de una gran inversión, crea una fábrica para la producción de tejidos e hilado, sobre todo mantas, con algodón moreno procedente de Cuba. La fábrica recibe el nombre de La Montañesa Textil, siendo por sus características única en su clase en la península ibérica.

thumb|left|Presa de Valdelazón en el río Miera, en el año 1926. La represa formó parte originalmente del aprovechamiento hidráulico que tenía la Real Fábrica de Artillería de La Cavada. Posteriormente se utilizó para dar energía a la fábrica de «La Montañesa Textil». En el año 1994 una riada acabaría por derruirla.

En la noche del 27 al 28 de enero de 1851, tres años después del inicio de las obras y sin que aún se realicen las pruebas preliminares a su apertura, la instalación sufre un incendio que produce graves desperfectos en el cuerpo principal de la fábrica.Algunos autores discuten el origen accidental del incendio y el subsecuente cambio de propiedad. Lo relacionan con los intereses de Jerónimo Roiz, máximo accionista de la Compañía del Ferrocarril de Isabel II y con intereses en la exportación de harinas, en que el trazado de férreo de Santander a la meseta que se estaba proyectando pasase por Torrelavega frente al trazado alternativo del puerto del Escudo. Por aquel entonces ya contaba con 11000 husos, 280 telares, una turbina y una máquina de vapor auxiliar.

La producción quedaría paralizada hasta 1854, periodo durante el cual el armador Jerónimo Roiz de la Parra, cuñado del ya fallecido Juan Pedraja y accionista de La España Industrial, abordaría la reconstrucción de la fábrica gracias a su solvencia patrimonial, aunque eso sí, menos ambiciosa que la proyectada por su antecesor, con 200 telares importados de Inglaterra tres turbinas sistema Koalin de 100 caballos de fuerza y una máquina de vapor McNaught auxiliar. Se trata de un recinto acotado compuesto por un edificio rectangular de gran volumen organizado en tres pisos y con vanos situados de forma metódica típico de las construcciones fabriles del , al que se unía una gran chimenea de ladrillo.

Junto al edificio principal se encontraba una imponente presa en el río Miera capaz de proporcionar energía hidráulica y que antiguamente era utilizada para mover las máquinas que perfeccionaban la artillería del Real Sitio. La localización de esta antigua fábrica en un medio rural como Riotuerto respondía a un modelo que integraba en una misma planta todas las actividades industriales (batán, cardas, hilatura, repasador, telares, blanqueo y cuarto de las piezas) y a la reducción de la mano de obra.

La fábrica llegaría a ser muy rentable. Durante el convulso periodo de las Guerras Carlistas «La Montañesa Textil» sabrá sacar beneficio al  momento de crisis que sufren las fábricas textiles guipuzcoanas, que tienen que cerrar. No obstante también va a tener que hacer frente a situaciones complicadas, como por ejemplo la crisis agraria de finales del y la posterior guerra civil española (1936-1939). La característica más importante de «La Montañesa» era que llevaba a cabo todo el proceso de transformación del algodón en sus instalaciones. Desde su llegada en forma de pacas a la estación de ferrocarril de La Cavada, donde existía un depósito de la propia empresa, el algodón era tratado por completo y transformado en grandes piezas de tela destinadas a usos diversos.

Superada la crisis financiera de 1866 y la grave crisis de subsistencias en 1867 y 1868 motivada por la malas cosechas de esos años, «La Montañesa» incrementó su cuota de mercado ayudada por el cierre del puerto de Bilbao provocado por la tercera guerra carlista, que afecto especialmente a la industria guipuzcoana, y la exportación hacia mercados americanos. El volumen de los pedidos fue tal que la maquinaria de la planta resultó insuficiente, lo que hizo que Roiz incrementase considerablemente las dimensiones de la fábrica. El acceso a la energía hidráulica, la adopción de otras ventajas tecnológicas y la proximidad a los puertos de exportación permitió rebajar los costes de producción: eran tiempos dorados para la fábrica.

Con el paso del tiempo esta se especializa en diferentes productos, pasando de las mantas a la fabricación de sacos para la industria harinera. En la década de 1880 se sustituye la producción por otros productos textiles como el mahón o las sábanas.

A la muerte de Jerónimo en 1880, la sociedad fundada por éste pasa a manos de su viuda María Clotilde de la Pedraja y en 1895 a la «Roiz Viesca y Compañía», una sociedad anónima compuesta por familiares y herederos de la dinastía que seguía manteniendo el 50% de las participaciones.