miniaturadeimagen|413x413px|"Regla de San Agustín", óleo sobre lienzo por Miguel de Santiago. La pintura de Ecuador ha seguido una larga tradición con sus primeras expresiones en las culturas prehispánicas y después desarrollándose durante la Real Audiencia de Quito a través de la llamada Escuela Quiteña de arte, que incluía escultura, arquitectura, música y pintura. Después siguió su curso a partir de la independencia expresando las principales corrientes estéticas desde la realidad específica de ese país.
Inicios y el colegio de San Andrés miniaturadeimagen|Retrato de Fray Pedro Bedon a la hora de su muerte-atribuido a Tomás del Castillo, pintado en el . La pintura se establece en la Real Audiencia de Quito como parte del desarrollo de la cultura en general. El padre José María Vargas realiza el estudio histórico de la cultura y determina dos instituciones como claves para su desarrollo inicial: el Colegio San Juan Evangelista, el Colegio de San Andrés. Aquí se enseñaba gramática, retórica, música y pintura. En esto último destacaron principalmente dos frailes de Bélgica y Flandes, territorios que en esa época formaban parte de la monarquía española: Jodoco Ricke y Pedro Gosseal. Juntos empezaron con su obra evangelizadora y enseñando pintura a artistas indígenas y mestizos.
Además de ellos, Pedro Bedón inició la primera Cofradía del Precisos Rosario de la Purísima Virgen María. Ahí desarrolló su arte religioso, por lo que sería conocido como fray "Pedro Pintor". Durante su formación sería influenciado por los pintores originarios de Italia Bernardo Bitti y Angelino Medoro. Algunas de las obras destacadas de Bedón son la "Virgen de Chinquirá" que se encuentra en la ciudad de Quito en el Monasterio de Santa Clara, también la "Virgen del Rosario de la Peña, que se encuentra en la ciudad de Riobamba.
Con esto se daría inicio a la Escuela Quiteña, que sería resumida por José María Vargas en las siguientes etapas: En la historia de la pintura quiteña pueden distinguirse tres etapas en que los caracteres se definen hasta marcar rumbos propios, naturalmente con la relatividad que cabe al tratarse del arte. En la primera se observa la coexistencia de dos corrientes, la italiana y la española, personificadas ambas respectivamente en el padre Bedón y el hermano Hernando de la Cruz. La segunda se caracteriza por el fuerte influjo holandés, que determina la formación de Miguel de Santiago y que culmina en Nicolás de Gorívar; y la tercera en que la pintura reviste un aspecto que nos provoca a decir con Teófilo Gautier: «El dibujo, el relieve y el color, he aquí la trinidad pintoresca», la de los Albán y Manuel Samaniego.Las tres grandes influencias de la Escuela Quiteña se encuentran originalmente en la vertiente flamenca por Ricke y Gosseal, la española por Diego Rodríguez y Luis de Ribera y la italiana por Angélico Medoro y Mateo Pérez de Alecio. Estas tres fuentes se mantendrían a lo largo de toda la tradición hasta su último exponente, Manuel de Samaniego quien en su Tratado de pintura de 1790, tomaría en cuenta estos tres estilos buscando su renovación a través de Karl van Mander, Francisco Pacheco y Jacopo Vignola, respectivamente.
El Manierismo y las primeras pinturas miniaturadeimagen|Los tres mulatos de Esmeraldas por Andrés Sánchez Gallque|300x300px Casi al final de este siglo, en 1599, además de la pintura religiosa, destaca Andrés Sánchez Gallque, a quien fue miembro de la cofradía iniciada por Pedro Bedón y se le atribuye el primer retrato: "Los tres mulatos de Esmeraldas" donde está pintado don Francisco de Arobe, de 56 años de edad, con dos de sus hijos, de 22 y 18 años llamados don Pedro y don Domingo. Este cuadro fue pintado con el fin de reconocer a los descendientes de esclavos alzados que se establecieron en la zona norte de Ecuador, llamado Esmeraldas. Esto sucedió cuando Francisco visitó la ciudad de Quito para aceptar la nueva Fe Católica y el bautismo (junto a su esposa indígena, doña Juana), permite la construcción de una iglesia en 1578 en San Mateo. Esta visita que se llevó a cabo en 1598 fue cuando se realizó el cuadro con el fin de enviarlo a Felipe III para informar sobre la pacificación de Esmeraldas.
Su estilo es considerado como manierista, estética que habría aprendido Andrés Sánchez en la década de 1580 con la influencia de pintores italianos e imitando pinturas que se traían desde Europa a la Real Audiencia de Quito. Es posible que utilizara como modelo una estampa que serviría de base para la pintura de los cuerpos. También se basó en el retrato de Francisco de Holanda Tirar polo natural. Por último, es el primer ejemplo de un cuadro con firma del artista, algo que no era común en esa época.
El cuadro fue enviado a España y desde entonces se encuentra en ese país. Actualmente forma parte de la colección del Museo del Prado, aunque se halla depositado en el Museo de América.
Barroco a finales del Siglo de Oro miniaturadeimagen|Supuesto retrato de Miguel de Santiago, en una litografía firmada por J. Garcés R. Aparece en el artículo autobiográfico de Juan León Mera, publicado el 20 de noviembre de 1861. Una vez construidas las iglesias empezó su decoración y gracias a eso también el resplandor de la Escuela Quiteña en su pintura, que empezaron a usar técnicas barrocas como el claroscuro. Todo esto se desarrollaría en paralelo a lo que sería el fin del Siglo de Oro.
Hernando de la Cruz, nacido en Panamá, en lo que era parte de la monarquía española y después radicado en la Real Audiencia de Quito, destacó como pintor gracias a sus obras "El Infierno" y "El Purgatorio". Actualmente estas se encuentran en la Iglesia de la Compañía de Jesús en el centro de Quito.
Por otro lado, Miguel de Santiago fue un destacado pintor barroco que ganó mucha fama por sus cuadros, igualmente de temática religiosa como "La Inmaculada Concepción" y el "Cristo de la Agonía". Sobre este último lo más destacable es la técnica para representar la anatomía del cuerpo logrando gran expresión y realidad.
A finales del e inicios del Nicolás Javier de Goríbar empezó a cobrar fama como pintor gracias a sus cuadros "Los Profetas", "Los Reyes de Judá" y "la Virgen del Pilar", igualmente con temática religiosa destinada para adornar las iglesias de Quito.
Igualmente en esta época, la hija de Miguel de Santiago, Isabel de Santiago, fue una de pocas mujeres que lograron reconocimiento en la como pintoras durante la Real Audiencia. Destacó por sus obras "Sor Juana de Jesús", "El hogar de Nazareth", "El Arcángel Gabriel", "San Gabriel" y "La contemplación mística de San Agustín".
Esta época destacó por ser la consolidación y desarrollo cultural de las ciudades fundadas durante la conquista el siglo anterior. Fue entonces durante este siglo llega a su máximo esplendor la Escuela Quiteña gracias a la construcción de iglesias, así como la reconstrucción de otras que habían sido destruidas durante los terremotos que azotaron a la Real Audiencia en este siglo. La pintura se concentraría alrededor de:
Catedral metropolitana de Quito: reconstrucción de su fachada e interiores, incluyendo sus pinturas después de la erupción del Volcán Pichincha en 1660, por orden del obispo Alonso de la Peña y Montenegro. Iglesia de la Compañía: inicio de su construcción a partir del trabajo de la orden jesuita que se había establecido inicialmente en la Real Audiencia durante el año 1586. Aquí se encuentran cuadros como los Profetas de Nicolás Javier de Goríbar y el Infierno de Hernando de la Cruz. Iglesia de San Francisco: lugar de origen de la Escuela Quiteña que durante este siglo vivió la culminación de la primera etapa de su construcción e inicio de su segunda. Iglesia de Nuestra Señora de Guápulo: construcción en 1620 como el primer convento mariano en la Real Audiencia. Aquí desarrollaría gran parte de su trabajo Miguel de Santiago. Iglesia de Santo Domingo: culminación de su construcción a cargo del fray Juan Mantilla en el año 1688. Aquí se conserva la pintura mural de la Virgen de la Escalera, que fue realizada por Pedro Bedón durante los primeros años de este siglo. Colección personal de obras de arte de Antonio de Morga: cuando llegó a posesionarse como Presidente de la Real Audiencia, trajo consigo una librería de cerca de trescientos volúmenes, alfombras de Castilla y Persia, reposteros de terciopelo azul de china, taburetes japoneses, y además cuadros y esculturas. En 1629, se le ofrecería al Presidente la posibilidad de incrementar su colección de obras de arte, por lo que el padre agustino Leonardo de Araujo viajó a Roma donde adquiriría una colección de obras artísticas para el Convento de Quito, sin embargo no podría justificar la compra y Morga, a través de Antonio Vázquez Albán adquiriría la colección traída por Araujo que incluía: once láminas de bronce con pinturas de motivos religiosos, quince láminas de piedra, cinco lienzos de pintura con los Doctores de la Iglesia, entre otras obras. Morga además de ser el presidente de la Real Audiencia que tuvo mayor tiempo de gobierno, tendría esta influencia importante por su amor al arte. Moriría en 1636 sin dejar testamento por lo que se haría un remate de su colección que sería adquirido por quiteños aficionados y terminaría influyendo aún más al desarrollo de la pintura.
Barroco tardío y rococó Durante el inicio del siglo dieciocho la Escuela Quiteña de arte había logrado mucha fama y sus pinturas ya no solo adornaban las iglesias locales, o eran solicitadas en otros lugares de la monarquía española sino que fueron conocidos en el resto de Europa. Esto hizo que el barroco como estilo se extienda durante estos años y se convirtiera en una fuente importante de ingresos para la Real Audiencia de Quito que además de eso dependía principalmente de los obrajes, la artesanía, la agricultura y los astilleros.
La obra de Sor María Estefanía Dávalos y Maldonado, sobrina del científico Pedro Vicente Maldonado fue importante, especialmente "La conversión de San Pablo", que fue realizada aproximadamente en el año 1738. Actualmente en El Carmen Moderno se encuentran las reliquias, pinturas y esculturas de María y su hermana Magdalena. Sobre la primera es conocida la frase de La Condamine cuando visitó la Real Audiencia durante la Misión Geodésica: La mayor de ellas poseía un talento universal: tocaba el arpa, el clavicordio, la guitarra, el violín y la flauta mejor dicho, todos los instrumentos que llegaban a sus manos. Sin maestro alguno pintaba en miniatura y al óleo. Yo mismo vi en su caballete un cuadro que representaba La Conversión de San Pablo, con treinta figuras correctamente dibujadas, y para el cual había sacado mucho partido de los malos colores del país. Con tantas prendas para agradar en el mundo, esta joven no deseaba más que hacerse carmelita; y para no poner por obra sus deseos la contenía solamente el amor tierno que profesaba a su padre, quien después de haber resistido largo tiempo, le dio, al fin su consentimiento, y así profesó en Quitó el año de 1742 miniaturadeimagen|280x280px|Museo de la Catedral Metropolitana de Quito, con la galería de los Obispos de Quito, a la derecha.