Las guerras bizantino-normandas fueron una serie de conflictos que acontecieron entre 1041 y 1185 y en los que los reyes normandos de Sicilia disputaron a los bizantinos la posesión del sur de Italia y Sicilia, los Balcanes o Constantinopla.

Justiniano (527-565) había sido el último emperador en intentar restaurar la unidad y universalidad del Imperio romano. Después de haberse apoderado del norte de África, el general Belisario emprendió la difícil reconquista de Italia (535-553). Sin embargo, estas conquistas resultaron efímeras e Italia fue invadida a partir del 569 por los lombardos, que se apoderaron del exarcado de Rávena dos años después. Esto puso fin a la presencia bizantina en el centro de Italia; sin embargo, algunas ciudades costeras y el sur de Italia siguieron siendo bizantinas.

Cuando llegaron a Italia en el cambio de milenio, los normandos se coligaron con los lombardos contra los bizantinos. En 1029, Ranulfo Drengot, aventurero normando y mercenario, se instaló en Aversa, primera etapa de un largo enfrentamiento con los bizantinos por la dominación del sur de Italia. En 1060, Roberto Guiscardo se adueñó de Calabria, lo que dejó a los bizantinos limitados a la posesión de unas pocas ciudades costeras, entre ellas Bari, que se rindió en 1071.

Posteriormente, los normandos se interesaron por los Balcanes. Roberto Guiscardo continuó arrebatando parte de la Italia meridional a los bizantinos desde 1057; luego ocupó la isla de Corfú y la ciudad costera de Dirraquio en 1082, tras haber infligido una contundente derrota al emperador Alejo Comneno el año anterior. Llamado de vuelta a Italia, dejó la continuación de las operaciones a su hijo, Bohemundo, que fracasó en el empeño. Junto con su sobrino el joven Tancredo de Altavilla y Roger de Salerno, Bohemundo se sumó a la Primera cruzada en 1096, de la que fue uno de los principales caudillos. Se apoderó de Antioquía el de 2 de junio de 1098, ciudad que debería haber devuelto a los bizantinos, pero que decidió conservar y de la que hizo el centro de un principado que sus descendientes indirectos gobernaron con cierta dificultad durante más de dos siglos.

En el siglo siguiente, Manuel I Comneno (1143-1180) quiso restablecer la supremacía de Bizancio en el mundo mediterráneo y chocó con Roger II de Sicilia (1130-1154); el primer paso fue recuperar, merced a la ayuda de los venecianos, la soberanía sobre la isla de Corfú (1149), centro de las expediciones bizantinas a Italia y de las normandas a las costas griegas. El emperador reconquistó varias plazas con la ayuda de los barones locales desposeídos al tiempo que todo el sur de Italia se sacudía el dominio siciliano. Sin embargo, la arrogancia del jefe militar bizantino, Miguel Paleólogo, le enajenó las simpatías de la población y los barones lo abandonaron; la derrota de Brindís de 1158 marcó el fin del dominio bizantino en Italia.

Una última invasión normanda de los Balcanes tuvo lugar en 1185-1186, en tiempos del emperador bizantino Andrónico Comneno (1183-1185). Guillermo II de Sicilia (1166-1189) intentó apoderarse de Constantinopla. Como había hecho Roberto Guiscardo, se hizo primero con Dirraquio, para dirigir luego su flota hacia Corfú e invadir las dos islas de Cefalonia y Zacinto, y seguidamente avanzar por tierra hasta Tesalónica. Esta marcha originó la caída de Andrónico, al que sustituyó Isaac Ángelo (1185-1195 y 1203-1204). El general Alejos Branas logró hacer retroceder a los normandos hacia Sicilia, que conservaron únicamente los condados palatinos de Cefalonia y Zacinto, hasta la llegada de los turcos otomanos.

Conquista normanda del sur de Italia

A diferencia de Inglaterra, la conquista del sur de Italia por parte de los normandos se llevó a cabo durante un largo período en el siglo . Nápoles no cayó en su poder hasta el . Los primeros normandos parecen haber llegado a Italia llamados por un noble de Apulia llamado Melo, que había fomentado una primera revuelta contra los bizantinos en 1009. Sin embargo, Melo y sus mercenarios fueron derrotados por Basilio Boioannes, entonces catepan (gobernador) de Italia, en Cannas (la moderna Canne della Battaglia, en Apulia) en el 1018. Después de luchar de 1009 a 1021 junto a los lombardos en Bari contra la autoridad regional bizantina, los mercenarios de Rainulfo Drengot, a sueldo de Guaimario III de Salerno (999-1027), sitiaron Capua, que no se rindió en 1026, tras resistir un asedio de dieciocho meses. En 1029, Rainulfo había pasado servir a Sergio IV de Nápoles quien, para agradecerle su ayuda en la reconquista de la ciudad, le cedió el condado de Aversa (1030), que fue el primer señorío normando de la Italia meridional.

Alrededor de 1035, una familia de escuderos de Cotentin, los Altavilla, vino a establecerse en el sur de Italia, sirviendo primero a Rainulfo. Tancredo de Altavilla tuvo doce hijos, ocho de los cuales se establecieron en Italia. Fue la época en la que las guerras internas entre los emires que gobernaban Sicilia impulsaron al emperador bizantino Miguel IV el Paflagonio (1034-1041) a recuperar la isla. Confió a Jorge Maniaces el mando de un ejército, la drouzhina varega, que concentró su actividad en torno a Regio antes de invadir Sicilia. Guillermo de Altavilla, primogénito de Tancredo, se unió a los griegos con su hermano Drogo y trescientos caballeros normandos. Exitosa al principio, la empresa se atascó cuando los normandos y los griegos se enemistaron y acabaron por separarse. Guillermo, que había heredado el apodo de «brazo de hierro», reanudó las relaciones con Rainulfo y pasó luego a servir a Guaimario IV de Salerno (1027-1052) en 1042, a quien hizo proclamar duque de Apulia y Calabria. En agradecimiento, Guaimario dividió la región en doce baronías destinadas a los jefes normandos; Guillermo recibió el condado de Apulia y Drogo, el de Venosa.

En 1046/1047, llegó a la región Roberto Guiscardo (apodo que significa «el astuto»), sexto de los hijos de Tancredo, al frente de cinco caballeros y treinta y cinco peones. El Imperio bizantino, asolado por las guerras civiles, había perdido mientras tanto el interés por la situación en Italia: pronto se derrumbó la administración establecida en 1018 tras la represión de las revueltas lombardas para contrarrestar el avance del emperador germánico Enrique II. La muerte prematura de Isaac I Comneno (1057-1059) y el derrocamiento de Romano IV Diógenes (1068-1071) simplemente aceleraron la pérdida territorial bizantina, lo que facilitó la consolidación del poder normando sobre Sicilia e Italia.

Guiscardo primero llevó una vida de bandolero, al frente de una pequeña banda armada en Calabria, saqueando iglesias, pidiendo rescate a la población y robando a los viajeros mientras hostigaba a las tropas bizantinas en la región. Después de un ventajoso matrimonio que le dio autoridad sobre unos doscientos caballeros normandos, en 1057 sucedió a su hermano como conde de Apulia, territorio que acabó de conquistar, a excepción de Bari, que quedó en manos de los bizantinos, para luego atacar Calabria.

Ya en 1053, los normandos habían derrotado a un ejército muy superior al mando del papa León IX en Civitate, en Apulia. En 1059 el papa entendió que tenía que tratar con ellos y Roberto Guiscardo se vio investido por el papa Nicolás II (1058-1061) duque de Apulia, Calabria y Sicilia. Sin embargo, de estos tres territorios, los dos primeros todavía estaban en poder de los bizantinos, mientras que Sicilia estaba repartida entre muchos emires musulmanes, enfrentados entre sí. Al año siguiente, Guiscardo conquistó Regio de Calabria, la capital del tagma de Calabria. Los bizantinos quedaron reducidos a la posesión de unas pocas ciudades costeras; perdieron la última, Bari, en 1071 . En 1075, fue el turno de Salerno, último principado lombardo. Preocupado por estos avances y amenazado internamente, el emperador bizantino Miguel VII (1071-1078) escribió dos veces a Guiscardo proponiéndole una alianza dinástica y militar mediante el casamiento de su hermano con una de las hijas del normando. Guiscardo no le respondió y el emperador le hizo una nueva propuesta: casar a su hijo recién nacido, Constantino, con una de las hijas de Guiscardo. Esto cambió la situación: la familia de Guiscardo podría así optar al trono de Bizancio. El señor normando aceptó la oferta y una de sus hijas, rebautizada como Helena a su llegada a Constantinopla, fue enviada a completar sus estudios en el gineceo imperial hasta que su prometido tuviera la edad suficiente para desposarla.

izquierda|miniaturadeimagen|300x300px| El Ducado de Apulia y Calabria en 1100

Mientras Guiscardo expulsaba a los bizantinos del sur de Italia, su hermano Roger, el hijo menor de Tancredo, establecido en Puglia desde 1057, emprendió en 1060 la conquista de Sicilia, de la que Roberto era duque titular. Constantinopla se consideraba todavía la dueña legítima de la isla, había concluido alianzas con ciertos emires e incluso había enviado en ayuda de uno de ellos, Apolafar Mushumet, al general Georges Maniakès.

Roger había logrado apoderarse n 1038-1039 de la mayoría de las ciudades de la isla, incluida Siracusa, donde vivían muchos griegos, y había sido nombrado gobernador de la isla por un breve período en 1042 . Esta campaña de conquista duró unos quince años y resultó larga y difícil, tanto por la falta de hombres como por la impresionante cantidad de fortalezas musulmanas establecidas durante más de dos siglos en la isla.

En 1071 los dos hermanos abordaron el sitio de Palermo por mar y tierra; la ciudad cayó al año siguiente. La conquista concluyó en 1091 con la expugnación de Noto. Sin embargo, no fue hasta 1130 cuando Roger II de Sicilia (1130-1154), segundo hijo de Roger de Altavilla, unió Sicilia y el sur de Italia en un solo reino normando.

Primera invasión de los Balcanes (1081-1085) izquierda|miniaturadeimagen| El Imperio bizantino en 1076.

Habiendo establecido así su autoridad en Italia a expensas de los bizantinos, Roberto Guiscardo volvió sus ojos hacia Constantinopla, que estaba militarmente muy debilitada desde la aplastante derrota de Manzikert (1071). Desde la conquista de Calabria y Apulia, la mayoría de la población de sus estados, llamada durante mucho tiempo Magna Grecia, era de lengua y cultura griegas; los funcionarios habían conservado los antiguos títulos griegos de «estratega», «exarca» y «catepán». El gobierno de Roberto Guiscardo conservó los usos y costumbres administrativos, lingüísticos y judiciales de los territorios conquistados. No obstante, el sueño de ver a su hija como emperatriz se esfumó cuando Nicéforo Botaniates derrocó a Miguel VII (1071-1078), lo encerró en un monasterio, desposó a su mujer y envió a la joven Helena a un convento.

derecha|miniaturadeimagen| Roberto Guiscardo es coronado duque por el papa Nicolás II. Miniatura del siglo .