La Iglesia de Nuestra Señora de Belén de Popayán, más conocida como Capilla o Santuario de Belén, es un recinto de culto católico ubicado al extremo oriente del centro histórico de la capital del departamento del Cauca en la cima de una colina denominada como Belén (parte de los cerros orientales de Popayán que son parte de la frontera de la ciudad), desde su mirador se divisan unas hermosas vistas del sector, además de ser uno de los atractivos turísticos más visitados por los visitantes nacionales y extranjeros, sobre todo durante la Semana Santa.
Esta iglesia a pesar de ser la de más reciente construcción del centro histórico (dado que la actual versión fue edificada en los años 70 del ), es una de las más queridas por la ciudadanía payanesa al ser el lugar de culto principal del considerado santo patrono de la ciudad el Santo Ecce Homo, cuyo inicio del quincenario y su Fiesta Patronal es ampliamente celebrada con procesiones multitudinarias llena de fervor y demostraciones de fe que ya lleva muchos años de tradiciones arraigado en los corazones de los patojos.
Historia
Hacia la mitad del , los pobladores cercanos al cerro que hoy en día se llamaba Belén, conocido como el sector de Altozano, acostumbraban cada época de Navidad subir por un sinuoso camino destapado que ascendía a la cima del monte que comenzó a llamarse como los ''Quingos'' que era una palabra proveniente del quechua, legado del fugaz paso del Imperio Inca por las tierras suroccidentales de Colombia. Para ese tiempo existía nada más que una sencilla choza pajiza en lo alto de la colina, donde los vecinos del sector llegaban antes de iniciar el novenario de la natividad de Cristo y hacían un modesto nacimiento también conocido como pesebre, tradición que llevó a la ciudad por acción de los franciscanos (asentados al otro lado del centro y de la calle 4). izquierda|miniaturadeimagen|236x236px|Vista de la Colina de Belén desde el barrio de La Pamba Es aquí cuando aparece un rico mercader y artesano liberto llamado don Juan Antonio de Velasco, quien habría sido un esclavo del párroco de Almaguer al sur del Cauca y que luego de haber conseguido, valiéndose de sus dotes comerciales y astucia pudo escalar puestos hasta ser una de las personas más adineradas y acaudalas de la región, eligiendo a Popayán como su residencia y centro de poder ubicándose en una opulenta casona en la Carrera 5 o calle de Las Monjas o El Empedrado. Estabeció una gran amistad con el matrimonio de don José de Morales Fravega y doña Gerónima de Velasco y Noguera forjando una unión muy fuerte.
Estos notables al conocer estos actos de piedad concentrados en aquel monte oriental, resolvieron darle un lugar dicto de veneración a Jesús y su santa madre María por lo que llegado el año de 1679 se pudo adquirir la parcela donde estaba la choza y el muy ilustre señor obispo don Cristóbal Bernaldo de Quiroz les dio la licencia necesaria para levantar un templo en ese sitio, comenzando las obras en 1681 colocándose la primera piedra en 1 de septiembre de ese mismo año por el obispo, no siendo sino hasta 1689 que fue finalizada y consagrada al culto de Nuestra Señora de Belén, una hermosa imagen traída de la ciudad de Quito y hecha conforme a su escuela de arte en el (aquella talla aun se venera en el costado norte de la capilla) fundándose el 25 de febrero de 1687 una cofradía dedicada a su cuidado y propagación (hoy en día se llama Junta de Nuestra Señora de Belén). Aquella iglesia tenía planta rectangular hecha en tapia pisada, ladrillo y piedra, con una espadaña de frente a Popayán y un camarín para la sagrada virgen.
La custodia y atención del nuevo templo se le fue confiada a los padres de la Orden Carmelita para cuyo fin se construyó un pequeño claustro conocido como ''Casa de Jacob'' por los lugareños.
La pequeña capilla fue ganando más reconocimiento entre las gentes de Popayán y sus alrededores, sobre todo por las recién establecidas fiestas de Nuestra Señora de Belén en 1689 y la consiguiente Navidad que reunía a muchas gentes en torno a la oración y el festejo entre cohetes, comida y música, en especial la de chirimía que amenizaba las celebraciones. miniaturadeimagen|285x285px|Placa que conmemora la historia del Santuario Tan insuficiente llegó a ser el templo que en 1717 se decidió realizar una ampliación ideada y financiada por don Francisco Beltrán de la Torre, fue en este punto cuando se adquirió la planta actual en forma de cruz griega con una sola nave que se unen en un crucero y el presbiterio con el camarín al fondo. A su costado derecho se levantaron dos altares con pinturas del maestro José María Veintemilla, estos eventos nada más sirvieron de antesala para un hecho crucial en la vida de este sacro recinto que fue la llegada de la imagen de El Santo Ecce Homo, talla quiteña del traída desde la ciudad de Pasto sin policromar o encarnar por don Juan Antonio de Velasco, quien la habría mantenido en su casa para veneración particular, pero no fue cuando el Cristo empezó a ser parte de las procesiones de Semana Santa del centro que él y su esposa la donaron a la capilla de Belén para ser su nuevo hogar y la creciente devoción que se fue forjando alrededor del Amo Jesús solo le dio más fama a Belén.
Los diferentes sismos a lo largo del siglo fueron debilitando la solidez de la capilla, pero en casi todos perduró la estructura. Por desgracia no fue este el caso en el terremoto de 1787, cuando el templo colapsó y fue necesaria su reconstrucción que fue solventada por el hijo del anterior benefactor don Francisco, el ilustre don José Beltrán, levantando y reforzando la iglesia y ornamentándola más, a este punto se contacto al reconocido cantero Miguel Aguilón y se le contrato para algunos trabajos en Belén, el más conocido sin duda fue la realización de una gran cruz en piedra al lado noroccidental de la fachada del santuario, siendo terminada para la Semana Santa, inaugurada en el año de 1789.
Así siguió perdurando la iglesia de Belén a todos los demás desastres y lo caótico que fue el fin del dominio del Imperio Español y la llegada de la república con la independencia, fue en especial durante este último periodo que el rico mobiliario del templo juntos con los de los otros del centro fueron saqueados y hurtados por Antonio Nariño, además de que poco a poco las diversas órdenes religiosas fueron expulsadas por el gobierno de la ciudad, fue en 1863 un año significativo en este proceso cuando el presidente payanes Tomás Cipriano de Mosquera ordenó la enajenación de todos los bienes eclesiásticos y el exilio de todos los religiosos, entre ellos los padres carmelitas que perdieron la custodia de la capilla y abandonaron la Casa de Jacob, quedando en manos de la diócesis de Popayán el cuidado del recinto.
Es por estas fechas que se lleva a cabo la famosa leyenda que envuelve a la cruz de piedra ubicada en la explanada de la iglesia. izquierda|miniaturadeimagen|298x298px|Casa de Jacob, situada al costado sur del Santuario de Belén. Lamentablemente con el terremoto de 1885, Belén se derrumbó una vez más al no soportar más la estructura los embates de los movimientos telúricos desde 1827, en esta ocasión fue por iniciativa del presbítero Avelino Pérez quien para ese momento fungía como capellán de la iglesia volver levantar el templo, por lo que se sirvió de las caritativas limosnas y donaciones de los visitantes y peregrinos ayudadas a reunir por el síndico Cruz Sanchez para cumplir con este propósito. Se contactó con el conocido arquitecto payanes don Adolfo Dueñas para realizar los diseños y dirigir las nuevas obras, quien hasta entonces había sido el responsable de la construcción de la cúpula de la Catedral de Popayán, la torre octogonal de Santo Domingo, la arquería del Convento Franciscano, entre otros aportes.
La nueva capilla tenía la misma planta que la anterior, con el añadido de una cúpula en le crucero y dos majestuosas torres cónicas que flanqueaban la portada de entrada parecida a un arco del triunfo terminado en frontón triangular, dado a sus obvias similitudes, el frontis Castel Nuovo en la ciudad de Nápoles fue una clara inspiración para el aspecto final de la iglesia. Además de resaltar que los pináculos de los torreones fueron tomados de los existentes en el Castillo de Sully-sur-Loire en Francia que sirvieron como modelos.
A mediados de la década de los años 20 un nuevo sismo azotó al centro, comprometiendo seriamente la estabilidad de las torres lo cual será importante en el futuro. Ya que el 9 de febrero del año de 1967 otro terremoto tuvo lugar, el cual averió el templo y dejándolo en muy malas condiciones por lo que el arquitecto Guillermo Collazos Rubio rediseña definitivamente el templo, suprimiendo el estilo ecléctico y neoclásico al derrocar la fachada, suprimir la capilla del lado del evangelio y se redecoró el interior con nuevos vitrales y altares. El cambio más radical se lo llevó la fachada que ahora llevaría una cubierta a dos aguas bajo la cual se abre un gran arco y dentro de este se hizo un vitral o rosetón circular que corona una portada en estilo ''Neopopayán'' que emula ser de piedra, al lado izquierdo del frontispicio se levantó una torre con una espadaña en su cima (recordando a la que tuvo en el ) con tres arcos que custodian las campanas. miniaturadeimagen|339x339px|Templete de la Inmaculada Concepción de María, ubicado al costado norte del Santuario Punto exaltante para la trayectoria del Santo Ecce Homo para afirmar su título de ''Patrono de Popayán'' fue el resurgir de su cofradía que se había establecido en el , pero que ahora fue refundada como Junta Pro Culto del Santo Ecce Homo en el año de 1938 por iniciativa de unos feligreses de la iglesia de San Agustín. Tiempo después y con el fin de celebrar de una manera fervorosa y no con protestas como en el resto del mundo el día internacional de los trabajadores el 1 de mayo, se instituyó para ese día la Fiesta Patronal del Amo y su procesión de subida en el año de 1941, conservándose aquella tradición hasta la actualidad, la cual atrae a cientos de personas empezando desde la iglesia de San Francisco con una misa presidida por el arzobispo y partiendo hasta el santuario por la ruta de las procesiones de Semana Santa, concluyendo con una bendición general a la feligresía en la explanada.
Debido a la gran importancia que representa el centro a toda la nación gracias a su historia, legado artístico, cultural y humano, el centro histórico incluyendo al Santuario de Belén fueron declarados como Monumento Nacional de Colombia el 30 de diciembre de 1959 por medio de la Ley 163 30-XII-1959.Ministerio de Cultura (1997). Monumentos Nacionales de Colombia - Época Colonial. Bogotá: Impreandes Presencia S.A., pág. 31
El Jueves Santo 31 de marzo de 1983 el centro fue semidestruido por un fuerte sismo de 5,5 grados, lamentablemente el santuario de Belén no iba a ser la excepción, en la plazoleta se abrieron grandes grietas de varios metros de ancho y profundidad, la gran cruz de piedra se vino a bajo menos una parte de la base, aquí casi se cumple a cabalidad la maldición de la leyenda, mientras que la torre perdió parte de su cuerpo, la linternilla de la cúpula se derrumbó y todo el templo como tal fue averiado. Afortunadamente se realizaron los debidos trabajos de restauración, que le devolvieron su bello aspecto neocolonial.
En el año 2017, con la conmemoración de los trescientos años de la entronización de la imagen del Santo Ecce Homo en el Santuario de Belén, se ornamentó la iglesia con ocho vitrales, cuatro a cada lado de su nave central.
Versiones del Santuario
Cofradías Una tradición traída desde España, las cofradías coloniales surgieron por la necesidad de los fieles de agruparse en organizaciones en torno a una advocación de su devoción con el fin de promover su veneración, preservar su imagen tutelar y realizar las correspondientes fiestas patronales.