Tarragona es un municipio y ciudad de España, capital de la provincia de Tarragona y de la comarca del Tarragonés, situada en el sur de la comunidad autónoma de Cataluña. Durante la época del Imperio romano fue una de las ciudades más destacadas de la península ibérica, como capital, sucesivamente, de las provincias romanas de Hispania Citerior e Hispania Tarraconensis.

El municipio cuenta con una población de . Su ubicación a la orilla del Mediterráneo, en la Costa Dorada, con playas de aguas cálidas y centros de recreo, así como su tradición histórica y patrimonio artístico, la convierten en un centro de atracción turística de primer orden. Su origen se remonta a la antigua Tarraco romana, capital de la Hispania Citerior Tarraconensis. El «Conjunto arqueológico de Tarraco» está declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En 2018 se disputaron en esta ciudad los XVIII Juegos Mediterráneos.

Geografía Capital de la comarca de Tarragonés, se sitúa a 95 km de Barcelona y Lérida, a 188 km de Castellón de la Plana, a 236 km de Zaragoza y a 283 km de Teruel.

Relieve Tarragona conforma un municipio largo y estrecho, paralelo a la línea de costa, que queda dividido por el curso bajo y la desembocadura del río Francolí. El territorio está formado por un relieve interrumpido por pequeños valles y barrancos. La propia ciudad se encuentra en un mirador natural sobre la Costa Dorada. Dentro de su término municipal se encuentran los espacios naturales de la desembocadura del río Gaià o el de la costa de Tamarit-Punta de la Móra. El interior del municipio está marcado por la presencia de los contrafuertes de las sierras litorales catalanas, como es el caso de los Alts de la Bassa Closa. La altitud oscila entre los 176 m al norte (Alts de la Bassa Closa) y el nivel del mar. El casco histórico de la ciudad se alza a 69 m sobre el nivel del mar.

Clima Tarragona posee un clima mediterráneo típico que, de acuerdo con la clasificación climática de Köppen corresponde con el clima mediterráneo Csa. La temperatura media anual es de 16 °C y la precipitación supera ligeramente los 500 mm. Los inviernos son suaves y los veranos son calurosos. Las precipitaciones son irregulares, tanto dentro de un mismo año como entre diferentes años, si bien se observa un patrón según el cual la estación más seca suele ser el verano, seguido del invierno; primavera y otoño suelen registrar las mayores precipitaciones, especialmente este último. La posibilidad de precipitación se extiende durante todo el año y frecuentemente alcanza una intensidad elevada o muy elevada, aunque el episodio lluvioso suele durar poco. El carácter tormentoso de las precipitaciones suele ser más alto en verano, seguido de otoño, primavera e invierno, mientras que la precipitación tipo chubasco es más habitual en orden inverso al expuesto. La nieve no es muy rara, pero no suele caer con suficiente intensidad o duración como para cubrir el suelo, lo cual la convierte en un fenómeno subjetivamente percibido como mucho más infrecuente de lo que en realidad es. Los registros de precipitación, disponibles desde finales del aunque con discontinuidades frecuentes y a veces prolongadas, indican unos valores extremos comprendidos entre los 300 y los 700 mm anuales. El promedio anual de días lluviosos es de 56,8.

Las temperaturas presentan una pauta más regular. Las heladas son infrecuentes y algunos años no llegan a registrarse. Las temperaturas máximas en los días más calurosos del año no acostumbran a superar demasiado los 30 °C. Valores superiores a los 35 °C no son raros, aunque son de muy breve duración. Los valores extremos registrados son: -6,5 °C (1956, en la estación climatológica del aeropuerto de Reus) y 39 °C (2010). El viento dominante es el Mestral (NO), seco y frío si es de componente marcado del N y más suave, incluso casi cálido, a medida que rola a componente O. En verano suele predominar un régimen de brisas.

Costa Tarragona es famosa por su clima y patrimonio que atraen a los turistas; la ciudad es conocida, junto al municipio de Salou, como Costa Dorada.

Historia

Edad Antigua

Edad Media

Alta Edad Media (siglos -) Tarragona fue conquistada por los árabo-bereberes en una fecha variable según autores, entre el 714 y el 716. Ha sido objeto de debate si la conquista fue pacífica o tras un asedio y posterior saqueo. Esa última tesis estaría avalada por la bien documentada huida del obispo Próspero, pero por otra parte no se han encontrado indicios arqueológicos que demuestren una interrupción súbita de la vida ciudadana. La falta de unos titulares episcopales, así como una situación excéntrica y periférica en relación con los centros de poder tanto andalusíes como cristianos, explicarían una decadencia rápida seguida de varios siglos de irrelevancia, lejos de una despoblación completa pero sin alcanzar una realidad plenamente urbana. El valor simbólico de la antigua Tarraco, pudo actuar como incentivo para una estabilidad en el dominio cristiano, pero otros factores actuarían en contra. Hay indicios de intentos de recuperación del dominio cristiano (Reconquista) desde el bajo Carlomagno, pero las campañas que originarán la Marca Hispánica no alcanzaron a consolidar el dominio cristiano seguro y estable de la ciudad. Borrell II se proclamó Príncipe de Tarragona en el 960, pero los sucesivos intentos de consolidación del dominio cristiano sobre la ciudad demuestran lo precario que fue ese dominio, al menos hasta el .

Baja Edad Media (siglos -) miniatura|derecha|Torre romana del Pretorio, usada en la Edad Media como castillo miniatura|Esculturas góticas de profetas en la puerta principal de la catedral En 1129, san Olegario, arzobispo de Tarragona, cedió la ciudad como un principado eclesiástico al mercenario normando Robert Bordet, que había servido a las órdenes de Alfonso I de Aragón. El 14 de marzo de 1129, este caballero fue nombrado Príncipe de Tarragona mediante un pacto de vasallaje. A partir de la infeudación del Principado de Tarragona, los normandos, comandados por Bordet, se instalaron en la ciudad. Robert Bordet aprovechó una antigua torre romana todavía en pie, la actual Torre del Pretorio, para establecer su castillo. Se iniciaba así un primer proceso de colonización de la ciudad, dirigido sobre el terreno por Robert, pero controlado desde Barcelona por el arzobispo.

La situación en la ciudad se complicó con la muerte de San Olegario. En 1146, su sucesor, Bernat Tort, un hombre de confianza del Conde de Barcelona, se estableció en la ciudad. Se iniciaba así un proceso marcado por continuos conflictos jurisdiccionales que culminaron con la extinción del principado y la restitución al Conde de Barcelona en 1151.

La Tarragona de finales del ya era un núcleo urbano plenamente consolidado que se había convertido en el centro director de un amplio territorio. En 1148 el gobierno local se había reordenado y el consejo de habitantes de la ciudad participaba intensamente en la vida urbana. La ciudad creció y ocupó toda el área interna del Foro provincial de Tarraco, manteniendo así la estructura arquitectónica heredada de la época romana. La ciudad del surgió, pues, en el área de grandes monumentos, alrededor de los castillos señoriales. A partir de 1146 se ocupó el área del recinto de culto de época romana, un sector que tomó especial relieve con el inicio de la construcción de la catedral en 1171, y que se convirtió en el eje vertebrador de la ciudad a partir de su consagración en 1331.

Fuera del recinto defensivo de esta primera época, había tres áreas claramente diferenciadas: en primer lugar, el Corral, el antiguo circo romano, que se convirtió en un burgo extramuros con un mínimo de población y destinado principalmente a actividades comerciales e industriales. En segundo lugar, la Vila Nova que era el área que se prolongaba desde el Corral hasta el puerto y estaba destinada básicamente a huertos, cultivos, herrenales y molinos. A diferencia de la primera, no estaba muy habitada, excepto en el área del puerto y en la zona más próxima al Corral. Finalmente la huerta de Tarragona, también destinada a la explotación agraria, que se extendía a ambos lados del río Francolí y llegaba hasta Riu Clar.

La expansión de la peste bubónica por toda Europa marcó el inicio de un importante periodo de recesión demográfica. La epidemia llegó a la ciudad entre mayo y julio de 1348, provocando una gran mortandad. El descenso de la población y la crisis general en que se encontraba la ciudad hizo que el núcleo urbano entrara en un importante proceso recesivo. El descenso del número de fuegos se plasmó en un número menor de casas ocupadas. A pesar de esto, en 1368 la ciudad, siguiendo las directrices marcadas por la Corona, empezaba las tareas de mantenimiento y refuerzo de las murallas de la ciudad mediante la construcción de la Muralleta o Mur Nou, a la altura de la fachada del circo. De esta forma el área del Corral, el antiguo circo romano, quedó incorporada al núcleo urbano.

La situación política se agravó durante la primera mitad del . Las diferencias entre la Generalidad de Cataluña y Juan II de Aragón provocaron una guerra civil, en la que el arzobispo se puso del lado de los realistas, mientras que el Consejo Municipal, tras un periodo de indecisión, se alió con la Generalidad.

El 17 de octubre de 1462 las tropas de Juan II llegaron a Tarragona para sitiar la ciudad. La guerra sumió a Tarragona en la más absoluta decadencia. Las defensas de la ciudad, especialmente en el sector del Mur Nou, quedaron muy deterioradas, así como las del área del Corral. La población disminuyó drásticamente y la municipalidad se declaró en quiebra. Los efectos de la guerra fueron visibles en la ciudad durante mucho tiempo.

Edad Moderna (siglos -) La vida de la ciudad de Tarragona durante la época moderna está marcada por tres importantes conflictos bélicos. Desde el se construyen o consolidan fortificaciones para defender la ciudad y sus alrededores de las continuas guerras y ataques piratas. A partir de la guerra de los Segadores y hasta mediados del Tarragona fue plaza fuerte, lo que comportaba que no se podían destruir las fortificaciones y se tenía que dejar un espacio delante de la muralla libre de edificios, con las dificultades que ello suponía para la expansión urbanística. Las epidemias fueron una constante en este periodo y provocaron grandes mortandades y el éxodo de la población.

Durante la guerra de los Segadores (1640-1659), la situación estratégica de Tarragona le hizo sufrir dos importantes sitios, en 1641 y en 1644, que comportaron graves destrucciones de edificios y la consecuente postración y decadencia económica de la ciudad. El puerto padeció daños importantes y se abandonó durante mucho tiempo, por lo que el comercio se desvió hacia el puerto de Salou. La economía del Campo de Tarragona entró en una grave crisis de la que no se recuperó hasta finales del , cuando se autorizó la reconstrucción del puerto y se concedió el permiso para comerciar libremente con América.

El segundo gran conflicto bélico que sufrió la ciudad fue la Guerra de Sucesión (1702-1714) que alcanzó Tarragona cuando todavía no se había recuperado de los estragos de la Guerra de los Segadores. Tarragona fue defendida por una guarnición británica que mejoró el sistema defensivo con la construcción de la Falsa Braga y de otros fortines y baluartes, la mayor parte actualmente desaparecidos. Cuando Felipe V accedió al poder promulgó el Decreto de Nueva Planta, que instauraba un sistema de gobierno centralizado y absolutista. En esta nueva organización, las antiguas veguerías se reagruparon en corregimientos y nacieron los ayuntamientos, al tiempo que se jerarquizó el organigrama político, se recortó el poder de los arzobispos y se suprimió la Universidad.