El pronunciamiento de Riego fue un alzamiento militar encabezado por el teniente coronel Rafael del Riego que tuvo lugar en España en 1820, durante el reinado de Fernando VII, y que fue el detonante de la Revolución de 1820 (por lo que también es conocido como la Revolución de Cabezas de San Juan) y de la pérdida definitiva del Imperio español en América, a causa de la disolución de la mayor flota y el más grande ejército de ultramar reunidos por España para sofocar la revolución hispanoamericana. Comenzó el 1 de enero en la localidad sevillana de Las Cabezas de San Juan donde estaban acantonadas parte de las tropas de la Gran Expedición de Ultramar destinadas a sofocar las sublevaciones americanas. Su propósito era impedir que se verificase el embarque proyectado de la expedición militar y restablecer la Constitución aprobada por las Cortes de Cádiz ocho años antes y que Fernando VII había abolido en 1814 tras la vuelta de su cautiverio en Francia, restaurando la monarquía absoluta. Inicialmente resultó un fracaso —las tropas de Riego recorrieron Andalucía durante casi dos meses sin conseguir que otras guarniciones o unidades militares se les sumaran— pero a principios de marzo, cuando creían que estaba todo perdido les llegó la noticia de que Fernando VII había jurado la Constitución después de que el gobierno absolutista no hubiera conseguido acabar con las sublevaciones de otras guarniciones de la periferia que habían seguido el ejemplo de Riego. Se inició así el Trienio Liberal en que España estuvo regida por una monarquía constitucional. Rafael del Riego fue ascendido a general y se convirtió en un mito de la España liberal.
El pronunciamiento de Riego, cuyos principales instigadores fueron Antonio Alcalá Galiano y Juan Álvarez Mendizábal, guarda relación con los cinco intentos anteriores de los liberales españoles para acabar con el absolutismo de Fernando VII desde 1814. También desempeñaron un papel importante las sociedades secretas. Algunos de los motivos que contribuyeron al éxito de este pronunciamiento fueron el descontento del ejército y el de los comerciantes de Cádiz.
La insurrección fue asimismo promovida por Juan Martín de Pueyrredón, que temía «la terrible expedición» que amenazaba a los rebeldes sudamericanos, y financiada por el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata a través de sus emisarios Andrés Arguibel y Tomás Antonio de Lezica, aunque el papel de estos agentes todavía no está bien determinado. Otro factor fundamental del éxito es la inacción o incapacidad del gobierno absolutista para reprimir el motín de Riego y Quiroga.
Como ha destacado Juan Francisco Fuentes, el de Riego fue «el pronunciamiento por excelencia» (de hecho el término «pronunciamiento» nació con él). Cumplió «las tres premisas inexcusables de este típico fenómeno de la España del siglo : la lejanía de la capital, la lectura de un bando o manifiesto y la existencia de un caudillo».
Antecedentes Tras la vuelta de su cautiverio en Francia, el rey Fernando VII abolió en mayo de 1814 mediante un golpe de Estado la Constitución de 1812 aprobada por las Cortes de Cádiz y restauró la monarquía absoluta. Los liberales, defensores de la monarquía constitucional, fueron encarcelados, desterrados o se exiliaron. Durante los seis años siguientes (Sexenio Absolutista) el rey y sus ministros no consiguieron resolver la crisis del Antiguo Régimen iniciada en 1808 y que la que sería conocida como la Guerra de la Independencia (1808-1814) había agravado notablemente. El conflicto había destruido los resortes principales de la economía y el comercio con América había caído como consecuencia del proceso de emancipación de las colonias. El resultado fue una brutal depresión económica que se manifestó en una caída de los precios (deflación). Como consecuencia de todo ello la Hacienda de la Monarquía quebró: los caudales de América ya no llegaban (con la consiguiente caída además de los ingresos de aduanas) y no se podía recurrir a la emisión de más vales reales, pues éstos estaban completamente depreciados al haberse acumulado muchas demoras en los pagos de los intereses anuales. Hubo un intento de reforma de la Hacienda, llevada a cabo por Martín de Garay, pero no prosperó por la oposición de los dos estamentos privilegiados, nobleza y clero, y también del campesinado (que rechazó el impuesto porque suponía un aumento de los cargas que ya soportaba en un momento en que «los precios de las productos agrícolas comenzaban a desmoronarse»).
Ante la incapacidad de los ministros de Fernando VII de resolver la crisis, los liberales (muchos de ellos integrados en la masonería para actuar en la clandestinidad) intentaron restablecer la Monarquía Constitucional mediante el recurso a los pronunciamientos. Se trataba de buscar apoyos entre los militares "constitucionalistas" (o simplemente descontentos con la situación) para que éstos alzaran en armas a algún regimiento cuyo levantamiento provocara la sublevación de otras unidades militares y obligar así al rey a reconocer y jurar la Constitución de 1812.
Durante el Sexenio Absolutista (1814-1820) se había intentado volver al ejército estamental, «donde los empleos superiores eran desempeñados por los miembros de la nobleza, mientras que la tropa provenía de la recluta forzosa, los voluntarios y los condenados por tribunales al servicio militar». Se habían anulado las reformas introducidas por las Cortes de Cádiz que habían dado paso a la formación de un ejército nacional «basado en el ciudadano como soldado de la nación, incluido tanto en el ejército permanente como en la milicia nacional». Concretamente se había abolido el decreto de 8 de agosto de 1811 que había permitido el libre acceso de cualquier ciudadano a los colegios y academias militares y a las plazas de cadete por lo que dejó de ser un privilegio de la nobleza. Por otro lado, la propia dinámica de la Guerra de la Independencia también había contribuido a la ruptura de las estructuras del ejército estamental existente en 1808 ya que en la guerrilla el mando de tropas ya no era un privilegio nobiliario y la mayoría de los jefes de las partidas provenían del pueblo llano, como Espoz y Mina, Porlier o «el Empecinado».
La anulación de las reformas introducidas por las Cortes de Cádiz provocó el descontento de muchos oficiales, a lo que se sumó el retraso en las pagas de sus salarios (a veces tuvieron que aceptar rebajas para obtener un pago regular) y las nulas perspectivas de ascenso debido a la abundancia de oficiales provocada por la guerra. Además los miles de oficiales sin empleo achacaron su situación a la política de los secretarios del Despacho de Guerra que relegaba a los que procedían de la guerrilla, a los que habían ascendido desde soldados y a los que eran tenidos por liberales. Así pues, «muchos oficiales se hicieron receptivos a las ideas liberales como consecuencia de la política absolutista que fue enajenando muchos de sus apoyos. Las dificultades económicas y de ascenso hicieron el resto», ha afirmado Víctor Sánchez Martín. La quiebra de la Hacienda obligó a sucesivas reducciones de los efectivos militares. La última tuvo lugar en junio de 1818, y las autoridades absolutistas aprovecharon de nuevo la ocasión para que los oficiales que se quedaban sin empleo fueran mayoritariamente los que procedían de la guerra.
Entre 1814 y 1820 se produjeron seis pronunciamientos (los 5 primeros fracasaron) hasta que el último (el de Riego) triunfó. El primero se produjo en Navarra en septiembre de 1814 y estuvo encabezado por el héroe de la guerrilla Francisco Espoz y Mina, que al no conseguir tomar Pamplona huyó a Francia. El segundo tuvo lugar en La Coruña en septiembre de 1815 y lo encabezó otro héroe de la guerra, el general Juan Díaz Porlier, que fue sentenciado a muerte y ahorcado. En febrero de 1815 fue descubierta la preparación de un pronunciamiento (conocido como "La conspiración del Triángulo") encabezado por un antiguo militar de la guerrilla, Vicente Richart, que fue condenado a muerte y ejecutado en la horca, junto con su compañero Baltasar Gutiérrez. En abril de 1817 tenía lugar en Barcelona el cuarto intento (esta vez con una amplia participación burguesa y popular) encabezado por el prestigioso general Luis Lacy, que fue juzgado y ejecutado. El 1 de enero de 1819 se produjo el quinto pronunciamiento, esta vez en Valencia, encabezado por el coronel Joaquín Vidal, y que terminó con la ejecución en la horca de éste y de otros doce implicados no militares, entre los que se encontraban los conocidos burgueses de la ciudad Félix Bertrán de Lis y Diego María Calatrava. Víctor Sánchez Martín ha señalado que si bien el objetivo de los pronunciamientos era acabar con el absolutismo, no todos se proponían restablecer en su integridad la Constitución de 1812. El de Porlier pretendía que se convocaran Cortes extraordinarias para modificar la Constitución y el de Vidal defendía establecer un régimen constitucional distinto al de 1812 y con Carlos IV (desconocía que acababa de morir en Nápoles) en el trono. Por el contrario el de Lacy era inequívoco: se refería a «la Constitución». Lo mismo que el de Riego.
La gran expedición de Ultramar
La sublevación encabezada por Rafael de Riego ocurrió el 1 de enero de 1820 en Las Cabezas de San Juan con la finalidad de restaurar la constitución de 1812 apoyado por las tropas del ejército destinado sofocar definitivamente la rebelión de las colonias españolas de América.José Luis Roca (2007). Ni con Lima ni con Buenos Aires: La Formación de un Estado Nacional en Charcas. Lima: Plural Editores, pp. 476. ISBN 978-99954-1-076-6. Era la gran expedición de Ultramar,Guillén y Tato, Julio F. (1969). Historia marítima española: lecciones para uso de los caballeros Guardias Marinas. Tomo I. Madrid: Instituto Histórico de Marina, pp. 339. también llamada la Gran Expedición o «"expedición grande" a Ultramar».Puente Candamo, José Agustín de la (1977). Historia marítima del Perú: La Independencia, 1790-1826. Tomo V. Volumen 1. Lima: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, pp. 194.
Después de serias dificultades para organizar el ejército de Pablo Morillo en 1815 para sofocar las rebeliones en América, las condiciones eran aún peores para enviar un segundo ejército en 1820. Respecto de esta primera gran fuerza, tradicionalmente se sostiene que iba a ser enviada originalmente contra Buenos Aires pero la caída de Montevideo, bastión español en el Río de la Plata, los éxitos revolucionarios en Venezuela y las Nueva Granada, la mayor cercanía geográfica de Istmo de Panamá en peligro de invasión y la importancia económica del Perú, que quedaría aislado en el Pacífico, hicieron que el objetivo se cambiara a Cartagena de Indias.Cisneros, Andrés; Carlos Escudé & Alejandro L. Corbacho (1998). "Las expediciones militares españolas entre 1811 y 1816". En Historia general de las relaciones exteriores de la República Argentina. Parte I: Las relaciones exteriores de la Argentina embrionaria (1806-1881). Tomo II: Desde los orígenes hasta el reconocimiento de la independencia forma. Buenos Aires: Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, Centro de Estudios de Política Exterior & Grupo Editor Latinoamericano.