Julio María Matovelle Maldonado (nacido el 8 de septiembre de 1852 en Cuenca, Ecuador) fue un sacerdote, filósofo, poeta y escritor que tuvo una destacada participación en la política ecuatoriana al final del e inicios del . Trabajó activamente en la firma del Concordato con la Santa Sede, que consagró el Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, continuando con el proyecto empezado bajo la presidencia de Gabriel García Moreno. Además de su participación política fue un autor destacado de filosofía política defendiendo la consagración de la República y la visión ultramontana tradicional. En el ámbito religioso fue fundador de la congregación de los oblatos en Ecuador (Congregación de Misioneros Oblatos de los Corazones Santísimos de Jesús y María), que en la actualidad se encargan de administrar los principales templos católicos de dicho país. A partir del siglo se buscó su beatificación. El Papa Juan Pablo II lo declaró venerable en 1994.

Biografía

Primeros años Hijo de don Santiago Matovelle y de la señora Juana Maldonado. Tuvo una infancia triste pues cuando era niño vivió primero con una tía suya. Después fue criado por una indígena y finalmente pasó a cuidados de otra mujer oriunda de un pueblo del sur del país, llamada María Quinde. Si bien ella lo quiso e hizo mucho por él, sin embargo la pobreza no escapó su condición y formó parte de su experiencia infantil. Por causa de esto se enfermaba y era muy débil de niño. Hizo obras como crear escuelas en Ecuador y Colombia. Siempre se sintió interesado por las humanidades, la literatura, filosofía y derecho. Leía por su cuenta y era un verdadero autodidacta. Amaba el mundo antiguo y los autores clásicos a quienes apreciaba por su sencillez y verdad. Además de esto también empezó a estudiar la Biblia, especialmente las epístolas de los apóstoles.

Cuando tenía 10 años de edad entró en el Seminario de Cuenca. Se graduó en 1871 como bachiller. Tras graduarse de bachiller en 1872 y por consejo del padre jesuita Miguel Franco, Matovelle inició sus estudios de jurisprudencia con el objetivo de servir mejor a la patria. Durante estos años universitarios, su actividad fue frenética y polifacética: se destacó como líder estudiantil al presidir la Academia San Luis Gonzaga, colaboró activamente en la prensa conservadora, compuso poesía, dictó conferencias científicas e incluso se involucró en la política nacional apoyando la figura de García Moreno. En 1876 colaboró en “La Voz del Azuay” y con esto logró dedicar una parte de su obra a Antonio Borrero, presidente electo, quien le nombró Profesor de Filosofía en el Colegio Nacional. En 1877 fundó la asociación de "Acción Católica" del Ecuador.

Carrera en la Asamblea y Ordenamiento Sacerdotal El 11 de noviembre de 1877, después de graduarse de Doctor fue nombrado por el obispo Remigio Estéves de Toral, como profesor de Economía Política, Ciencia Constitucional, Estadística y Derecho Público Eclesiástico en el Seminario de Cuenca. Durante esta época, ya que no le gustaban los textos utilizados, escribió los suyos propios. Es destacable como unía la religión con la filosofía política desarrollando ideas como que “La Libertad civil nace de la Biblia".Wilfrido Loor en su biografía de Matovelle resume su concepción de la política de la siguiente manera:

En 1879 su amigo el Obispo Toral le conminó a hacerse sacerdote y paralelamente a esto, su vida estuvo marcada por su participación en la esfera pública y su progresiva radicalización de su pensamiento político-religioso. Como profesor en el seminario de Cuenca y defensor de presos, redactó sus propios textos educativos, donde expuso una visión de la libertad civil basada estrictamente en la Biblia y la escolástica medieval.

Como legislador, Julio María Matovelle se destacó dentro del bloque conservador, convirtiéndose en una figura clave durante las sesiones parlamentarias, especialmente en su labor en Quito a partir de 1883. Tras la elección de una delegación azuaya de alto prestigio para la Asamblea Constituyente de 1883, el joven sacerdote Julio María Matovelle, con 31 años, se convirtió en Quito en el líder indiscutible del bloque conservador. Fue el principal promotor de la construcción de la Basílica del Voto Nacional y defendió el diezmo (impuesto del 10% de actividades agrícolas para la iglesia), la pena de muerte y la unidad religiosa.

Formó parte de la Asamblea Nacional Constituyente que aprobó la construcción de la Basílica del Voto Nacional en 1883. En 1885 fundó la revista religiosa “La República del Corazón de Jesús” que sería clave en difundir el proceso y significado de la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús, siendo este el primer país en el mundo en hacerlo. Ahí colaboraría con importantes autores e intelectuales religiosos que narrarían el suceso, difundirían esta advocación religiosa y compartirían escritos literarios. Dentro de las personas que colaborarían serían Manuel María Pólit, Remigio Crespo Toral, Juan León Mera, entre otros. A partir de 1892, Julio María Matovelle vivió un periodo importante de influencia pública. Incluyó la colocación de la primera piedra de la Basílica del Voto Nacional y la publicación de sus textos sobre derecho eclesiástico. Sin embargo, su carrera legislativa se vio afectada con el triunfo de la revolución liberal de 1895, que lo marginó del Congreso y provocó su enfrentamiento directo contra el gobierno de Eloy Alfaro. Esta etapa de persecución política le obligó a vivir escondido y eventualmente a exiliarse en Lima, donde continuó su labor religiosa bajo la protección del arzobispado local antes de regresar al Ecuador años más tarde.

Oblatos de los Sagrados Corazones de Jesús y María miniaturadeimagen|Matovelle y los oblatosLa fundación de la congregación de los Oblatos de los Sagrados Corazones de Jesús y María fue una de las contribuciones más importantes de Matovelle a la vida religiosa de América Latina. Tras dejar atrás sus aspiraciones políticas y su vida en el mundo, buscó institucionalizar una estructura religiosa dedicada a la piedad y la vida contemplativa. Tras recibir el estímulo del padre jesuita Schumacher y otros clérigos durante su estancia en Quito en 1884, Matovelle presentó su solicitud ante el delegado apostólico Sambucetti, con el fin de establecer una comunidad que combinara la austeridad de la vida monástica con el servicio pastoral directo.

El 17 de septiembre de 1884, al obtener el permiso formal en Cuenca, Matovelle fundó la congregación en el conventillo del Corazón de María, integrando a un grupo de seminaristas y sacerdotes que compartían su visión de una cristiandad militante. A partir de este núcleo inicial, la orden se expandió rápidamente hacia diversas vicarías parroquiales y fundó, años más tarde, la comunidad de Madres Oblatas, con lo cual consolidó una red dedicada tanto al ministerio sacerdotal como a la educación, bajo un régimen de estricta disciplina espiritual y defensa doctrinal que caracterizó la obra de su fundador durante el resto de su vida. Cuando los Oblatos se instalaron en Azogues, un grupo de jóvenes pertenecientes a las Hijas de María comenzó a destacar por su intensa devoción, manifestada a través de la recepción frecuente de los sacramentos y la práctica de actos de caridad, como la atención a enfermos y pobres, además de voluntarias penitencias como ayunos. El padre Julio María Matovelle, al notar este entusiasmo, decidió organizar a este grupo bajo el nombre de Congregación de Nuestra Señora del Cenáculo. Les otorgó un reglamento más estricto que el que seguían anteriormente y les asignó la misión específica de orar constantemente por las necesidades tanto de los sacerdotes Oblatos como de la propia parroquia. La visión de Matovelle se fundamentaba en la convicción de que la salvación del mundo depende del clero y que la cantidad y calidad de los sacerdotes en cualquier lugar son un reflejo directo de las oraciones de los fieles. Bajo esta premisa, las jóvenes del Cenáculo debían vivir con el espíritu de una religiosa, renunciando al mundo y centrando su existencia en la adoración a Dios, particularmente en su atributo del Amor. Aunque estas mujeres permanecían en el ámbito civil, compartían la espiritualidad, los patrones y las prácticas de virtud de los Oblatos, manteniendo el firme deseo de llegar a ser novicias de lo que él llamaba la "Religión del Amor".

La influencia de los Oblatos en la vida religiosa de Ecuador fue decisiva y diría Matovelle años más tarde, en 1908 en sus Memorias y Documentos que sin la intervención directa o indirecta de los Oblatos nada se ha hecho en nuestra República desde 1883 en pro de la causa del Sagrado Corazón. Por esta razón Dios ha manifestado su beneplácito para con el Instituto.El crecimiento e importancia de los oblatos se expandiría a Colombia cuando se fundaría en 1974 la congregación en dicho país.

Experiencias místicas Su devoción por el Inmaculado Corazón de María se vería impulsado además por una experiencia espiritual que viviría al final del siglo XIX. La madrugada del 2 de febrero de 1899, Matovelle fue testigo de una visión corporal de la Virgen María, quien lo sostuvo en sus brazos como a un niño. Este acontecimiento, vivido en medio de su huida, le dio la certeza absoluta de la protección divina y materna contra sus enemigos.

Por otro lado, mientras vivía en la clandestinidad, Matovelle experimentó adicionalmente dos visiones simbólicas que interpretó como presagios de la difícil situación nacional. El 5 de marzo de 1899, estando en la hacienda El Tejar, vio a la Virgen de los Dolores llorando desconsoladamente, lo que entendió como un anuncio de las graves calamidades que azotarían al país. Poco después, tuvo otra visión en la que un fuego abrasador envolvía el altar y el púlpito de una iglesia; aunque ambos elementos quedaron carbonizados y ennegrecidos por las llamas, no se derrumbaron. Esta segunda imagen le transmitió la convicción de que, a pesar de que las nuevas leyes anticlericales dictadas por el Congreso intentarían dañar profundamente a la Iglesia en el Ecuador, esta lograría mantenerse en pie gracias a la protección de María, Auxilio de los Cristianos.

Durante el año 1900, el padre Julio María Matovelle experimentó otra serie de visiones místicas. A través de sus ejercicios espirituales, Matovelle fue testigo de escenas cargadas de simbolismo, como el sufrimiento de la Virgen María ante la angustia de Cristo o la imagen de Jesús flagelado. Estas experiencias le servían para reflexionar sobre lo que él consideraba una hipocresía gubernamental, cuestionando la postura de figuras como Eloy Alfaro, quienes buscaban favores de la Iglesia mientras, a su juicio, desafiaban la autoridad divina. Sus visiones funcionaban como un espejo de la situación del país, donde la tristeza del Niño Jesús reflejaba el agotamiento divino ante los conflictos sociales, aunque siempre matizado por la esperanza de la intercesión mariana y la gracia del Sagrado Corazón. Estas experiencias fueron recogidas Esta disciplina se refleja en su obra Confidencias con mi Dios, que se recopilaría en sus memorias íntimas.

El proceso de escritura de dichas Confidencias surgió como una respuesta práctica a una recomendación espiritual que recibió en Lima, donde le aconsejaron registrar las revelaciones recibidas para asegurar su provecho personal. Dado que Matovelle poseía una memoria frágil frente a la viveza de su imaginación, la escritura se convirtió en el vehículo necesario para fijar aquellos favores divinos que de otro modo se habrían desvanecido.

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