El cristianismo es un tema central en las obras ficticias de Tolkien sobre la Tierra Media, pero siempre oculto, lo que permite que sus obras se lean en diferentes niveles y que su significado sea descubierto por el lector en vez de presentarle un sentido único.
Tolkien fue un católico devoto desde la niñez y describió El Señor de los Anillos como una obra religiosa y católica. Si bien insistió en que no era una alegoría, contiene numerosos temas de la teología cristiana, como la batalla del bien contra el mal, el triunfo de la humildad sobre el orgullo y la acción de la gracia divina. Un tema central es la muerte e inmortalidad, con la luz como símbolo de la creación divina. También es posible detectar las actitudes de Tolkien hacia la misericordia y la piedad, la resurrección, la eucaristía, la salvación, el arrepentimiento, el autosacrificio, el libre albedrío, la justicia, el compañerismo, la autoridad y la curación. La divina providencia aparece indirectamente como la voluntad de los valar —ciertos seres angelicales en las obras de Tolkien—, expresada con la suficiente sutileza para evitar interferir con el libre albedrío de las personas.
Se observan además representaciones de personas y temas propios del cristianismo, como la Virgen María, la caída del hombre y la naturaleza del mal, e incluso se mencionan explícitamente fechas que están tradicionalmente ligadas a sucesos muy importantes en el cristianismo. Y aunque Tolkien consideraba la obra como un relato de eventos ocurridos en una época precristiana, los héroes se comportan como cristianos y tienen actitudes positivas hacia la esperanza, la redención y la oración, entre ellas la mención literal de que el suicidio es un acto pagano.
No hay una personificación de Cristo comparable al personaje Aslan de Las Crónicas de Narnia. Sin embargo, existen reflejos de personificaciones de Cristo en Gandalf, Frodo y Aragorn, quienes simbolizan el triple oficio de profeta, sacerdote y rey, respectivamente.
Catolicismo de Tolkien
miniaturadeimagen|alt=Fotografía de J. R. R. Tolkien|
Tolkien fue un católico devoto, aunque su familia había sido bautista. Describió El Señor de los Anillos como «una obra fundamentalmente religiosa y católica», rica en simbolismo cristiano, según explicó en una carta a su íntimo amigo y sacerdote jesuita Robert Murray:
Sin embargo, Patrick Curry, erudito de Tolkien, mencionó que esa declaración elude el paganismo que impregna la obra y todo su legendarium; aunque sea fundamentalmente cristiano, en otros niveles es un tema diferente con su politeísmo y animismo, y muchas otras características paganas. En otras palabras, la Tierra Media es tanto cristiana como pagana.
Muchos temas teológicos subyacen en la narración, incluida la batalla del bien contra el mal, el triunfo de la humildad sobre el orgullo, y la acción de la gracia divina, como se ve con la compasión de Frodo por Gollum. La obra incluye los temas de la muerte y la inmortalidad, la misericordia y la piedad, la resurrección, la salvación, el arrepentimiento, el autosacrificio, el libre albedrío, la justicia, el compañerismo, la autoridad y la curación. Tolkien menciona el padrenuestro, especialmente la línea «no nos metas en tentación, mas líbranos del mal» en relación con las luchas de Frodo contra el poder del Anillo Único. Tolkien dijo: «Por supuesto que Dios está en El Señor de los Anillos. El período era precristiano, pero era un mundo monoteísta», y cuando se le preguntó quién era el Dios único de la Tierra Media, respondió: «¡El único, por supuesto! El libro trata sobre el mundo que Dios creó: el mundo real de este planeta».
La Biblia y la narrativa cristiana tradicional también influyeron en El Silmarillion. El conflicto entre Melkor e Ilúvatar es paralelo al de Satanás y Dios. Además, El Silmarillion trata sobre la creación y la caída de los elfos, tal como el Génesis habla de la creación y la caída del hombre. Al igual que todas las obras de Tolkien, El Silmarillion deja espacio para la historia cristiana posterior y una versión de los borradores de Tolkien incluso muestra a Finrod, un personaje recurrente de la obra, especulando sobre la necesidad de la eventual encarnación de Ilúvatar para salvar a la humanidad. Una influencia específicamente cristiana es la noción de la caída, que influyó en la música de los ainur (caída de los seres angelicales), la Matanza de Alqualondë (caída de los elfos) y el hundimiento de Númenor (caída de los hombres).
Función del cristianismo en la obra
Los comentaristas, entre ellos algunos que son cristianos, han adoptado una amplia gama de posiciones sobre la función del cristianismo en la ficción de Tolkien, especialmente en El Señor de los Anillos. Señalan que contiene representaciones de Cristo y de ángeles en personajes como los magos, en la resurrección, en los motivos de luz, en la esperanza y el sufrimiento redentor, en la aparente invisibilidad del cristianismo en la novela y en la naturaleza del mal, todo lo cual ha llevado a un largo debate académico sobre la posición de Tolkien en el libro. Los comentaristas discrepan en particular sobre si El Señor de los Anillos es una obra cristiana, a pesar de que Tolkien afirmó que sí lo es.
No específicamente cristiana
Catherine Madsen escribió que la novela la atrajo a la fe, «pero no particularmente a la fe cristiana». Señala que Tolkien escribió que «el mito y el cuento de hadas, como toda forma de arte, deben reflejar y contener en solución elementos de moral y verdad (o error) religiosa, pero no de manera explícita». Madsen afirma que Tolkien «no pretendía que su trabajo argumentara, ilustrara o promulgara el cristianismo». En su opinión, el autor usa «magia cristiana», no una doctrina; ella señala que Tolkien escribió que la Tierra Media es «un mundo monoteísta de “teología natural”». Argumenta que la «religión natural» del libro está basada en temas tales como los elfos y su anhelo por el mar, lo que crea un «sentimiento religioso [...] curiosamente compatible con una cosmología secular». Escribe que un mundo de religión sin revelación es necesariamente ambiguo y cualquier triunfo sobre el mal también disminuye el bien, por lo que el mundo inevitablemente se desvanece. Por lo tanto, lo que El Señor de los Anillos ofrece no es una esperanza sobrenatural, sino lo que Tolkien llamó «recuperación», el despertar de los sentidos, una atención sin intermediarios al presente, como cuando Sam mira hacia el cielo nocturno en Mordor y queda impresionado por la belleza de una estrella. Para Madsen, eso es «lo más convincente del libro y también lo menos cristiano [...] disponible para cualquiera de cualquier persuasión y no depende de la creencia».
Con alegoría cristiana
Tom Shippey, erudito de Tolkien, señala que Tolkien declaró en el prólogo de la segunda edición de El Señor de los Anillos que la obra «no es alegórica ni temática [...] Me disgusta cordialmente la alegoría en todas sus manifestaciones [...] Prefiero mucho más la historia, verdadera o ficticia, con su variada aplicabilidad al pensamiento y la experiencia de los lectores». Shippey escribe que, a pesar de eso, Tolkien seguramente escribió alegorías a veces, como por ejemplo Hoja, de Niggle, y seguramente se supone que existe alguna relación entre su ficción y la realidad. También señala que Tolkien deliberadamente «se acercó al borde de la referencia cristiana» al situar la destrucción del Anillo y la caída de Sauron en el 25 de marzo, la fecha tradicional anglosajona de la crucifixión de Jesús, de la Anunciación y del último día de la creación del Génesis. Otros comentaristas han señalado más influencias de temas cristianos, entre ellas la resurrección, la esperanza, la presencia de personificaciones Cristo y el sufrimiento redentor.
Paul H. Kocher, en su libro Master of Middle-earth, escribe que «habiendo hecho que los tiempos sean precristianos, [Tolkien] se libró de la necesidad de tratar con ellos en un contexto cristiano, lo que sería incómodo si se aplicara a elfos, ents, enanos y el resto». Por otro lado, Kocher señala que Elrond le atribuye un propósito a los eventos en la obra, incluida la convocatoria de los Pueblos Libres a su consejo; Elrond usa las palabras propósito, llamado, ordenado y creed, lo que implica «alguna voluntad viviente»:
También comenta que, de manera similar, Gandalf le dice firmemente a Denethor, el desesperado Senescal Regente de Gondor, que el suicidio está prohibido y que, de hecho, es un acto «pagano».
Completamente cristiana
El especialista en teología y literatura Ralph C. Wood concluye que «los cristianos están llamados a ser servidores del rey y su reino como si fueran hobbits. Frodo y Sam son los primeros en el reino de Ilúvatar porque están dispuestos a ser los últimos y los menos importantes entre los que “mueven las ruedas del mundo”». Wood también señala que el pan del camino de los elfos es «una reminiscencia de la hostia: su ligereza como el aire da fuerza en directa desproporción con su peso».
En A Companion to Tolkien, Pat Pinsent afirma que «su propia adhesión devota al catolicismo se refleja de hecho a lo largo de su escritura, en la medida en que [...] su fe fue la fuerza impulsora detrás de sus quehaceres literarios».
La sacerdotisa episcopal y teóloga Fleming Rutledge escribe que Tolkien había construido su libro como una emocionante narrativa superficial y también como una narrativa profundamente teológica. Ella cita su declaración de que «soy cristiano (lo que puede deducirse de mis historias)». En su opinión, Tolkien rara vez permite que las insinuaciones y sugerencias de la intervención divina salgan a la superficie, pero el efecto acumulativo de su «subestructura velada» puede tener un efecto poderoso en el lector. Ella mencioma que Tolkien estaba brindando «una rara visión de lo que realmente significa la libertad humana dentro del Plan Divino de Dios». Ella señala que, si bien Tolkien había dicho que El Señor de los Anillos era fundamentalmente religiosa, la Tierra Media parece «un mundo curiosamente no religioso». Su opinión es que esto fue completamente deliberado, ya que Tolkien quería evitar cualquier indicio de panteísmo; y si bien Arda es, como escribió Tolkien, «mi propia madre patria», la acción se sitúa mucho antes de la era cristiana. Ella señala que él escribió en una carta que «nos encontramos en una época en la que los sabios saben de la existencia del Único Dios, Eru, pero no es asequible salvo por la mediación de los valar, aunque todavía se lo recuerda (tácitamente) en la oración de los hombres de ascendencia númenóreana».
Cristianismo encubierto: mito, no alegoría
La académica Verlyn Flieger escribe que la fantasía de Tolkien «no tiene un cristianismo explícito», a diferencia de las leyendas artúricas medievales «con sus milagros, ermitaños piadosos, simbolismo de mano dura y predicación alegórica». La Tierra Media de Tolkien, «en gran parte a su favor», evitó la predicación y la alegoría. Ella recalca que, sobre el tema de hacer explícito el cristianismo en la fantasía, Tolkien afirmó:
Flieger comenta que la palabra fatal debe tomarse literalmente: un mensaje cristiano explícito «habría matado la obra», drenando la vida del mundo secundario, y que Tolkien había escrito en una carta que «ésa es la causa por la que no incluí, o he eliminado, toda referencia a nada que se parezca a la “religión”, ya sean cultos o prácticas, en el mundo imaginario. Porque el elemento religioso queda absorbido en la historia y el simbolismo».
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