thumb|300px|Bandera LGBTI sobre el mapa de Cuba. La historia de las personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) en Cuba ha adquirido notoriedad a partir de la revolución cubana, pasando por periodos de fuerte discriminación hasta un proceso de apertura y aceptación gradual a partir de los años 1990.

Cuba prerrevolucionaria La Cuba prerrevolucionaria era un lugar de intolerancia hacia la comunidad LGBTI. Debido al énfasis en la heteronormatividad tradicional, había pocos enclaves donde la comunidad queer pudiera congregarse en un espacio común. El mercado laboral era desigual en ese momento y la cultura afrohispánica era muy patriarcal y enfatizaba una sociedad obligatoriamente tóxica y heterosexual, especialmente en las zonas rurales. La mayor parte de la comunidad emigró hacia La Habana en busca de trabajo y liberación sexual. Además, las comunidades rurales a menudo alejaban a su comunidad LGBTI o miembros de la familia considerándolos el "marica del pueblo" o el "idiota del pueblo". Debido al mercado laboral desigual, alrededor de la década de 1950 La Habana permitió una vida laboral cerrada y el sector laboral clandestino continuó creciendo además del turismo, el tráfico de drogas, el juego y la prostitución. Este sector laboral restringió el deseo homosexual al "inframundo de La Habana, que estaba dirigido por la burguesía homosexual cubana". La homosexualidad era un componente de la próspera industria de la prostitución en Cuba, con muchos hombres homosexuales atraídos a la prostitución en gran parte para visitantes y militares de los Estados Unidos. La homosexualidad también estaba vinculada a los juegos de azar y el crimen. Por lo tanto, mientras la comunidad LGBTI no tenía visibilidad oficial, tenían éxito en el mercado laboral de los turistas estadounidenses que buscaban experiencias homoeróticas. Había pocos bares LGBTI-friendly en las ciudades cubanas, como el St. Michel, el Intermezzo Bar, el Dirty Dick y El Gato Tuerto en La Habana. Sin embargo, a pesar de la vitalidad del inframundo y la amplitud de su influencia, Cuba todavía tenía leyes que oprimían la homosexualidad y acosaban a los hombres homosexuales. Socialmente, los hombres homosexuales eran considerados marginados. A menudo se escuchaba a las familias llamar a sus familiares "locas", "maricones" o "tortilleras", este último término en referencia a las lesbianas. La cultura homosexual se reconoció puramente como una estrategia económica en la que el inframundo fomentaba un sentido de confianza en los deseos homoeróticos de los turistas estadounidenses y otros intereses de nicho en los que participaba la comunidad.

Cuba posrevolucionaria Persecución homofóbica en los años 1960 y creación de las UMAPs

Después de la revolución y el cambio político de 1959, la tolerancia hacia las personas LGBTI dentro de la sociedad cubana disminuyó y la situación de homosexuales y lesbianas empeoró considerablemente en comparación con periodos históricos anteriores. La emigración a Miami comenzó de inmediato, incluyendo a homosexuales y lesbianas, que abandonaron Cuba en el primer exilio. Las personas LGBTI que ya habían vivido en el extranjero se alejaron de forma permanente.

Muchas de las personas progresistas LGBTI que permanecieron en Cuba se involucraron en actividades contrarrevolucionarias, de forma independiente o mediante el fomento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque fueron posteriormente encarceladas. La invasión de la Bahía de Cochinos en 1961 por tropas de exiliados cubanos desde bases de Florida fueron usados como excusa por el nuevo gobierno cubano para perseguir a cualquier persona de colaborar con «contrarrevolucionarios», o incluso de serlo ellos mismos. Los bares homosexuales y las zonas de cruising se percibieron como centros de actividades contrarrevolucionarias y comenzaron a ser tratados sistemáticamente como tales. Hubo un gran aumento de la homofobia en comparación con años anteriores y la comunidad gay fue vista como una amenaza para el nuevo orden militar revolucionario.

El nuevo aliado de Cuba, la Unión Soviética, tenía políticas hostiles hacia homosexuales y lesbianas, viendo la homosexualidad como un producto decadente de la sociedad capitalista que prevalecía en la Cuba de los años 1950. Fidel Castro hizo comentarios insultantes acerca de la homosexualidad. La descripción de Castro de la vida rural en Cuba reflejaba la idea de que la homosexualidad era una «decadencia burguesa» y denunció a los «maricones» como «agentes del imperialismo». Gay Rights and Wrongs in Cuba. The Pink Triangle Trust. 2002 En una entrevista de 1965 Castro explicó su parecer:

El machismo tradicional y la Iglesia católica han despreciado a los hombres afeminados y sexualmente pasivos durante siglos. La homofobia mostrada durante la Revolución continuó una cultura machista bien establecida y de los rígidos roles de género de la Cuba prerrevolucionaria. Machos, Maricones & Gays: Cuba and Homosexuality. Philadelphia: Temple University Press. Ian Lumsden. 1996. ISBN 1-56639-371-XSexualidades disidentes en la narrativa cubana contemporánea. Tamesis, Woodbridge. Patricia Valladares-Ruiz. 2012. ISBN 978 1 85566 237 7 Los homosexuales fueron definidos como desviados y decadentes, pero no como débiles o enfermos. La forma con la que la Revolución cubana llegó al poder le dio un sentido más fuerte de la masculinidad que otras revoluciones. La experiencia de la guerrilla dominaba la estructura política y la guerrilla en sí se convirtió en el núcleo de una nueva sociedad. Muchas personas LGBTI fueron detenidas, especialmente hombres afeminados, sin cargos ni juicio y enviados a campos de trabajo. Uno de estos casos de redadas ocurrió el 11 de octubre de 1961 con la Noche de las tres P, en la cual también fue arrestado el poeta Virgilio Piñera.

En 1965, se crearon las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), inicialmente como una alternativa al servicio militar obligatorio para objetores de conciencia, grupos religiosos pacifistas, hippies y homosexuales, luego otros grupos se añadirían, como por ejemplo, las mujeres lesbianas y las prostitutas. Se creía que el trabajo, junto con los regímenes estrictos que operan dentro de los campos de la UMAP, serviría para rehabilitar a los participantes y convertirlos en hombres (o mujeres) heterosexuales. En la entrada de muchos campos de trabajo forzoso fue colocada la frase «el trabajo os hará hombres». Los campos fueron cerrados en 1968 ante su evidente fracaso.

Muchos artistas e intelectuales homosexuales, como Reinaldo Arenas, se sintieron atraídos por la promesa socialista de una sociedad igualitaria, lo que allanaría el camino para la libertad cultural y sexual, además de la justicia social. Varios escritores homosexuales escribieron gran parte de la popular revista Lunes de Revolución, incluyendo textos de temática abiertamente homoerótica. Aunque en sus comienzos las ideas radicales plasmadas parecían disfrutar del favor del gobierno cubano, pronto estas producciones comenzaron a ser censuradas por ser consideradas «expresiones burguesas» contrarias a los intereses revolucionarios, cerrando finalmente la revista y marginando a parte de sus escritores. Al ser nacionalizadas todas las revistas y periódicos (además de todo medio de comunicación) por el gobierno revolucionario y prohibir cualquier medio de difusión no vinculado al Estado, las temáticas LGBTI no tuvieron oportunidad de ser publicadas y muchos escritores pasaron a tener un perfil nulo. Esta situación de ninguneo pasaría a convertirse en un problema permanente dentro de la sociedad cubana posrevolucionaria.

Actitudes negativas en los años 1970 La homofobia persistió en Cuba durante los años 70, especialmente durante el periodo conocido como quinquenio gris. En 1971 el Congreso Nacional de Cultura y Educación decidió que no se debía tolerar más a «homosexuales reconocidos» a pesar de su «mérito artístico» por la influencia que podían tener sobre la juventud cubana. Se declaró la homosexualidad como una desviación incompatible con la Revolución y se adoptaron medidas discriminatorias en contra de la comunidad LGBTI, institucionalizando la homofobia. Artistas, maestros o actores gais y lesbianas perdieron sus trabajos. Se echaron a los homosexuales del Partido Comunista de Cuba. Algunos estudiantes fueron expulsados de la universidad. Se prohibió que los gais tuviesen contacto con niños y jóvenes o que pudieran representar al país. Pero en 1975 el Tribunal Supremo Popular anuló las leyes que ordenaban excluir a los homosexuales de los empleos vinculados con la educación y la cultura. Al año siguiente se eligió a Armando Hart como ministro de cultura, resultando en unas políticas culturales más liberales. Incluso se creó una comisión para la investigación de la homosexualidad que culminó con la despenalización de las relaciones entre personas del mismo sexo en 1979.

Liberalización gradual en los años 1980

Muchas personas LGTB cubanas fueron expulsadas de la universidad y de sus centros de trabajo, y durante el éxodo del Mariel de 1980 muchos se exiliaron del país y otros fueron expulsados por el gobierno como una manera de «depurar la sociedad socialista cubana». A algunos homosexuales se les dio el ultimátum de salir del país o ser encarcelados, aunque Fidel Castro negó públicamente que se estuviera forzando la salida del país a nadie.

En 1981 el Ministerio de Cultura permitió la publicación del libro En defensa del Amor del doctor Sigfried Schnabl, donde se declara que la homosexualidad no es una enfermedad sino una variante de la sexualidad humana. El ministerio sostuvo que la intolerancia homofóbica fue una actitud inaceptable heredada por la Revolución y que había que oponerse a todas las sanciones contra los homosexuales.

En 1986 la Comisión Nacional de Educación Sexual opinó públicamente que la homosexualidad era una orientación sexual y que la homofobia debe ser contrarrestada por la educación. Según algunos, desde ese momento la homosexualidad dejó de ser una cuestión política para el Estado. En 1988 el gobierno derogó la Ley de ostentación pública de 1938 y la policía recibió órdenes de no acosar a las personas LGBTI.

Hacia finales de la década, la literatura con temática homosexual mostró un resurgimiento, aunque escaso y sin alcanzar los niveles de antes de 1959.

Liberalización desde los años 1990 a los 2000 En 1992, en una entrevista con el nicaragüense Tomás Borge, Fidel Castro admitió que nunca había apoyado políticas en contra de los homosexuales ya que consideraba la homosexualidad como una tendencia natural del ser humano que hay que respetar. Además, desde 1993, las personas LGBTI pueden servir abiertamente en el ejército, aunque persisten ciertas actitudes discriminatorias dentro del mismo.

En 1994 se estrenó el largometraje Fresa y chocolate dirigido por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío y protagonizado por un personaje gay. La película critica las estrechas y doctrinarias vías de pensamiento en la Cuba de finales de los años 1970, discutiendo sobre los prejuicios contra la comunidad gay y el trato injusto que reciben. La película provocó una gran cantidad de comentarios y un acalorado debate público.

Sin embargo, a pesar de una mayor apertura, las hostilidades hacia la comunidad LGBTI por parte de la policía continuaron durante esta época.

En 2004 la telenovela cubana El balcón de los helechos incluyó una pareja de lesbianas en su trama, aunque no de manera explícita.