miniatura|250px|Galacho de Juslibol inundado en una crecida del Ebro.
El Galacho de Juslibol es un espacio natural situado sobre un acuífero del río Ebro, a dos kilómetros del barrio rural de Juslibol, en el término municipal de Zaragoza (España). Se sitúa en el margen izquierdo de dicho río, cuatro kilómetros aguas arriba de la capital aragonesa. Es reconocido como un lugar de Interés geológico y Humedal Singular de Aragón.
El núcleo del espacio es el bosque en galería del galacho o meandro abandonado del Ebro, formado el 2 de enero de 1961 producto de la mayor avenida del Ebro en el ( de caudal, unas 16 veces el valor medio). Fue el último galacho del Ebro en formarse. Es conocido popularmente como "los galachos".
Situación geográfica thumb|Tramo del río Ebro en el parque natural. El galacho se encuentra entre el actual curso del Ebro y el escarpe de yesos, en la denominada llanura de inundación de cauce divagante.
Por el noreste linda con el campo de maniobras de San Gregorio, perteneciente al Ejército de Tierra de España y a la Academia General Militar.https://www.rtve.es/alacarta/videos/1914/173316-webnodo/1540367/http://www.youtube.com/watch?v=ILWy590yp64&feature=share Por el suroeste linda con los terrenos de acceso restringido del Cuartel del Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros n.º 12 situado en Monzalbarba. Ambas áreas militares son zonas vedadas al pastoreo y a los cultivos, en estado natural desde hace bastantes décadas, y habitualmente sin transeúntes que perturben a la fauna. Esto ha permitido que una fauna y flora, más rica que la encontrada en las zonas cultivadas limítrofes, se extienda al parque natural del galacho. Al sur están los cultivos agrícolas del barrio rural de Juslibol, y al norte comunica con los cultivos del barrio rural de Alfocea y el Castillo de Miranda. Desde allí, a través de barrancos y los montes de El Castellar, comunica prácticamente hasta Navarra y La Rioja.
El Ebro transcurre con la orilla derecha al suroeste y la orilla izquierda al noreste. Al sur del río se extiende a lo lejos la cordillera Ibérica, de la que es más visible el Moncayo. El noreste es una zona esteparia en la que desaguan numerosos torrentes tras las lluvias tormentosas. En las aledañas tierras altas crecen pinos, y hay matorrales de enebros, sabinas, coscoja, boj, olivos, almendros y jaras.
El territorio se organiza ligeramente basculado en dirección suroeste. Las altas temperaturas, la escasez y el marcado carácter estacional de las lluvias, más frecuentes en otoño e invierno, hacen que no existan manantiales o arroyos permanentes durante todo del año. Las cuencas fluviales son torrentes tributarios del Ebro y se corresponden con las conocidas como subtropicales mediterráneas. Estas son caracterizadas por cursos cortos y de pendiente considerable, cuyo cauce permanece seco durante varios años, con la excepción del arroyo del barranco de Miranda.
El rasgo más relevante son las bajas precipitaciones (entre 300 y 400 mm/anuales), que además se reparten de forma escasa e irregular, lo que lleva a esta zona a ser la segunda más árida de la península ibérica y de Europa, tras el sureste español. El clima es de carácter Mediterráneo continental. El mes más frío es enero, seguido por diciembre y febrero, y el más caluroso es julio, seguido de agosto. La diferencia de temperaturas entre verano e invierno es extrema, acentuada por la insolación y el viento. La topografía y la masa forestal constituyen los factores modificadores del tipo de clima dominante. Las laderas y el piedemonte del escarpe alcanzan durante el día altas temperaturas y concentraciones de calor en comparación con zonas limítrofes, lo que proporciona condiciones propicias para especies heliófilas y de origen africano. En verano las elevadas temperaturas contrastan con las umbrías del bosque de ribera mucho más frías y húmedas. Es el acuífero fluvial el que crea unas condiciones ecológicas que no se corresponden con las climáticas, permitiendo que especies de clima oceánico estén presentes en un área mediterránea.
Características generales thumb|Laguna del Cortado, antiguo meandro. El área protegida supone unas . Comprende el terreno tanto dentro como fuera del antiguo meandro, así como porciones deslindadas alrededor de él, como el cortado situado junto al meandro y el tramo de monte, entre el cortado y el campo de maniobras del ejército. La zona esteparia protegida ofrece extraordinarias vistas del paisaje.
En 1998, el Ayuntamiento de Zaragoza decidió encargar al Departamento de Geografía y Ordenación Territorial de la Universidad de Zaragoza la elaboración del borrador de un Plan Especial de Protección. Se han construido algunos edificios como el Centro de Interpretación de la Naturaleza, que ofrece visitas guiadas para colegios y actividades de voluntariado para la repoblación de la zona. Así mismo, hay un servicio de mantenimiento y jardinería con sus almacenes y cobertizos, además de varias casetas de madera para la observación de aves.
La evolución natural de un galacho es la colmatación y relleno del mismo por aporte de sedimentos y colonización de la vegetación. En el caso del galacho de Juslibol, sufrió una alteración indebida y el empobrecimiento del hábitat por su aprovechamiento para leña, caza, pesca y pastoreo, el relleno por vertido de residuos y la suelta de especies animales alóctonas, sobre todo peces depredadores.
Antiguamente, los sotos eran más extensos y configuraban una Ripisilva donde era posible encontrar jabalíes, ciervos, zorros y otras especies que son actualmente poco habituales. Los retazos de soto mejor conservados en el galacho de Juslibol son aquellos espacios próximos al río, donde la condición del soto como empalizada protectora y fijador del terreno mediante raíces dificultaron el avance de los cultivos.
En el Valle del Ebro, las roturaciones para establecer tierras de cultivo durante los siglos pasados y el encauzamiento del río para el desarrollo de la agricultura intensiva a mediados del fueron mermando los espacios vírgenes que ocupaban los sotos, extendiendo las áreas de cultivo casi hasta la orilla mismo. La "fiebre" del chopo, cultivo introducido masivamente con criterios productivistas para fabricar pasta de papel, trajo también consigo la retracción de estos espacios de gran valor ecológico.
En las décadas de los años 1940, 1950, 1960 y 1970, los últimos sotos extensos de la provincia de Zaragoza fueron talados y roturados para dar un acceso más fácil a maquinaria agrícola avanzada y más económica por parte de los agricultores. Desde 1967, las obras de canalización de los ríos españoles adquieren un ritmo acelerado. El 98% de los sotos existentes en el tramo ribereño, que va desde el casco urbano de la población de Remolinos a Zaragoza capital, ha desaparecido. La mayor parte del soto remanente es propiedad de la CHE o del Ejército de tierra, y es usado para maniobras. En el área actual ocupada por el parque natural, se encuentran extensos bancos de grava y arena muy poco fértiles y difíciles de roturar, donde no se puede dar una gran producción en las cosechas por la pobreza del terreno. Esta escasa fertilidad hizo que se usasen como prados para el pastoreo de ganado lanar, impidiendo el crecimiento de árboles o arbustos.
La zona más fértil del galacho de Juslibol, ocupada por ripario, se salvó de su roturación total al pertenecer a una empresa constituida por el empresario zaragozano C. Lobera, que adquirió las tierras para extraer grava, arenas y otros áridos. La rápida desaparición de los sotos limítrofes y su cercanía al campo de maniobras motivó a los técnicos de medio ambiente de la Diputación General de Aragón y del Ayuntamiento de Zaragoza a querer salvar los últimos restos del ecosistema, que había desaparecido en el Valle del Ebro. La sensibilidad medioambiental del propietario de los terrenos tuvo un papel fundamental, evitando la desaparición de colonias de aves nidificantes como el abejaruco y el avión zapador y la de las puestas de anfibios como el sapo corredor o el sapo común.
thumb|Ruinas del castillo de Miranda (Zaragoza), sobre el Galacho de Juslibol La extracción de miles de metros cúbicos de grava es el origen de las actuales lagunas, que se ampliaron, excavando varios canales para formar isletas donde pueden nidificar las aves y no pueden cruzar tan fácilmente los visitantes. La existencia del azud artificial, hoy día casi invisible al haber quedado cubierto por arbolado, se debe a la necesidad de construir un muro de contención que sirviese para evitar la rápida colmatación del meandro muerto por los derrubios que aporta el arroyo salado, que desemboca a los pies de las ruinas del castillo de Miranda, procedente del "barranco de los Lecheros" situado en el terreno militar.
Posteriormente a la formación del galacho se excavaron grandes cavidades por la extracción de gravas y arena. Dichas cavidades permanecen inundadas, constituyendo varias lagunas de origen antrópico junto a pequeñas charcas estacionales dependientes del nivel freático y una laguna artificial elevada, realizada sobre una lámina plástica impermeable. Tanto el nivel del agua del galacho como el de las lagunas, excepto la antedicha, depende del nivel de agua del Ebro, ya que existe comunicación a través de las gravas de los depósitos aluviales del río.
En épocas de grandes crecidas, el agua del Ebro llega a penetrar directamente en el parque natural del galacho, convirtiéndolo en un único lago unido al río. Este fenómeno de inundación periódica, al ser las tierras más bajas del área respecto al cauce del río y el desaguadero del arroyo salado torrencial, conformaron su uso como balsa de contención de inundaciones y de escaso interés para los agricultores.
El cauce divagante, que constituye los terrenos donde se asienta el parque natural, se produce entre El Cortijo (Logroño) y la presa de Alforque (La Zaida) a lo largo de 346,5 km, en el que predomina el trazado Meandro del Ebro medio que discurre por la depresión del Ebro. Los cambios climáticos del Cuaternario junto con cambios recientes provocaron variaciones del régimen hidrodinámico del Ebro medio y la migración del cauce del Ebro hacia el norte. Esto se ha traducido en la ausencia de terrazas de nivel, características de la margen derecha del Ebro, y un escarpe muy pronunciado con forma de acantilado en su mayor parte, con un desnivel de 60 a 140 m y pendientes del 50% a verticales en los sectores en los que el Ebro discurría pegado a la pared.
El escarpe tiene un origen sedimentario evaporítico de anhidrita que en la superficie el agua se transforma en yeso. Hay depósitos de sal y otros minerales de origen evaporítico. La dinámica fluvial y el tiempo intervinieron socavando la base del cantil yesoso y transportando sus masas desprendidas, dejando el escarpe desnudo al limpiarlo del material de derrubios. Donde el río se alejó del escarpe, este presenta el cantil parcialmente fosilizado por un talud de detritos, integrado por limos y derrubios desplomados por la gravedad, que resbalan ladera abajo. Este fenómeno no se produjo a lo largo del cauce del arroyo salado, proveniente del barranco de los Lecheros desde su antigua desembocadura al Ebro (al pie de las ruinas del Castillo de Miranda) hasta la población de Alfocea.