La cultura LGBT+ en Argentina comprende las diferentes manifestaciones artísticas y de ocio existentes en el país cuyo enfoque es la diversidad sexual o incluye la participación de personas con sexualidades y géneros no tradicionales.

Archivos thumb|Claudia Pía Baudracco (izquierda) y María Belén Correa (derecha) en 1993. Imagen del Archivo de la Memoria Trans. En 2011 se creó el blog Potencia Tortillera, el primer archivo documental digitalizado de activismos lésbicos. Tras la muerte de la también activista Claudia Pía Baudracco, María Belén Correa creó el Archivo de la Memoria Trans en 2012, que originalmente comenzó como un grupo de Facebook. Es un proyecto colectivo único en el mundo, dedicado a recopilar y recuperar el patrimonio cultural de la comunidad trans argentina. Correa definió el proyecto como: "la reconstrucción de las memorias, experiencias y pasado [de las personas trans], contando con los sobrevivientes que están en el exilio y los pocos que quedan viviendo en Argentina". El archivo comenzó a profesionalizarse luego de la incorporación de la fotógrafa Cecilia Estalles, quien impulsó a Correa a digitalizar las imágenes.

Artes visuales La activista lesbiana Ilse Fuskova incursionó en la fotografía a principios de la década de 1980 bajo la influencia y amistad de los fotógrafos Grete Stern y Horacio Coppola. Su serie fotográfica S/T de 1988, realizada junto a Adriana Carrasco, Vanessa Ragone y Marisa Ramos, trata sobre el deseo lésbico y muestra a una pareja de mujeres pintándose el cuerpo con sangre menstrual. Fuskova y su grupo pretendían acabar con el uso de lesbianas como objetos sexuales para la masturbación masculina.

En 2015 fue presentado el primer número de Balam, revista enfocada en la fotografía literalmente con especial énfasis en artistas queer y su contexto regional.

Cine

En 1946 el célebre bailarín español Miguel de Molina, torturado y expulsado de España por el franquismo, debido a la exhibición pública de su homosexualidad y su adhesión a la causa republicana, le escribió una carta a Eva Perón solicitándole asilo, quien de inmediato le abrió las puertas del país, razón por la cual fue un eterno agradecido al peronismo. De Molina, que había sido expulsado por homosexual de España y por la misma razón censurado en México, filmó en Argentina su película Esta es mi vida (1952). Eva Perón fue también amiga personal de Paco Jamandreu, un conocido diseñador de moda y actor argentino que se declaraba públicamente homosexual, en una época en la que hacerlo era considerado pecado mortal y conllevaba serios riesgos de discriminación y acoso homofóbico. La figura paradigmática de Eva Perón ha sido motivo de fascinación para los artistas LGBT+ argentinos.Melo, 2011, "Homosexualidad y Eva Perón"

A mediados de la década de 1950 se inició la relación sexo-amorosa mantenida en secreto entre los cineastas Fernando Ayala y Héctor Olivera, quienes fundaron en 1956 la productora Aries Cinematográfica Argentina y realizaron gran cantidad de películas con temáticas o escenas LGBT+. Entre ellas se encuentran El jefe (1958), en el que una patota de varones le pinta forzadamente senos a otro hombre, por no tener sus mismos códigos de virilidad; Huis Clos (A puerta cerrada) (1962), que protagoniza una mujer lesbiana cuyo deseo no se detiene ni con la muerte y que por su temática se volvió una película maldita. En 1963 realizan Primero yo, cuyo título alternativo fue Machito, sobre un hijo que desea ser bailarín y debe enfrentar la oposición de su padre, donde retrata la comunidad LGBT+ relacionada con las artes y la danza de Buenos Aires, «sin caricatura, sin burla, por primera vez en el cine argentino».

En 1963, la artista transexual francesa Coccinelle generó revuelo en los medios cuando actuó en Buenos Aires y tuvo un papel secundario en la película Los viciosos de Enrique Carreras.

Las películas de sexploitation realizadas por el director Armando Bó y la actriz Isabel Sarli en las décadas de 1960 y 1970 son celebradas por la comunidad gay por su calidad camp. Su película Fuego de 1969 presenta una de las primeras representaciones del lesbianismo en el cine argentino. Además de ser un icono pop y un símbolo sexual, Sarli es reconocida como un ícono gay. El director estadounidense John Waters se ha declarado un gran admirador de las películas de Sarli, incluidas Fuego y Carne, y las ha citado como una influencia en su trabajo.

En 1975 se realizó la película Mi novia el travesti, dirigida por Enrique Cahen Salaberry y protagonizada por Alberto Olmedo, que sufrió la censura al ser reemplazado el actor trans Jorge Pérez Evelyn por Susana Giménez, modificado el título por Mi novia el..., y eliminando el final LGBT+ original por otro heterosexual, con el argumento oficial de que "en la Argentina no existe el travestismo”. La película formaba parte de un género de la picaresca argentina surgido en esos años y promovido por la pareja romántica-artística de Ayala y Olivera, que incluía gran cantidad de personajes LGBT+, «y si bien se pueden juzgar muchas de ellas con una dimensión ofensiva, hay ciertas desviaciones valiosas».

Luego del largo período de dictaduras y a partir del inicio de consolidación de la democracia en diciembre de 1983, las comunidades LGBT+ se organizaron y salieron abiertamente a reclamar sus derechos. Dos películas de amplia difusión expresaron el amor gay desde un punto de vista LGBT+, por primera vez en el cine argentino: Adiós Roberto (1985) de Enrique Dawi y Otra historia de amor (1986), de Américo Ortiz de Zárate.

En 1991, Fernando Ayala estrenó su última película Dios los cría, considerada como «una suerte de testamento queer», cuyo protagonista es un hombre homosexual que frecuenta una disco LGBT+. Hasta entonces el cine argentino solo había mostrado personas homosexuales sin vida social, pero en esta obra Ayala y Olivera «crearon un sentido de comunidad LGBTIQ como nunca antes se había visto».

En 2005 se lanzó la película Un año sin amor, sobre la novela del mismo nombre de Pablo Pérez, primera novela y película sobre la sexualidad BDSM en la Argentina, abordada desde la experiencia homosexual, así como sobre la problemática del SIDA, con dirección de Anahí Berneri y protagonizada por Juan Minujín.

Literatura

miniatura|derecha|Retrato de Esteban Echeverría, autor de «El matadero» (1838) Uno de los textos fundacionales de la literatura argentina, el relato «El matadero» (1838), fue también la primera obra literaria argentina en que se referencia un acto homosexual. En el cuento, Esteban Echeverría muestra a los partidarios federales como hombres sumidos en la barbarie y la violencia que capturan a un joven apuesto perteneciente al Partido Unitario, lo amarran y se preparan a violarlo. Sin embargo, el joven unitario prefiere degollarse antes que permitir la transgresión a la hombría que habría significado el ser violado. Otra obra fundacional con referencias a la diversidad sexual es La novia del hereje o La inquisición de Lima (1846), novela de Vicente Fidel López donde describe el mundo de los «maricones», hombres afeminados y coquetos que se desempeñaban como ayudantes de las mujeres de la alta sociedad y que son descritos de la siguiente manera:

Las últimas décadas del vieron la aparición de una ola de novelas naturalistas que posicionaban la idea de que la depravación y la criminalidad estaban intrínsecamente relacionadas con las clases sociales bajas. Uno de los autores que abordó el tema fue Eugenio Cambaceres, entre cuyas obras destaca la novela En la sangre (1987), donde narra la vida de Genaro Piazza, un inmigrante italiano que de niño frecuentaba el Paseo de Julio para jugar con otros niños «a los hombres y las mujeres», juego en que los muchachos grandes tomaban el papel de hombres y los pequeños el de mujeres, para luego revolcarse el suelo siguiendo el «ejemplo de sus padres».

En 1914 se estrenó la primera obra cuya temática central fue la homosexualidad, Los invertidos, del autor anarquista José González Castillo, en la que considera a la homosexualidad como una aberración "burguesa" y propone el suicidio como la mejor manera de librarse de los homosexuales.

miniatura|izquierda|Salvadora Medina en 1915. De la primera mitad del también se pueden mencionar a autores como la escritora bisexual Salvadora Medina Onrubia, quien en 1926 publicó el relato «El quinto», donde la autora describe con detalle el deseo sensual de la protagonista por otra mujer; o el escritor polaco radicado en Buenos Aires Witold Gombrowicz, quien en su novela Trans-Atlántico introduce al personaje de Gonzalo Andes, alias "el Puto", que quiere seducir a un joven militar de clase alta, ante la desesperación del Padre, símbolo ridiculizado del patriotismo y machismo.

En 1949 Jorge Luis Borges publicó "El muerto", un relato sobre dos hombres que comparten sexualmente a una mujer, en el que la crítica literaria ha señalado el desborde de la heterosexualidad tradicional, para ingresar en el campo de las relaciones homosexuales, pese al "código machista" aparente con el que está recubierto. Herbert Brant ha encontrado en otros cuentos de Borges, como "La forma de la espada" (1942) y "La intrusa" (1970), la presencia de una literatura homoerótica encubierta y culposa.

En 1956, los escritores Abelardo Arias y Renato Pellegrini, fundaron Ediciones Tirso, con el fin de traducir y publicación novelas europeas y norteamericanas de contenido explícitamente homoerótico. La editorial tuvo problemas con la censura estatal y el escritor Héctor Murena llegó a denunciarla en 1959, desde la célebre Revista Sur, por ser una “editorial especializada en sodomía” que era parte de un proceso mayor de “homosexualización de la sociedad” que, según él, afectaba a la cultura occidental. Describiendo la situación en Argentina, Murena sostenía en aquel entonces que aunque “...en el plano mental se continúa rechazando la homosexualidad, en el profundo nivel instintivo se la acepta, se la celebra incluso”. En 1957, esa editorial publicó la primera novela de Renato Pellegrini, Siranger, relato autobiográfico sobre las persecuciones y discriminaciones que sufrió en su adolescencia, como homosexual y migrante interno, donde por vez primera en la literatura argentina se trata centralmente el tema de la homosexualidad de manera franca, aunque aún con un tono de culpa.

miniatura|derecha|Carlos Correas en 1959.

El cambio de paradigma en cuanto a la representación de la homosexualidad en la literatura inició en 1959 con la publicación del relato «La narración de la historia», de Carlos Correas, primera obra argentina en que la homosexualidad se mostró de forma natural y no como algo pernicioso. En el cuento, un muchacho homosexual universitario llamado Ernesto tiene un encuentro sexual con un joven proletario al que conoce en la estación de trenes de Constitución. La publicación del cuento produjo escándalo y llevó a un proceso judicial en su contra por inmoralidad y pornografía. También en 1959, la escritora Silvina Ocampo publicó el cuento «Carta perdida en un cajón», como parte del libro La furia, que narra la pasión de la protagonista por una mujer llamada Alba Cristián.

Otro hito en la literatura LGBT argentina tuvo lugar en 1964, cuando Ediciones Tirso publicó la obra Asfalto del escritor Renato Pellegrini, considerada la primera novela LGBT argentina. La trama de esta obra sigue la historia de un joven homosexual de 17 años que se muda a Buenos Aires y que poco a poco descubre la subcultura gay de la ciudad. Debido a la temática de la novela, Pellegrini fue condenado a cuatro meses de prisión por el delito de obscenidad. Recién en 2004 la novela fue reeditada. Destacando la importancia de Asfalto, el crítico estadounidense Herbert Brant sostiene que: