thumb|300px|Polución atmosférica visible en Madrid. Los principales problemas ambientales de España incluyen la escasez de agua ante el aumento de su consumo, los incendios y la deforestación, la extinción de especies endémicas —como el lince ibérico o la foca monje del Mediterráneo—, la contaminación y las emisiones de dióxido de carbono, la gestión del material residual y el cambio climático, que afecta, entre otros ámbitos, a la erosión de las costas y a la desertificación. Ante estas cuestiones la administración nacional ha propuesto diferentes iniciativas para disminuir los mayores agentes contaminantes, con el cierre gradual de las centrales eléctricas de carbón, los incentivos al transporte público, las energías renovables y los vehículos eléctricos.
España es considerado el país más árido de Europa, con una distribución generalmente escasa e irregular de las precipitaciones y una menor cobertura vegetal en comparación con otras naciones del continente. Además de estos factores naturales, la acción humana aumenta los problemas relacionados con la falta de recursos hídricos o la deforestación debido a la extensión del suelo agrícola y el uso de plaguicidas —presentes en todas las cuencas fluviales—, la construcción de carreteras e infraestructuras o los incendios forestales. Los territorios más expuestos al riesgo de desertificación son zonas de la costa Mediterránea, áreas del interior y las islas Canarias, a causa de la agricultura intensiva, la tala o el abandono de tierras.
La degradación de los entornos naturales por acción del ser humano, la intrusión de especies invasoras y la caza ilegal han provocado la amenaza de extinción a variados organismos de la región, entre ellos el oso pardo presente en la cordillera Cantábrica y Pirineos, la endémica rana pirenaica o aves como el quebrantahuesos. El Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras se encarga de regular la flora y fauna consideradas un agente de cambio perjudicial para los ecosistemas nacionales. Su introducción puede ser accidental, a razón del transporte o del comercio, o bien de forma intencionada al ser adquiridas como mascotas o para su uso recreativo en caza, pesca y jardinería.
En cuanto a contaminación, el país presenta problemas con la cantidad de nitratos y otras sustancias perjudiciales para la salud en las aguas subterráneas como consecuencia de los vertidos urbanos, además de cuestiones como la presencia de gases de efecto invernadero en la atmósfera, aerosoles e hidrocarburos. De manera similar, el aumento de residuos y las actividades industriales derivan en la contaminación del suelo, que cuenta con elementos dañinos como metales pesados y aceites minerales.
Contaminación Residuos sólidos urbanos
Entre los residuos sólidos urbanos de España se encuentran diferentes tipos de materiales clasificados según la legislación: vidrio, papel y cartón, residuos orgánicos, plástico, textiles, madera, metales y escombros. De entre los citados, en el país los más abundantes constituyen la materia orgánica, con un 60% del total, seguidos del papel y cartón —que alcanza un 13%— y plásticos —10%—. Por su toxicidad, se consideran residuos peligrosos los aceites minerales, las baterías y desechos electrónicos, los electrodomésticos, los medicamentos y otros productos químicos, las pilas y las bombillas de bajo consumo. Entre 1994 y 2004 la producción nacional de residuos urbanos por persona vio un incremento del 42%, con un aumento de 363kg anuales a 502kg. En 2019 los datos señalaron una generación de 483.7kg de desechos por habitante anuales, a la par que las empresas gestoras registraron 22.8 toneladas recogidas a nivel territorial. Estadísticas del mismo año arrojaron que un 51.05% del total de residuos son destinados al vertido.
thumb|240px|Vista del vertedero de Valdemingómez. De acuerdo con el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, España contaba en 2018 con 182 vertederos de residuos municipales. La mayoría se concentran en la zona septentrional del país, en comunidades autónomas como Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña, con una treintena de plantas en cada una. Otras regiones como Castilla y León, la Comunidad Valenciana y Andalucía presentan una veintena de instalaciones de este tipo. Por otra parte, los datos de la Comisión Europea contabilizaron un total de 1513 basureros ilegales. De este modo, España es el país de la Unión Europea con mayor cantidad de vertidos de residuos con un total de doce millones de toneladas durante 2017. Dentro de los vertederos, los desechos orgánicos son los que suponen un mayor riesgo ambiental, ya que al descomponerse liberan metano y otros gases que contribuyen al efecto invernadero. Además, el arrastre a causa de la lluvia de sustancias producidas en estos espacios contaminan las aguas subterráneas y los terrenos circundantes. Del mismo modo, se ha observado que alteran el proceso de migración de las aves, que en lugar de trasladarse al sur optan por permanecer en los vertederos, donde cuentan con multitud de recursos. Esto provoca que los animales puedan ingerir otros materiales como plásticos, gomas o alimentos en mal estado. Mientras que en basureros del litoral se concentran las gaviotas, en el centro del país se pueden encontrar cigüeñas blancas, como es el caso del vertedero de Valdemingómez en la Comunidad de Madrid —donde se han llegado a observar setecientos ejemplares de forma simultánea—.
Polución atmosférica Durante 2019, las emisiones brutas de dióxido de carbono alcanzaron 313.5 millones de toneladas, lo que supuso un descenso del 6.2% respecto al año anterior. El mayor causante de la emisión de gases de efecto invernadero es el sector del transporte, con un 29% del total en 2019; más del 95% representa el transporte por carretera. Fue seguido por la industria (20.6%), la generación de electricidad (13.5%), la agricultura y ganadería (12.5%), los sectores residencial, comercial e institucional (8.8%) y los residuos (4.3%). Los gases contaminantes más comunes son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso. En 2020 los datos mostraron que Madrid superaba los niveles máximos de dióxido de nitrógeno, gas relacionado con el tráfico. En cuanto al material particulado, su presencia destaca en zonas industriales y portuarias, y abunda en regiones como Asturias, Cataluña, Murcia o las Islas Canarias. Respecto al dióxido de azufre, su cantidad se vio reducida debido al cierre progresivo de centrales eléctricas de carbón.
La polución y mala calidad del aire causan alrededor de 30000 fallecimientos en España según datos de 2020. Pese a que en la década de 2010 el uso de los combustibles fósiles se redujo en un 13% y el consumo de electricidad un 5%, estos cambios se deben «más a razones coyunturales, como la crisis económica y la pandemia, que a medidas planificadas». Otra problema ambiental de la contaminación atmosférica recae en la vegetación y los ecosistemas, de los cuales 210500km² del territorio nacional —el 41.6%— se ven expuestos. La lluvia ácida y la deposición de contaminantes en ríos y mares son las principales consecuencias.
Contaminación del agua thumb|left|Voluntarios limpiando la costa gallega de chapapote en 2004 tras el desastre del Prestige. Las aguas subterráneas del país se ven contaminadas principalmente a causa de los vertidos urbanos, la actividad industrial, los fertilizantes del suelo procedentes de la agricultura intensiva y las deyecciones del ganado. Estos procesos repercuten en la presencia de nitrato en el agua, que puede ocasionar problemas de salud en cantidades elevadas, mientras que las redes de saneamiento provocan la contaminación por amonio. Respecto a los ríos, el 60% cuentan con baja calidad, en gran parte debido a abonos que desembocan por escorrentía y químicos vertidos por la industria. Se considera que el río Júcar, en la Comunidad Valenciana es el más contaminado de España por su cantidad de plaguicidas tóxicos y de deposiciones de aguas fecales. Otros caso es el del río Miño, en Galicia, afectado en mayor medida por pesticidas, detritus y vertidos industriales. Situación similar ocurre en el Mar Menor, donde en 2021 fueron halladas cuatro toneladas de peces y crustáceos muertos a causa de anoxia por contaminación proveniente de la agricultura.
La explotación del agua en exceso disminuye su calidad y disponibilidad; en el caso de los depósitos subterráneos, su extracción por sobre su capacidad de recarga disminuye los niveles freáticos, lo que a su vez aumenta su salinización en las zonas costeras, empeora sus recursos y deteriora ecosistemas como los humedales. Las cuencas hidrográficas más sobreexplotadas se ubican en el tercio meridional de la península y en los archipiélagos canario y balear, lugares con menor presencia de precipitaciones y depósitos hídricos.
Contaminación del suelo La degradación del suelo es causada en gran parte por la actividad industrial, ya sea por los residuos o deposiciones accidentales, que genera metales pesados —que no se degradan y persisten en la tierra—, hidrocarburos y aceites minerales. Los factores principales que amenazan los ecosistemas son la erosión, la salinización, le pérdida de biodiversidad y la contaminación. En España, las distintas comunidades autónomas son las encargadas de determinar y declarar los suelos afectados debido a la presencia de sustancias químicas perjudiciales de origen humano. Para determinar la contaminación de un terreno se tiene en cuenta la concentración de sustancias dañinas, la exposición a estas por diferentes vías y su toxicidad. Este tipo de zonas predominan en áreas industriales y mineras, como País Vasco, Asturias, la Comunidad de Madrid, las rías gallegas y áreas levantinas. En cadenas montañosas y regiones como Aragón, Castilla y León y Baleares muestran, en cambio, niveles más bajos de forma general.
Aumento del consumo energético
Respecto al consumo energético de los hogares españoles, desde la década de 1990 y hasta principios de la siguiente este evolucionó por encima del crecimiento de la población, a una tasa que alcanzó a ser tres veces superior; la causa de este incremento se debe principalmente al aumento del equipamiento doméstico. De este modo, el consumo de 129219 gigavatios hora en el año 1990 subió hasta los 241631GWh en 2005. El período de más gasto fue 2008, con 281051GWh, a la par que fue el año que registró mayor producción eléctrica, que alcanzó los 295894GWh. En 2017, el 36.3% de la generación provino de las fuentes de energía renovables, lo que supuso un crecimiento en comparación con el 23.7% producido en 2008. Las regiones que más energía consumieron en 2019 fueron Cataluña, Andalucía y la Comunidad de Madrid, con un 18, 15 y 11% respectivamente. Las dos áreas que más generaron también fueron Cataluña y Andalucía —17 y 15%—, seguidas de Castilla y León con un 10%, territorio que es a su vez el mayor productor de energía eólica y que cubre el 80% de su demanda con esta.
Pese al aumento de la demanda, la generación eléctrica española desembocó en 35.96 millones de toneladas de emisiones en 2021, dato ligeramente inferior a las 36.13 del año anterior. Entre 2017 y 2021, la producción de dióxido de carbono por parte del sistema eléctrico descendió en un 52%. El aumento del uso de la energía eólica —que produjo 60480GWh— y solar —que pasó de los 9252GWh de 2019 a los 20890 en 2021— son los principales factores que influenciaron la reducción de emisiones.
Desertificación thumb|left|Paisaje desértico en la isla de Tenerife.