La Edad de Plata es un período de la cultura española que coincide con el desarrollo tecnológico, industrial y educativo de finales del y primer tercio del y que se caracteriza por una riqueza y diversidad de manifestaciones artísticas y culturales que siguen las tendencias de la modernidad europea, teniendo en cuenta también las peculiaridades propias del legado autóctono.
Historia miniaturadeimagen|Ramón María del Valle-Inclán En la pasada década de los cuarenta, Ernesto Giménez Caballero, dentro de los tomos V y VI de su Lengua y Literatura de España (1946-1949) propone el término de «Edad de Plata» como semejanza a la Edad de Oro, en claro paralelismo pero, a la vez, estableciendo una comparación en grado de inferioridad –en su concepción imperialista de la Historia– para abarcar el periodo de la cultura española posterior a los siglos y . Otros muchos estudiosos han venido reclamando este término para hablar de un moderno periodo histórico, rico y diverso en manifestaciones literarias. Así, en 1963, José María Jover Zamora, junto a Antonio Ubieto y Juan Reglá, en su Introducción a la Historia de España incide en este concepto historiográfico –imitación mermada de la época áurea–, para designar una época histórica, cultural y artística de España situando su inicio a partir de la Restauración de 1875 hasta llegar a la Guerra Civil de 1936. Después vendrán Miguel Martínez Cuadrado que fija, con mayor amplitud, el comienzo de la Edad de Plata en la Revolución de 1868; José Carlos Mainer, quien popularizará el término englobando su estudio entre 1902, fecha de aparición de las cuatro grandes novelas que marcarían el comienzo de una nueva narrativa en España (La voluntad de Azorín; Camino de perfección de Pío Baroja; Amor y pedagogía de Unamuno y Sonata de otoño de Valle-Inclán), hasta los años de la Guerra Civil, que incorporaría en su segunda versión de 1981; y Pedro Laín Entralgo. Durante la etapa democrática, los investigadores españoles se afanaron en ofrecer relecturas plurales de la historia de España, en su sentido más amplio. La necesidad de superar conceptos como el de generación literaria, la dicotomía establecida entre modernistas y noventayochistas así como seguir la senda de los llamados estudios culturales llevó a los historiadores de la literatura a adoptar una terminología que inaugurara el diálogo entre lo español y lo internacional (Belle Époque, Fin de Siècle, Avant-garde, Modernismo)
La Edad de Plata Los autores pertenecientes a La Edad de Plata son aquellos que tradicionalmente han formado parte de la generación del 98, del 14 y del 27. Sin olvidar que existen muchos otros a los que se clasifica en los márgenes del canon. Asimismo, la nómina se ha enriquecido y diversificado gracias a la visibilidad de las mujeres escritoras. izquierda|miniaturadeimagen|Placa conmemorativa en la Calle Lope de Vega de Madrid La historia de la literatura española de finales del y primer tercio del se ha venido enseñando teniendo en cuenta la evolución vital y estética de tres generaciones literarias: la generación del 98, la generación del 14 y la generación del 27 destacando en ellas grandes autores como Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Ramón del Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez, Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró, José Ortega y Gasset, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y tantos otros hoy bien conocidos y reconocidos internacionalmente. En la actualidad hay proyectos académicos y culturales que superan el concepto de generación literaria y trabajan con contenidos teniendo en cuenta otras aportaciones. El proyecto transmedia de Las Sinsombrero ha gozado de éxito mediático y ha sacado a la luz la labor intelectual llevada a cabo por mujeres (Maruja Mallo, Rosario de Velasco, Marga Gil Roësset, María Zambrano, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín, Concha Méndez, Margarita Manso, Delhy Tejero, Ángeles Santos, Concha de Albornoz y Luisa Carnés). Desde los años ochenta del pasado siglo, y por parte de algunos docentes, se está enfocando la producción artística de esta época desde aproximaciones más dinámicas e inclusivas, intentando superar categorías biológicas o apelativos coloquiales.
Los estudios culturales y el acceso a nuevas fuentes gracias a la digitalización masiva de documentos han permitido abrir el canon a la lectura de textos que enriquecen el conocimiento de la Edad de Plata con una gran diversidad de autores y creadores. Los llamados estudios culturales pusieron de moda el concepto de ‘margen’ para configurar su marco teórico. El paradigma de estos estudios incluyó en la Modernidad el análisis de un amplio y complejo entramado de manifestaciones artísticas, que tienen en cuenta el género y la sexualidad, el nacionalismo y la identidad nacional, el colonialismo y el postcolonialismo, la raza y la etnia, la cultura popular y sus audiencias, la ciencia y la ecología, la identidad política, la pedagogía, la política de los estudios estéticos, las instituciones culturales, el discurso y la textualidad, la instrucción y la educación, historia y su cultura. Esos márgenes sujetan los hilos que tensan la urdimbre de la Modernidad.
La otra Edad de Plata Ángela Ena Bordonada alude a La otra Edad de Plata literaria, es decir, aquella que ha quedado olvidada, oscurecida por la brillantez de los grandes nombres y movimientos del periodo, otorgando carta de naturaleza a este término o concepto de «otredad» que, partiendo de la refundación historiográfica iniciada en 1971 por Federico Sainz de Robles, al hablar de raros y olvidados, venía a englobar aquella producción literaria de la época «que ha permanecido y permanece entre las sombras», cuya riqueza cultural y literaria debía ser recuperada tras décadas ubicada en los márgenes de un canon muchas veces discriminatorio. En este contexto, el grupo de investigación La Otra Edad de Plata: Historia Cultural y Digital ha creado Mnemosine. Biblioteca Digital de La otra Edad de Plata, que da acceso a textos literarios de numerosos autores, así como datos extensibles sobre los mismos, distribuidos en colecciones literarias para poner en valor la labor desarrollada por estudiosos expertos en la época, teniendo en cuenta aquellas obras, autores y géneros a rescatar y considerar, como la literatura de compromiso, la literatura lésbica, la protociencia-ficción española, la literatura infantil, el exilio, las revistas y colecciones literarias o las mujeres intelectuales. centro|miniaturadeimagen|349x349px|Logo de la Biblioteca digital Mnemosine
La mujer moderna en la Edad de Plata izquierda|miniaturadeimagen|Josefina de la Torre Millares Durante las últimas décadas del y el primer tercio del , se producen importantes cambios en la situación social de las mujeres, que progresivamente van accediendo a la esfera pública y a los tres ejes que la definen: educación, trabajo y participación política. Poco a poco se va, así, abriendo paso un nuevo modelo de identidad femenina, el de la «mujer moderna», que, aunque en convivencia con el tradicional del «ángel del hogar», encarnaba un nuevo ideal, al que se adhirieron numerosas mujeres de la época, entre ellas las escritoras, intelectuales y artistas que, como explica Ángela Ena Bordonada, por encima de divergencias ideológicas «ejercen un didactismo dirigido a la modernización de la mujer española que ellas exponen a través de sus ensayos, artículos periodísticos, conferencias, incluso en sus alocuciones desde los micrófonos de la primitiva radiofonía, y, de modo muy eficaz, en sus ficciones literarias a través de sus personajes femeninos», un aleccionamiento sobre la nueva mujer que conseguirá «inventar a la mujer moderna, como modelo a seguir, antes incluso de que esa mujer existiese en la realidad española, y consigue algo más importante: que la mujer, sus problemas y sus necesidades se hicieran visibles para la sociedad en general y para las propias mujeres que eran sus principales lectoras».
En este contexto de transformaciones son, pues, muchas las autoras que se incorporan a la sociedad literaria del periodo y cuyas trayectorias han empezado a ser visibilizadas y reivindicadas en las últimas décadas. Dentro de este proceso de inserción en el panorama literario fueron fundamentales las relaciones de amistad que las autoras establecieron entre ellas (y también con otras figuras masculinas), lo que permitió no solo el apoyo mutuo, sino el establecimiento de toda una serie de redes profesionales que hizo posible, en última instancia, el acceso al circuito literario. Cabe, en este sentido, destacar el papel que desempeñaron una institución como la Residencia de señoritas y la asociación Lyceum Club Femenino. Entre las narradoras, sobresalen nombres como los de Caterina Albert, Sofía Casanova, Carmen de Burgos, Concha Espina, Margarita Nelken, Magda Donato, Elena Fortún, María Teresa León, Luisa Carnés, Federica Montseny, Rosa Chacel, etc. Fueron también muchas las autoras que accedieron al ámbito teatral y que cultivaron diversos géneros (dramas, tragedias, comedias, sainetes, teatro infantil), con piezas de carácter popular en unos casos y más renovadoras y vanguardistas en otros; entre ellas, podemos mencionar nombres como los de Pilar Millán Astray, Halma Angélico, Elena Arcediano, Mercedes Ballesteros, Teresa Borragán, Matilde Ras, Isabel Oyarzábal, Magda Donato, María Teresa León, Concha Méndez, Pilar de Valderrama, etc. También las escritoras del periodo publicaron un número significativo de poemarios, adhiriéndose a las principales tendencias poéticas identificables en la evolución del género en la época, desde la influencia modernista inicial hasta el vanguardismo y la poesía social, pasando por la lírica popular. Entre estas autoras, sobresalen figuras como Sofía Casanova, María Cegarra Salcedo, Carmen Conde, Concha Méndez, Ernestina de Champourcin, Rosa Chacel, Margarita Ferreras, Ana María Martínez Sagi, Elisabeth Mulder, Marina Romero, Josefina Romo Arregui, Lucía Sánchez Saornil, Josefina de la Torre, Pilar de Valderrama, etc.
Periodismo y literatura Los años finales del y el primer tercio del han sido considerados de forma casi unánime, no ya como una Edad de Plata, sino como una época dorada dentro del periodismo literario español. En palabras del académico Luis María Anson, «además de ciencia, el periodismo es un arte, un género de la Literatura […] En el XX, el género literario por excelencia ha sido el periodismo». Desde el Desastre del 98, surgirá en España la figura del intelectual con participación en la vida pública; y periódicos y revistas se erigen en plataformas desde las que los escritores dan a conocer sus creaciones e ideas con una proyección mucho más amplia que con otros soportes como el libro. Se multiplican entonces las cabeceras (se pasa de 1.300 a 2.000 títulos entre 1900 y 1914). Esto guarda relación con lo que expone José-Carlos Mainer, cuando afirma que la prensa fue «a la vez, el termómetro y el impulso de la vida intelectual en un país de instrucción pública débil y una vieja tradición de cultura oral». izquierda|miniaturadeimagen|376x376px|Cabecera de La Gaceta Literaria