La Semana Santa en Orense es un ciclo de actos conmemorativos de la Pasión de Cristo llevados a cabo en la ciudad de Orense (Galicia, España) desde el Domingo de Pasión hasta el Domingo de Resurrección. Pese a ser la capital gallega que presenta el menor número de procesiones y la Semana Santa que menos fama posee en Galicia, los desfiles tienen un importante arraigo popular y suelen estar muy concurridos.

Historia Los orígenes de la Semana Santa orensana se remontan a la era medieval; fue iniciada por los gremios de artesanos y comerciantes de la ciudad y se potenció en los siglos y gracias a los franciscanos, quienes, llegados en el siglo , propiciaron la creación de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, durante mucho tiempo la más importante, a la que seguirían la Cofradía del Santo Cristo, la Cofradía de la Virgen de los Dolores, la Cofradía de Santa María Madre y la Cofradía del Santo Encuentro, con gran influencia en los siglos , y la primera mitad del . Gran parte de los actos llevados a cabo a día de hoy se han mantenido, en mayor o menor medida, invariables desde la década de 1920, época en la que se realizaban los siguientes oficios, algunos actualmente perdidos:

Domingo de Pasión Este día marca, desde antiguo, el inicio de la Semana Santa. Se procedía a cubrir los altares de los templos y se celebraba la fiesta de San Lázaro, primero en la iglesia dedicada al santo y, tras su desmantelamiento en 1952, en la Iglesia de San Francisco. El día anterior numerosos fieles procedentes del rural acudían por la mañana a besar una diminuta imagen del santo, resguardada por un guardia municipal, quien acto seguido trazaba con la figura una cruz en la espalda del devoto mientras pronunciaba las siguientes palabras: «San Lázaro bendito nos libre de peste y de males extraños». Esa misma tarde la imagen del santo era llevada en procesión a la Iglesia de Santo Domingo, celebrándose por la noche una verbena y regresando la figura del santo a su templo al día siguiente, donde tenía lugar una misa solemne y, por la tarde, la fiesta. Era costumbre que tanto el sábado como el domingo hubiese venta de rosquillas de Ribadavia a lo largo de la calle Santo Domingo.

Domingo de Ramos miniatura|Domingo de Ramos (década de 1920). Este día se procedía a bendecir a las ocho de la mañana las ramas de olivo y las palmas en cada parroquia, celebrándose una procesión en torno a la iglesia del lugar. En la capital solo las portaban los canónigos y estas eran muy simples, siendo la del obispo trenzada y muy ornamentada; los canónigos solían regalar las palmas a sus amistades con el fin de que fuesen dispuestas en los balcones. Al término de la misa, oficiada a las nueve, se daba inicio a la procesión del Domingo de Ramos, cuyo trayecto consistía en dar una vuelta a la catedral, llevando los niños grandes ramos de laurel los cuales hacían chocar entre sí; la procesión discurría concretamente por la calle Juan de Austria y proseguía por la calle de las Tiendas, la plaza San Martín y la plaza del Trigo.Tal y como hizo constar el periódico La Región en su edición del 20 de marzo de 1932, la procesión del Domingo de Ramos de ese año se celebró en las naves de la catedral, hecho motivado por el temor desatado a raíz de la quema de conventos el año anterior. Por la tarde los franciscanos, acompañados por fieles y militares, sacaban en procesión una imagen del Ecce Homo, siendo este el recorrido de mayor afluencia.Las andas del Ecce Homo, realizadas en plata, eran propiedad del ayuntamiento de acuerdo con la edición del 24 de marzo de 1929 del periódico La Zarpa, donde figura que la Venerable Orden Tercera solicitó al concejo tanto las andas como la banda de música municipal. Hasta finales del siglo en dicha procesión tomaban parte varias niñas disfrazadas de ángeles llevando consigo los símbolos de la Pasión (lucían hábito nazareno con cíngulo, cabello suelto y corona de espinas); posteriormente se optó por que participasen jóvenes de más edad, aunque con el tiempo los niños volverían a procesionar representando a varios de los personajes de la Biblia (una niña iba caracterizada como Santa Verónica, mostrando el paño con la Santa Faz sin mover los brazos y en absoluto silencio). De esta última procesión, desaparecida en la década de 1960, dio un detallado testimonio el periódico La Región en su edición del 26 de marzo de 1929:

Miércoles Santo El Miércoles Santo los niños portaban carracas para la escenificación del oficio de tinieblas; aguardaban a que se apagasen las luces y entonces, al dar la señal los canónigos golpeando los sitiales del coro, empezaban a hacer sonar las matracas mientras salían a la calle.

Jueves Santo El Jueves Santo se procedía a consagrar los crismas y los santos óleos, oficiando una misa el obispo en la catedral seguida de una pequeña procesión dentro de la basílica. Otro de los actos llevados a cabo ese día era el lavatorio de pies, el cual se realizaba con doce ancianos o personas pobres a las que se invitaba a participar, si bien en ocasiones eran reemplazados por niños. Al término de los ceremoniales se procedía a realizar un recorrido por los sagrarios de los templos de la ciudad, oficio que solía durar hasta la llegada del Viernes Santo y para el que era obligatorio llevar levita y chistera; la costumbre era que por la tarde acudiesen los artesanos y al anochecer los señores, todos en familia. Pese a que al parecer se tenían que visitar catorce templos a modo de vía crucis, estaba permitido reducir el recorrido a siete (en las aldeas, debido a que lo usual es que haya una sola iglesia, los feligreses entraban y salían de ella catorce veces). Era costumbre que este día se engalanasen los templos con, entre otros, bellas composiciones florales, y que los mismos compitiesen por ser los más ornamentados y los mejor iluminados, acudiendo los fieles a contemplar los adornos tanto el jueves como el viernes (en las décadas de 1940 y 1950 los más destacados solían ser los dispuestos en la Capilla del Santo Cristo y en la capilla del Convento de las Adoratrices). Entre los visitantes se encontraban diversas personalidades tal y como atestigua La Región en su edición del 29 de marzo de 1929: «[…] las autorizades y fuerzas de Cazadores, Carabineros y Guardia Civil. Éstas vestían de gala con pantalón blanco. El ilustrísimo señor Obispo, al que seguían los alumnos del Seminario […]». Por su parte, el obispo intervenía en el lavatorio de pies: «Por la tarde, a las tres, el ilustrísimo y reverendísimo señor Obispo lavó los pies a doce pobres, teniendo lugar tan conmovedora ceremonia en las naves del Rosario de la Santa Iglesia Catedral, con asistencia del Cabildo». Sumado a lo anterior, cabe destacar la participación de las mujeres luciendo mantilla española:

Viernes Santo miniatura|Procesión del Encuentro (c. 1920) El Viernes Santo era el día con más actos. A las cinco de la mañana se daba lectura al sermón de la agonía de Cristo en el huerto de Getsemaní, aunque también se afirma que este sermón era leído por la tarde en la Capilla del Santo Cristo, acto presidido por el obispo con la presencia del cabildo, mientras que por la mañana se leía el sermón de la Pasión para luego proceder a la adoración de la cruz y la procesión del Santísimo dentro de la catedral seguido del rezo de completas, laudes y maitines con el canto a capela de las lamentaciones y el canto gregoriano. Después se celebraba la procesión del Encuentro en la plaza de la Constitución (actual plaza mayor) con las imágenes de Jesús Nazareno (acompañado por dos judíos de rasgos grotescos), la Dolorosa, San Juan y la Verónica, donde a las cinco de la tarde se realizaba el acto del Desenclavo en absoluto silencio por parte de cuatro sacerdotes encargados de bajar una imagen cristífera articulada de la cruz y depositarla en una urna, ceremonia actualmente perdida en la ciudad aunque conservada en zonas como Verín, Celanova o Las Ermitas.En el Desenclavo de 1891 tuvo lugar el crimen de la conocida como «Pobre Asunción», quien murió asesinada por su exnovio de un disparo en uno de los soportales de la plaza. Pese a ser uno de los actos más importantes y emotivos de toda la Semana Santa orensana, con el tiempo el fervor de los fieles empezó a declinar a la par que se solían presentar en la ceremonia individuos en estado de embriaguez, entre ellos incluso los portadores de los pasos, lo que motivó la supresión de este rito.

Supuestamente la ceremonia del Desenclavo se llevó a cabo en la catedral durante la primera mitad del siglo con la imagen articulada del Santo Cristo de Orense, figura realizada en madera y recubierta con lona y pergamino relleno de trapos. En origen emplazado en el brazo norte del crucero, lugar hoy ocupado por el retablo de la Virgen del Pilar y Santiago, tras su traslado a la Capilla del Santo Cristo el 8 de abril de 1573 se alteraron las articulaciones de los hombros y los brazos para fijar la imagen a la cruz de gajos, lo que provocó que las extremidades quedasen con apariencia de estar descoyuntadas. Es a partir de entonces cuando se cree que la talla dejó de utilizarse para la escenificación del Desenclavo, ritual para el que se empezaría a usar una imagen también articulada hoy perdida. A través de los siglos se celebró esta ceremonia en la nave central de la seo, en la Iglesia de Santa María Madre, en la Iglesia de Santo Domingo y en la plaza mayor, donde se procedía a la instalación de un púlpito rodante el cual era conducido desde la catedral hasta la esquina derecha de los soportales del edificio del ayuntamiento, donde el canónigo predicador relataba el episodio bíblico. Poco antes de su desaparición en la década de 1920, el acto volvería a realizarse en la catedral (algún año en la posguerra se celebraría en la Iglesia de Santa Eufemia), siendo costumbre que la urna desfilase precedida por una cruz procesional (hoy perdida), una corona de espinas y unos clavos, mismos artículos empleados en la actualidad junto con un letrero con el monograma INRI. En cuanto a la celebración del ceremonial en la Iglesia de Santo Domingo, cabe destacar el cabildo del 16 de marzo de 1745:

Por su parte, la desaparición de la procesión del Encuentro y el acto del Desenclavo provocó una dura crítica por parte de Xosé Ramón Fernández-Oxea en el periódico El Pueblo Gallego:

miniatura|Desenclavo (década de 1920)