El Imperio bizantino estuvo gobernado por emperadores de la dinastía de los Comnenos durante un período de 104 años, desde 1081 hasta aproximadamente 1185. El período de los Comnenos (a veces escrito como Comneniano) comprende los gobiernos de cinco emperadores: Alejo I, Juan II, Manuel I, Alejo II y Andrónico I. Fue un período de restauración exponencial, aunque finalmente incompleta, de la posición militar, territorial, económica y política del Imperio Bizantino.
Bizancio durante el gobierno de los Comnenos jugó un papel clave en la realización de las Cruzadas en Tierra Santa, mientras que a su vez ejerció una enorme influencia cultural y política en Europa, el Cercano Oriente y los territorios circundantes del mar Mediterráneo. Los emperadores Comneno, en particular Juan y Manuel, ejercieron una gran influencia sobre los estados cruzados de ultramar, mientras que Alejo I, por medio de su pedido de ayuda al papa Urbano II, inició la Primera Cruzada, y más tarde la apoyaría directamente con sus propias tropas.
Además, fue durante el período Comneniano cuando el contacto entre Bizancio y el Occidente cristiano «latino», incluidos los estados cruzados, alcanzó su fase más crucial. Los comerciantes venecianos y otros italianos se asentaron en Constantinopla y en otras ciudades del imperio en grandes cantidades (entre 60 000 y 80 000 'latinos' migraron a Constantinopla), y su presencia junto con los numerosos mercenarios latinos que fueron empleados por Manuel en particular ayudó a difundir la tecnología, el arte, la literatura y la cultura bizantinas por todo el Occidente católico. Sobre todo, el impacto cultural del arte bizantino en Occidente en este período fue enorme y duradera.
Los Comnenos también tuvieron una significativa influencia en la historia de Asia Menor. Al reconquistar gran parte de la región, los Comnenos detuvieron el avance de los turcos en Anatolia por más de dos siglos luego de un incesante avance. En el proceso, sentaron las bases de los estados sucesores bizantinos de Nicea, Epiro y Trebisonda. Mientras tanto, su extenso programa de fortificaciones ha dejado una huella duradera en el territorio de Anatolia, que aún a día de hoy se puede apreciar.C. Foss & D. Winfield, Byzantine fortifications, an introduction
Crisis y fragmentación La era Comneniana nació de un período de grandes dificultades y conflictos para el Imperio Bizantino. Tras un período de relativo éxito y expansión durante la dinastía macedónica (c. 867-1057). El imperio experimentó varias décadas de estancamiento y decadencia, que culminaron en un vasto deterioro en el aspecto militar, territorial, económica y política del Imperio bizantino con la coronación de Alejo I Comneno en 1081.
Los problemas que enfrentaba el imperio fueron causados, en parte, por la creciente influencia y poder de la aristocracia que debilitó la estructura militar del imperio al socavar el sistema de temas por el cual se entrenaban y administraban sus ejércitos. A partir de la muerte del exitoso soldado-emperador Basilio II en 1025, una larga lista de gobernantes débiles habían disuelto gradualmente los grandes ejércitos que habían estado defendiendo las provincias orientales de los ataques; en cambio, se almacenó el ahorrado oro en Constantinopla, aparentemente para contratar mercenarios en caso de que surgieran problemas.Haldon, John, Byzantium at War: AD 600–1453. De hecho, la mayor parte del dinero se otorgó en forma de obsequios a los aliados favoritos del emperador, en extravagantes banquetes para la corte y en lujos para la familia imperial.Norwich, John, A short history of Byzantium
A su vez, se permitió que los restos de las otrora formidables fuerzas armadas decayeran, hasta el punto de que ya no eran capaces de funcionar correctamente como ejército. Hombres mayores con equipamiento en mal estado mezclados con nuevos reclutas que nunca habían asistido a entrenar.Haldon, John, Byzantium at War: AD 600–1453. izquierda|miniaturadeimagen|418x418px|Nicéforo III Botaniates (emperador bizantino 1078-1081). La llegada simultánea de nuevos enemigos (los turcos en el este y los normandos en el oeste) fue otro factor a tomar en cuenta. En 1040, los normandos, originalmente mercenarios errantes procedentes del norte de Europa en busca de botín, comenzaron a atacar las fortalezas bizantinas en el sur de Italia, en el Mezzogiorno. Para hacer frente a ellos, en 1042 se envió a Italia una fuerza mixta de mercenarios y levas al mando del prominente Jorge Maniaces. Maniaces y su ejército llevaron a cabo una campaña extensamente exitosa, pero antes de que pudiera concluir fue llamado a regresar a Constantinopla. Enojado a raíz de una serie de atentados contra su esposa y sus propiedades por parte de uno de sus rivales, sus tropas lo proclamaron emperador y los condujo a través del mar Adriático hacia la victoria contra el ejército lealista. Sin embargo, una herida grave le provocó la muerte poco después. Al ya no haber oposición en los Balcanes, los normandos expulsaron por completo a los bizantinos de Italia en 1071.
A pesar de la gravedad de esta pérdida, fue en Asia Menor donde se produciría el mayor desastre del imperio. Los turcos selyúcidas, aunque preocupados por conseguir la victoria en contra de los fatimíes de Egipto, llevaron a cabo una serie de incursiones militares en Armenia y la Anatolia oriental, los principales lugares de reclutamiento para los ejércitos bizantinos. Con los ejércitos imperiales crónicamente debilitados por la financiación insuficiente y la guerra civil, el emperador Romano IV Diógenes se dio cuenta de que necesitaba tiempo para reestructurar y reequipar a sus fuerzas armadas. En consecuencia, intentó liderar una campaña defensiva en el este hasta que sus fuerzas se recuperaron lo suficiente como para lanzar una contraofensiva a los ataques selyúcidas. Sin embargo, sufrió una derrota sorpresiva a manos de Alp Arslan (Sultán de los turcos selyúcidas) en la batalla de Mancicerta en 1071. Romanos fue capturado y, aunque los términos de paz del sultán fueron bastante indulgentes, la batalla a largo plazo resultó en la pérdida total de la región de Anatolia bizantina.
Tras su liberación, Romano descubrió que sus enemigos habían conspirado contra él para colocar a su propio candidato en el trono durante su ausencia. Después de dos derrotas en la batalla contra los rebeldes, Romano se rindió y fue asesinado de manera brutal mediante tortura. El nuevo gobernante, Miguel Ducas, se negó a cumplir el tratado firmado por Romanos. En respuesta, los turcos comenzaron a trasladarse a Anatolia en 1073; el colapso del antiguo sistema defensivo era total por lo que no encontraron resistencia. Para empeorar la situación de Bizancio, reinó el caos mientras los recursos restantes del imperio se desperdiciaban en una serie de catastróficas guerras civiles. Miles de miembros de tribus turcomanas cruzaron la frontera no vigilada y se trasladaron a Anatolia. Para 1080, el imperio había perdido un área equivalente a 77 700 km² (30 000 millas cuadradas).
Alejo I Comneno miniaturadeimagen|350x350px|El Imperio bizantino durante el reinado de Alejo I Comneno, c. 1081. A pesar del fracaso en Mancicerta, fue posible una recuperación parcial gracias a los esfuerzos de la dinastía Comneniana. Esto a veces se conoce como la restauración Comneno.Haldon, John, The Byzantine Wars. El primer emperador de esta línea real fue Alejo I Comneno (cuya vida y política serían escritas por su hija Ana Comneno en la Alexiada). El largo reinado de Alejo, de casi 37 años, estuvo lleno de conflictos. Cuando accedió al trono en 1081, el Imperio Bizantino estaba sumido en el caos después de un prolongado período de guerra civil resultante de la derrota en Mancicerta.
Apenas al comienzo de su reinado, Alejo tuvo que hacer frente a la gran amenaza de los normandos bajo el mando de Roberto Guiscardo y su hijo Bohemundo de Tarento, quienes tomaron Dirraquio en Albania y Corfú en el Mar Jónico además de sitiar Larisa en Tesalia (véase batalla de Dirraquio). Alejo lideró personalmente sus fuerzas contra los normandos, pero a pesar de sus mejores esfuerzos, su ejército fue casi totalmente destruido. El propio Alejo resultó herido, pero la muerte de Roberto Guiscardo en 1085 le dio respiro a los bizantinos, haciendo que el peligro normando disminuyera con el tiempo.
Sin embargo, los problemas de Alejo apenas comenzaban. En el momento en que el emperador más urgentemente necesitaba fondos e intentaba recaudar la mayor cantidad de ingresos posible, los impuestos y la economía eran desastrosos. La inflación estaba fuera de control, el valor de la moneda había caído en picada, el sistema fiscal era confuso (había seis nomismas diferentes en circulación) y el tesoro imperial estaba vacío. Desesperado, Alejo se vio obligado a financiar su campaña contra los normandos utilizando las riquezas de la Iglesia Ortodoxa, que el Patriarca de Constantinopla había puesto a su disposición.Angold, Michael, The Byzantine Empire 1025–1204. derecha|miniaturadeimagen|250x250px|Este electro histamenon fue acuñado por Alejo durante su guerra contra Roberto Guiscardo. La catastrófica situación financiera del Imperio después de 1071 había provocado una degradación a gran escala de su moneda. En 1087, Alejo tuvo que hacerle frente a una nueva invasión. Esta vez los invasores estaban formados por una horda de 80 000 pechenegos que venían desde el norte del Danubio y se dirigían a Constantinopla. Sin las tropas suficientes para repeler esta nueva amenaza, Alejo utilizó la diplomacia para lograr una victoria que parecía imposible. Después de sobornar a los cumanos, otra tribu bárbara, para que acudieran en su ayuda, avanzó contra los pechenegos, que fueron emboscados y aniquilados en la batalla de Levounion el 28 de abril de 1091.
Una vez lograda por fin la estabilización de la parte occidental, Alejo vio la oportunidad de empezar a resolver sus graves dificultades económicas y el deterioro de las defensas tradicionales del imperio. Para restablecer el ejército, Alejo comenzó a construir una nueva fuerza sobre la base de las concesiones feudales (pronoia) y se preparó para avanzar contra los selyúcidas, que habían conquistado Asia Menor y ahora estaban establecidos en Nicea.Birkenmeier, J, The development of the Komnenian army, 1081–1180
A pesar de sus mejoras, Alejo no tenía suficientes hombres para recuperar los territorios perdidos en Asia Menor. Impresionado por las capacidades de la caballería normanda en Dirraquio, envió embajadores al oeste para pedir refuerzos a Europa. Esta misión logró su cometido: en el Concilio de Piacenza de 1095, el Papa Urbano II quedó perplejo ante el pedido de ayuda de Alejo, que hacia énfasis en el sufrimiento de los cristianos de Oriente e insinuaba una posible unión de las iglesias orientales y occidentales, viendo una oportunidad de revertir la reciente Cisma de Oriente. Al Papa Urbano le preocupaba la creciente inquietud de la nobleza marcial en la Europa occidental, que, ante la ausencia de enemigos importantes, estaba provocando el caos en todo el campo. El llamamiento de Alejo ofrecía un medio no sólo para redirigir la energía de los caballeros en beneficio de la Iglesia, sino también para consolidar la autoridad del Papa sobre toda la cristiandad y traer de nuevo a Oriente a la Santa Sede.Harris, Jonathon, Byzantium and the Crusades
Primera Cruzada derecha|miniaturadeimagen|314x314px|Manuscrito medieval ilustrado que muestra la captura de Jerusalén durante la Primera Cruzada.