El Águila es un municipio y localidad de Colombia, que se encuentra situado en el extremo norte del departamento de Valle del Cauca (Colombia), sobre la cordillera occidental de los Andes.

Generalidades

Fundación: 1905. Erección en municipio: 11 de marzo de 1950. Fundador: Emelecio Duque, Marceliano Echeverri, Natalio y Bernardo Serna, Reinaldo y Ángel Osorio, Asarías y Benjamín García, entre otros. Apelativos: La subidita más alegre del Valle. Otros nombres que ha recibido el municipio: El Alto de El Águila.

Cuenta con recursos hídricos de gran importancia en especial del río Cañaveral y el río Catarina; de aguas subterráneas en las veredas de Cajones y Esparta, y siete micro cuencas: Santa Helena, Cañaveral – Villanueva, San José, Catarina – El Embal, El Águila – Cajones, Quebrada Grande y La Guayacana.

El territorio es montañoso y su relieve corresponde a la cordillera occidental de los Andes, presentando su mayor altura en el cerro de Tatamá con 3950 metros sobre el nivel del mar. Otros accidentes orográficos son las cuchillas Buenos Aires y San Pablo; el cerro Guadualito y los altos El Recreo, La Fiera, La Palma y La Paz.

Sus tierras se distribuyen de la siguiente manera: piso térmico medio 110 km², frío 85 km², y páramo 4 km², regadas por los ríos Cañaveral, Catarina, y otras corrientes menores.

Límites municipales

Vías de comunicación

Terrestre:

Se comunica por carretera con los municipios de Ansermanuevo (Valle del Cauca), La Celia y Balboa de Risaralda, y a San José del Palmar del Chocó, municipio vecino con el cual es limítrofe, se puede ingresar a él en vehículo tomando la vía a Ansemanuevo - El Cairo.

Sus vías internas tienen comunicación con todas sus corregimientos y veredas, sus vías terciarias son destapadas pero en buen estado, en las cuales se utiliza jeep, camperos, taxis y motocicletas.

División Político-Administrativa Además de su Cabecera municipal. El Águila tiene bajo su jurisdicción los siguientes Centros poblados:

Cañaveral - Villanueva El Guayabo La Esparta La María - Quebradagrande La Quiebra de San Pablo San José

Veredas Además, el municipio está compuesto con las siguientes veredas:

Aráñales, La Corea, La Estrella de Aráñales, La Línea, San Martín, La Palma, San Pedro, Santa Marta, Buenos Aires, Cajones, Cañaveral, Catarina, El Cofre, El Embal, El Golfo, Santa Rita, El Naranjo, El Pital, El Río, El Salado, El Zorro, La Albania, La Cedalia, La Estrella de Santa Helena, La Galana, La Guayacana, La Guerra, La Judea Alta, La Judea Baja, La Nube, La Soledad, La Tribuna, Las Travesías, San Jorge, San Luis, Llanogrande, Santa Helena y Santa Isabel.

Historia Antecedentes prehispánicos thumb|280px|right| Vista de El Águila, desde la gruta de la Virgen de la Inmaculada Concepción. El territorio donde hoy se encuentra asentado el municipio de El Águila, estuvo habitado por la cultura Quimbaya, uno de los pueblos indígenas más desarrollados de la familia Caribe.

En los departamentos de la Zona Cafetera, cuyas poblaciones fueron fundadas algunas por los colonizadores antioqueños del (Robón, 1989), pese a la agricultura intensiva y la guaquería, la investigación científica ha hecho aportes al conocimiento del pasado prehispánico, La costumbre de identificar cualquier tipo de vestigios arqueológicos encontrados en los Departamentos de Risaralda, Caldas, Quindío y Norte de Valle del Cauca, con la Cultura Quimbaya, se presenta como una dificultad para reconstruir con objetividad el pasado. Esto es atribuirle a un grupo cultural su persistencia durante muchos siglos, mientras que la realidad histórica muestra cambios sociales y culturales a través del tiempo (Bruhns, 1970, 1990; Plazas y Falchelti, 19R5). Es así como se mezclan evidencias de varios grupos y épocas, dificultando el esclarecimiento de los diferentes procesos en la zona.

Para acercarse al conocimiento de los habitantes del territorio antes de la llegada de los europeos, es necesario hacerlo a través de huellas materiales, tales como piezas completas o fragmentos cerámicos, instrumentos en piedra, enterramientos o modificación de la superficie terrestre para construir viviendas o realizar sus sembrados. Es así como para hablar de esos primeros grupos se necesita hacer mención de las evidencias materiales, para obtener una serie de interpretaciones sobre su cotidianidad y sus posibles actividades sociales y culturales (Renfrew and Bahn, 1991; Langebaek, 1992).

Desde el siglo pasado algunos coleccionistas, como Leocadio María Arango y Luis Arango Cano, se interesaron por identificar los sitios de los cuales procedían las piezas indígenas (Arango, 1924; Osario, 1990; Piazzini, 1993a). Aliado de su curiosidad intelectual e intereses económicos se puede entrever la inquietud por definir algunos lugares específicos de mayor riqueza arqueológica. Esto a su vez permitía reconocer una gran diversidad cultural anterior a la conquista. Arango Cano aportó al conocimiento de las prácticas funerarias de los antiguos habitantes de los Departamentos comprendidos en la Zona Cafetera, pues hizo una completa descripción escrita y gráfica de las tumbas y sus ofrendas, de acuerdo con su experiencia como guaquero y recopilando la de otros compañeros (Arango, 1924; Osorio, 1990).

Son varios los trabajos que describen los grupos indígenas encontrados por los europeos a su llegada; en estos se busca presentar aspectos de su cotidianidad, interpretando escritos de los cronistas y los conquistadores. Estos han sido la base para investigaciones de carácter histórico y la fuente principal para adelantar investigaciones etnohistóricas. La etnohistoria responde a una interpretación antropológica y a una descripción y profundización de las relaciones sociales y tecnas económicas de nuestros antepasados. Se pueden contar, entre otros estudios, el de Edith Jiménez de Muñoz (1946), Inés Lucía Abad Salazar (1955), Juan Friede (1963), Luis Duque Gómez (1970) y Jorge Luis Acevedo y Luis Carlos Cardona (1989).

Los trabajos difieren en alcances y cubrimiento, pero en general, más que presentar un grupo étnico, aportan valiosa información acerca de las relaciones entre varias comunidades en el pasado, lo cual es indispensable para una buena interpretación de los vestigios arqueológicos. De acuerdo con los datos recogidos por Duque (1970) para su publicación de Los Quimbayas, se tiene que hay reseñadas varias crónicas que han permitido reconstruir el pasado de sus antiguos habitantes; se hace mención de los escritos de Pedro Cieza de León, Pedro Sarmiento, Juan Bautista Sardella, Fray Pedro de Aguado, Jorge Robledo, fray Antonio Medrana, Juan de Castellanos, Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés, fray Jerónimo de Escobar, Francisco Guillén Chaparro, fray Pedro Simón, Antonio de Herrera y Lucas Fernández de Piedrahíta. Todos ellos acompañaron a los conquistadores en sus campañas, e incluso algunos de ellos mismos lo fueron. Su capacidad de descripción sobre los paisajes y gentes que iban conociendo, permiten tener importantes testimonios que se constituyen en fuentes invaluables para continuar su estudio con más detenimiento.

Con base en las informaciones escritas por los cronistas, los historiadores y antropólogos han definido dos grupos principales en la región hacia el momento de la conquista española: los Quimbaya y los Anserma. Estos conformaban cacicazgos independientes y mantenían intercambios de varios tipos. El cacicazgo de los Quimbaya se ubicaba predominantemente, en las laderas de la Cordillera Central, mientras que el de los Anserma estaba en la margen oriental de la Cordillera Occidental, por lo tanto separados por el río Cauca (Jiménez, 1946; Salazar, 1955; Friede, 1963; Duque, 1970; Acevedo y Cardona, 1989).

Eran comunes entre ellos varias características culturales, debido a su grado de desarrollo social como cacicazgos; se destaca el que cada provincia estaba controlada por un cacique mayor, que delegaba en caciques menores el mando sobre subdivisiones del territorios, permitiendo una mejor estrategia política, militar y económica. Se diferenciaban en cuanto a su idioma (Friede, 1963). En su trabajo de campo para el Departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia, Jorge LuisAcevedo y Luis Carlos Cardona (1989) realizaron un estudio sobre los datos relativos a los Anserma aportados por cronistas e historiadores, siguiendo como modelo teórico la caracterización de sociedades tribales propuesta por Marshall Sahlins.

Según los datos hallados en las crónicas, los investigadores presentan la posibilidad de ampliar el territorio de los Anserma hasta la parte Sur del Departamento de Antioquia, con los grupos Cartama y Caramanta, sustentado en el uso del mismo idioma (Acevedo y Cardona, 1989). Este planteamiento abre una interesante posibilidad de estudios etnohistóricos y arqueológicos hacia el futuro. De acuerdo con los datos encontrados por Jaime Vásquez, quien escribió la Monografía de Santuario, los cronistas nombran a los Apías como ocupantes de los terrenos de los actuales Municipios de Apía y Santuario; indios guerreros que presentaron bastante oposición a la conquista dirigida por Jorge Robledo, quien pasó por estas tierras en diciembre de 1539. Los jefes de más prestigio en la provincia indígena eran Hombruzca y Ocuzca (Vásquez, 1986: 12-14). Los Apías conformaban un grupo perteneciente al cacicazgo de los Anserma (Cardona y Acevedo, 1989).

Las investigaciones arqueológicas relativas a épocas de pre-conquista y conquista en el Valle del Cauca han sido complementadas con datos de los cronistas. Rodríguez (1992) presenta la transcripción de parte de las crónicas de Jorge Robledo, Pascual de Andagoya y Pedro Cieza de León, relativas a estructura económica, social e ideológica de los grupos indígenas en la cuenca del valle del río Cauca. Específicamente hay referencia a Apías, Chatapas, Andica, Humbría, Ansermas, Quimbayas, Armas, Hebéjico, Ori, Caramanta, Cartama, Pozo, Pícara, Irra, Aburrá, Gorrones y Buriticá (Rodríguez, 1992). Estos datos se constituyen en fuente de primera mano, organizados en tablas para facilitar su consulta. Retomando a los cronistas, el erudito antioqueño Manuel Uribe Ángel, expuso en el sus observaciones sobre diferentes aspectos del Estado de Antioquia, teniendo en cuenta varios tópicos de las actividades indígenas y sus vestigios; entre otros se destaca la recopilación que hizo del trabajo de los guaqueros y la descripción de las distintas tumbas indígenas encontradas por ellos en la región del antiguo Estado de Antioquia (Uribe, 1985; Duque, 1970; Osario, 1990). Trabajos realizados en una dirección etnohistórica pueden complementar los datos obtenidos por la arqueología, los cuales van a permitir una mejor comprensión de los procesos culturales de los antiguos habitantes en la Zona Cafetera, los resultados de estos trabajos vienen enriqueciendo el panorama general de la arqueología regional, hasta hace poco con grandes vacíos.