thumb|250px|Grabado de la fuga de Varennes. La fuga de Varennes (20 y 21 de junio de 1791) fue un episodio importante de la Revolución francesa, durante el cual el rey francés Luis XVI, la reina María Antonieta y su familia inmediata intentaron llegar al bastión realista de Montmédy, desde donde el rey esperaba lanzar una contrarrevolución, y fueron detenidos en ruta en Varennes-en-Argonne.
La salida de la familia real de París había sido un proyecto recurrente desde el 5 de octubre de 1789, cuando se discutió por primera vez en consejo, pero esta vez la situación provocó que el rey Luis XVI autorizase a su séquito y al de María Antonieta de Austria, dirigidos por Hans Axel de Fersen, a presentarle un plan minuciosamente organizado para una fuga del palacio de las Tullerías. El rey ya no tenía libertad de movimientos y, de hecho, tanto él como su familia permanecían encarcelados en París, bajo estrecha vigilancia. La Fayette, como general al mando de la Guardia Nacional, era responsable de proteger al ejecutivo, pero también de vigilar de cerca a la familia real. Como primer oficial en ser informado de la partida, él solo dio inmediatamente la orden de enviar hombres en todas las direcciones posibles, lo que condujo a la captura del rey. La Fayette, pronto seguido por la Asamblea, redactó y defendió una comunicación pública del supuesto secuestro del rey, y no hizo circular la Declaración a todos los franceses redactada por Luis XVI para explicar su salida de París.
El plan de fuga consistía en dirigirse discretamente a la fortaleza de Montmédy, para reunirse con el marqués de Bouillé, general en jefe de las tropas del Mosa, Sarre y Mosela, que había coorganizado el itinerario. Una serie de errores en la aplicación de este plan condujeron al fracaso del intento, lo que favoreció la idea de establecer una república.
El acontecimiento provocó una escisión entre el Club des feuillants, que se oponía al derrocamiento del rey a pesar de su fuga, y los jacobinos republicanos, ahora asociados a Robespierre.
Contexto miniaturadeimagen|250px|Luis XVI y su familia, vestidos de burgueses, detenidos en Varennes. Cuadro de Thomas Falcon Marshall (1854) Privado de gran parte de su autoridad y hecho materialmente prisionero por los eventos iniciales de la revolución de 1789, Luis XVI tuvo que aceptar por muchos meses los decretos de la Asamblea Constituyente, sin poder para rechazarlos o impedir su aplicación efectiva. Pero la Constitución Civil del Clero (por medio de la cual se subordinaba el clero católico francés al Estado) hirió la conciencia y el orgullo de los monarcas, que antaño se jactaban de protectores del catolicismo. Desde el otoño de 1790 algunos aristócratas franceses, en connivencia con diplomáticos foráneos, comenzaron a planear la liberación de la familia real y su fuga al extranjero. El rey Luis, incapaz de un gran esfuerzo de voluntad y reacio a abandonar Francia, fue incitado por la propia reina María Antonieta, quien astutamente percibió la degradación de la autoridad real y la pérdida de las prerrogativas reales que su hijo heredaría.
El rey y la reina fallaron al medir cualitativa y cuantitativamente las causas que provocaron el estallido de la Revolución. Atribuían todos los «infortunios» al trabajo de una facción malévola, y creían que, si ellos podían escapar de París, una exhibición de fuerza de los Borbones hubiera posibilitado la restauración de su supremacía ante el pueblo. La Guardia Nacional de París trataba bien a la familia real y la protegió en muchas ocasiones de multitudes enfurecidas, pero estaban determinados a evitar su fuga. Cuando Luis intentó salir de las Tullerías con dirección a Saint-Cloud para la Pascua de 1791, con el objeto de encontrarse con un sacerdote no juramentado (aquellos que no habían jurado la referida constitución civil), los miembros de la Guardia Nacional no lo permitieron. Mirabeau, quien siempre había sido capaz de disuadir al rey de buscar ayuda externa, había muerto el 2 de abril de 1791.
Plan de la fuga miniaturadeimagen|250px|La fortaleza francesa de Montmédy Los primeros indicios de los preparativos de la fuga datan de septiembre de 1790. Parece que el plan inicial fue presentado por el obispo de Pamiers, Joseph-Mathieu d'Agoult: "Abandonar su prisión en las Tullerías y retirarse a una ciudad fronteriza bajo el mando del marqués de Bouillé". Allí, el rey reuniría tropas "así como a aquellos de sus súbditos que le habían permanecido leales y trataría de hacer regresar al resto de su pueblo que había sido desviado por los facciosos ".André Castelot, Le rendez-vous de Varennes, 1971, librairie académique Perrin, p. 47. Sin embargo, si este plan fracasaba, estaba previsto recurrir a los "aliados", es decir, al emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Leopoldo II de Austria, hermano de María Antonieta.
La fuga fue planeada y organizada por el conde sueco Hans Axel de Fersen, quien se pensaba era amante de la reina, así como los ojos, oídos y boca de Gustavo III de Suecia. Cooperaban también el barón de Breteuil, diplomático, y el militar marqués de Bouillé, apoyado a su vez por el duque de Choiseul, un joven oficial de caballería.
Aunque el plan estuvo bien organizado, se encontró con múltiples dificultades en los días en los que se llevaría a cabo. Originalmente se proyectó que el rey Luis partiría de París en un pequeño carruaje que pasara inadvertido. Sin embargo, Luis XVI creía que él debería viajar en un carruaje hecho para reyes, reclamaba usar una berlina de seis pasajeros adultos, que habría despertado la curiosidad de cualquiera; Breteuil y Bouillé también advertían la dificultad de sacar secretamente a muchas personas de las Tullerías, que -a diferencia del pabellón real de Versalles- era un palacio fuertemente guardado y situado en medio de la urbe parisina, a la vista de cualquier transeúnte, siendo que la salida de un gran carruaje lleno de individuos arriesgaba el secreto del plan. Ante ello, se logró que el rey y la reina aceptaran partir de las Tullerías en un pequeño carro hasta las afueras de París, donde les esperaría la gran berlina que deseaban, aunque esta última tendría aspecto de coche de postas para no llamar la atención.
En segundo lugar, la reina exigió a última hora que partiera con ellos la marquesa de Tourzel, institutriz de los príncipes, pues esta dama en su empleo había jurado nunca separarse de tales niños; para dar lugar a la marquesa de Tourzel, el duque de Choiseul debió dejar atrás al marqués de Agoult, un útil soldado experimentado en transportes.
Para colmo, la reina María Antonieta exigió llevar a su peluquero, Leónard, siendo que otro error de Choiseil fue encargar a este individuo inexperto importantes instrucciones sobre horas y lugares para esperar tropas leales, que les escoltaran durante el trayecto de casi cien kilómetros hasta la fortaleza francesa de Montmédy. Un tercer error fue admitir que los reyes seleccionen como cocheros a tres guardias de corps elegidos por la reina, Malden, Vallory, y Moutier, hombres leales pero sin experiencia alguna en operaciones de secreto militar, sin que Bouillé o Choiseul impidan tal elección, no obstante se dispuso que estos tres "cocheros" utilizaran libreas típicas de correos (para así poder cambiar de caballos más rápido).
Así, al llevar a más personas de las necesarias, y en un carruaje vistoso, la familia real era más difícil de ocultar, pero todos los fugitivos adoptarían falsas identidades en caso necesario, para lo cual el conde Fersen había obtenido del ministro Armand Montmorin los pasaportes para una presunta aristócrata extranjera, la baronesa de Korff. Así, la marquesa de Tourzel iba identificada como baronesa de Korff, el rey Luis como un mayordomo, la reina María Antonieta como la institutriz de sus hijos, los dos hijos de la pareja real iban vestidos de niñas y como hijas de la supuesta "baronesa", y la hermana del rey aparecía como dama asistente.
El plan era que la berlina saliera de París lo más rápido posible, y usar la ruta de Châlons-en-Champagne para llegar a Montmédy. Primero los fugitivos saldrían de París y cambiarían de caballos en el poblado de Bondy, a las afueras de la capital, hasta donde les acompañaría el conde Fersen. Luego llegarían a Somme-Vesle, donde un destacamento de 40 húsares leales, enviado por Choiseul, escoltaría de lejos a la berlina, impidiendo que se acercara algún perseguidor. Luego llegarían a Clermont-en-Argonne, donde un destacamento de dragones de caballería reemplazarían a los húsares como escolta, hasta pasar el pueblo de Varennes y llegar a Dun-sur-Meuse, donde esperaba otro escuadrón de húsares mientras un destacamento de caballería del Regimiento Real Alemán esperaba en Stenay, el último puesto militar antes de llegar a Montmédy, siendo que todos estos movimientos de tropas de protección estaban coordinados por Choiseul y Bouillé, entendiendo que los soldados leales esperarían durante la noche al rey sin moverse de sus puestos.
La fuga
250px|miniaturadeimagen|Declaración autógrafa de Luis XVI al pueblo francés a su salida de París el 20 de junio de 1791 Manteniendo aparentemente una conducta inocua, y confiando a muy pocos sus planes secretos, en la noche del 20 de junio de 1791 la familia real en las Tullerías cumplió el protocolo usual de cena y despedida de sus servidores, para ir a dormir en sus habitaciones a las 23 horas del día 20, conociendo de antemano el paradero y ubicación de los guardias del palacio. A las 00.10 horas del día 21 los reyes y su comitiva abandonaron las Tullerías, no en grupo sino uno por uno, disfrazados. Un pequeño carruaje les esperaba en el bulevar para recogerlos en el camino hacia Châlons y Montmédy.
Luis XVI dejó en su cama la Declaración a todos los franceses, un documento de 16 páginas en el exponía su visión política. Por un lado, Luis XVI acusó a los jacobinos y a su creciente influencia en la sociedad francesa. Por otro, explicaba su deseo de una monarquía constitucional, con un ejecutivo poderoso y autónomo de la Asamblea. Este importante documento histórico fue redescubierto en mayo de 2009 y adquirido por el Museo de cartas y manuscritos de París. El rey comenta sus sentimientos sobre la Revolución, criticando algunas de sus consecuencias, sin rechazar sus grandes reformas, como la abolición de las órdenes y la igualdad civil.
En las afueras del palacio, subieron al pequeño carro que les llevaría a La Villete, allí hallan la berlina a las 01.50 horas, 90 minutos más tarde de lo previsto, y logran cruzar con relativa facilidad la primera barrera de salida de París, acompañados del conde sueco Axel de Fersen. A las 02.30 la berlina llega a Bondy donde les deja Fersen; a las 04.00 horas los fugitivos llegan a Claye-Souilly donde se les unen dos servidoras, madame Brunier y madame Neuville.
La desaparición de la familia real fue descubierta a la mañana siguiente, a las 7 horas, por servidores y guardias de las Tullerías, y la noticia se difundió pronto por todo París. En las calles, una enojada multitud que temía una invasión o una guerra civil acusó a Jean-Sylvain Bailly y al marqués de Lafayette (jefe de la Guardia Nacional) de complicidad en la huida. Sin embargo, la Asamblea pronto controló la situación: incrementó su poder ejecutivo; encargó a Montmorin, el ministro de Asuntos Exteriores, informar a las potencias europeas sobre sus intenciones pacíficas, envió comisionados para asegurar un juramento de las tropas a la Asamblea (en vez de al rey).
Captura 250px|miniaturadeimagen|Arresto de Luis Capeto en Varennes el 22 de junio de 1791, grabado de Jean-Louis Prieur 250px|miniaturadeimagen|Llegada de Luis XVI a París el 25 de junio de 1791 (Duplessi-Bertaux según un dibujo de J-L Prieur).