La Operación Achse ("Eje", en la historiografía alemana Fall Achse) fue el nombre en clave del plan elaborado por el Oberkommando der Wehrmacht (OKW) durante la Segunda Guerra Mundial con el fin de contrarrestar una eventual salida de Italia de la guerra, neutralizar a sus fuerzas armadas desplegadas en los varios teatros bélicos del Mediterráneo y ocupar militarmente la península.
La operación, planificada por Hitler y el comando alemán desde finales de mayo de 1943 en previsión de un posible colapso del fascismo y una defección italiana, concluyó con el éxito completo de la Wehrmacht que, aprovechando la desorientación en las unidades de tropa y la disgregación de las estructuras dirigentes italianas tras el armisticio del 8 de septiembre, subyugaron en pocos días a gran parte de las fuerzas armadas de sus antiguos aliados, capturando a cientos de miles de soldados que fueron en gran parte llevados a Alemania como trabajadores forzados, y haciéndose con un gran botín en armas y equipos.
Desde el punto de vista estratégico, la Wehrmacht logró ocupar el centro-norte de Italia y los vastos territorios ocupados por las fuerzas italianas en los Balcanes, el Mar Egeo y el sur de Francia, así como hacerse con el potencial industrial italiano y su mano de obra. A partir de tal momento, el centro y norte de Italia se transformaron durante cerca de veinte meses en un campo de batalla entre las fuerzas alemanas, sólidamente desplegadas en defensa en líneas fortificadas sucesivas, y las tropas aliadas que habían desembarcado inicialmente en Salerno el día mismo en que se hizo público el armisticio con los italianos.
Planificación alemana La primera iniciativa en relación con el envío de combatientes alemanes a Italia para organizar y reforzar la defensa de sus aliados (que eran considerados más débiles) en previsión de un probable ataque angloamericano directamente en suelo italiano, fue planificada simultáneamente a las fases finales de la Campaña de Túnez, que marcó la derrota italo-alemana en África del Norte y dejó expuesto el teatro mediterráneo a las poderosas fuerzas aéreas y navales aliadas. El 9 de mayo de 1943, dos días tras la caída de Túnez, el OKW comunicó al comando supremo italiano, por medio del agregado militar de la embajada alemana en Roma, Enno von Rintelen, la constitución de tres nuevas formaciones alemanas creadas principalmente con las unidades de retaguardia de las formaciones empleadas en África . izquierda|miniaturadeimagen|Unidades acorazadas de la 90a. División Panzergrenadier en Cerdeña Se trató del "comando Cerdeña" (transformado prontamente en la 90.ª División Ligera Panzergrenadier, heredera de la 90.ª División de Infantería (motorizada) de las Deutsches Afrikakorps), del "comando Sicilia" (que devino de la 15.ª División Panzergrenadier, formada a partir de la 15.ª División Panzer) y de una "reserva de intervención rápida". Como le escribiera Hitler a Mussolini, se trataba de formaciones débiles que necesitaban un gran potenciamiento, así pues el Führer comunicó a un dubitativo Duce sobre el arribo de Francia de dos nuevas divisiones alemanas. A mediados del mes de mayo llegó la División acorazada paracaidista "Hermann Göring", con excepción de las unidades transferidas previamente a África, que estaría estacionada en Sicilia, y los primeros días de junio llegó la 16.ª División Panzer, unidad que había sido destruida en Stalingrado y recién reconstituida, que fue situada al oeste de Bari. Finalmente, proveniente también de Francia, el 19 mayo se envió a Italia también el cuartel general de la 14.ª Panzerkorps al mando del general Hans-Valentin Hube, para fortalecer la estructura de comando del OB Süd (Oberbefehlshaber Süd) comandado por el feldmareschall Albert Kesselring.
Al día siguiente, en la noche del 20 de mayo, durante una de las largas y extenuantes conferencias en el cuartel general del Führer, Hitler expresó claramente sus dudas sobre la solidez política del gobierno fascista y los peligros de un colapso del país aliado. El reporte del enviado especial de la SS, el sonderführer Alexander von Neurath, que evidenció la moral en declive de la población italiana y los sentimientos probritánicos presentes entre la alta burguesía y los militares, convenció a Hitler de la necesidad de prestar mucha atención a la situación en el Mediterráneo y de dar comienzo a una planificación precisa en vista de un colapso de Italia ante el ataque aliado o un derrocamiento de Mussolini . Otros reportes sobre un discurso pronunciado por el subsecretario de relaciones exteriores Giuseppe Bastianini, la información proveniente de los hombres de Heinrich Himmler en Italia, la presencia misma en Sicilia del general Mario Roatta, considerado un personaje traidor y equívoco, reforzaron las sospechas de Hitler y sus colaboradores.
El 21 mayo el feldmareschall Wilhelm Keitel, jefe del OKW, emitió así las detalladas directivas elaboradas para afrontar la posible "deserción" de su aliado del Eje. La planificación, basada en el documento "Panorama de la situación en la eventualidad del retiro del Italia de la guerra", preparado por los comandos alemanes para el 10 a 16 mayo, preveía una serie de proyectos operativos en los varios teatros bélicos: la "operación Alarico", dirigida a la invasión del territorio metropolitano italiano, la "operación Konstantin", dirigida a la neutralización de las fuerzas italianas en los Balcanes y la "operación Siegfried", dirigida a la ocupación de las áreas de Francia del sur presididas por los italianos. Se estudiaron además dos planes menores: la "operación Nürnberg" para salvaguardar la frontera franco-española, y la "operación Kopenhagen" para el control de los pasos a lo largo de la frontera franco-italiana. miniaturadeimagen|Un Panzer IV Ausf.G de la 16a. División Panzer en Italia en 1943 De manera simultánea a esta planificación continuaba el reposicionamiento de las reservas alemanas para afrontar los potenciales peligros en el teatro mediterráneo. Hitler, muy preocupado por los Balcanes y envuelto en fuerte polémica con los líderes italianos y con el Duce mismo a causa de los acuerdos de colaboración entre tropas italianas y los chetniks, decidió pues enviar a la 1.ª División Panzer en el Peloponeso e hipotetizó también el traslado en Italia de sus tres divisiones acorazadas elegidas de la Waffen-SS desplegadas a lo largo del frente oriental en vista de la operación Cittadella.
Por otra parte, Mussolini, tras un rechazo inicial, presentó el 17 junio, por medio del Comando Supremo, una solicitud urgente de refuerzos móviles alemanes (dos divisiones acorazadas) para afrontar a las potentes fuerzas aliadas. Después de una serie de nuevos conflictos a causa de reparos del Duce y de la propuesta del general Vittorio Ambrosio, jefe del estado mayor general italiano, de renunciar a nuevos refuerzos alemanes y en cambio transferir a Italia las tropas empleadas en los Balcanes y en Francia, la situación cada vez más amenazante (Pantelaria había caído casi sin resistencia el 11 junio) indujo Hitler a enviar otras tres divisiones alemanas.
Así pues entraron en la península y se incorporaron a la 29.ª División Panzergrenadier a mediados de junio en Foggia, la 3.ª División Panzergrenadier los primeros días de julio al norte de Roma (estas dos divisiones estaban recién reconstituidas en Francia después de la destrucción de Stalingrado), y la 26.ª División Panzer el 9 de julio en Salerno. Para el 24 junio la brigada "Reichsführer-SS"' había sido transferida a Córcega; a mediados de julio llegó el comando del 76.º Panzerkorps al mando del general Traugott Herr.
Afluencia de las tropas alemanas en Italia Del desembarco en Sicilia al 25 de julio
El 10 julio las poderosas fuerzas aéreas, terrestres y navales aliadas dieron comienzo a las operaciones de desembarco en Sicilia provocando la inmediata crisis del dispositivo del Eje y constituyendo una sólida cabeza de puente sobre la costa, a pesar de algunos contraataques por parte de las fuerzas italianas y de las dos divisiones alemanas (la "Hermann Göring" y la 15.ª División Panzergrenadier) presentes en la isla. Los desastrosos desarrollos desencadenaron consecuencias inmediatas a nivel de la dirigencia política y militar de las dos potencias. En Roma las posiciones eran cada vez más pesimistas, mientras el general Ambrosio presentaba a Mussolini solicitudes poco realistas de ayudas alemanas; entre los responsables alemanes, Kesselring y el embajador von Mackensen mostraron gran escepticismo sobre las capacidades defensivas italianas e hicieron solicitudes de refuerzos. Hitler, cada vez más preocupado y temeroso de un colapso italiano, decidió el inmediato envío a Sicilia de la 1.ª División paracaidista (proveniente del sur de Francia) y también del comando del 14º Panzerkorps al mando del general Hube y de la 29.ª División Panzergrenadier ya lista en Regio de Calabria; el 17 julio se tomó también la decisión de organizar de inmediato una reunión de la cúpula para verificar la actitud del Duce y de sus colaboradores y su determinación respecto a continuar la guerra. miniaturadeimagen|Adolf Hitler, con Hermann Göring (a su izquierda) y Albert Speer (a su derecha), durante el verano 1943, después de la caída de Mussolini El encuentro, preparado a las carreras en una atmósfera tensa y poco amigable, tuvo lugar en Feltre el 19 de julio de 1943.En realidad, la reunión tuvo lugar en el municipio de Belluno, en la aldea de San Fermo, en Villa Gaggia: la confusión se debe probablemente a un banal error de imprenta de Mussolini, que en sus memorias la señala como "reunión de Feltre", y a los artículos de la prensa oficial al respecto: "Villa Gaggia, la nueva verdad" en el Corriere delle Alpi. y "Han pasado 70 años desde el histórico último encuentro entre Hitler y Mussolini" en il Gazzettino. 19 de julio de 2014. Mientras se llevaba a cabo, Roma fue fuertemente bombardeada, acontecimiento que acentuó todavía más lo dramático de la situación y favoreció una aceleración de las maniobras de los líderes monárquicos y militares y de una parte de los mismos fascistas, decididos ya a encontrar a la mayor brevedad una vía de salida de la guerra para Italia. Las reuniones de Feltre entre el Duce, el Führer y las dos delegaciones militares fueron poco constructivas: Mussolini, no obstante las exhortaciones de Ambrosio a presentar claramente la crítica situación italiana y a requerir libertad de acción para el retiro de la guerra, se mostró débil e indeciso y se limitó a requerir, con escasa energía, una participación alemana más fuerte en la defensa de Italia, mientras que Hitler se extendió en una de sus extenuantes y abstractas peroratas a favor de la resistencia a ultranza. El Führer presentó en términos optimistas la situación y rechazó, arguyendo dificultades técnicas y operativas, los gigantescos pedidos italianos de refuerzos terrestres y aéreos. Hitler no adhirió siquiera a los decididos pedidos de sus colaboradores militares Jodl, Keitel y Warlimont que exigían la constitución de un comando unificado en Italia bajo el mando de un general alemán, el traslado de las numerosas fuerzas italianas desplegadas en el norte Italia hacia el sur que estaba bajo ataque, y la asunción del comando de las fuerzas aéreas del Eje en el teatro por parte del general de la Luftwaffe Wolfram von Richthofen.