La iglesia de Santo Domingo de Silos es un templo católico de la localidad española de Prádena del Rincón, en la Comunidad de Madrid. Cuenta con el estatus de bien de interés cultural. En el edificio se muestran los dos estilos más característicos en las construcciones que se levantaron durante la etapa de repoblación de la zona, llevada a cabo durante los siglos y : románico rural y mudéjar. Se trata de uno de los escasos ejemplos con importantes restos de arquitectura románica en la región madrileña.
Responde al modelo habitual en la arquitectura románica popular de la época en toda Castilla, construido con fábrica de mampostería y formado por una sola nave cubierta con techumbre de madera, fechable en el , y cabecera formada por un ábside semicircular precedido por un tramo recto, cubiertos con bóveda de cuarto de esfera y cañón apuntado respectivamente, que fue levantada en el en sustitución de otra anterior. La nave conserva interesantes restos de pintura mural de estilo gótico lineal, que pueden fecharse en la primera mitad del , que cubrirían toda la nave. Es destacable también la galería porticada de estilo mudéjar, datada a finales del , que se adosa a la fachada norte del templo. Construida en ladrillo, se cubre con techumbre de madera y alberga una interesante portada también de ladrillo relacionada con el mudéjar castellano. A pesar de que este tipo de estructuras porticadas de ladrillo debió de ser frecuente en las regiones limítrofes a la región madrileña, sin embargo, los ejemplos son muy escasos y fragmentados (Fuentepelayo en Segovia, Orbita en Ávila), y este de Prádena constituye el caso más completo y mejor conservado.
Bajo el pórtico se localiza una necrópolis rupestre medieval, que se relaciona con los primeros momentos de la repoblación y con la primera construcción de la iglesia. Está formada por sesenta y cuatro tumbas de tipo antropomorfo excavadas en roca, que se han fechado entre los siglos al . Otro elemento del lugar es el horno de fundición de campanas, situado junto al templo, fechado en la segunda mitad del . Está formado por un vaciado en la roca para la fosa de fundición, en la que se localizaron cinco moldes de campanas sobre zócalos de ladrillo, un conjunto excepcional tanto por la escasez de ejemplos conservados tan completos, como por su buen estado de conservación. La iglesia ha sido objeto de una restauración integral que ha recuperado su aspecto original. Asimismo, se ha musealizado exponiendo las piezas encontradas durante las obras del templo en varias vitrinas situadas en el coro. También se ha adaptado para hacer visitable la necrópolis y el horno de campanas.
Descripción El inmueble está situado en el centro del casco histórico de la localidad de Prádena del Rincón, en la plaza de la Iglesia n.º 1. Ocupa la parcela catastral 4640701VL5444S0001ZL, circundada por la calle del Pez, la calle Iglesia y la plaza de la Iglesia.
El actual edificio presenta una planta constituida por una sola nave rectangular y cabecera formada por un ábside semicircular precedido por un tramo recto sobre el que se alza una torre campanario con un cuerpo de acceso junto a ella; dos pórticos adosados a la nave, uno en la fachada sur y otro en la fachada norte; y una pequeña sacristía junto a la cabecera en el lado sur. A ello hay que añadir una necrópolis junto al muro norte de la nave, bajo el pórtico, y un horno de campanas en la zona suroeste exterior del templo.
Los trabajos arqueológicos efectuados en la cabecera de la iglesia han permitido conocer la existencia de restos de un primitivo ábside, que parece corresponder a una primitiva iglesia. Realizado en mampostería y de menores dimensiones que el actual presenta un trazado semicircular que se continúa en un espacio rectangular tras un ligero acodamiento. A esta primera construcción pertenecen también los muros norte y sur de la nave actual, construidos en mampostería de piedra del lugar con argamasa de cal. La nave muestra un espacio rectangular iluminado por dos saeteras situadas en el muro sur y cubierto con techumbre de madera. Asimismo, se conservan dos jambas de ladrillo y un dintel de madera pertenecientes al primitivo acceso localizado en el muro norte, que comunicaba la nave con la necrópolis. La datación del ladrillo por termoluminiscencia ha permitido establecer una fecha entre finales del y principios del , que puede aplicarse a esta primera fase. Se trataría, por tanto, de una primera edificación formada por una nave rectangular y cabecera semicircular prolongada en un pequeño tramo recto, toda ella levantada con fábrica de mampostería, erigida durante la etapa de repoblación de la zona llevada a cabo principalmente durante la segunda mitad del siglo y .
Posteriormente, a esta sencilla estructura se añadió un pórtico de ladrillo adosado a la fachada norte, formado por una arquería de cinco vanos de medio punto doblados, el central de acceso, que se prolongan por las jambas mediante una imposta con perfil de nacela. Entre ellos una fina pilastra recorre los machones desde el suelo hasta la cornisa, formada por una fila de ladrillos dispuestos a sardinel con perfil de nacela, sobre la que descansa el tejado a un agua. El análisis por termoluminiscencia efectuado sobre los ladrillos del pórtico ha aportado una datación ente 1186 a 1282, lo que revela que se edificó durante el , probablemente avanzado del románico castellano, se localizan generalmente en la fachada sur por ser la más abrigada. En este caso, el hecho de situarse en la fachada norte podría estar en relación directa con la necrópolis existente en esta zona de la iglesia, por lo que su finalidad sería la de albergar bajo techo las sepulturas. Sin embargo, el pórtico se cita por primera vez en el Libro de Visitas del año 1526 refiriéndose a él como “la cilla”, lo que sugiere que, en ese momento, era utilizado como almacén de cereales, función que continuó cumpliendo durante siglos, ya que en el se le denomina “tercia” o “panera”. Aunque los pórticos construidos en ladrillo debieron de ser frecuentes en tierras castellanas en torno a la región madrileña, sin embargo, se conservan escasos ejemplos y fragmentados (Fuentepelayo en Segovia, Orbita en Ávila), por lo que este de Madrid, que es el más completo y mejor conservado, adquiere un notable valor histórico. Bajo este pórtico también se ha documentado la existencia de un cementerio medieval, con sesenta y cuatro tumbas de carácter rupestre y de tipo antropomorfo. De acuerdo con esta tipología y la existencia de unas monedas que abarcan desde el reinado de Alfonso VIII hasta el de los Reyes Católicos, se ha podido establecer una cronología entre los siglos hasta entrado el . Bajo el suelo de la sacristía se han encontrado también seis tumbas de tipología similar, lo que ha hecho suponer que la extensión inicial de la necrópolis, anterior a la actual cabecera, era mayor.
En la fachada norte, y cubierta por el citado pórtico, se localiza una portada que igualmente se puede adscribir al estilo mudéjar madrileño, y que tipológicamente puede fecharse en el . Presenta una estructura formada por un arco compuesto por cuatro roscas de medio punto que se prolongan por las jambas escalonadas mediante una imposta con perfil de nacela, enmarcado mediante sendas pilastras que se cierran por la parte superior con dos frisos de ladrillo superpuestos, en esquinilla y a sardinel, conformando un alfiz. Modelo que se relaciona con el mudéjar castellano y del que se conservan algunos ejemplos en iglesias madrileñas de la zona de la sierra norte, datadas en el avanzado y el , como las de El Berrueco, Montejo de la Sierra, Mangirón, Horcajuelo o Paredes de Buitrago, con la que muestra una gran semejanza.
En un momento inmediatamente posterior a la construcción del pórtico, hacia a finales del , se levantó el ábside actual de mayor altura y anchura que la nave sobre cuyos muros apoya. Muestra una fábrica de mampostería concertada desde la base hasta la cornisa, tallada en piedra y de perfil achaflanado, que descansa sobre canecillos decorados con modillones, barriletes, bolas o a bisel. En el eje se abre una saetera enmarcada por sillares de cierta irregularidad, y en el lado sur un vano adintelado conformado por cuatro grandes sillares. Interiormente el hemiciclo se cubre con una bóveda de cuarto de esfera y el tramo recto presbiterial, con una bóveda de medio cañón apuntado; ambas arrancan de una imposta con perfil de nacela que recorre los muros. No se han encontrado restos de ningún derrumbe o destrucción del anterior ábside, por lo que probablemente la intención de construir una nueva cabecera sería la de ampliar el espacio, por lo que la fábrica debió de ser derribada y reutilizada para la nueva obra. Se han detectado también restos de un muro que se levantaría para cerrar la nave a la altura del arco triunfal mientras se construía la nueva cabecera, y que se tiraría una vez concluida esta dejando una huella en los muros norte y sur de la nave.
En consecuencia, se puede constatar cómo, tanto la primitiva construcción como el ábside posterior, responden a un románico de carácter rural localizado en poblaciones pequeñas, donde, en general, se sigue el modelo descrito anteriormente. Sin embargo, los ejemplos románicos existentes en la región madrileña son muy escasos, en parte debido a que se han perdido al haber sido sustituidas por otras construcciones posteriores, pero también porque en estos momentos muchas de las iglesias se construían en estilo mudéjar. Propiamente románicas se conserva en su totalidad la iglesia del monasterio de San Julián y San Antonio de La Cabrera (finales del ), la cabecera de la iglesia del monasterio de Santa María de Valdeiglesias en Pelayos de la Presa (finales del -) y el ábside de la iglesia de San Juan Bautista en Talamanca de Jarama (finales del ), existen algunas otras cabeceras, pero muy transformadas, y algún resto de muros y portadas.
Por otra parte, en relación con las construcciones mudéjares, Pedro Lavado opina que las circunstancias históricas de la región madrileña, con una repoblación tardía, así como las condiciones económicas del área rural, que no permitían elegir estilos que necesitaran una alta inversión, condicionaron los modelos constructivos, optando en muchas ocasiones por el mudéjar, que reunía las cualidades y condiciones adecuadas para ese momento. Un estilo que estaba ya perfectamente asumido por la población cristiana del foco mudéjar toledano y también castellano, y cuya forma de construir permitía levantar edificios de manera rápida y sin grandes problemas técnicos. Muestra de ello son los numerosos casos de templos con restos mudéjares que van apareciendo en la región madrileña, algunos de los más destacados se encuentran en las iglesias de Valdilecha, el ábside de los Milagros en Talamanca del Jarama, Camarma de Esteruelas, Santorcaz, Pezuela de las Torres, Móstoles, Cubas de la Sagra, Boadilla del Monte o la ermita de Santa María la Antigua en Carabanchel, entre otras, fechables en los siglos y .