Se denominó Encomienda en Chile a la institución importada por españoles desde Europa en el s. . La encomienda entró en vigencia en 1540, con la llegada de Pedro de Valdivia, y desapareció en 1789, año en que fue abolida por el entonces gobernador de la Capitanía General de Chile, Ambrosio O’Higgins. Ya a principios del s. la institución estaba en decadencia, habiendo solamente 87 encomiendas, incluyendo una con 80 tributarios, dos con 50, y el resto con menos de 20 personas cada una. Alguna encomienda contaba con dos indígenas.

Los indígenas, repartidos por el gobernador en nombre del rey, tributaban con su mano de obra, pero principalmente para mantener las haciendas y estancias de sus patrones, los encomenderos, adquiriendo así un intenso carácter de servidumbre personal, ya que a diferencia de las otras poblaciones nativas de América, los habitantes originales de este territorio no poseían un sistema de organización propio que consistiese en tributar. A raíz de esto, su única forma de pagar a los conquistadores por sus "cuidados" era con trabajo directo, aunque algunos indígenas se negaron a ello. Este modelo se expandió por todo el Reino de Chile, sin embargo, se desarrolló con bastante dificultad hacia el extremo sur del territorio, a causa de su proximidad con la frontera establecida por la resistencia mapuche. Aun así, su impacto fue evidente, sobre todo en la zona centro, lugar en que se concentró la mayor cantidad de encomiendas, particularmente de servicio.

La institución de la encomienda en Chile tuvo gran relevancia para la conformación de un sistema de gobierno que estructurara a la sociedad y que rápidamente pusiera en marcha la economía en estas tierras. Finalmente, gracias a la encomienda, los españoles lograron implementar un modelo de organización que sentó las bases de la colonia, el cual además aseguró su permanencia en el poder y les permitió cumplir con la misión que les fue confiada por la corona. Por otra parte, este también facilitó a los conquistadores el reconocimiento del área hasta ese momento inexplorada, lo que contribuyó al hallazgo de los pocos, pero igualmente codiciados yacimientos de recursos naturales que lograron financiar por lo menos la primera etapa de colonización en el y enviar las riquezas prometidas a los monarcas de España.

Este modelo no estuvo exento de controversias, a causa de los diversos abusos cometidos por lo españoles hacia los indígenas de la zona, los cuales fueron denunciados por muchos de los sacerdotes de las congregaciones eclesiásticas que acompañaron estas expediciones, situación que condujo tanto hacia la creación como implementación de leyes en resguardo de , como las Leyes de Burgos que prometían la regulación de la encomienda, asegurando así un trato justo para los encomendados (nativos). Sin embargo, en la práctica se reconoce que estas no siempre se cumplieron a cabalidad, lo cual sumado al mestizaje de la población, disminuyó exponencialmente el número de aborígenes y comenzó a deteriorar este sistema al nivel de terminar completamente obsoleto, por lo que se estableció su eliminación total en 1789, año en el que se reemplazó por el llamado inquilinaje.

Antecedentes El sistema de Encomienda  se originó durante la Edad Media en Europa, específicamente en el entonces Reino de Castilla y Aragón. Sin embargo, no fue hasta el periodo de reconquista de la península ibérica que este modelo comenzó a ser implementado en mayor medida, ya que en esta etapa de desocupación musulmana del territorio, las fuerzas bélicas cristianas necesitaron algún tipo de sistema de organización social y económico que les ayudara a repoblar y manejar las zonas que se adjudicaban tras sus victorias, este fue la Encomienda.

En 1492, tras el descubrimiento de América, surgió una intensa disyuntiva relacionada con la posición que adoptarían los habitantes originales del continente en la organización socioeconómica que comenzaría a regir en el llamado Nuevo Mundo, debatiéndose así si estos serían incluidos o expulsados de este sistema, pero la decisión de la Corona española fue categórica y zanjó el tema sentenciando que los nativos formarían parte de la nueva sociedad en un rol de súbditos, en el cual poseerían derechos y no correrían el riesgo de ser esclavizados, sin embargo, esto no aseguraba su completa libertad. Aquí es donde resurge el nombre de la Encomienda, pero en una versión reestructurada según las exigencias que representaba la conquista de un continente desconocido.

Tras la necesidad inmediata de ganar territorios para la Corona en el Nuevo Mundo, la reina Isabel de Castilla, también conocida como Isabel La Católica, implementó la repartición legal de los nativos de la zona, los cuales se encontraban obligados a trabajar para los conquistadores a cambio de que estos ineludiblemente les pagaran por sus servicios y los evangelizaran. A raíz de este mandato real fue que prontamente se puso en marcha el sistema denominado Encomienda, modelo comprendido como un impuesto a los habitantes originales del territorio, el cual debían pagar a la Corona Española, sin embargo, por motivos prácticos este tributo fue entregado a los españoles que desde entonces habitarían como personas superiores en las tierras dominadas. En conclusión, la llamada Encomienda sirvió como un método que consolidaba el dominio de los conquistadores y que a su vez les recompensaba por su servicios de contribución al cumplimiento de los intereses de los monarcas de España.

Específicamente, este modelo consistía en confiar cierta cantidad de indígenas, que pasarían a llamarse encomendados, a manos de un español, que denominaban encomendero, el cual debía de hacerse responsable de los nativos a su cargo otorgándoles herramientas, vestuario, vivienda y alimentación, a cambio de que estos le rindieran algún tipo de tributo o servicio. Los encomendados solo podían ser nativos y su calidad de servidumbre o mano de obra se extendía hasta la primera generación de sus descendientes. Cabe destacar que la Encomienda en América no suponía un derecho real sobre los nativos o sus tierras, por lo que ninguno de estos era propiedad de los conquistadores españoles, ya que esta solo establecía una relación tributaria entre ambos, otorgando a estos últimos simplemente la potestad de titulares.

La Encomienda fue por tanto la institución más difundida en el continente americano, sin embargo, se destaca que tuvo características distintas dependiendo de la región en la que fuese desarrollada, adquiriendo así matices locales.

Historia de la Encomienda en Chile La institución de la Encomienda llegó a Chile a manos de Pedro de Valdivia, militar y conquistador español que ostentó el título de gobernador y capitán general de Nueva Extremadura o Reino de Chile, desde 1541 a 1547. Su expedición fue la primera en lograr establecerse en el territorio y sentar los cimientos de la ciudad que denominó Santiago del Nuevo Extremo, ubicada en la zona central de la Capitanía General de Chile, lugar desde donde Valdivia dio marcha a la implementación de la Encomienda, ejecutando así el primer reparto de indígenas entre sus acompañantes, quienes pasarían a ser habitantes de la recién fundada ciudad, dando paso al periodo de colonización. A partir de este momento, los nativos encomendados a los españoles como recompensa pasaron a formar parte de la estructura de la sociedad colonial chilena, cumplimiento labores de servidumbre, mano de obra y extracción de recursos naturales, convirtiéndose de esta manera en un elemento fundamental para la activación económica del territorio.

La Encomienda en Chile se instauró como un tipo de entidad estatal inicial y como modelo de organización socioeconómico básico, el que por lo demás no fue tan simple de implementar debido a la hostilidad de los indígenas de la zona. Aun así, para suerte de Valdivia se vivió un periodo de paz entre extranjeros y nativos a su llegada, que a pesar de ser corto le dio algo de tiempo a los conquistadores, según los escritos de la época se establece que esto sucedió porque los aborígenes esperaban que los nuevos extraños abandonaran el territorio, tal como lo hizo la primera hueste al mando de Diego de Almagro al encontrarse con un terreno adverso, sin riquezas como las que emanaban del Perú y una población mapuche, ubicada hacia el sur, que no cedía ante sus propósitos de conquista. Sin embargo, estos nuevos visitantes persistieron en su misión, estableciéndose permanentemente en el territorio, desde donde comenzaron a gestar la captura de los primeros naturales de la zona central, a quienes ofrecieron un buen trato que facilitó su cooperación. Tras este beneficioso primer encuentro fue que Valdivia, con ayuda de los indígenas, halló los lavaderos de oro ubicados en el denominado estero Marga-Marga y en la ribera de cierto ríos dentro del territorio, como en el sector de Quilacoya, en la actual comuna de Hualqui, Concepción. Estas escasas pero importantes fuentes de riqueza lograron solventar, por lo menos, las etapas iniciales de la colonización y entregaron a los españoles un motivo fundamental para continuar con el dominio del territorio.

A raíz de estos descubrimientos, Pedro de Valdivia prosiguió con el desarrollo de la Encomienda destinándola inicialmente a cubrir labores mineros, aunque para la realización de esta actividad los nativos encomendados se regían bajo el sistema laboral denominado Mita, término que la lengua quechua y que significa turno, el cual consistía principalmente en el trabajo obligatorio de indígenas varones de 18 a 50 años de edad por un periodo determinado de tiempo, el cual en el caso específico de la minería suponía un año de duración y la entrega de un pequeño sueldo que disminuía aún más a causa de los impuestos, sin embargo, durante el inicio de su implementación en Chile los trabajadores no fueron remunerados y los encomenderos tenían la obligación de contar con empleados evangelizados. Una situación que tenía descontentos a los nativos y que se agravó dado el aumento de los malos tratos hacia ellos, ocasionando levantamientos que terminaron con la muerte de parte de la población española e indígena y la destrucción de Santiago. Un conflicto que además se intensificó por la intención española de conquistar las tierras al sur del río Bío-bío, territorio de la etnia Mapuche, quienes eran mucho más rebeldes que los indígenas del norte y que iniciaron una fuerte resistencia ante la dominación extranjera, la cual hizo estallar la Guerra de Arauco, enfrentamiento que comenzó en 1550 y que según diferentes historiadores perduró por 258 años.

A raíz de la baja en la cantidad de indígenas debido a los constantes enfrentamientos, la llegada de enfermedades desconocidas para los naturales del territorio y por sobre todo a causa de las malas condiciones de vida y su gran explotación laboral por parte de sus encomenderos, fue que surgieron voces provenientes tanto de la comunidad eclesiástica como de la de intelectuales, que desestimaron la efectividad de la Encomienda, notificando a la Corona los abusos cometidos por los titulares de los indígenas y sus perjudiciales efectos. Por ello, durante el gobierno de García Hurtado de Mendoza, sucesor de Valdivia tras su muerte en 1553, los monarcas españoles tomaron cartas en el asunto e implementaron una gran cantidad de leyes destinadas a normar la Encomienda, las cuales denominaron disposiciones y modificaban tanto el modo de trabajo de los indígenas como el trato hacia ellos por parte de sus responsables. Dentro de estos sistemas de regulación se destacan la Tasa de Santillán (1558) y la Tasa de Gamboa (1580).