miniaturadeimagen|Punto de donación de toallas sanitarias y tampones de la campaña Red Box Project.|318x318px El concepto de pobreza menstrual o pobreza del periodo alude a la falta de acceso de mujeres y niñas a insumos para la gestión menstrual adecuada, desde productos sanitarios hasta ropa interior y analgésicos, como así también contempla la necesidad de agua potable para la higiene, infraestructura de saneamiento apta, y el acceso a educación e información suficiente para el correcto manejo de la menstruación. El término fue acuñado en 2016 y afecta mayoritariamente a países en desarrollo, donde la disponibilidad de productos se encuentra severamente afectada, o el precio de los mismos (normalmente importados) imposibilita el acceso de los sectores socioeconómicos más vulnerables. De acuerdo a un estudio en las zonas occidentales y rurales de Kenia, el porcentaje de mujeres que recurrieron al sexo por intercambio por dinero o suministros de higiene alcanzó el , dentro del cual el corresponde a adolescentes de hasta quince años. Esta situación las expone abuso y explotación sexual. Se halla presente a su vez en países desarrollados; una encuesta de 2017 de la ONG Plan International reveló que una de cada diez niñas en Reino Unido no pudo costear productos de higiene.

A nivel mundial, en el año 2021 se estimó que el de mujeres, niñas y personas con capacidad de gestar tienen acceso a productos comercializados de gestión menstrual, mientras que el resto genera sus propios insumos o recurre a medidas como usar telas viejas, hojas de plantas, papeles, calcetines entre otros materiales para recolectar los fluidos. Transitar este tipo de pobreza impacta de forma directa en el bienestar de la persona. De no conseguir elementos de gestión menstrual, esta puede recurrir a métodos poco higiénicos, un factor de riesgo para el incremento infecciones vaginales, del tracto reproductivo y urinarias. Compromete también la salud mental al generar sentimientos de humillación, vergüenza, afectar el autoestima e incrementar la ansiedad. Un análisis de la publicación Women's Health de BioMed Central arrojó como resultado que el de mujeres que se encuentran en situación de pobreza menstrual presentaron síntomas moderados a severos de depresión, comparado con el en las personas que no habían experimentado carencia de insumos.

Este fenómeno se profundiza en regiones donde, debido a la falta de saneamiento, niñas y mujeres deben además encargarse de recolectar agua para la familia, a menudo recorriendo grandes distancias a pie. A su vez, incide en el ausentismo escolar de las menores por razones de carencia de productos, por temor o vergüenza a posibles filtraciones en público, por la ausencia de cuartos de baño en los colegios, y por su exposición al matrimonio infantil a raíz de la menarquia.

Las condiciones de pobreza y las crisis humanitarias pueden limitar el acceso de las mujeres y personas con capacidad de menstruar a suministros menstruales de alta calidad, culturalmente apropiados y a instalaciones de lavado privadas y seguras. Esto tiene como consecuencia la barrera al ejercicio de derechos humanos como la salud, la educación, el trabajo y la no discriminación para las mujeres y personas menstruantes. La pandemia de COVID-19 contribuyó al desabastecimiento de insumos menstruales con el cierre de locales comerciales, y dificultó el acceso de poblaciones más vulnerables que los obtenían en establecimientos educativos. Una encuesta de 2020 sobre carencia de estos insumos durante la crisis arrojó que tres cuartas partes de profesionales consideró que la pandemia dificultó el acceso a estos productos, noción apoyada por una de cada tres mujeres. Estas últimas reportaron a su vez una menor capacidad de compra de los mismos.

El tratamiento final de los productos desechables también es un tema de interés. Iniciativas de reparto de toallas sanitarias y tampones en lugares empobrecidos han enfrentado críticas al no contemplar el impacto de la contaminación que generarán como residuos en zonas con saneamiento deficiente. Otros programas se centran en productos reutilizables, como copas menstruales, toallas de tela y ropa interior menstrual, en un intento de disminuir los residuos y el impacto ambiental de la fabricación de los insumos desechables.

Principales problemáticas

Acceso a los productos de gestión menstrual. Se entiende la gestión menstrual como las herramientas y prácticas adecuadas para contener o manejar la sangre durante la fase menstrual: toallas, paños, tampones, copas menstruales, discos menstruales, esponjas marinas o ropa interior absorbente. En ocasiones, se puede encontrar el término “higiene menstrual”, aunque este último es asociado a que la sangre es sucia o impura, por ello, desde el activismo menstrual, se ha propuesto hablar, más bien, de gestión menstrual.

Muchas mujeres que viven en situación de calle, durante su fase menstrual, se encuentran en la disyuntiva de elegir entre comprar algún alimento o adquirir un producto para gestionar su sangre menstrual.

De acuerdo a la encuesta sobre gestión menstrual en las poblaciones callejeras de la Ciudad de México, realizada por la organización El Caracol en el año 2020, el gasto que hacen las mujeres en situación de calle para la adquisición de productos de gestión menstrual representa entre el 13% y el 40% de sus ingresos diarios.

En el año 2024, países como Bangladés, Egipto, la India, Madagascar y Zimbabue cuentan con que las mujeres de las zonas urbanas tienen un mayor acceso a las compresas respecto a las adolescentes y mujeres de las zonas rurales; mientras que la OMS y UNICEF reportan que en las zonas rurales 1 de cada 5 adolescentes no utiliza ningún producto para la menstrucción a diferencia de 1 por cada 20 en las zonas urbanas.

Mientras tanto para 2024, en Estados Unidos, 1 de cada 4 adolescentes y 1 de cada 3 adultas tienen complicaciones económicas con la adquisición de productos menstruales, particularmente las adolescentes de color y familias con bajos ingresos; a diferencia del Reino Unido, donde 3 de cada 10 niñas tienen dificultades para comprar o acceder a estos productos

Algunas mujeres que no pueden costear estos productos suelen utilizar otros que adaptan para su uso, por ejemplo telas, bolsas plásticas, calcetines, ropa cortada, pañales de bebés o papel de baño. Algunas otras, deciden comprar solo un producto de mayor absorción (por ejemplo una toalla nocturna) y utilizarlo durante todo el día, lo que les genera algunos problemas de salud, irritación o incomodidad.

Por último, hay quienes optan por no utilizar nada y dejar su sangre fluya, lo cual genera actitudes y prácticas de rechazo o discriminación hacia ellas por parte de sus pares o de algunas otras personas con quienes conviven.

Acceso al agua y saneamiento La falta de acceso a agua potable y limpia se vuelve un problema específico durante la menstruación ya que las mujeres no tienen la oportunidad de llevar a cabo prácticas de higiene y cuidado que les permitan el cuidado de su salud. Algunas mujeres acuden a baños públicos para asearse o lavar su ropa que ha sido manchada, otras más utilizan agua de las fuentes y otros espacios públicos, también suelen utilizar agua de la lluvia o tomar de las llaves que se encuentren a su alcance. Hay quienes deciden destinar sus ingresos del día en pagar la habitación de un hotel que les permita darse un baño, pero esto las deja en una mayor situación de precariedad.

A pesar de sus esfuerzos, el cuidado e higiene personal no siempre es posible, por lo tanto, esto ocasiona serios problemas de salud y rechazo social. La situación se agravó más a partir de la pandemia causada por la enfermedad de la COVID 19 ya que muchos establecimientos o lugares a los que podían acudir estas mujeres para adquirir un poco de agua, fueron cerrados temporal o definitivamente.

Alrededor del mundo, son pocos los países que cuentan con instituciones gubernamentales a la que estas mujeres se puedan acercar para obtener toallas sanitarias o puedan tener un lugar donde asearse.

Contextos de crisis En 2024, 614 millones de mujeres vivían en zonas afectadas por conflictos, crisis y o desastres, esto aunado a que para 2023, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estimó que las mujeres suponen el 51% de las personas refugiadas; esta situación implica que durante el tránsito y en los campamentos las mujeres carecen de privacidad para cambiarse o asearse.

En Gaza, de acuerdo con un reporte de ONU Mujeres de 2024, más de 540,000 mujeres y niñas en edad reproductiva no tenían acceso a productos para atender su higiene menstrual, por lo que muchas recurren al uso de trapos y esponjas, a esto sumamos que durante la crisis en Líbano, los precios de los productos mesntruales subieron entre un 98 y un 234%, así fue que un 66% de las niñas menstruantes indicaron no poder acceder económicamente a estos productos e incluso, al ser un tema tabú, ni siquiera hablaban al respecto de esta problemática.

Impuesto menstrual

El impuesto que los suministros menstruales tienen es impuesto al consumo, significa que la base impositiva, es decir, lo que se grava, es el consumo o el uso de estos.

Este impuesto, también conocido como "impuesto rosa" se dirige únicamente a las mujeres por productos que son literalmente biológicamente incapaces de evitar. Aunque en teoría todos tienen que pagar el impuesto sobre los productos de higiene menstrual, solo las mujeres (y personas con capacidad de menstruar), menstrúan, por lo tanto, son las únicas personas que deben comprarlos.

Este impuesto existe en la mayoría de los países y clasifica a los productos menstruales como “de lujo” o “no esenciales”.

Países con iniciativas sobre el impuesto menstrual En ciertos países ha habido iniciativas desde principios del para dar solución a la problemática que implica el impuesto menstrual, a continuación se mencionan algunos ejemplos: miniaturadeimagen|267x267px Kenia (2004). Fue el primer país en dejar de gravar los productos menstruales. Canadá (2015). Fin al impuesto menstrual en el país. Nepal (2017). Como estrategia para reducir el ausentismo escolar se comenzaron a repartir toallas sanitarias de forma gratuita en todas las escuelas del país. Australia, India y Malasia (2018). Fin al impuesto menstrual en estos países. Colombia (2018). Se eliminó cualquier impuesto a toallas y tampones, luego se extendió esto a las copas menstruales en abril de 2021. Nigeria (2020). Se clasificó a las toallas sanitarias producidas localmente dentro de los 20 productos básicos exentos de un nuevo aumento al IVA a principios del 2020. Escocia (2020). Fue el primer país en brindar acceso gratuito a productos menstruales como toallas y tampones a todas las personas menstruantes. Reino Unido (2021). Fin al impuesto menstrual. EE. UU. (2021). Fin al impuesto sobre los tampones en cinco estados del país: Ohio, Rhode Island, Utah, Washington y California. México. (2022). El primero de enero de 2022 entró en vigor la medida que establece tasa cero de IVA a toallas sanitarias, tampones y copas menstruales en todo el país. En 2026, se integraron a la lista de exención fiscal los calzones y discos menstruales desechables y reutilizables.

Mujeres en situación de vulnerabilidad La higiene menstrual es un derecho atravesado por el acceso a la salud, al agua limpia, a la privacidad y la información eficaz. La existencia de información y análisis sobre estas poblaciones permite generar políticas con perspectiva interseccional.

Mujeres con diferentes identidades de género con capacidad de menstruar Las mujeres de diferentes identidades de género, como los hombres transgénero y las personas no binarias, a menudo enfrentan barreras adicionales a la información y los suministros para manejar de manera segura la menstruación.