La corona de Sancho IV, corona imperial o corona de los camafeos es una corona real correspondiente al rey Sancho IV de Castilla y mencionada por primera vez por Alfonso X de Castilla " El sabio", en su testamento el 21 de enero de 1284.

Descripción La corona, de unos 57×8 cm, está formada por ocho placas de plata sobredoradas de 7×4,5 cm unidas por charnelas. En la parte superior, en el centro de cada placa, se encuentra un castillo heráldico de tres torres.

En el centro de cada placa se encuentra una piedra preciosa o un camafeo. Cuatro tienen zafiros sin tallar; alternándose con los zafiros hay cuatro camafeos: dos de origen romano imperial y dos de origen stáufico o del sur de Italia. Los dos romanos representan retratos de Druso el Joven y la reina Onfalia, cubierta con la piel del León de Nemea.

Historia La corona fue mencionada por primera vez en el testamento de Alfonso X el Sabio el 21 de enero de 1284:

Las tres copias conservadas del testamento hablan de coronas en plural. El uso de camafeos en las coronas reales castellanas parece que no era infrecuente. El 1 de noviembre de 1362, Pedro I de Castilla otorgó su testamento en Sevilla, en el que escribe:

Como se ve, el trato de las coronas y joyas reales se aproximaba al reparto de las joyas familiares de un padre con sus hijos.

Sancho IV dispuso su enterramiento en la Catedral de Toledo en 1285:

A la muerte del rey Sancho IV el 25 de abril de 1295, fue enterrado en la capilla de la Catedral, la que el mismo rey había mandado construir y a la que había trasladado los reyes enterrados en Toledo. El sepulcro, probablemente un simple cajón de piedra, fue pronto sustituido por uno mejor, mandado hacer por la viuda. El cadáver fue trasladado al nuevo sepulcro en 1308, que posiblemente corresponde al que se puede ver actualmente a la derecha del altar mayor. El cuerpo fue trasladado de nuevo en el por orden del cardenal Cisneros, que los colocó en su lugar actual, donde fue encontrada la corona.

Hallazgo La corona fue hallada en 1948 durante la búsqueda de la tumba de Sancho II de Portugal en el área del altar mayor de la Catedral de Toledo. Efectivamente se encontraron cuatro sarcófagos: el de Alfonso VII de Castilla, el de su hijo, Sancho III de Castilla, el de Sancho IV y el del infante Pedro, hijo de Alfonso XI de Castilla. Estos sarcófagos habían escapado milagrosamente del expolio de los comuneros o de las tropas napoleónicas.

El cuerpo de Sancho IV se encontró envuelto en una colcha.

La corona se encuentra actualmente en la catedral de Toledo.

Referencias

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