La cultura de la Unión Soviética pasó por varias etapas durante los 69 años de existencia de la Unión Soviética y fue enriquecida por personas de distintas nacionalidades en cada una de 15 repúblicas de la Unión. El Estado soviético apoyó a las instituciones culturales, pero también llevó a cabo una estricta censura. La cultura sirvió como instrumento para la consolidación del poder político y la construcción de una identidad colectiva soviética. Así, se generaron una serie de debates en torno a la cultura, particularmente en la esfera artística, que buscaban encontrar el lugar que debía tener el arte en este nuevo escenario. Era necesario renovar, repensar la cultura en el marco de un nuevo régimen.Fitzpatrick, Sheila. La vida cotidiana durante el estalinismo. Cómo vivía y sobrevivía la gente común en la Rusia soviética. Siglo XXI, 2019, cap. 3 (“Brotarán palacios el lunes”) y cap. 7 (“Conversaciones e informantes”).

Los años de Lenin se caracterizaron por un fervor revolucionario y la experimentación artística. Durante los primeros años del gobierno revolucionario soviético, se promovieron aquellos símbolos políticos, ritos y festivales que dieron lugar a la sacralización de las revoluciones soviéticas de 1917. Los valores soviéticos se expandieron a la vida cotidiana y a la producción cultural, el cine enalteció los principales acontecimientos bolcheviques, y el arte se expandió bajo una relativa libertad de experimentación, con predominio de los artistas de la izquierda más radical, interesados en el Proletkult y el futurismo.  Durante la implementación de la NEP, se expandió el constructivismo. A su vez, se generó una ampliación de la esfera cultural, con la creación de editoriales, revistas, compañías teatrales y de cine.

En los años de Stalin, la producción cultural y la retórica promovieron una visión utópica del mundo ruso, caracterizada por la centralidad de la industria y el nuevo hombre soviético. Con respecto al arte, se impuso el realismo socialista. Gran parte de la experimentación artística inicial fue reprimida, producto de la gran centralización del arte en el gobierno estalinista.

Historia Los años de Lenin

Cultura revolucionaria Durante la Revolución de Febrero de 1917 numerosos símbolos políticos con un papel primordial en la definición de la lucha. Una amplia gama de símbolos culturales, de ritos y festivales que ayudaron a convertir a la revolución en lo que fue.Figes, Orlando y Kolonitskii, Boris. Interpretar la Revolución Rusa. El lenguaje y los símbolos de 1917. Universitat de València, 2001, cap. II (“La revolución simbólica”). Se adoptaron tradiciones de la Revolución Francesa y se sacralizaron todas las revoluciones en general. Circulaba con frecuencia la “Marsellesa”, aunque la versión más popular en Rusia fue la “Marsellesa de los trabajadores”, una canción de protesta social, que apelaba a la clase trabajadora y a la gente hambrienta en su clamor por una guerra de clases. La iconoclastia fue un aspecto central de Febrero: la destrucción de los símbolos del régimen zarista era para los revolucionarios, la destrucción del Antiguo Régimen en sí.

El fervor revolucionario fue muy distinto en Octubre. Con la llegada de los bolcheviques al poder, no se logró atraer a tantos manifestantes como en febrero. Los bolcheviques atacaron instituciones estratégicas con significado militar no simbólico. El movimiento liderado por Vladimir Ilʹich Lenin buscó imponer la La Internacional como nuevo himno revolucionario dejando atrás la Marsellesa ya que se consideraba a esta como símbolo burgués de la revolución y hacía referencia a un poder “imperialista”. El relato oficial se empeñó en retratar un “Gran Octubre” como un acontecimiento triunfante. Esta visión se impuso también en los archivos oficiales. Durante el primer gobierno bolchevique y continuando en la época de Stalin, se buscó presentar a Octubre como una ocasión tan multitudinaria como la Revolución de Febrero.Al hacerse con el poder, los bolcheviques heredaron símbolos revolucionarios atractivos para las masas; símbolos como la bandera roja, que antes había compartido toda la izquierda, pero que ahora sería utilizada para legitimar el régimen bolchevique como único heredero y defensor de la revolución. miniaturadeimagen|Póster de la película Octubre (1927) Uno de los filmes clásicos de la propaganda soviética fue Octubre de Serguéi Eisenstein, estrenada por primera vez en 1928. Fue útil para la invención del discurso historicista sobre la Revolución de octubre y construcción de la memoria soviética. En la Primera Conferencia sobre Cine en 1928, cuando el partido comunista impone una forma única de contribuir a la producción cinematográfica y se exigen películas que promuevan el apoyo al partido y movilicen a las masas, se solicita eliminar las escenas de Trotsky en el filme Octubre.Andrade, J., & Sánchez, F. H. (Eds.). (2017). 1917. La Revolución rusa cien años después (Vol. 3). Ediciones Akal, cap. 4 ( “ «Del pasado hay que hacer añicos»: La liberación de las mujeres y la revolución rusa”), cap. 5 (“En el frente revolucionario del arte. Creación y experimento en la primera cultura soviética”).

Una característica de la actitud comunista hacia el arte y los artistas en el período entre 1918 y 1929, fue la relativa libertad y la experimentación significativa con varios y diversos estilos en un esfuerzo de encontrar un estilo soviético distintivo del arte. Esto era así en tanto los artistas estuvieran a favor del régimen. Sin embargo, durante el período de la guerra civil y el comunismo de guerra se generaron cambios y, sobre todo, pérdidas en la cultura rusa. Se produjo la emigración e incluso la muerte de gran cantidad de artistas y creadores. El poeta Aleksandr Blok es uno de los ejemplos de Rajmaninov y el de Ivan Bunin. Cabe destacar que, si bien algunas migraciones se dieron por voluntad propia, muchos artistas fueron expulsados de Rusia. La política de expulsión continuó durante toda la década del 20, en la cual Lenin buscó eliminar la oposición al régimen bolchevique de la esfera cultural.

Los grupos de izquierda más radical fueron los protagonistas de la esfera artística: el Proletkult y el futurismo. Sus programas estéticos se apoyaron en la búsqueda de una destrucción total de la tradición cultural y del arte burgués del , así como de la constitución de una cultura nueva, ligada a la vida y estrechamente vinculada al contexto social vigente. Frente a la “autonomía” del arte del , que aspiraba a un goce estético, estos grupos querían crear un arte útil a la revolución.Bürger, Peter. “La vanguardia como autocrítica del arte en la sociedad burguesa”, “La negación de la autonomía del arte en la vanguardia”, “La obra de arte de vanguardia”. Teoría de la vanguardia. Barcelona: Península, 1987. Cabe destacar que entre futuristas y proletkults existieron diferencias. Los primeros fueron una vanguardia experimental y defendieron una revolución formal. Los segundos, los proletkults, sostuvieron el valor de un arte más cercano al gusto de las masas. Pensaban que los vanguardistas futuristas eran elitistas y oscuros. Así, mientras las obras del futurismo se caracterizaban por el color y las formas geométricas, y la representación de movimiento con cierto grado de abstracción, los artistas del Proletkult aspiraban a producir un arte útil que transmitiera un mensaje más directo y claro para la mayoría de los rusos en el contexto de la revolución y la instauración de una nueva sociedad. Además, querían que la producción misma del arte fuera proletaria y siguiera los valores del bolchevismo; pretendieron, así, instaurar una cultura proletaria desligada de cualquier relación con las clases explotadoras.

Al principio los artistas y los escritores obtuvieron una gran cantidad de libertad pero muchos huyeron de Rusia a causa de su oposición al gobierno bolchevique. Lenin era un hombre tradicional en el arte. Sentía rechazo hacia las vanguardias, los nuevos "ismos" (futurismo, expresionismo) y quería que el arte fuera conservado de la forma tradicional, sin embargo, no hizo nada para disuadir a la difusión del futurismo en Rusia. Hay que tener en cuenta que los grupos de artistas llevaban adelante una labor propagandística, que al menos en un contexto de guerra civil en donde Lenin conservaba otras prioridades, no era desfavorable para el régimen bolchevique.

La NEP thumb|left|El poeta futurista Vladímir Mayakovski.

En muchos aspectos, el período de la NEP fue una época de relativa libertad y de experimentación para la vida social y cultural de la Unión Soviética. Tras la guerra civil, se postula como el verdadero momento de vitalidad de la esfera cultural y experimentación artística. Se crean editoriales, compañías teatrales, revistas y compañías de cine. El gobierno toleró una variedad de tendencias en estos campos, siempre y cuando no fueran abiertamente hostiles al gobierno. En el arte y la literatura, numerosas escuelas, algunas tradicionales y otras radicalmente experimentales, proliferaron. Los escritores comunistas Maksim Gorki y Vladímir Mayakovski fueron activos durante este tiempo, pero otros autores, que muchas de sus obras fueron reprimidas más tarde, publicaron trabajos que carecían de contenido político socialista.

En medio de las discusiones artísticas y estéticas, se dio pie al Constructivismo, una vanguardia, constituida por arquitectos, teóricos del arte, escultores y pintores, que sostenía la necesidad de crear arte útil. En relación con esa búsqueda, se plantearon construir obras en tres dimensiones y se opusieron a la composición en dos dimensiones, como era el caso del cuadro de caballete. Se instaló en Rusia la noción de un nuevo artista-ingeniero o artista-constructor que debía reunir tanto capacidad y talento artísticos, como conocimientos técnicos. De esta manera, los constructivistas quisieron, entre otras cosas, llevar la producción en serie de las fábricas a su arte. A su vez, se ocuparon de la producción de vestimenta y escenografía para obras de teatro y cine de izquierda radical. En este sentido, la concepción de los constructivistas era que el artista debía producir arte con una función social transformadora, lejos del mero goce estético que había caracterizado a la noción autónoma del arte de gran parte del .

Por su parte, el cine, como medio para influir a una sociedad mayoritariamente analfabeta, recibió el estímulo del Estado; muchos de los mejores trabajos del cineasta Serguéi Eisenstein datan de este período. En el ámbito cinematográfico, se empezó a utilizar la técnica del montaje como parte de la indagación y el análisis sobre la forma de estimular las mentes de los ciudadanos rusos. Se consideraba que, a partir del montaje, se podía entrenar la mente humana para ver el mundo de cierta manera, desde cierta óptica particular y deseable. Cabe destacar que este interés por la influencia de imágenes y técnicas sobre el cerebro se inscribió en un contexto de veneración por la máquina y de confianza en el progreso tecnológico.

La educación, bajo el comisario Anatoli Lunacharski, entró en una fase de experimentación basada en las teorías de aprendizaje paulatino. Al mismo tiempo, el Estado amplió el sistema escolar primario y secundario e introdujo las escuelas nocturnas para los adultos que trabajaban. La calidad de una educación superior sufrió, en parte, debido a las políticas de admisiones preferentes hacia los aspirantes de la clase proletaria sobre aquellos de orígenes burgueses, sin importar las calificaciones de los aspirantes.

Bajo la NEP el Estado facilitó su activa persecución de la religión iniciada durante el comunismo de guerra pero continuó para hacer campaña a favor del ateísmo. El partido apoyó el movimiento de reforma "Viviendo la Iglesia" dentro de la Iglesia Ortodoxa Rusa, con la esperanza de que socavaría la fe en la iglesia, pero el movimiento se extinguió a finales de 1920.