El arte de la jardinería tiene, para los chinos, la misma consideración sagrada que la escritura o la poesía. El jardín es, a la vez, parte de su hogar y lugar de recreo, un lugar “mágico”, un cosmos en miniatura en el que se procura recrear la imagen de una naturaleza ideal. El jardín representa un compromiso constante entre las dimensiones estéticas y simbólicas. Los jardines chinos responden, por tanto, a una serie de códigos que, si se omiten, dan como resultado una interpretación muy parcial de su significado o de lo que el artista quiso expresar.
thumb|300px|Jardín de Yu Yuan en Shanghái.
Historia
La historia de la jardinería en China es más que milenaria. El jardín tuvo, en principio, un origen místico: Zhuangzi así lo aseveraba, atribuyéndolo a un discurso de Confucio en el que se mencionaba el parque de Xiwei, soberano legendario anterior al Emperador Amarillo (mítico) (II milenio antes de nuestra era). El jardín chino tradicional simboliza el paraíso en el mundo. Según las antiguas leyendas chinas, este paraíso se hallaba en la cumbre de una gran montaña que estaba en unas lejanas islas que se hallaban en medio del mar. Allí se encontraba el elixir de la "eterna juventud", que permitía acceder a la inmortalidad. Esta leyenda explica la gran importancia que la montaña, la mar y las islas tienen en la simbología de los jardines chinos.
Más prosaicamente, la jardinería se desarrolló, sin duda alguna, durante el período de la Dinastía Han. No se buscaba, por aquel entonces, su concepción estética, sino que estaba, más bien, dedicado al descanso (El jardín "por el que pasear sin preocupaciones"- Mianyuan) y a la caza. El Shuowen jiezi recopilado en el de nuestra era, menciona los términos you (parque), pu (huerto), yuan (jardín) y yuanyou (parque). El parque Bechaï, ampliado y reformado más tarde, se creó bajo la dinastía de los Han en 104 a. C.
A partir de la época de los Tang y de los Song, el entorno, tanto interior como exterior, empezó a adquirir una importancia preponderante en la concepción de los jardines, y ya, durante el imperio de los Ming y los Qing, adquirieron su dimensión artística y alcanzaron su plenitud. Por tanto, cuando se mencionan los jardines chinos, se hace referencia a los jardines creados durante ese período. Según la creencia popular, al sur del Río azul o en su delta se encuentran los jardines más hermosos que puedan imaginarse:
"El cielo existe, y el paraíso está en la tierra", Suzhou y Hangzhou.
A partir del , los jardines se expandieron, abandonando la esfera imperial, gracias al crecimiento de una clase de mercaderes enriquecidos y, especialmente, a los altos funcionarios (shidafu) que querían disfrutar de los dones de la naturaleza sin tener que abandonar la ciudad y renunciar a su trabajo. Los diferentes estilos empezaron a multiplicarse en función de la utilización que de ellos quisiera hacerse. Algunos eran de grandes dimensiones y muy opulentos, y fueron abiertos al público con el fin de demostrar la prosperidad de sus propietarios. Otros, por el contrario, permanecían ocultos a las miradas exteriores, preservando su intimidad. Esencialmente son el reflejo de la cultura humanista china, que se puede asociar al triunfo social logrado por el Estado y el Emperador, que ponían de relieve, de manera especial, los valores confuncionistas, el desarrollo de la espiritualidad que se adquiere cultivando la vida interior basado todo ello en los principios taoístas. Aplicado a los jardines, éstos adquieren una dimensión simbólica, intentando recrear una naturaleza idealizada y convirtiéndolos, de este modo, en un refugio para la meditación.
El desarrollo del budismo y del taoísmo propiciaron que los jardines formaran parte del mundo religioso, incorporándose a los templos que los monjes construyeron alrededor de las ciudades.
El arte de la jardinería china se desarrolló en tres estados diferentes (imperial, burgués y religioso) y fue perfeccionándose hasta el . La penetración occidental (misioneros, colonizadores), introdujo, entonces, la cultura de los jardines occidentales. El jardín Yuanming Yuan, diseñado por los misioneros franceses, es el ejemplo más evidente de esta intromisión que puso fin, asimismo, a la jardinería china tradicional.
Pese a la profusión de los mismos en la antigüedad, muy pocos jardines chinos tradicionales subsisten actualmente. La mayor parte de ellos fueron víctimas de incendios, fortuitos o provocados. Como quiera que los edificios tradicionales chinos se construían con madera, no subsiste ningún vestigio, ni siquiera arquitectónico.
La influencia que la jardinería china pudo ejercer frente a la jardinería japonesa y coreana quedó pronto diluida al desarrollar, éstos, su propia estética.
Principales aspectos del jardín chino
Ji Cheng, autor del Yuanye, consideraba que, el éxito de un jardín, dependía de dos principios básicos: la adaptación al entorno y la imitación de otros paisajes.
Podría añadirse, también, a estos dos principios, la creación de un mundo en miniatura. El mundo "en un grano", es una expresión budista que refleja una de las mayores preocupaciones del diseñador chino. La pequeñez es lo que revaloriza el objeto. La reproducción del objeto natural se aleja, por sus dimensiones, de la realidad y adquiere un carácter mágico o místico. Cuanto más se aleja la reproducción del objeto natural de la realidad, por sus dimensiones, tanto más adquiere un carácter mágico. Este punto debe acercarse al precedente. Si acondicionar un parque que contenga, por completo, todas las esencias y elementos del universo constituye, de por sí, un acto de magia, reducirlo al estado de miniatura vuelve a despojarle del último parecido con la realidad y, por ende, lo eleva por encima de esta última.
En los apartados siguientes pueden constatarse los diferentes aspectos que son llevados a la práctica en la concepción de un jardín chino.
Principios generales
El artista tiene que demostrar su capacidad para utilizar el entorno natural para crear su obra sin intentar dominarlo. La simetría no es el objetivo, como sucede con los jardines occidentales, el artista trata, sobre todo, de buscar una armonía general que pueda dar una apariencia natural, intentando, de alguna manera, llegar a una representación ideal de la naturaleza, y de sublimarla.
La vivienda se compone de diferentes edificios separados entre sí por unos patios dispuestos según un orden convencional, en principio a lo largo de un eje (yang). Los jardines tienen un plan libre y asimétrico (yin). En toda composición existe un espacio abierto en el cual se disponen las principales decoraciones y los pabellones más importantes dedicados a la contemplación, situados en el centro de una encrucijada de galerías, paseos y bosquecillos.
Un jardín es un elemento con vida propia. Tiene que verificar los mismos cambios que la naturaleza verifica en las diferentes estaciones y de la sucesión de floración que la acompaña, así como de los juegos de luz y sombra proporcionados por el ciclo solar, y de las variaciones diurnas y nocturnas. A través de las incesantes y múltiples transformaciones, el jardín va adquiriendo una nueva dimensión, en el que, a cada instante, se disfruta de una visión efímera e impresiones fugaces de un universo en continuo movimiento.
La imitación de paisajes
La imitación del entorno es también determinante en la cualidad del jardín. Múltiples documentos procedentes de la dinastía de los Jin del Este mencionan esta práctica. No se trata de hacer una copia exactamente igual, pero sí de recrear, en el ánimo de quienes lo contemplan, las sensaciones que podría experimentar si estuvieran ante el escenario representado. Chen Chongzhou escribió: "Toda la sutileza reside en la palabra “lo veo”: la imitación alcanza su éxito entre la intención y la casualidad de una manera totalmente natural y elegante.
El jardín dispone, de esta manera, de dos espacios, donde se encuentra, en esta concepción, la necesaria continuidad espacial entre el espacio interior y el exterior.
La frontera entre el artificio y la realidad es muy tenue, como lo demuestran los jardines de las lamaserías (convento de lamas) a los que habían sido destinados los sacerdotes, o en los arrozales en los que trabajaban como campesinos.
Feng Shui
left|thumb|100px|Representación simplificada del término Feng Shui
El Feng Shui, (literalmente viento y agua), es una práctica de origen chino que consiste en estudiar los elementos que constituyen el entorno donde se quiere construir un edificio a fin de aprovechar los flujos de energía para asegurar la armonía del mismo con el entorno y determinar su idoneidad.
El Feng shui proviene, por lo menos, del , y sus raíces ideológicas son, incluso, más antiguas. Según las reglas, el Feng shui, consiste en desarrollar una forma de vivir armoniosa que asegure la prosperidad y el bienestar. La energía vital qi (literalmente aire, respiración, energía, temperamento o atmósfera) deben ser captados y destinados a fines benéficos para el ser humano. Según la filosofía taoísta el flujo de una energía invisible es portadora de una energía vital. Progresivamente al Feng shui fueron incorporándose otros elementos como, por ejemplo, la geomancia o el horóscopo.
A partir del fue haciéndose cada vez más corriente el consultar con los expertos en Feng shui para determinar el emplazamiento o la orientación de una casa o de una tumba. La aplicación de estos preceptos Feng shui en el diseño de los jardines fue convirtiéndose, poco a poco, en un hecho de lo más natural.
Un jardín chino tenía que ser un reflejo de la naturaleza y, como ya se ha mencionado, la armonía general era mucho más importante que la simetría y el orden. El principio fundamental del Feng shui: "menos es mejor", se evidencia en los jardines: la calidad debe prevalecer sobre la cantidad. El jardín chino no es, en lo absoluto, el exponente de una colección botánica. Los árboles se plantan de manera asimétrica porque constituyen por sí mismos un elemento estructural que permite crear unas interesantes perspectivas realzando, a su vez, otros elementos del jardín (piedras, agua, etc.).
Según el concepto taoísta del yin y del yang la armonía se produce a consecuencia de elementos totalmente opuestos: belleza y fealdad, claro y oscuro, luminoso y apagado. Y este equilibrio entre elementos opuestos es aplicado en la concepción de los jardines. Las piedras, con sus formas tortuosas representan el yang, mientras que los estanques o las balsas, con su equilibrio, representan el yin.
La montaña y el agua constituyen los dos elementos fundamentales a tener en cuenta cuando se examina el lugar, la primera ejerce su influencia sobre el destino del hombre, la segunda sobre su fortuna pecuniaria. Si se hace un examen cuidadoso respecto a la concepción china de los jardines, se evidencia el arraigo del Feng shui y sus fundamentos, expuestos comúnmente en los grandes tratados paisajísticos.
Elementos fundamentales: el agua y la montaña
right|230px| thumb|Una ventana en un jardín chino
El agua y la piedra son elementos de un gran valor simbólico y constituyen, asimismo, los pilares de la estética de los jardines chinos.
Las piedras pueden disponerse de diferentes maneras. Pueden acumularse para producir el efecto de una montaña (Shan (etnia)|shan]], en este caso se trata de un aspecto simbólico, no estructural. Estructural, en este caso las piedras forman una especie de telón de fondo de una perspectiva, separando la siguiente sin ningún elemento artificial. Disimuladamente contribuyen a dar una impresión de amplitud pese a la pequeñez del jardín.