Roberto Jorge Santoro (Barrio de Chacarita, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina 17 de abril de 1939 – detenido-desaparecido el 1° de junio de 1977 en el barrio de Once, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina) fue un poeta, editor, artista visual y director de revistas literarias.

Biografía Nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y, a los cuatro años, se trasladó junto a su familia a una vivienda ubicada en Fraga 568, en el barrio de Chacarita. Fue hijo de Salvador Santoro, inmigrante italiano que trabajó como repartidor para una fábrica y vendedor en un puesto de feria del Mercado del Abasto, y de Emilia Delisio, quien se desempeñó como empleada administrativa y modista. Tuvo una hermana llamada Emilia Cristina Santoro, conocida familiarmente como “Neneco”.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela N.º 18 D.E. 14, situada en la intersección de Federico Lacroze, Fraga y Roseti. Completó la educación secundaria en el Colegio Manuel Belgrano, ubicado en La Pampa y Vuelta de Obligado. También cursó estudios de francés en la Alianza Francesa.

Tras finalizar el bachillerato, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La carrera quedó interrumpida debido al cumplimiento del servicio militar obligatorio en la Armada Argentina. Durante ese período, fue reconocido por su desempeño y seleccionado para participar en el octavo viaje de instrucción del buque escuela La Argentina, recorriendo países como Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, entre otros destinos.

El 16 de diciembre de 1965, contrajo matrimonio con Dolores Méndez y, al año siguiente, nació su hija, Paula Santoro.

A lo largo de su vida, además de su actividad literaria y periodística, ejerció múltiples oficios y empleos. Trabajó como vendedor en el mercado de Forest (ubicado en Lacroze y Olleros), donde primero atendió un almacén y luego un puesto de artículos de limpieza. Fue empleado en el Sindicato de Músicos, pintor de brocha gorda y preceptor de colegio secundario.

El 1 de junio de 1977, Roberto Jorge Santoro fue detenido y secuestrado en su lugar de trabajo, la Escuela Nacional de Educación Técnica N.º 25 "Teniente Primero de Artillería Fray Luis Beltrán", ubicada en el barrio de Once, Ciudad de Buenos Aires. Un grupo de tareas, vestido de civil y haciéndose pasar por familiares de un alumno, ingresó al establecimiento, detuvo y secuestró a Santoro. Hasta la fecha, Roberto Jorge Santoro continúa desaparecido.

Militancia Roberto Jorge Santoro desarrolló una intensa actividad militante vinculada al campo cultural y literario argentino durante las décadas de 1960 y 1970. Desde sus primeros años de participación, cuestionó las estructuras institucionales dominantes y promovió espacios de organización cultural popular. En 1963 impulsó, junto a Marcos Silber, Ramón Plaza y Gerardo Berenstein, el Manifiesto Ante la Desunión de Escritores, primer documento cultural del Grupo Barrilete, que denunciaba la falta de representatividad en la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y proponía su democratización, para abrirla a escritores comprometidos con las problemáticas sociales. Ese mismo año comenzó a participar activamente en la Alianza Nacional de Intelectuales, un espacio promovido por sectores del Partido Comunista que convocaba a trabajadores de la cultura a favor de una transformación social. En ese marco, en abril de 1964 pronunció un discurso en el que reclamó una cultura nacional auténtica, construida desde el trabajo colectivo de escritores, artistas, músicos y cineastas, y planteó la necesidad de garantizar derechos laborales para los intelectuales. A mediados de los años 60 integró el Movimiento Gente Nueva, lista de escritores que se postuló en las elecciones directivas de la SADE. Entre sus integrantes figuraron Pedro Orgambide, Dalmiro Sáenz, Horacio Salas, Marcos Silber, Rafael Alberto Vásquez y el propio Santoro. Aunque la lista no resultó electa, sus planteos sentaron las bases para posteriores experiencias gremiales en el ámbito literario. En 1968 se incorporó al Frente de Artistas Trabajadores de la Cultura (FATRAC), y a partir de 1972 participó en el Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), organizaciones que nucleaban a escritores, artistas y trabajadores de la cultura con fines de denuncia y militancia cultural popular. En este período profundizó su compromiso político al integrarse al Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), participando de sus frentes culturales.

En 1975 participó en la conformación de la Asociación Gremial de Escritores (AGE), continuidad de los planteos esbozados por el Movimiento Gente Nueva. La agrupación presentó una lista encabezada por Elías Castelnuovo, con participación de David Viñas, Humberto Costantini, Liliana Heker, Oscar Barros, Carlos Patiño, Lucina Álvarez, y María Rosa Oliver, entre otros y otras. La AGE se propuso organizar a los escritores en defensa de sus condiciones laborales y derechos culturales, y enfrentar la censura y la represión impulsadas desde el Estado y las corporaciones editoriales.

La trayectoria militante de Santoro lo posicionó como una figura relevante en el movimiento cultural argentino de los años 60 y 70, activo en el gremialismo de escritores, los frentes culturales revolucionarios y las revistas independientes. Desde esos espacios denunció la desigualdad social, la represión estatal y las formas de dominación cultural e imperialista.

Santoro poeta miniaturadeimagen|Roberto Jorge Santoro|260x260px La poesía de Roberto Jorge Santoro se caracterizó por una estrecha unidad entre su vida y su producción literaria, entendiendo el acto poético como una manifestación de libertad y como un recurso para la expresión personal, social y política. Para Santoro, la poesía cumplía una función social definida, orientada a “cantar y curar con el canto las heridas del mundo”. Se identificó como un “obrero de la palabra” y rechazó la figura del “poeta encerrado en su torre de marfil”, proponiendo en cambio una poesía accesible, combativa y destinada a circular entre quienes participaban activamente en las calles y en las luchas sociales. En cuanto a su estilo, su obra representó una ruptura deliberada con los esquemas literarios establecidos y con las corrientes predominantes en la generación del ’40. Incorporó un lenguaje popular, vernáculo y lunfardo, y optó por el verso libre y las métricas irregulares. Su poesía se distinguió por ser directa, cruda y realista, con el propósito de que el lector reconociera en ella una verdad compartida. Se autodefinió como un “realista del sur” y su producción evitó alinearse con las corrientes decadentistas, románticas o modernistas. Entre los rasgos formales de su escritura, fue frecuente la yuxtaposición de imágenes y la ausencia de puntuación. La obra de Santoro integró al menos cuatro vertientes principales: el surrealismo, la literatura social (también conocida como boedismo), el costumbrismo y el existencialismo. Aunque reconoció su vínculo con el surrealismo, destacó que en su caso se encontraba condicionado por la coyuntura política y social de América Latina, diferenciándose de una propuesta meramente estética o subordinada al control racional. Tanto él como su grupo defendieron la creación poética como un acto consciente, en oposición a la inspiración entendida en términos románticos. Las temáticas de su poesía abarcaron una amplia variedad de registros, que fueron profundizándose a lo largo de su trayectoria, siempre con anclaje en la realidad argentina. Sus primeras composiciones abordaron temas como el dolor del crecimiento, la infancia, la esperanza, la confianza vital y la búsqueda de verdad y justicia. Una constante a lo largo de su producción fue la representación de la ciudad de Buenos Aires, sus barrios, el fútbol y el tango, habitualmente desde una perspectiva costumbrista. El fútbol, en particular, constituyó un eje temático recurrente en su obra. Con el paso del tiempo, su compromiso político se volvió más explícito, y concibió a la poesía como una “puesta en palabras del recorrido vital” de quien se reafirmaba revolucionario. En sus textos posteriores, la denuncia política adquirió un carácter central y directo, incluyendo referencias a la desaparición de militantes, la tortura y los fusilamientos. Santoro entendió la poesía como un instrumento de conocimiento y un arma de lucha, aspirando a construir una “palabra caliente, que se necesita, que sirva, que sea revolucionaria”, capaz de comprometerse con las luchas populares. A pesar de la progresiva radicalización política, sus últimos poemas continuaron explorando temas como el amor, el dolor, la esperanza y la alegría, considerados por él elementos inseparables de un “recorrido vital revolucionario”. Su trayectoria poética conformó un itinerario complejo y no lineal, atravesado por una lucha constante y por una sostenida conciencia acerca de la necesidad de transformar la sociedad. Desde sus primeras expresiones, en las que ya se percibía una “bronca hecha poema”, hasta sus textos finales de abierta denuncia, su obra mantuvo un humanismo vitalista y una firme confianza en la posibilidad de cambio social. En conjunto, su poesía constituyó la formulación literaria de una vida que se reafirmaba revolucionaria, un camino marcado por el dolor y por la búsqueda de ruptura con el aislamiento artístico.

Roberto Jorge Santoro fue autor de trece libros de poesía, una antología de relatos, crónicas y cuentos sobre fútbol, y participó en dos discos musicales, cuyas letras fueron de su autoría. Su primer libro de poesía, Oficio desesperado, se publicó en 1962 por la editorial Cuadernos del Alfarero. Ese mismo año apareció De tango y lo demás, por la Editorial El Barrilete. En 1964, esta obra tuvo una versión definitiva, ampliada con nuevos poemas, auspiciada por el Fondo Nacional de las Artes y con arte de tapa de Oscar Grillo, también bajo el sello de la Editorial El Barrilete. En 1963 publicó El último tranvía, volumen que reunió cinco poemas ilustrados con xilografías de Miguel Ángel Rozzisi, editado por la Editorial El Barrilete. Ese mismo año apareció Nacimiento de la tierra, por Cuadernos Australes, con xilografía de Eduardo Audivert en la tapa. En 1964 editó Pedradas con mi Patria, obra que recogió poemas escritos entre 1959 y 1962, acompañados por dibujos de Oscar Smoje, publicada por la Editorial El Barrilete. En 1967 publicó En pocas palabras, una plaqueta de poesía editada por Ediciones Hechas a Mano. En 1971 apareció Literatura de la pelota, por Editorial Papeles de Buenos Aires, considerada la primera antología argentina dedicada al fútbol desde una perspectiva literaria. Reunió cuentos, artículos periodísticos y crónicas vinculadas al fútbol, escritas por autores de distintas generaciones y estilos. Entre los escritores incluidos se encontraban nombres reconocidos y otros menos difundidos en ese momento. Santoro no solo seleccionó los textos, sino que escribió un prólogo que contextualizaba el vínculo entre fútbol y literatura en la cultura popular argentina, defendiendo su valor artístico y social. La obra tuvo relevancia por ser pionera en sistematizar la presencia del fútbol en la literatura nacional y por incorporar materiales que hasta entonces no se habían reunido en un libro de esta naturaleza.