El Castel Béranger es un edificio residencial de estilo modernista cuya entrada principal se encuentra en el 14 de la Rue Jean-de-La-Fontaine, en el distrito XVI de París (Francia). Fue el primer inmueble de renta con alquileres moderados construido en este estilo en París. Fue diseñado y edificado entre 1895 y 1898 por Hector Guimard (1867-1942), quien, inspirándose en los principios racionalistas de Eugène Viollet-le-Duc y en las innovaciones estéticas de Victor Horta, consiguió gracias a esta obra una notoriedad inmediata.

Las fachadas del Castel Béranger, asimétricas, muestran numerosos retranqueos, salientes y juegos de materiales, colores y formas, algunos de los cuales reflejan el diseño interior. La fantasía creativa de Guimard se manifiesta también en el inédito diseño de los ornamentos de hierro y de los vitrales, pero estalla en el interior del edificio: el arquitecto, siguiendo el ideal fundacional del modernismo y usando mucho el arabesco, diseña cuidadosamente cada detalle de la decoración, todo ello buscando racionalizar los espacios.

El edificio cuenta con treinta y seis viviendas no muy grandes, todas ellas diferentes, incluidos cuatro talleres de artistas en la sexta planta, ocupados entre otros por el pintor Paul Signac y el arquitecto y decorador Tony Selmersheim. El Castel Béranger, que sorprendió al público por su aspecto, ganó tras su finalización el primer Concurso de Fachadas de la Villa de París y contribuyó de forma decisiva a impulsar en la capital francesa la arquitectura modernista y lo que su creador llamaba el «estilo Guimard». Un siglo después de su construcción, el Castel Béranger se convirtió en un condominio. En 1992 fue declarado monumento histórico de Francia.

Descripción del edificio El Castel Béranger es un edificio residencial privado del que es visible el exterior, incluido el lado del patio, y lo que puede apreciarse del vestíbulo a través del portal. Situado en una parcela de 700 m², está compuesto por dos edificios paralelos aproximadamente rectangulares, situados uno detrás del otro: el primero, bordeado al sureste por la Rue Jean-de-La-Fontaine, disimula el segundo, que está unido a él por un estrecho corps de logis en el lado noreste; el patio alargado que los separa comunica al suroeste con un callejón privado llamado Hameau Béranger, de donde procede el nombre del complejo. Los tres edificios tienen seis plantas. El pintor Paul Signac describió así el Castel para la edición del 15 de febrero de 1899 de La Revue Blanche:

En efecto, la fachada hacia la Rue Jean-de-La-Fontaine no es simétrica, ni realmente plana, ni uniforme, lo que hace que parezca dividida en diferentes secciones esbeltas, algunas de las cuales están coronadas por dinteles triangulares. La planta baja y la primera planta están revestidas con sillería clara, al igual que una sección a la izquierda que sobresale ligeramente; el resto es de piedra de molino y ladrillo rojo para la sección de la derecha y la sexta planta. Por la fachada están diseminados irregularmente miradores, balcones con barandillas profusamente ornamentadas, caballitos de mar que decoran los anclajes y varios dinteles de ventanas con arcos. En la esquina sureste de la quinta planta, que está retranqueada, se abre una pequeña logia cuadrada. El portal principal, inscrito en un arco de circunferencia y enmarcado por dos columnas esculpidas, combina placas de cobre pulido con arabescos de hierro forjado de color turquesa, y a través del mismo se deja entrever el vestíbulo, que está revestido con paneles de gres vidriado y flameado con tonalidades que oscilan entre el verde y el cobrizo.

Las dos fachadas laterales hacia el Hameau Béranger, dominadas por la piedra de molino y el ladrillo, también son asimétricas, con falsos arcos, y están bordeadas por una reja interrumpida por algunos arabescos. Esta permite ver al fondo el ladrillo rojo del pequeño edificio noreste, perforado por ventanas escalonadas, mientras las dos fachadas que dan hacia el patio muestran varios salientes, incluida una parte metálica que sobresale como una torre. «Por la noche —asegura el historiador del arte Georges Vigne—, cuando se encienden las ventanas que dan hacia el patio interior, el edificio se convierte en un verdadero escenario teatral, continuamente cambiante, mientras la luz detalla una multitud de motivos».

Historia El diseño y la construcción del Castel Béranger pueden ser esbozados gracias entre otros a los archivos de Hector Guimard, conservados en su mayor parte en el Museo de Orsay. Las obras empezaron en otoño de 1895 y duraron unos dos años y medio: el arquitecto y decorador, como un verdadero maestro de obras, trabajó sin descanso en los diferentes elementos, y su frenesí innovador se revela sobre todo en el interior.

Origen del proyecto Hector Guimard, a la edad de veintisiete años, era todavía un arquitecto desconocido cuando se le confió el encargo de construir un inmueble de renta en el distrito XVI de París. A mediados de la década de 1890, Hector Guimard —que había pasado por la Escuela de Bellas Artes de París después de la Escuela Nacional Superior de las Artes Decorativas, donde también enseñó— tenía en su haber, como realizaciones arquitectónicas, una sala de café-concert, el pequeño pabellón de la electricidad en la Exposición Universal de París de 1889 y varias villas y hôtels particuliers en el barrio de Auteuil. Fue sin duda alguna a través de sus propietarios —como los Roszé, los Jassedé, los Delfau o la viuda del escultor Jean-Baptiste Carpeaux— como se introdujo en la comunidad burguesa católica de esa zona del distrito XVI, donde residía, y de esta manera conoció a Élisabeth Fournier (1835-1923), una viuda que deseaba invertir en bienes inmuebles.

Auteuil no se convertiría en un barrio verdaderamente burgués hasta una década más tarde, con la llegada de una línea de metro: hasta entonces, a finales del siglo , el barrio albergaba todavía a obreros, artesanos y comerciantes, y las tiendas estaban al lado de almacenes o fábricas. Élisabeth Fournier había adquirido allí, en la esquina de la Rue Jean-de-La-Fontaine y el Hameau Béranger, una parcela de terreno edificable situada en el antiguo parque del Castillo de la Tuilerie. Dirigiéndose a la clase media, pretendía compensar con un elevado número de viviendas la relativa baja cuantía de los alquileres.

El 19 de febrero de 1895 se presentó en la Prefectura del departamento del Sena un primer proyecto, quizá todavía de inspiración neogótica. El 27 de junio se presentó un segundo proyecto, que contemplaba un triple inmueble de renta con treinta y seis viviendas y estaba acompañado por planos fechados en el mes de marzo. Mientras esperaba la validación de los servicios de la red viaria, Guimard supervisó su obra de la Escuela del Sagrado Corazón, en la Avenue de La Frillière, y la de la segunda planta del Atelier Carpeaux, en el Boulevard Exelmans.

thumb|upright=0.8|alt=Photo en couleur d'une façade d'immeuble étroite, avec des encorbellements arrondis et des parties en métal|La Casa Tassel de Bruselas, obra de Victor Horta. thumb|upright=0.8|alt=Photo en couleur d'un palier avec colonnes fines, mosaïque au sol, arabesques sur la rampe d'escalier et les murs|La escalera de la Casa Tassel.

En el curso del verano, respondiendo a una invitación del arquitecto y decorador Gustave Serrurier-Bovy gracias a una beca, Guimard efectuó un viaje a Lieja y Bruselas, «cuna de la nueva estética», que —después de Inglaterra, sus ranchos y las obras del movimiento Arts and Crafts— sería su «camino de Damasco». Allí se encontró con Paul Hankar y descubrió los trabajos de la Escuela de Glasgow, liderada por Charles Rennie Mackintosh, pero fueron las obras de Victor Horta (1861-1947) las que constituyeron para él una revelación, en particular la fachada con miradores curvos y la lujosa decoración interior de la Casa Tassel, que le servirían de inspiración. El 16 de septiembre de 1895 se otorgó la licencia de obra del que en el papel se llamaba todavía «Castel Fournier», para el cual la viuda dio carta blanca al arquitecto.

Evolución y construcción De vuelta a París, Guimard modificó ostensiblemente el proyecto de su nuevo inmueble pero sin alterar su estructura. Ya no era momento de alterar los planes de conjunto aprobados por la prefectura, y en consecuencia la estructura del edificio y su volumetría permanecieron conforme a la solicitud presentada en junio. En cambio, aunque eso significara tener que convencer a su cliente de invertir un poco más de dinero, el joven arquitecto daría rienda suelta a su fantasía creativa para la ornamentación de las fachadas y la decoración interior.

thumb|right|upright=0.8|alt=Photo en couleur d'un coin d'immeuble avec matériaux de diverses couleurs, et ornements de balcon et de gouttière en fer forgé clair, bleu-vert|Esquina suroeste y logia: sillería, piedra de molino, ladrillo beige o rojo y hierro forjado. Esta decoración sería elaborada a medida y al mismo tiempo que avanzaba la estructura, se inició tras la recepción de la licencia de obra y se completó en diciembre del año siguiente: en la primavera de 1896 se añadieron falsos arcos y chimeneas, y durante el verano algunos elementos exteriores en la última planta y los marcos de las puertas. A finales de 1896, varios apartamentos ya estaban listos pero la decoración del vestíbulo y de los huecos de las escaleras estaba todavía en estudio. En la primavera de 1897, cuando las obras de revestimiento de suelos y paredes y de ornamentación continuaban en las zonas comunes y algunos apartamentos, ya estaban alquiladas veinticinco de las treinta y seis viviendas.

En cuanto a los materiales de construcción, la sillería de los zócalos se utiliza también para la fachada hacia la Rue Jean-de-La-Fontaine, la más opulenta; en el patio y hacia el callejón imperan, porque son más económicos, la piedra de molino y el ladrillo. Este, rojo, gris o esmaltado de tonos verdosos, azulados y rosados, se usa allí donde no puede debilitar el edificio, como en las partes altas o el avant-corps. Al igual que muchos otros arquitectos modernistas europeos, Guimard decide mezclar también en los apartamentos y en las zonas comunes varios materiales más o menos «nobles» —hierro fundido, bronce, chapa, hierro forjado, cobre, latón, ladrillo, cerámica, gres flameado, porcelana, vitral, madera, etc.— y explotar aquellos que eran de invención reciente, como el lincrusta extraído del linóleo patentado por Frederick Walton en 1877, el ladrillo de vidrio hueco inventado en 1886 por el ingeniero Gustave Falconnier, o el vidrio «americano» opalescente de Tiffany.

Siguiendo un principio fundamental del modernismo y la concepción que tenía Victor Horta, el Castel Béranger es una obra de arte total en la que el arquitecto, haciéndose decorador, se hace cargo de todos los aspectos de la construcción. Además de las rejas, frisos y barandillas, de una linterna para el patio y de una fuente con su grifo, diseñó todos los elementos decorativos del interior: los muros del vestíbulo, en los que el gres flameado evoca una cueva o un abismo; los dinteles, frisos y chimeneas, también de gres flameado; los pasamanos y las alfombrillas de las escaleras, los mosaicos de los suelos, vitrales, dados, el papel pintado, hornos, lavabos, grifos, cerraduras, manijas de puertas y de ventanas, etc.

Al margen de las chimeneas, sus espejos y el mobiliario de baño, no diseñó muebles para los apartamentos porque sus inquilinos aportarían los suyos pero, preocupado por los detalles prácticos, instaló en el vestíbulo una cabina telefónica, una comodidad muy rara en la época, y diseñó un buzón que no se conserva en la actualidad. Sus numerosos diseños testimonian tanto su productividad como su método: primero dejar ir sin freno su imaginación y posteriormente depurar poco a poco racionalizando.