El metropolitanato de Tarso o gran metropolitanato de Tarso () fue una circunscripción eclesiástica del patriarcado de Antioquía en la actual Turquía. Se trataba de un metropolitanato antioqueno, sede metropolitana de la provincia eclesiástica de Tarso. Fue suprimido probablemente en 1085.

Territorio y organización El metropolitanato extendía su jurisdicción sobre los fieles ortodoxos de rito antioqueno residentes según la Notitia Antiochena (la única Notitia Episcopatuum del patriarcado de Antioquía que se conoce, que se supone que data de la segunda mitad del y fue elaborada por el patriarca Anastasio de Antioquía, quien gobernó el patriarcado dos veces entre 559 y 570 y entre 593 y 598) en la costa del mar Mediterráneo desde el río de Adana hasta el río de Roso.Esta demarcación está en la recensión griega publicada en 1884 por Athanasios Papadopoulos-Kerameus. (en griego) Suplemento del tomo XVIII de Ὲλληνικòς φιλολογικòς Σύλλογος, Constantinopla, 1884, pp. 65-67.

La sede del metropolitanato se encontraba en la ciudad de Tarso.

Diócesis sufragáneas Según la versión crítica de Ernst Honigmann (1925) de la Notitia Antiochena, Tarso tenía 6 diócesis sufragáneas, cuyo orden de precedencia era el siguiente: Adana, Sebastia en Cilicia, Pompeyópolis, Malo, Augusta y Córico.

Honigmann descartó la inclusión en la Notitia Antiochena de la diócesis de Céfiro por Siméon Vailhé (1907), que no aparece en ninguna recensión, pero que Vailhé agregó como sufragánea de Tarso porque se conocen 4 obispos entre 381 y 692 y que los escritos de Hierocles en el Synecdemus () y Jorge de Chipre en Descriptio orbis Romani (600-610) confirman que era sufragánea de Tarso. Esta situación no pudo ser resuelta por Honigmann, que también descartó la sugerencia del patriarca siro-católico Rahmani de que esta diócesis podría ser la misma que Augusta, que falta en las recensiones siríacas. Sin embargo, Honigmann contempló la posibilidad de que en el momento en que el que la Notitia Antiochena fue redactada, esta diócesis estaba temporalmente vacante y, por lo tanto, su redactor la pasó por alto o la omitió intencionalmente.(en inglés) Honigmann, Ernst, The Patriarchate of Antioch: A Revision of Le Quien and the Notitia Antiochena, Traditio 5 (1947): pp. 135-162. Michel Le Quien en Oriens christianus (1740)(en latín) Le Quien, M. Oriens christianus in quatuor patriarchatus digestus, in quo exhibentur Ecclesiae patriarchae caeterique praesules totius Orientis. París, 1740. pp. 777- Disponible en Google books y Robert Devreesse en Le patriarcat d’Antioche depuis la paix de l’Église jusqu’à la conquête arabe (1945)(en francés) Devreesse, Robert, Le patriarcat d’Antioche depuis la paix de l’Église jusqu’à la conquête arabe. en la Collection d'études palestiniennes et orientales. París: V. Lecoffre, 1945. mencionan las mismas 7 diócesis sufragáneas.

Después de la redacción de la Notitia Antiochena las diócesis de Adana y Pompeyópolis fueron elevadas al rango de arquidiócesis autocéfalas, lo que ocurrió después del Concilio de Constantinopla III en 680 y antes de su inclusión en la Notitiae Episcopatuum del como arquidiócesis. Originalmente pertenecía a la provincia eclesiástica de Tarso también la sede de Anazarba con sus sufragáneas, que se convirtió en una provincia eclesiástica (Cilicia II) a mediados del .

Historia Tarso era la capital de la provincia romana de Cilicia hasta su división circa 297, tras lo cual permaneció como la capital de la provincia de Cilicia I en la diócesis civil de Oriente.

La propagación del cristianismo en Tarso se remonta a los tiempos del Nuevo Testamento y se debe sin duda al apóstol Pablo, quien después de su conversión alrededor del año 30, pasó un tiempo en su ciudad natal. El martirologio romano recuerda a varios santos y mártires de Tarso: entre ellos santa Pelagia, los santos Julita y Quirico, Bonifacio, Marino y Diomedes, el obispo Atanasio, Castor y Doroteo. Una cueva en Tarso es uno de los muchos lugares que se dice que es la ubicación de la leyenda de los Siete durmientes de Éfeso, común al cristianismo y el islam.

Según la tradición, la erección de la diócesis se remonta a los primeros años de la expansión de la religión cristiana, con los obispos Jasón y Herodion, discípulos de san Pablo, mencionados en la Epístola a los romanos (16.11-21). No obstante, se dispone de cierta información a partir de algunos escritos que datan de la segunda mitad del , en los que se indica al obispo de Cilicia, Eleno, como administrador de algunas diócesis sufragáneas, lo que confirma que la sede de Tarso (capital de Cilicia) debe haber sido un obispado metropolitano. Sin embargo, la ciudad permaneció en gran parte pagana hasta la época del emperador Juliano el Apóstata (r. 361-363), quien, según los informes, planeaba convertirla en su capital y luego fue enterrado junto a las murallas de la ciudad.

El nombre de otro obispo de Tarso, Teodoro, aparece en las actas del Concilio de Nicea I de 325. Este concilio aprobó la ya existente organización eclesiástica según la cual el obispo de la capital de una provincia romana (el obispo metropolitano) tenía cierta autoridad sobre los otros obispos de la provincia (sufragáneos), utilizando por primera vez en sus cánones 4 y 6 el nombre metropolitano. Quedó así reconocido el metropolitanato de Tarso en la provincia romana de Cilicia. El canon 6 reconoció las antiguas costumbres de jurisdicción de los obispos de Alejandría, Roma y Antioquía sobre sus provincias, quedando el metropolitanato de Tarso dentro de la jurisdicción de esta última.Concilio de Nicea, Nicea (325) Según la Notitia Antiochena Tarso fue el segundo metropolitanato en precedencia del patriarcado de Antioquía.

Una personalidad importante para el metropolitanato fue el obispo Diodoro, quien puso fin a una disputa entre su antecesor Silvano y los arrianos tras ser exiliado por el emperador Valerio Valente.

El Concilio de Constantinopla I en 381 reconoció al metropolitano de Antioquía poderes de inspección sobre los metropolitanatos de la diócesis de Oriente. A la muerte del emperador Teodosio I en 395, el Imperio romano se dividió definitivamente y la diócesis civil de Oriente pasó a formar parte de lo que más tarde sería llamado Imperio bizantino o Imperio romano de Oriente.

Durante la guerra bizantino-sasánida (602-628) Tarso fue ocupada por el rey sasánida Cosroes II en 613 y fue recuperada por el emperador Heraclio I circa 628.

Tras la conquista árabe musulmana de Siria (634-639) la ciudad de Tarso entró en contacto por primera vez con las fuerzas del Califato ortodoxo. No está claro cuándo la ciudad fue capturada por primera vez por los árabes, pero está claro que ella, y la región más amplia de Cilicia, permanecieron en disputa entre los bizantinos y el Califato durante varias décadas, hasta principios del . Según las fuentes musulmanas, durante su retirada, el emperador Heraclio I retiró deliberadamente a la población y devastó la región entre Antioquía y Tarso, creando una tierra de nadie vacía entre el Imperio y el Califato. Como consecuencia, el metropolitanato de Tarso dejó de existir, pero debió continuar como titular en el exilio, ya que el metropolitano Teodoro III es mencionado en 680. Tras la llegada de los árabes, muchos cristianos huyeron a Occidente. Entre ellos estuvo el monje Teodoro, que fue elegido arzobispo de Canterbury en 668.

Restauración del metropolitanato En 778-779 los abasíes emprendieron el primer intento de restaurar la ciudad de Tarso como base de operaciones contra Constantinopla, pero el trabajo aparentemente no se completó. No fue hasta 787-778 que la ciudad fue reconstruida y repoblada por Abu Sulaym Faraj al-Khadim al-Turki, por orden del califa Harún al-Rashid. Tarso aparentemente fue recuperada por los bizantinos poco después, en algún momento alrededor del cambio de siglo. La ciudad probablemente permaneció en manos bizantinas durante la guerra civil abasí de la Cuarta Fitna, pero volvió al control musulmán en 830, cuando el califa Al-Mamún reanudó las campañas ofensivas contra los bizantinos. Es posible que el metropolitanato haya sido restaurado durante el período de recuperación bizantina y luego volvió al exilio, ya que se conoce la mención de un metropolitano anónimo en 955. La ciudad permaneció bajo el control de los abasíes y sus súbditos hasta 946-947, cuando pasó al emir hamdánida Sayf al-Dawla de Alepo. El 16 de agosto de 965 el emperador Nicéforo II Focas capturó la ciudad, poniendo fin al dominio musulmán. La mayoría de los musulmanes que se quedaron en la ciudad se convirtieron en cristianos. Durante el siglo siguiente las ciudades de Cilicia fueron repobladas con cristianos: colonos bizantinos griegos, provenientes de los Balcanes y de Asia Menor, o los inmigrantes armenios, por lo que Cilicia se convirtió en una región casi exclusivamente cristiana. La ciudad de Tarso permaneció bajo el dominio bizantino hasta 1085, cuando fue perdida a manos de la dinastía selyúcida.(en inglés) Tarsus en Catholic Encyclopedia

En 1054 se produjo el Cisma de Oriente, aunque la ruptura definitiva entre las Iglesias latina y griega de Antioquía ocurrió definitivamente en 1098, luego de que en el otoño de 1097 las fuerzas de la Primera Cruzada liberaran a Cilicia de los selyúcidas. Tarso fue disputada por bizantinos, cruzados y armenios, cambiando de manos reiteradas veces en las siguientes décadas. Durante el período de las Cruzadas, a partir del , se erigió la arquidiócesis de Tarso de rito latino dentro del patriarcado latino de Antioquía, que desplazó al metropolitano griego y construyó de la iglesia de San Pablo, que probablemente era la catedral.

Sucesión En la actualidad existen tres sedes titulares católicas y una sede titular ortodoxa que llevan el nombre de Tarso.

Durante el tiempo de dominación árabe la comunidad cristiana monofisita de la Iglesia ortodoxa siria estableció el metropolitanato sirio de Tarso. El primer metropolitano sirio conocido es Yohannan bar ʿEbrayta consagrado por el patriarca Severo II bar Mashqe en 668, al que le siguieron otros 16 metropolitanos conocidos, el último de los cuales fue consagrado por el patriarca Miguel el Sirio (1166-1199), que lo atestiguó en su Crónica. Fue la única de las 11 diócesis siríaco ortodoxas de Cilicia que parece haber persistido durante tanto tiempo.Chronique de Michel le Syrien, ed. Jean-Baptiste Chabot, vol. III, 1905, p. 503. Revue de l'Orient Chrétien, 1901, p. 205.

En 1132 Tarso pasó a la dinastía rubénida, que estableció en Tarso la prelacía de Tarso bajo el catolicosado de la Gran Casa de Cilicia. Durante la Tercera cruzada los armenios de Cilicia prestaron colaboración a los cruzados y el caudillo armenio León (o Levon) pidió al emperador Enrique VI y al papa Celestino III el título de rey de Armenia. El papa envió a Tarso como legado al cardenal y arzobispo de Maguncia, Conrado de Wittelsbach, portando una corona que le sería entregada a León si el catolicosado armenio acordaba la unión con la Iglesia de Roma. A fines de 1198 los requerimientos fueron aceptados, se formó el Reino armenio de Cilicia y se firmó un acta de unión entre el legado papal y 12 obispos, entre los cuales estaba el arzobispo de Tarso, Narsés de Lambron.The Armenian Kingdom in Cilicia During the Crusades: The Integration of Cilician Armenians with the Latins, 1080-1393, pp. 123. Autor: Jacob G. Ghazarian, edición reimpresa por Psychology Press, 2000. ISBN 0700714189, 9780700714186 La unión se mantuvo intermitentemente hasta 1361 y la prelacía de Tarso pasó con el tiempo a ser parte de la prelacía de Adana (o de Adana-Bérékek), que desapareció durante el genocidio armenio en 1915.