Orgullo y prejuicio (en inglés, Pride and Prejudice), publicada por primera vez el 28 de enero de 1813 como una obra anónima, es la más famosa de las novelas de Jane Austen y una de las primeras comedias románticas en la historia de la novela. Su primera frase es, además, una de las más famosas en la literatura inglesa: «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa».

Es una novela de desarrollo personal, en la que las dos figuras principales, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, cada uno a su manera y, no obstante, de forma muy parecida, deben madurar para superar algunas crisis y aprender de sus errores para poder encarar el futuro en común, superando el orgullo de clase de Darcy y los prejuicios de Elizabeth hacia él.

Es una de las obras más conocidas de la literatura inglesa, gracias a innumerables ediciones y, recientemente, a películas (como Orgullo y prejuicio, 2005), reescrita incluso en forma de un musical de Broadway.

Génesis miniatura|Primera edición de la novela

Cuando Jane Austen escribió Orgullo y prejuicio apenas tenía veinte años, y compartía habitación con su hermana. Escribía en cuadernos simples. La primera redacción de la obra data de 1796; inicialmente recibió el título de First Impressions (Primeras impresiones), pero nunca se publicó con ese nombre. Esta primera versión de la novela ya estaba esbozada por Jane Austen a los veintiún años. En 1797, el padre de Jane se la ofreció a un editor, quien la rechazó.

Jane Austen revisó la obra en 1809-1810 y de nuevo en 1812, y se la ofreció entonces, con el apoyo de su hermano Henry, a otro editor, que había publicado Sentido y sensibilidad el año anterior.

Se publicó por primera vez el 28 de enero de 1813. Al igual que su predecesora y La abadía de Northanger, se escribió en la rectoría de Steventon.

Argumento miniatura|La familia Bennet reunida La novela describe poco más de un año en la vida de un pequeño grupo de jóvenes en el campo cerca de Londres en el cambio de siglo (del al ), durante el reinado de Jorge III.

En el centro de esta sociedad se encuentra la familia Bennet, con sus cinco hijas casaderas, de entre quince y veintitrés años (de mayor a menor: Jane, Elizabeth, Mary, Catherine y Lydia). La señora Bennet ve el matrimonio como la única esperanza para sus hijas, pues tras la muerte del señor Bennet las jóvenes quedarán abandonadas a su suerte cuando William Collins, primo de las muchachas, herede todo debido a que la propiedad forma parte de un mayorazgo del que es beneficiario. El mayorazgo solo se transmite por linaje masculino, de manera que, al fallecimiento del padre, la madre y las hijas perderán la mayor parte de la fortuna y el derecho a habitar la propiedad. La señora Bennet está muy emocionada por las noticias de la llegada de un hombre soltero «de considerable fortuna» (cinco mil libras anuales) al vecindario: Charles Bingley. El señor Bingley ha alquilado la finca Netherfield, donde planea establecerse temporalmente con sus dos hermanas, la señorita Bingley y la señora Hurst, así como su cuñado, el señor Hurst. La señora Bennet espera casar a alguna de sus hijas con el señor Bingley.

Poco después, Bingley y su grupo, que ahora incluye a su amigo íntimo, Fitzwilliam Darcy, acuden a un baile público en el pueblo de Meryton. Al principio, Darcy suscita admiración debido a su elegante figura y sus ingresos de diez mil libras al año. No obstante, rápidamente los vecinos lo consideran orgulloso, alguien que los desprecia como socialmente inferiores. De hecho, así lo considera la familia Bennet cuando Elizabeth Bennet oye a Darcy declinar la sugerencia de Bingley de que la saque a bailar, pues no la encuentra suficientemente hermosa para merecer su atención. Este comentario la hiere en su orgullo y aprovecha cualquier ocasión para hacer uso de su ingenio, permitiéndose ironías que bordean lo inadmisible en una joven. Bingley, por su parte, resulta muy agradable, y aunque baila con varias de las jóvenes disponibles en el lugar, desde el principio muestra una decidida admiración por Jane Bennet, la mayor de las hermanas. Deseosa de animar esta unión tan ventajosa, la señora Bennet intenta forzar que Jane y Bingley se puedan encontrar juntos. Para su dicha, después del primer baile, Jane es invitada a Netherfield, adonde llega enferma de neumonía, por lo que Elizabeth camina hasta allí a cuidarla; esto provoca burlas por parte de las hermanas de Bingley, pero despierta cierta admiración en Darcy, que no puede dejar de mirarla. Durante los días siguientes, conversan mucho mientras ella se encuentra cuidando a su hermana enferma y casi siempre terminan discutiendo, lo cual molesta a Elizabeth y provoca que Darcy la admire por su ingenio y viveza, además de sus expresivos ojos.

Poco tiempo después del baile, el señor Collins, quien heredará el patrimonio Bennet, visita a la familia. Collins es una figura cómica, un clérigo pomposo y bufón cuya idea de una tarde amena es leer a sus primas los Sermones de Fordyce; se complace en mencionar continuamente el nombre de su gran patrona, la condesa Lady Catherine de Bourgh. Siguiendo la imperiosa sugerencia de Lady Catherine de que debe casarse, Collins ha decidido compensar su papel en el futuro empobrecimiento de sus primas casándose con una de ellas.

Durante una velada, el señor William Lucas sugiere a Elizabeth como compañera de baile para Darcy y esta lo rechaza, debido a que él anteriormente había expresado que no bailaría con ella; sin embargo, durante un segundo baile celebrado en Netherfield, él le pide un baile y ella acepta. Durante el baile discuten fríamente y Elizabeth cada vez lo soporta menos. Por su parte, Darcy cada vez la admira más, aunque no deja de notar el terrible comportamiento de sus hermanas menores, su madre (que no deja de jactarse de que Jane se casará con Bingley) y su padre; lo cual hace que la desestime como posible pareja. El señor Collins propone matrimonio a Elizabeth, pero esta lo rechaza tajantemente. Aunque la señora Bennet intenta promover el matrimonio, el señor Bennet, quien no siente gran simpatía por su sobrino, apoya la decisión de su hija favorita.

Mientras tanto, Elizabeth empieza a sentirse atraída por un oficial recientemente llegado, el señor George Wickham, quien en poco tiempo se gana el aprecio y la simpatía de los lugareños con su amabilidad y carisma. Tras saber que el señor Darcy se encuentra en el lugar, relata a Elizabeth cómo es que ha sido privado de su legítima herencia por el señor Darcy, explicando que es hijo de uno de los sirvientes más cercanos de la familia al punto que el padre de Darcy se volvió su benefactor y dejó para él cierta herencia que, tras su muerte, su hijo se negó a reconocer, viéndose así obligado a unirse al ejército para no quedar en la calle. Con esto, se fortalece la reprobación de Elizabeth hacia Darcy, dados los prejuicios que tiene en su contra. Después de que Elizabeth rechace al señor Collins, este se casa rápidamente con Charlotte Lucas, la mejor amiga de Elizabeth, quien acepta su ofrecimiento con una estimación realista de sus opciones, dado que ya ha cumplido veintisiete años y solo tiene una pequeña dote.

miniatura|El señor William Lucas sugiere a Elizabeth como compañera de baile para el señor Darcy.

Para este momento, la opinión que la gente del sector tiene de Darcy ha decaído enormemente, en parte por la actitud fría que todos los lugareños ven en él, pero mayormente porque Wickham ha hecho de dominio público las injusticias que Darcy ha cometido contra él, además de revelar cualidades reprobables que conoce tras haber vivido cerca de él tantos años.

Bingley decide repentinamente marcharse de nuevo a Londres, desilusionando a Jane y solo explicándose a través de una carta de la señorita Caroline Bingley, aclarando en el primer párrafo que pasarían todo el invierno en Londres; en casi toda la carta se encontraban elogios hacia la señorita Georgiana Darcy. Aun con esto, Elizabeth mantiene sus sospechas de que el señor Darcy tuvo algo que ver en el asunto.

Elizabeth visita a Charlotte, que vive ahora bajo el dominio de la tía de Darcy, Lady Catherine, una mujer acostumbrada a imponer su voluntad sobre la vida del resto. Estando con ellos, Darcy visita a la condesa y se aloja en su casa en la propiedad vecina, Rosings. Elizabeth y Darcy se ven obligados a verse muy frecuentemente. Sin embargo, un día el coronel Fitzwilliam, primo de Darcy, revela durante una conversación con Elizabeth que oyó decir a este que libró a un buen amigo de un matrimonio inconveniente, lo que confirma las sospechas de la joven respecto a su responsabilidad en las penas de su hermana.

Paralelamente, los encantos de Elizabeth acaban seduciendo al señor Darcy, lo que provoca que finalmente declare su amor por ella y exprese su deseo de casarse con ella «a pesar de su origen inferior, su degradación, su reprensible familia...»:

Sorprendida e insultada por tan arrogante propuesta de matrimonio, sumado a su enfado ante el descubrimiento de que fue Darcy quien convenció a su amigo Bingley para que cortara su relación con Jane además de sus injusticias hacia Wickham, Elizabeth lo rechaza en términos inequívocos y de la forma más hiriente que le es posible:

Darcy, molesto y herido por las recriminaciones de Elizabeth, decide retirarse disculpándose por incordiarla con una declaración que le produjo semejante rechazo. Al día siguiente, intercepta a Elizabeth mientras ella da su paseo matutino, le entrega una carta y se despide fríamente. En la carta, Darcy explica que no siente la necesidad de disculparse por la forma en que habló de su familia ya que considera que su juicio sobre ellos es acertado; tampoco por separar a Bingley de Jane, aunque reconoce que en este caso cometió un error de juicio al confundir la naturaleza reservada de Jane con desinterés hacia Bingley, a quien quería proteger de una relación desafortunada. Revela, sin embargo, su historia en relación con el señor Wickham y la verdadera naturaleza de este. Darcy nunca lo privó de su herencia; Wickham era el hijo de un estimado empleado y con base en adulaciones se ganó el aprecio de su padre, quien se hizo cargo de su educación y, como este deseaba dedicarse a la vida religiosa, había dispuesto dejarle la rectoría de la familia y algunos terrenos; sin embargo, tras su fallecimiento, Wickham revelaría no tener tales intenciones y exigió recibir de inmediato un equivalente en dinero de su herencia que derrochó en poco tiempo por su afición al juego y las deudas. Además, es un libertino que, al comprender que no obtendría más dinero de parte de Darcy, intentó fugarse con Georgiana, la hermana de 15 años de Darcy, como una forma de apoderarse del dinero de esta, pero la abandonó en cuanto supo que no tenía posibilidad de obtener su dote o herencia.

Elizabeth, avergonzada a la vista de estas revelaciones, reconoce que el orgullo y el prejuicio la habían cegado; también comprende que ante el comportamiento galante de Wickham había decidido atribuirle cualidades de las que ahora veía que carecía tras repasar los actos y comentarios que recordaba de él. De la misma forma, había preferido calificar el carácter silencioso de Darcy como defecto, sin detenerse a ver la amabilidad y rectitud que había demostrado en varias ocasiones desde que se conocieron. Tras razonarlo, no le queda más que aceptar también que el caballero tenía razones válidas para censurar a sus padres y a sus hermanas menores, ya que incluso ella sentía vergüenza ajena por su forma de actuar en los eventos sociales y que Darcy simplemente ha demostrado con sus actos la misma preocupación y aprecio por Bingley que ella tenía hacia Jane. No obstante, lamenta el haber rechazado a Darcy y solo desea volver a verlo.