La Confederación anticomunista latinoamericana (CAL) fue una red transnacional de extrema derecha que existió entre 1972 y 1980. Su objetivo era impedir la llegada del comunismo al poder estatal en América Latina. Abogó por la supresión del comunismo como alternativa política en las democracias representativas de la región y su eliminación mediante el uso de la violencia política institucional y no institucional, al incluir a organizaciones paramilitares y terroristas.
La organización se engrosó hacia 1980 y los gobiernos latinoamericanos lograron articularse a esta organización civil, la cual colaboró en la coordinación supraestatal de la represión, la vuelta del conservadurismo y el triunfo de Ronald Reagan.
Historia
Contexto histórico La primera parte del estuvo signada por la presencia imperialista estadounidense en América Latina, combinando acciones diplomáticas con operaciones militares. Algunas acciones de esta época fueron la creación de la Organización de los Estados Americanos en 1948; la ocupación de Cuba y Puerto Rico; la secesión de Panamá del Estado colombiano, la creación del canal interoceánico y el desembarco de marines con el fin de garantizar su independencia; y el envío de marines, también, a República Dominicana en 1916 y a Nicaragua en 1912 y 1933.Rostica, Julieta. (2021). “El antiimperialismo de la derecha: la Confederación Anticomunista Latinoamericana”, en Kristina Pirker y Julieta Rostica editoras/compiladoras, Confrontación de imaginarios: antiimperialismo, democracia y modernización. México: Instituto Mora y CLACSO, 2021. Disponible en: https://biblioteca-repositorio.clacso.edu.ar/bitstream/CLACSO/11566/1/Confrontacion-imaginarios.pdf
A partir del inicio de la Guerra Fría en América Latina, llegó a su fin la política de buena vecindad impulsada por Franklin Roosevelt, y comenzaron a llevarse adelante acciones que combinaron la vía diplomática, la propagandística y las operaciones encubiertas delineadas por la Agencia Central de Inteligencia Americana (CIA). En su lucha anticomunista, los gobiernos de Estados Unidos se sintieron con el derecho exclusivo de decidir qué era lo bueno para América Latina y qué gobiernos debían gobernar en esas regiones.Katz, F. (2004). La guerra fría en América Latina. In Espejos de la Guerra Fría: México, América Central y el Caribe (pp. 11–28). México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social y Miguel Ángel Porrúa librero editor.
El giro socialista de la Revolución cubana en 1961 impulsó la implementación la Alianza para el Progreso, programa que patrocinó las reformas agrarias y los procesos de industrialización para frenar los intentos revolucionarios y consolidar las estructuras políticas y sociales capaces de encuadrar sólidamente a las masas latinoamericanas. Parte de esos fondos fueron derivados a los ejércitos latinoamericanos, a los llamados programas de acción cívica. Estos ejércitos estaban siendo reestructurados, paralelamente, con asesoramiento de Estados Unidos en la Escuela de las Américas, en la zona del Canal de Panamá, desde 1963.Romano, S. (2013). ¿América para los Americanos? Integración regional, dependencia y militarización. La Habana: Ruth Casa Editorial.
A raíz de estos hechos, el criticismo juvenil de los años sesenta se volvió sobre tópicos como antiimperialismo, antiamericanismo y latinoamericanismo, y proponía que la utopía de la unidad latinoamericana se realizaría con la voluntad del cambio, el uso de la violencia y la revolución.Funes, P. (1992). Del Mundus Novus al Novomundismo. Algunas reflexiones sobre el nombre de América Latina. Cuadernos Del Claeh, 17(63–64), 67–79. Sin embargo, así como una parte de la juventud latinoamericana se identificó con los procesos revolucionarios, otra parte se organizó y enarboló las premisas anticomunistas de la Guerra Fría, cuyas organizaciones, entrada la década del setenta, establecerían relaciones transnacionales. Estas organizaciones de extrema derecha, apelaron también a la violencia y a la identidad latinoamericana con un formato de antiimperialismo que extendió el fantasma soviético hasta el gobierno de Estados Unidos.
Tras el asesinato de John F. Kennedy en 1963, Estados Unidos abandonó el apoyo a la consolidación de las democracias representativas en la región. Las Fuerzas Armadas latinoamericanas, bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, se pusieron a la cabeza de golpes de Estado y dictaduras institucionales que se extendieron en toda la región. Así mismo, a partir de 1973 se implementó el transnacional Plan Cóndor. Los asesinatos, desaparecidos y casos de tortura se cuentan de a miles.
El gobierno de James Carter (1977-1981) se destacó por su política a favor de los derechos humanos, de no apoyo militar y económico a los regímenes dictatoriales y de descolonización. Esto llevó a la reactivación del imaginario antiimperialista en la extrema derecha latinoamericana, ya que veían este accionar como un atentado a la democracia de occidente y una intromisión a los asuntos internos nacionales.
Antecedentes En 1967 nacieron, paralelamente, la Federación Mexicana Anticomunista (FEMACO), que tuvo como sede Guadalajara (México) y la Liga Mundial por la Libertad y la Democracia (WACL), cuya sede fue Taiwán. Esas organizaciones anticomunistas transitaron de la retórica solidaria mutua a pactos de colaboración operativa.López Macedonio, M. N. (2010). Historia de una colaboración anticomunista transnacional. Los tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara y el gobierno de Chiang Kai-Shek a principios de los años setenta. Contemporánea. Dicha alianza transnacional fue definida en 1972 durante la sexta asamblea de la Liga Anticomunista Mundial, la cual fue organizada por la FEMACO en la Ciudad de México. Allí, la organización recibió el encargo de organizar y dirigir el capítulo latinoamericano de aquel organismo asiático: la Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL).Rostica, Julieta. (2017). “La Confederación Anticomunista Latinoamericana y los gobiernos nacionales latinoamericanos (1972-1980)”, LASA 2017, Lima, 29 al 1 de mayo de 2017.
Fundación de la Confederación Anticomunista Latinoamericana La Confederación Anticomunista Latinoamericana (CAL) nació entre el 28 y 29 de agosto de 1972 durante la sexta asamblea de la Liga Anticomunista Mundial, la cual fue organizada por la Federación Mexicana Anticomunista (FEMACO). Concretamente, fue fundada en Guadalajara, en dicha asamblea, durante una serie de sesiones secretas.
Estas reuniones fueron presididas por Ku Cheng-Kang (el presidente de la Liga Mundial Anticomunista), José J. Roy, Raimundo Guerrero y Rafael Rodríguez López (los dirigentes principales de la FEMACO). Los asistentes fueron cuarenta personas de Bolivia, Argentina, Colombia, Costa Rica, Brasil, Guatemala, Alpha 66 (organización paramilitar y terrorista de anticastristas cubanos) y México. La integraban las organizaciones anticomunistas más extremas de América Latina.
Tras su fundación, la confederación integró la junta ejecutiva de la Liga Mundial por la Libertad y la Democracia, participando con delegados en todos sus Congresos anuales y procurando acatar todas resoluciones que allí se tomaban.
Ideología Según Rafael Rodríguez Rodríguez, la Confederación Anticomunista Latinoamericana debía “denunciar, combatir e impedir todos los movimientos comunistas en Latinoamérica, así como desenmascarar y combatir al clero socialista, que bajo la capa de la religión, está tratando de implantar el comunismo en los pueblos de habla hispana”.
Su ideología fue tan visceralmente anticomunista que abogó por la supresión del comunismo como alternativa política en las democracias representativas de la región y su eliminación mediante el uso de la violencia política institucional y no institucional, al incluir en su interior a organizaciones paramilitares y terroristas.
Desde sus inicios la organización recurrió a la identidad latinoamericana y la construyó a partir de la creación de diferentes instituciones, la coordinación de informaciones y la acción psicológica. Sin embargo, se apeló identitariamente a la misma cuando fue “urgente” recurrir a la efectividad simbólica del imaginario antiimperialista. Esto ocurrió tras el triunfo de James Carter y se puede vislumbrar en dos Congresos, en el III de 1977 y en el IV de 1980.
El triunfo de Jimmy Carter en diciembre de 1976 y el ingreso de una política de derechos humanos imprimió cambios importantes en la región. Varios países quedaron fuera del programa de ventas militares, del programa de entrenamiento militar y de ventas comerciales de Estados Unidos, desde Guatemala hasta la Argentina. Esto produjo mutaciones en las discusiones de la CAL, ya que comenzaron a prevalecer intervenciones que procuraron intentar definir la identidad de esa red transnacional de extrema derecha apelando al imaginario antiimperialista y de defensa de la soberanía nacional de América Latina. Este es un giro que, por otra parte, habilitó acciones conjuntas a espaldas del país del norte.
Hay un viraje de la CAL hacia Centroamérica que tuvo que ver con esta distensión de los lazos del gobierno de James Carter con los países cuyos regímenes autoritarios violaban los derechos humanos. Esto llevó a que la organización adopte su sesgo antiimperialista al nacionalismo anticomunista tradicional, la reinvención de una identidad latinoamericana de derecha y la urgencia, como consecuencia, de actuar conjuntamente en la región. El triunfo de la revolución sandinista (julio 1979) y el asesinato de Anastasio Somoza en Paraguay (septiembre 1980) aceleraron el proceso.
El anticomunismo de la CAL se apropiaba de los primeros próceres antinorteamericanos, como José Martí, para construir un discurso en defensa de América Latina del comunismo internacional que alcanzaba a los Estados Unidos. Esta ideología que conjugaba el imaginario antiimperialista latinoamericano con el anticomunismo, el nacionalismo y el liberalismo político y la defensa de los derechos humanos marcó el camino por el cual transitaron los acuerdos de las diferentes comisiones que la conformaban.
Según la CAL, se defendía a América Latina del comunismo internacional y de sus cómplices, entre los que contaba el llamado “cartercomunismo”. Esto se hacía por medio de cada uno de los recursos clásicos de la retórica antiimperialista: “Nuestra América”; defensa de las “soberanías nacionales”; “Patria Latinoamericana”; “principios de soberanía, independencia, no intervención y autodetermianción de los pueblos”; “unión”; “cooperación recíproca”; “próceres de nuestras patrias”; “Universidad Latinoamericana Simón Bolívar”; “limitar en lo posible sus operaciones comerciales con los Estados Unidos y los países comunistas”; “naciones en vías de desarrollo”. Sus enemigos eran aquellos “explotadores que tienen su sede tanto en Washington como en Moscú”.
Objetivos Para combatir al comunismo, la CAL aceptaba y fomentaba todo tipo de medios. En el III Congreso secreto se planeó discutir, aprobar e implementar las medidas adecuadas a escala latinoamericana para combatir y extirpar la subversión e infiltración del marxismo internacional y sus cómplices en las diferentes áreas: Universidad y escuelas; el clero de las Iglesias; la prensa, radio y televisión; las editoriales, imprentas, periódicos y radio subversivos y clandestinos; las organizaciones de obreros, campesinos y empleados; y las organizaciones empresariales.
Una de las tareas principales que se dio la CAL fue la recolección de información. En los Congresos secretos se dividían dos comisiones, la de asuntos políticos y la de asuntos militares, para intercambiar experiencias e informaciones de carácter general en la lucha contra las actividades subversivas comunistas en los distintos países representados en el Congreso.