El Cerrito del Carmen es una ermita católica y un sitio cultural ubicado en la cima del cerro del Carmen, en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, cuya construcción se remonta al siglo , por lo menos cien años antes de la fundación de dicha ciudad. Está consagrado a la Virgen del Carmen y ha sido declarado patrimonio cultural de la nación y santuario mariano. La historia del Cerrito del Carmen está íntimamente ligada a la de la fundación de la capital guatemalteca y ha sido reconstruido después de los terremotos de 1917 y de 1976.

Historia

Valle de las Vacas El nombre fue acuñado a principios de la época colonial, cuando al conquistador don Héctor de la Barreda le fue otorgado dicho valle en calidad de repartimiento. Para entonces el sitio estaba despoblado. Su suelo estaba cubierto de plantas suculentas y árboles frondosos, como robles, encinos y pinos. Además, por el clima que propiciaban los fuertes vientos invernales, el valle era idóneo para dos cosas: siembra de maíz y crianza de ganado.

De la Barreda se dio cuenta de estas ventajas y las aprovechó para introducir el ganado en Guatemala. Mandó traer de Cuba cierta cantidad de vacas y toros, que muy pronto se multiplicaron y poblaron el valle gracias a los fértiles pastos del terreno. Esto dio lugar a que al valle se lo llegara a conocer con el sobrenombre de valle de las Vacas.

Es posible que, gracias a De la Barreda, otros conquistadores españoles o descendientes de estos hayan llegado al valle de las Vacas para dedicarse al cultivo de la tierra y, en especial, a la crianza de ganado. Se especula que dicha fundación de españoles haya originado otro sobrenombre, el de rincón de la Leonera, cuyo origen, sin embargo, se desconoce hasta la fecha.

Juan Corz y el valle de la Virgen Durante el llegaron a Guatemala muchos misioneros franciscanos, dominicos, mercedarios, agustinos, jesuitas y algunos laicos (fieles bautizados que no han recibido las órdenes sagradas y no pertenecen a un estado religioso aprobado por la Iglesia). Entre estos últimos figura un miembro de la Tercera Orden del Pobrecillo de Asís llamado Juan Corz, quien había nacido en Juirán (Toirano), un pueblo de la señoría de Génova, Italia. Se lo ha descrito como un hombre «bien dispuesto de corpulencia, hermoso de rostro, confiable, humilde y comedido».

A principios del , Corz peregrinó a los Santos Lugares de Jerusalén y allí decidió entregar su vida al Señor y llevar una vida de ascetismo. Cuando terminó su viaje por Jerusalén, su primer propósito fue trasladarse a las Américas, que para ese entonces eran la novedad. En su viaje pasó por la ciudad de Ávila, España, donde las carmelitas descalzas de dicha ciudad, al enterarse de que él venía al Nuevo Mundo, le pidieron que llevara consigo una pequeña imagen de Nuestra Señora del Carmen, ya que ese había sido el último deseo de santa Teresa en su lecho de muerte. Corz aceptó el encargo. Se dice que, cuando les preguntó a las religiosas cuál sería el sitio donde debía colocar la imagen, ellas le respondieron que la misma Virgen sería quien determinaría el sitio donde debía ser venerada. Agregaron que santa Teresa les había dicho que donde fuera venerada la imagen surgiría una gran ciudad. Fue así como Juan Corz se embarcó a América en la nave María Fortaleza y trajo consigo la imagen guardada en una caja.

Tendría unos 35 años cuando llegó a Guatemala. Se estableció en el valle de las Vacas, a orillas del río homónimo, en una ladera montañosa en el noreste del terreno llamada rincón de la Leonera, donde ocupó dos cuevas entre unos peñascos. En una de las grutas acomodó la imagen y la denominó el «nicho de la Virgen». La otra la destinó a su habitación de ermitaño. Solamente salía dos veces al año de su cueva para pedir limosna a los vecinos, la cual le servía como sustento. Esto dio lugar a que los habitantes del valle se dieran cuenta de la presencia del extraño personaje y de la imagen, que luego empezaron a visitar. Cuenta la historia que, al ver aquella imagen tan bonita, los vecinos pensaron que aquel no era un lugar adecuado para ella, por lo que acordaron construirle una capilla en el valle de la Leonera con el consentimiento del ermitaño. Finalizada la construcción, los devotos vecinos trasladaron la imagen de la cueva a la capilla en solemne procesión.

Al día siguiente, muy temprano se escuchó la noticia de que la imagen había desaparecido, de que no estaba en la capilla. Juan Corz se enteró de esto cuando llegó a visitar a la Virgen. Se culpó a sí mismo por haber dejado que sacaran la imagen de la cueva, pues se rumoraba que esta había sido robada. Juntos, Corz y los vecinos empezaron a buscarla por todos lados. El asombro fue enorme cuando la encontraron de regreso en la cueva de donde la habían sacado.

Los vecinos interpretaron aquello como un designio divino e instaron a Corz a que en sus oraciones le preguntara a la Virgen dónde quería que su imagen fuera colocada. Días después, el ermitaño y los vecinos subieron al cerro que se encuentra en el corazón del valle, que entonces estaba tupido de vegetación. Corz encontró cierta semejanza entre aquel cerro y el monte Carmelo, que había conocido en su viaje a Tierra Santa. Fue así como el ermitaño lo escogió para que se edificara allí un nuevo Carmelo en honor de la Virgen del Carmen. Los vecinos desmontaron una parte del cerro y construyeron una pequeña ermita con su campanario. Cerca levantaron una pequeña habitación para que el ermitaño viviera en ella y cuidara la imagen y la capilla.

En esta condición vivió Corz por un tiempo, hasta que un día hubo un incendio de origen desconocido que arrasó todo debido a que los pajonales del cerro y sus alrededores estaban muy crecidos. El fuego destruyó totalmente la ermita. Únicamente se pudo salvar la imagen de la Virgen, que fue colocada en una enramada en la cual permaneció hasta que finalmente en 1620 se terminó de construir el nuevo templo, cuya fecha se aprecia en la sacristía de la iglesia. Este templo tenía paredes de cal y canto y un techo de madera cubierto con tejas. Al igual que con el anterior, frente a este se construyó una choza para habitación de Corz. El ermitaño empezó a cultivar hortalizas y legumbres para su sustento, pero que también compartía con los pobres, que visitaban en gran número la ermita a pesar de que el ascenso al cerro se dificultaba en época de invierno por las lluvias y el lodo.

Inauguración de la ermita Entre los vecinos del valle que colaboraron en la construcción de la ermita figuran familias como Morales, Valero, Hincapié, Aldana, Justiniano, Toledo, Ocampo, Colindres, Dardón, Barrera, Portocarrero, Ávila, Mejía y Mayorca. Sobresale entre ellos el caballero don Antonio María Chiavari, hijo de Justiniano el Conquistador.

A la inauguración asistieron habitantes del valle de las Vacas, así como de pueblos cercanos como Pinula, Mixco, Petapa y Mesas. Transcurrido un tiempo, los vecinos paulatinamente dejaron de referirse al valle como "de las Vacas" y empezaron a llamarlo “de la Ermita” o “de la Virgen”.

Luego de la inauguración, todo transcurrió con normalidad hasta que un día Juan Corz desapareció del Cerrito sin ningún aviso. No se volvió a saber más de él en el vecindario. Sin embargo, en la actualidad se sabe que fue acusado ante la Inquisición por el presbítero del valle de Mixco, Juan Aguilar Suárez. La denuncia de este fue presentada en Mazatenango el 1 de junio de 1620 al comisario de dicha dependencia, Antonio Prieto de Villegas. El documento de la denuncia se titula: «Juan Aguilar Suárez, beneficiario del valle de Mixco, en Guatemala, contra Juan Corzo, extranjero que hizo una ermita en un monte y publica milagros y otras cosas». En dicho documento se mencionan 13 acusaciones que luego fueron reducidas a cuatro porque varias de ellas se repetían.

Parece que todo el asunto se reduce a las dificultades que Corz ponía a Aguilar Suárez para que no dijera misas ni recogiera limosna en la ermita. Concluidos los interrogatorios de ley, el expediente de la denuncia, las declaraciones del acusado y de los testigos y un dictamen provisional del comisario fueron trasladados al Tribunal de México, al cual le correspondía instituir el proceso y dictaminar la sentencia o la libertad del acusado. Pero hasta ahora se ignora si el motivo de la desaparición definitiva de Corz se deba a que estuvo preso, ya que no hay documentos que corroboren este extremo. Lo que sí se sabe es que un juicio inquisitorial deshonraba e infamaba a una persona, por lo que se especula que el mismo Corz haya decidido abandonar el Cerrito del Carmen e irse adonde nadie lo conociera.

Primer siglo de la ermita Cuando Juan Corz abandonó la ermita, los vecinos tuvieron que buscar quien cuidara de esta y de la Virgen. Fue así como hicieron bajar de las tierras de Canalitos a unas veinte familias de indios, a las que se les otorgó una cédula del rey en la cual se las exoneraba de pagar tributos con la condición de dedicar parte de su tiempo al servicio de la iglesia.

Para celebrar los aniversarios de la ermita se turnó entre los pueblos vecinos la programación de la fiesta anual. De este modo, el pueblo de Mixco celebró el primer aniversario. El año siguiente fue el turno de Santa Catarina Pinula. Los encargados de organizar estas primeras fiestas anuales fueron los integrantes de la cofradía.

Entretanto, el valle de la Ermita comenzó a poblarse paulatinamente, lo que dio origen a que la iglesia del cerro se convirtiera en sede parroquial por espacio de 76 años, desde 1647 hasta 1723. El primer cura fue Juan Bautista Matamoros, y el último, Manuel Mendoza y Armas. En total fueron 14 los curas que dirigieron la ermita, dentro de quienes destaca Ramón García Bellor, quien mandó hacer la sacristía de la iglesia con sus cajones de cuatro gavetas y un púlpito portátil. Se debe tener en cuenta que la iglesia era dependiente de la parroquia del Sagrado, de la catedral de Santiago, y que fue instituida por el obispo don Bartolomé González Soltero, quien denominó a la imagen «Nuestra Señora del Carmen del Valle del Río de las Vacas».

Sin embargo, en 1723, en el valle de la Ermita se creó una nueva parroquia llamada Asunción del Valle de la Ermita, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Dicha construcción se hizo necesaria porque el sitio donde radica actualmente la Parroquia Vieja empezó a poblarse de ladinos y porque estos solicitaron la autorización religiosa para edificar la nueva iglesia. Su primer cura fue don Manuel Mendoza y Armas, quien, por haber sido el último cura de la iglesia del Cerrito del Carmen, sentía una gran devoción por esta y mandó retocarla. Dicho oficio le fue encargado a un maestro de apellido Mazariegos, quien le encarnó a la Virgen el color rosa que actualmente ostenta.

No obstante, con la creación de la parroquia de la Asunción, la ermita del Carmen pasó uno de los períodos más oscuros de su historia: dejó de ser la sede parroquial del valle. Asimismo, perdió la asistencia de indígenas de Canalitos, además de que algunas de sus imágenes se trasladaron a la iglesia parroquial de la Asunción. Poco a poco los miembros de la cofradía de Nuestra Señora del Carmen vieron cómo los fieles abandonaban la iglesia hasta que juntos dispusieron que era necesario hacer algo al respecto, darle un segundo aire al Cerrito. Fue así como solicitaron al obispo Gómez de Parada aprobación para reparar el templo, ya que la madera de este se encontraba en muy mal estado. El obispo accedió a la solicitud, dio licencia para la reconstrucción de la ermita y puso como encargado de esta a Juan José Morales Roa y Alfarol, mayordomo de la cofradía de la iglesia.

Reconstrucción