thumb|right|upright|El inicio simbólico de la ocupación: soldados alemanes izando la bandera de guerra alemana sobre la Acrópolis de Atenas en 1941. Fue arriada en uno de los primeros actos de resistencia por Apostolos Santas y Manolis Glezos.
La historia de Grecia durante la Segunda Guerra Mundial es la del primer lustro de una década de conflictos en el país balcánico.
Antecedentes
Ioannis Metaxás había impuesto la dictadura en el Reino de Grecia en agosto de 1936, con la aquiescencia del rey Jorge II de Grecia, que lo había nombrado poco antes presidente del Gobierno. El general prohibió los partidos políticos y desbarató los intentos de oposición política. El Partido Comunista de Grecia (KKE) pasó a la clandestinidad, pero fue perseguido con notable eficacia por el ministro del Interior, admirador de la Alemania nazi.
El Reino Unido toleraba a Metaxás porque su Gobierno favorecía los intereses económicos, políticos y militares británicos en la región. En efecto, el Gobierno griego del general aseguraba el pago de la deuda externa y protegía las comunicaciones británicas en el Mediterráneo oriental. Los británicos consideraban además al rey griego un buen amigo del Reino Unido. Los británicos trataron de frenar la penetración económica y política de Alemania en los años que precedieron a la Segunda Guerra Mundial, sin lograrlo. El Ministerio de Asuntos Exteriores trató en vano de aumentar las importaciones de tabaco griego y las inversiones a largo plazo en Grecia.
Neutralidad griega en el conflicto mundial (1939-1940) thumb|Europa al iniciarse la guerra en septiembre de 1939 con la invasión de Polonia.
La invasión italiana de Albania en abril de 1939 aumentó la tensión en la zona. El Reino Unido garantizó al punto la integridad territorial de Grecia. El Gobierno griego presentó el gesto como un acto espontáneo de los británicos, pero, en realidad, lo había favorecido y lo aceptó el 13 de abril.
Grecia se mantuvo neutral cuando estalló la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939 y trató de evitar toda provocación de las grandes potencias. La guerra podía poner en peligro la dictadura, impopular, e incluso la monarquía.
Francia deseaba crear un nuevo frente en los Balcanes, similar al que había existido en la Primera Guerra Mundial, pero el Reino Unido temía que intervenir en los Balcanes incitase a Italia a entrar en la guerra, por lo que el plan se desechó finalmente. La neutralidad griega favorecía de hecho a los británicos: el Gobierno griego animaba a los marineros a enrolarse en los buques británicos y había permitido que sesenta mercantes fuesen alquilados para servir al Reino Unido. A cambio, los británicos le concedieron a Grecia un préstamos de medio millón de libras en enero de 1940.
La creciente amenaza italiana hizo que Grecia estrechase lazos con el Reino Unido. El rey, Metaxás y el alto mando griego estaban decididos a afrontar cualquier agresión italiana, aunque si el ataque provenía de Alemania la unanimidad desaparecía. El Tercer Reich gozaba de una gran influencia económica en Grecia: era el principal socio comercial del país —anteriormente lo había sido el Reino Unido—, compraba el 43% de las exportaciones griegas y suministraba el 31% de las importaciones. Esta posición preponderante en el comercio griego le otorgaba influencia política. Algo similar sucedía con el Reino Unido, capaz de someter a la nación balcánica a un bloqueo naval.
Si Alemania estaba descontenta con los gestos probritánicos del Gobierno griego, no tenía planes de expansión inmediata en la zona, de la que esperaba fundamentalmente obtener suministros —petróleo y minerales—. El deseo por mantener estos y evitar conflictos en la zona que los pudiesen poner en peligro hizo que Hitler bloquease los planes de expansión italiana en la región durante los primeros diez meses de la guerra. El ultimátum soviético a Rumanía en junio de 1940 y el temor a que Stalin extendiese su influencia a los Balcanes alarmaron a los alemanes y cambiaron su actitud respecto a la región.
Ciano animó en agosto a Mussolini a invadir Grecia, atizando su temor a que se firmase la paz e Italia no obtuviese ventajas de ella por haber permanecido neutral en el conflicto. No obstante, el ministro de Asuntos Exteriores conocía la actitud griega por los certeros informes del embajador en Atenas: Grecia pretendía evitar todo choque con Italia, pero estaba decidida a defenderse si la atacaban. El alto mando recibió la orden de preparar planes de invasión de Yugoslavia y Grecia, pero el ejército carecía palmariamente de medios para afrontar tales campañas: solicitó cinco mil vehículos a motor a los alemanes y una conferencia con el alto mando germano para definir las operaciones, petición que Hitler rechazó. Las sospechas alemanas de que Grecia vendía armamento al Reino Unido y le permitía utilizar su flota mercante no bastaron para justificar un ataque al reino balcánico y solamente suscitaron protestas. Hitler temía que un conflicto en la zona permitiría a los británicos volver a desplegar tropas en el continente.
La actitud alemana no desanimó a los italianos, que multiplicaron las provocaciones a partir de agosto de 1940. Orquestaron un incidente fronterizo el 13 del mes, que no bastó para incitar a los griegos a entrar en guerra. Dos días después, un submarino desconocido hundió el crucero Elli en las Cícladas. El Gobierno griego siguió sin dejarse provocar y Hitler hizo saber a los italianos que no debían agredir ni a Yugoslavia ni a Grecia. Atenas había solicitado la mediación alemana para poner fin a las acciones italianas. Roma se avino a la petición alemana de posponer toda operación contra los dos países balcánicos el 19 de agosto.
La crisis rumano-húngara de agosto y septiembre postergó nuevamente la intervención italiana en la zona, hasta que el despliegue de tropas alemanas en Rumanía sin que previamente Berlín hubiese consultado con Roma desató la ira de Mussolini en octubre. Este decidió el 15 de octubre que invadiría Grecia el 26 del mismo mes, fecha que luego se retrasó hasta el 28. Alemania conocía la intención italiana de atacar antes de que comenzase la ofensiva, pese a los desmentidos italianos.
Agresión italiana
thumb|Soldados griegos apuntando un cañón durante la Guerra greco-italiana
Mussolini presentó un ultimátum a Grecia el 28 de octubre de 1940, que el Metaxás rechazó. El deseo del mandatario italiano de emular a su homólogo alemán determinó el deseo italiano de invadir el país balcánico. Los mandatarios griegos esperaban limitar el conflicto a los dos países y que Alemania se mantuviese al margen, al menos hasta haber podido vencer a Italia.
Grecia solicitó el auxilio británico tras la invasión italiana, pero no permitió el despliegue de tropas ni en Tracia ni en Salónica, para no provocar a los alemanes. Los británicos despacharon tres escuadrillas de bombarderos Blenheim, otra de cazas Gladiator y dos baterías antiaéreas. No se permitió que los británicos bombardeasen ni los pozos petrolíferos rumanos —gran temor alemán—, ni las bases italianas en Albania; hubieron de limitarse a apoyar las operaciones griegas en tierra. Grecia trataba en vano de evitar la intervención de Alemania, inevitable desde diciembre de 1940, cuando Hitler decidió la invasión de la Unión Soviética. Para finales de mes, Metaxás se convenció de que Alemania no permitiría que Italia fuese derrotada, lo que desbarataba los esfuerzos griegos de conciliación.
center|frameless|upright=1.1 center|frameless|upright=1.1 Invasión italiana y contraofensiva griega inicial28 de octubre – 18 de noviembre de 1940 Contraofensiva griega y estancamiento14 de noviembre de 1940 – 23 de abril de 1941
Invasión alemana y derrota
thumb|izq|Artillería alemana bombardeando la Línea Metaxás miniatura|La invasión de Alemania a Grecia.
La decisión de Hitler de invadir la Unión Soviética acabó con las esperanzas griegas de que Alemania se mantuviese ajena a la guerra greco-italiana. La campaña contra la URSS exigía proteger el flanco derecho de los ejércitos alemanes, lo que equivalía a eliminar el eventual peligro proveniente de Grecia. El comienzo de una nueva ofensiva británica en el norte de África el 9 de diciembre de 1940, que puso en graves apuros a los italianos durante seis semanas, determinó que Hitler ordenase la preparación de la Operación Marita —la invasión de Grecia— el 13 del mismo mes. La operación debía evitar que los británicos amenazasen Italia y el petróleo rumano desde los Balcanes. Al mismo tiempo, Alemania se ofrecía a mediar entre Italia y Grecia.
Bulgaria accedió a rubricar el Pacto Tripartito a mediados de enero de 1941, a cambio de obtener los territorios tracios entre los ríos Estrimón y Hebro. Por las mismas fechas, Grecia solicitó el envío de una misión militar para tratar la posible colaboración británica en la defensa del país. El mariscal del aire Arthur Longmore y el general Archibald Wavell acudieron a Atenas el 13 de enero para tratar con el moribundo Metaxás —que falleció apenas tres semanas después— y el general en jefe del Ejército griego, el general Alexandros Papagos. Los griegos deseaban que los británicos les enviasen ocho divisiones para afrontar un posible ataque alemán desde Rumanía, pero estos, pese a la buena situación en la que estaban en el norte de África en ese momento, no pudieron ofrecer más que algunos ingenieros, aviones, cañones antiaéreos y tanques. Metaxás lo rechazó: creía que esto no bastaría para asegurar la defensa del país, pero sí para provocar a Alemania.
Metaxás falleció el 29 de enero, y su deceso debilitó la determinación griega a hacer frente a Hitler. El ministro de Asuntos Exteriores británico Anthony Eden y el general John Dill viajaron a Atenas el 22 de febrero para negociar nuevas ayudas británicas a Grecia dada la buena situación británica en el frente libio. Las dos partes decidieron que, en caso de agresión alemana, defenderían la línea del Haliacmón (monte Olimpo-Veria-Édessa-Kaimakchalan), lo que conllevaría abandonar Salónica al enemigo y evacuar el territorio albanés conquistado.
Desembarco de soldados británicos en El Pireo.|miniatura|izquierda
Eden partió luego a Turquía para tratar de recabar su colaboración y, para cuando volvió a Atenas el 2 de marzo, la situación había empeorado. Bulgaria había anunciado su ingreso en el Pacto Tripartito el día anterior y al mismo tiempo las primeras unidades alemanas habían entrado en el país. Los mandatarios griegos se mostraban más pesimistas y no había comenzado aún el repliegue de las unidades griegas hacia la línea acordada, para sorpresa de los británicos. Papagos argumentó que solo ordenaría la retirada en caso de que Yugoslavia se negase a cooperar con griegos y británicos contra Alemania. El rey hubo de intervenir para obligar al general a abordar la operación.
Las primeras tropas británicas zarparon de Egipto con rumbo a Grecia dos días después de la vuelta de Eden a la capital griega, el 4 de marzo y tomaron posiciones en la línea defensiva entre el 16 y el 19 del mes. Los últimos intentos por evitar la guerra entre Grecia y Alemania fracasaron a lo largo del mes. El embajador alemán en Atenas recibió instrucciones para cesar toda negociación el día 24. Al día siguiente, Yugoslavia firmó por fin el Pacto Tripartito. Los alemanes ya solo esperaban al buen tiempo para emprender la ofensiva contra Grecia, aunque hubieron de cambiar los planes militares para incluir en la operación a Yugoslavia tras el golpe de Estado que se produjo allí el día 27.