La alimentación mediterránea son los ingredientes, preparaciones, técnicas y demás tradición culinaria que se practica en el área mediterránea. A pesar de la enorme diversidad de particularidades regionales, esta región tiene también muchas características comunes, determinadas por el clima mediterráneo, la agricultura y los lazos históricos y comerciales.

La base de la alimentación mediterránea lo constituyen los cereales, las legumbres, las frutas y las verduras, por lo que se considera esencialmente vegetariana (aunque no exclusivamente).

La principal fuente de proteína son las leguminosas, mientras que el aceite de oliva es la principal fuente de grasas. También lo son los productos lácteos, en especial quesos y yogures, pero estos son alimentos secundarios al igual que el pescado y las carnes blancas, principales fuentes de proteína animal.

El consumo de carnes rojas y de repostería es bastante limitado y se reserva a fechas señaladas. El aceite de oliva, el pan de trigo y el vino de uva son considerados como los tres alimentos más representativos de esta cocina, en lo que se denomina «la tríada mediterránea».

A lo largo de la historia, han sido muchos los alimentos que se han importado y aclimatado en el Mediterráneo, siendo la lista de vegetales verdaderamente autóctonos muy limitada. Por ello es considerada una cocina con gran capacidad de mestizaje. De Asia llegaron gran parte de los alimentos: trigo, lentejas, ajos, cebolla, arroz, berenjena, todas las frutas cítricas, manzana, pera, ciruela, sandía, melocotón, melón, etcétera, a los cuales se agregaron el tomate, el pimiento, la calabaza y la papa o patata entre otros, aportados por América tras el encuentro entre dos mundos.

250px|mini|Aperitivo en Andalucía, ajoblanco con uvas. Si bien la alimentación mediterránea es muy diversa y variada, un aspecto habitual fundamental y determinante han sido los periodos de escasez y hambrunas, muy comunes en el Mediterráneo a lo largo de su historia. La mediterránea ha sido una cocina moldeada por la pobreza; ello la ha convertido en la actualidad en adalid de la dieta ligera y saludable. La dieta mediterránea comenzó a popularizarse a partir de la segunda mitad del , con las primeras investigaciones en el campo de la nutrición, destacando el Estudio de los Siete Países del Dr. Ancel Keys.

En la actualidad, algunas fuentes diferencian la gastronomía o cocina mediterránea de la dieta mediterránea, pues el primero se refiere a una tradición culinaria y el segundo a un modelo dietético ideal, inspirado en el primero pero bajo criterios enfocados en la salud. De manera que la dieta mediterránea es un régimen alimenticio que puede ser adoptado por cualquier persona del mundo, pero la cocina o gastronomía mediterránea es practicada netamente en el Mediterráneo. Aun así, los términos se pueden usar indistintamente y, de hecho, cuando en 2010 se inscribió esta cocina en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, se hizo bajo el nombre de «dieta mediterránea».

Contexto geográfico Como toda cocina tradicional, la mediterránea no se puede analizar sin tener en cuenta el contexto en el que intervienen factores como la geografía, agricultura, comercio, cultura, Estado o religión. El mar Mediterráneo baña 46 mil kilómetros de costa y separa tres continentes.

Su forma alargada y horizontal le confiere una relativa unidad climática al área. Consecuentemente, se percibe cierta homogeneidad en los paisajes y formas de vida. El clima mediterráneo permite cultivar frutas y verduras todo el año, por lo que la disponibilidad de vegetales es diaria. La agricultura mediterránea está condicionada principalmente por tres factores:

Relieve. Lourdes March lo define como «mar encerrado en casi todo su perímetro por montañas». A diferencia de la cuenca atlántica, la mediterránea presenta una orografía accidentada, compleja y fragmentada, que alterna constantemente sierras con pequeños deltas y llanuras. El Mediterráneo es la convergencia de varias placas tectónicas en movimiento que son de una edad geológica relativamente joven, de manera que no solo abundan las cordilleras litorales, sino también las penínsulas, bahías e islas. Consecuentemente, a lo largo de la historia las comunicaciones marítimas han resultado ser más efectivas que las terrestres, reforzando además la identidad local.

Suelo. Por lo general, las tierras mediterráneas han sido poco generosas con el jornalero. El suelo es en general un suelo pobre y de composición mineral. Por ejemplo, en Grecia, la mayoría de los suelos son pedregosos, delgados y muy secos. Asimismo, en el modelo de explotación agrícola mediterráneo, los diferentes suelos tienen diferentes usos. Los deltas y valles fluviales son capaces de suplir la falta de agua y por ello se convierten en los motores agrícolas de la región. Las tierras bajas se aprovechan para el cereal y la horticultura, mientras que en las laderas de montañas se da la arboricultura de olivos, castaños, etc. y en terrazas fluviales predomina la viña. En las tierras altas y zonas áridas periféricas, la principal explotación es el pastoreo trashumante.

Clima. El clima mediterráneo es templado y se caracteriza por limitadas precipitaciones. Las lluvias se concentran en la primavera y el otoño, y suelen ser breves y torrenciales. La estación seca se da durante verano, que es largo, caluroso y de cielos despejados. Al contrario que en los climas atlánticos, el verano no es la estación vegetativa, sino la estéril. Los últimos meses del año, el agua marina se enfría más lentamente que las tierras adyacentes, en cambio, de enero a abril, la temperatura superficial del mar se mantiene por encima de la del aire de las tierras circundantes. Como consecuencia, en el litoral mediterráneo se pasan inviernos muy suaves respecto a lo que le correspondería para la latitud en la que se encuentra. En cambio, en las áreas del interior el invierno es frío y pueden darse intensas heladas. La mayoría de las verduras, hortalizas y plantas aromáticas se siembran o plantan en otoño y primavera.270px|miniaturadeimagen|Olivar en una colina de Rodas, Grecia |izquierdaPaisaje natural. Este régimen climático somete a la flora de los bosques y matorrales mediterráneos a sequías regulares. Con todo, la principal influencia del paisaje ha sido la mano del hombre, que durante siglos lo ha ido transformando, dando paso a hábitats particulares. Principalmente dos: la maquia y la garriga.

El primero, es un paisaje compuesto de arbustos y pequeños árboles como lentiscos, jaras, romero, lavanda, tomillo, espino negro, brezos, madroños, encinas y alcornoques, entre otros. El segundo es una degeneración del anterior, pues es la misma flora pero más dispersa y abierta, afectada por incendios y el pastoreo. Esta flora es perenne y tan solo en las zonas alejadas de la costa se vuelve caducifolia.

Contexto social Según González Turmo, las variables sociales que intermedian en la definición de la alimentación mediterránea son: la etnia, la religión, la clase social, el género y la profesión.

Religión Las tres religiones tradicionales del Mediterráneo son el judaísmo, el islam y el cristianismo, cada una con sus respectivas normas dietéticas.

Judaísmo. Las leyes judías sobre la alimentación son llamadas kashrut y establecen alimentos prohibidos y permitidos, cuándo y cómo consumirlos, y la manera de sacrificar animales. Se permiten todos los vegetales, así como gran parte de pescados, carne de ave, los huevos y la carne de herbívoros de cuatro patas y pezuña hendida, lo que incluye res, cordero y cabrito, así como su leche. Queda prohibida la carne de cerdo, camello, caballo, jabalí, conejo y otros roedores, caracoles, insectos, mariscos, peces sin escamas, huevas de pez, pulpos, marisco y anguilas, entre otros.Para un análisis completo de las pautas dietéticas judías véase . El vino está permitido si es kasher, y de hecho es un alimento sagrado junto con el pan. Para el sábado o Shabat se reservan los platos más elaborados y en la cena se sirve pan de Shabat o jalá; el año nuevo judío o Rosh Hashaná se acompaña de alimentos simbólicos como dátiles, higos, granada, uva, pescado y dulces; para el Pesaj o Pascua judía, se sirven los alimentos que recuerdan la dureza de los israelíes en Egipto —pan ácimo, vino, huevo, etc.—, shavuit, por janucá se consumen frituras y lácteos. Los judíos sefardíes vivieron en España hasta su expulsión en el . Se establecieron en varios países mediterráneos, desde el Magreb hasta Turquía, convirtiéndose en la rama judía más influyente a nivel culinario y cultural de la región. Islam. La dieta islámica establece alimentos aptos (halāl) y no aptos (harām), así como maneras de sacrificar y preparar la carne animal para el consumo humano. El Corán considera que algunos alimentos son nocivos para el cuerpo y por ello los prohíbe: las bebidas alcohólicas, el cerdo y jabalí, la sangre, la carroña, los animales depredadores como leones, osos o halcones, los roedores, insectos y los animales de compañía, entre otros. A diferencia del judaísmo, permite todos los productos del mar y todo tipo de rumiantes. La celebración más importante es el mes de Ramadán, en el cual los musulmanes ayunan cada día desde que sale hasta que se pone el sol. Otras fiestas importantes son Aíd al-Fitr, Aíd al-Adá, en la que se sacrifica ritualmente un cordero. Este animal, junto con el dátil, son dos alimentos sagrados en el islam. Cristianismo. A diferencia de las otras dos religiones, en la dieta cristiana no existen prohibiciones a alimentos ni normas sobre el sacrificio. El único precepto notable es abstenerse de comer carne durante la Cuaresma, y en el caso de los ortodoxos durante el Adviento también. El pan y el vino son alimentos sagrados, que representan el cuerpo y la sangre de Cristo. El pescado representa la pureza espiritual. Para las tres religiones, el cordero es símbolo de fidelidad y pureza. El ganado ovino es idóneo para el sobrio paisaje mediterráneo y se cría en todas las regiones. Los platos de cordero protagonizan festividades de las tres creencias.

Sus preceptos marcan fronteras religiosas en el mapa alimentario mediterráneo. Sin embargo, la realidad no siempre se ajusta al modelo dietético ideal, y la transgresión de la norma puede volverse tan usual como su cumplimiento, no siempre por falta de fe, sino frecuentemente por ignorancia o miseria. La tolerancia o intransigencia respecto a las leyes dietéticas también varía según la época. Ninguna de las tres religiones promueve el vegetarianismo, aunque la dieta vegetariana o vegana es compatible con todas ellas, pues los cereales, las frutas y las verduras tienen un valor sagrado y representan la purificación, en oposición a la carne. En cambio, en la cultura popular, las hierbas y verduras se asocian a una dieta deficiente, mientras que la carne suele ser alabada.

Cultura del trabajo thumb|250px|Almuerzo de campesinos (1619), por Diego Velázquez La dieta alimentaria de los mediterráneos también viene condicionada por la profesión, tradicionalmente heredada por líneas de parentesco. Por ejemplo, los marineros y pescadores del sur de la península ibérica, ya sean portugueses o españoles, hacen un gran uso del cilantro en comparación con sus paisanos, quienes olvidaron este ingrediente que antaño estuvo tan presente en las cocinas en favor del perejil. Entre los jornaleros y campesinos del Interior peninsular son famosos los gazpachos, cuya tradición se extiende con exactitud por las rutas pastoriles conocidas como cañadas reales. Las personas de una misma profesión, incluso con frontera por en medio, tienden a compartir ingredientes y procedimientos, así como el modo de combinarlos. Ello da como resultado similitudes en el sabor, aroma y coloración de los platos.

Clase social