thumb|Vista de la Marcha del Orgullo LGBT de Santiago de Chile de 2018. La historia de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT) en Chile tiene sus más antiguas manifestaciones en el período precolombino. Por muchos años, temas como la homosexualidad, la transexualidad o la intersexualidad fueron históricamente temas tabú dentro de la sociedad chilena, y las personas de las diversidades sexuales sufrieron de rechazo y discriminación dentro de una sociedad fuertemente conservadora. Sin embargo, en los últimos años, se ha percibido un cambio considerable en la opinión pública chilena, donde se ha detectado un creciente y mayoritario apoyo al reconocimiento de los derechos de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transgénero (LGBT), siendo uno de los países con mayor nivel de aceptación y tolerancia en América.

Durante gran parte de la historia chilena, la homosexualidad se mantuvo oculta al estar legalmente prohibida, pero sin procedimientos específicos destinados a su represión de forma masiva. La principal excepción fue la persecución de homosexuales durante el primer gobierno de Carlos Ibáñez del Campo y la promulgación de la «Ley de Estados Antisociales» de 1954 que afectaba específicamente a vagabundos, mendigos, locos y homosexuales.

Desde la transición a la democracia en 1990, el activismo LGBT chileno ha logrado, a través de una mayor organización y visibilización, que la clase política haya respondido paulatinamente a sus demandas. La mayor parte de las disposiciones que penalizaban la sodomía fueron derogadas en 1999, siendo el penúltimo país restante de América del Sur en hacerlo.

En 2012, entró en vigencia la Ley que establece medidas contra la discriminación (conocida como «Ley Zamudio»), que incluye como categorías protegidas la orientación sexual, la identidad de género y, a partir de 2019, la expresión de género. Las Fuerzas Armadas de Chile derogaron todas las normas internas que impedían a homosexuales ingresar al Ejército, adecuando las prácticas y reglamentos de la institución a la legislación vigente, permitiendo desde entonces servir abiertamente a gais, lesbianas, bisexuales y personas transgénero.

En 2015, entró en vigencia la ley que crea el Acuerdo de Unión Civil, que constituye la primera norma legal que otorga un reconocimiento expreso a parejas del mismo sexo dentro del Derecho chileno, permitiéndoles a quienes contraigan dicha unión ser consideradas explícitamente como «familias».

La Ley de identidad de género, vigente a partir de 2019, reconoce el derecho a la identidad de género autopercibida, permitiendo a mayores de 14 años el cambio de nombre y sexo en los documentos sin requisitos prohibitivos. Desde 1974, el cambio de sexo registral ha sido posible en el país mediante un proceso judicial, incluyendo a menores de edad.

En el año 2022 fue derogado el Artículo 365 del Código penal que establecía una diferenciación en la edad de consentimiento sexual, de 18 años para hombres homosexuales y de 14 años para heterosexuales y lesbianas. En consecuencia, actualmente la edad de consentimiento sexual es a partir de los 14 años independiente de la orientación sexual.

Culturas precolombinas y época colonial

miniaturadeimagen|Respecto de la homosexualidad en la cultura mapuche, historiadores plantean que eran aceptados en la comunidad como una persona con dos almas o dos presencias no materiales en su corporalidad. Durante la época precolombina, la homosexualidad era un concepto considerado de diversas maneras por los distintos pueblos indígenas que habitaban el territorio. Para los mapuches, la sexualidad era igualitaria entre hombres y mujeres, por lo que un hombre afeminado no perdía ningún privilegio, poder o estatus, simplemente porque ser hombre no era distinto de ser mujer. Los machis antiguamente eran en su mayoría hombres, adornados y vestidos con elementos de características femeninas, puesto que el poder espiritual estaba asociado a dicho género. Según algunos investigadores, los machis weye, como eran denominados en mapudungun, practicaban la pederastia de forma pasiva, siendo acompañados por jóvenes que actuaban como si fueran sus maridos. En tanto, otros consideran que la idea de que los machis eran homosexuales o pederastas surgió cuando los conquistadores españoles llegaron a Chile e intentaron comprender las actitudes de los machis desde su perspectiva completamente diferente a la mapuche.

El Imperio inca, que dominó la mitad norte de Chile, tenía a la homosexualidad asociada a conceptos de carácter religioso y sagrado, siendo practicada normalmente —incluso, las relaciones lésbicas eran bien vistas—; sin embargo, otras fuentes señalan castigos en contra de los homosexuales. En el extremo sur del país, el pueblo aónikenk toleraba la homosexualidad, reservando para dichas personas actividades como el chamanismo; por otro lado, en el pueblo selk'nam la homosexualidad masculina escapaba del orden social, lo cual queda retratado en un relato tradicional conocida como «la historia de Kokat», en el que dos hombres se conocen y se convierten en una pareja heterosexual, con uno de ellos convirtiéndose en mujer y engendrando un hijo. En el pueblo rapanui, ubicado en la isla homónima en el Pacífico Sur, se ha descrito que las relaciones sexuales lésbicas eran toleradas y aceptadas, además de utilizarse el término ai-kauha —que significaría «coito por el ano»— para referirse a las relaciones homosexuales masculinas, y se ha señalado la presencia de los mahu, que hacía referencia a hombres jóvenes que realizaban actividades asignadas habitualmente al género femenino, y que a partir de la segunda mitad del también eran referidos por otros rapanui como hiku («cola»).

Con la Conquista de Chile por parte del Imperio español desde 1541 y la instauración del régimen colonial, la homosexualidad quedó prohibida y sancionada al igual que en la metrópolis, siguiendo los preceptos de la Iglesia católica. A pesar de ello, no era la Inquisición la encargada de sus castigos, sino los tribunales reales y el obispado. El 25 de mayo de 1598 ocurrió una de las primeras acusaciones de «pecado nefando» (denominación que recibía la sodomía) en Chile, cuando el sacerdote Martín Moreno de Velasco es denunciado, tras lo cual huyó con rumbo desconocido, sospechándose que partió hacia el río de la Plata o a Perú.

thumb|left|Catalina de Erauso se travestía como hombre para luchar en la Guerra de Arauco, siendo conocida como «la monja alférez». La alta presencia de hombres en la Capitanía General de Chile producto del conflicto armado con los mapuches y la mayor permisividad sexual otorgada relativo a la metrópolis fomentaban las relaciones sexuales entre hombres, que una vez descubiertas eran castigadas severamente. Hacia 1612, tras sus expediciones durante la Guerra de Arauco, el gobernador Juan de la Jaraquemada recorrió los fuertes existentes y juzgó a diversos implicados en acusaciones de sodomía y traición, condenando a la hoguera a trece soldados en el fuerte de Paicaví y seis en el de Angol.

El influjo de la moral cristiana afectó también a las culturas indígenas: los machis fueron reemplazados en su mayoría por mujeres, e incluso Claudio Gay describiría siglos más tarde que los «indios de Chile», pese a su belicosidad, solo practicaban la pena de muerte para los culpables de «sodomía y hechicería». Los sacerdotes eran los encargados de enseñar y guiar a los habitantes alejados del pecado, especialmente a través de la confesión, el cual contenía un extenso cuestionario que incluía preguntas respecto a la sodomía (incluyendo bajo ese término otros términos como bestialismo, necrofilia y sexo anal); esto muchas veces tenía el efecto contrario y se convertía en una instancia para que los mismos sacerdotes realizaran prácticas prohibidas con los confesados. La práctica del llamado «pecado nefando» por parte de sacerdotes, tanto con feligreses como con pares, fue ampliamente documentada por diversas confesiones ante inquisidores, usualmente obtenidas tras aplicar torturas.

Dentro de la época colonial destaca la historia de Catalina de Erauso, una joven española que se travestía para luchar en la Guerra de Arauco. Tras haber sido expulsada de un convento en San Sebastián, Catalina se embarcó al Nuevo Mundo como hombre para luchar contra las huestes mapuches en 1619. Por su valentía, fue condecorada con el grado de alférez, sin que nadie dudara de su sexualidad masculina. En 1623 confesó su verdadero género y, al comprobarse que era virgen, se la envió a España, siendo entrevistada por el rey Felipe IV de España y el papa Urbano VIII, quienes le permitieron ser tratada como hombre.

El 14 de octubre de 1673 Juan de León Escobar, oídor de la Real Audiencia de Santiago, fue acusado de mantener relaciones homosexuales con distintos hombres, entre ellos mulatos e indígenas, siendo condenado a 13 años de cárcel en Lima y convirtiéndose en la autoridad de mayor rango en la época que fue condenada por el delito de sodomía en la Capitanía General de Chile. Durante el continuaron los juicios por sodomía basándose en suposiciones o actitudes específicas de los acusados: el 9 de diciembre de 1793 fue juzgado en la localidad de Tarapacá el cocinero y sastre Gabino Carrión, proveniente de Piura, en el cual si bien no se estableció la existencia de actos sexuales con otros hombres, se le castigó con 25 azotes y el destierro de la zona por sus insinuaciones y expresiones hacia algunos clientes.

Inicios del Chile independiente thumb|Art. 365 del Código Penal: El procesado por el delito de sodomía sufrirá la pena de presidio menor en su grado medio. Pese a alcanzar su independencia a principios del , la relevancia de las concepciones morales de la época colonial se mantuvieron prácticamente invariables en Chile, incluyendo el rechazo hacia la homosexualidad. Sin embargo, la concepción tras este rechazo a la diversidad sexual cambió a medida que se establecían las ideas que darían cuerpo a la nueva nación. Como forma de marcar una diferencia con el pasado colonial, el país recién constituido comenzó un proceso de modernización ideológica, pasando de una visión de carácter eminentemente religiosa a una de carácter científica. La homosexualidad, antes considerada como pecado, pasó a ser considerada una enfermedad. A esta visión se sumó la idealización de los roles de hombres y mujeres en la sociedad, donde la virilidad se constituía como una virtud masculina que atravesaba y unificaba a las diversas clases sociales, mientras que las conductas homosexuales o afeminadas atentaban contra dicho principio.

En 1846 se registraba la última condena de muerte en la hoguera por un caso de sodomía, dictada en contra del bodegonero José Antonio Espinoza, la cual finalmente no se llevó a cabo. Dos años después, un fiscal de Copiapó solicitó dicha condena para Juan Salinas por el mismo delito, sin embargo fue rechazado por la corte.