La sexualidad femenina se refiere a cómo las mujeres (y personas con cuerpos o identidades femeninas) experimentan sentimientos, deseos, atracción y expresiones sexuales. Es un concepto multidimensional que abarca los aspectos fisiológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos y espirituales o religiosos que subyacen al deseo sexual, la excitación sexual, la identidad y el comportamiento sexual en personas que se identifican como mujeres o que poseen una anatomía reproductiva femenina. La investigación en campos como la sexología, la psicología, la antropología o la salud pública examina cómo factores incluyendo la actividad hormonal, la etapa de desarrollo, las dinámicas interpersonales o estructuras sociales más amplias contribuyen a las variaciones en las experiencias sexuales de las mujeres.

Desde una perspectiva biológica, la sexualidad femenina involucra la regulación neuroendocrina (a través de hormonas sexuales como el estrógeno, la progesterona o los andrógenos), respuestas de excitación sexual genitales y sistémicas, así como la fisiología reproductiva. La respuesta sexual ha sido descrita en modelos tales como el ciclo de respuesta sexual humana y marcos subsiguientes que incorporan patrones de deseo sexual no-lineares y dependientes del contexto, tales como los propuestos por Rosemary Basson.

A nivel psicológico, la sexualidad femenina incluye la motivación, cognición y afecto sexuales, así como la formación de identidad. Está influida por factores tales como el apego, la experiencia previa, la salud mental o el autoconcepto (p. ej., la imagen corporal o la autoestima sexual). El deseo sexual en las mujeres puede presentarse como espontáneo o reactivo, existiendo amplia variabilidad de persona a persona y a lo largo del ciclo vital. La investigación también sugiere que la orientación sexual femenina existe en continuo fluido. Estudios poblacionales han mostrado consistentemente que si bien la mayoría de mujeres se definen como heterosexuales, las mujeres reportan tasas más altas de atracción hacia el mismo sexo y de comportamiento bisexual comparadas con los hombres. El psicólogo Roy Baumeister ha sugerido que la sexualidad femenina es más sensible a cambios culturales o educativos que la sexualidad masculina, lo que lleva a una mayor variabilidad en la identidad sexual a lo largo de la vida.

Dimensiones socioculturales incluyen la influencia de las normas sociales, roles de género, perspectivas religiosas y sistemas legales en la expresión y regulación del comportamiento sexual. Narrativas culturales, así como representaciones en los medios de comunicación, moldean las actitudes hacia el deseo sexual, a menudo contribuyendo a la variabilidad en términos de agencia sexual, estigmas sobre la sexualidad femenina o el acceso a información sobre la salud sexual. En la mayoría de sociedades y jurisdicciones legales, hay límites legales en que comportamiento sexual es permitido La sexualidad varía a través de las culturas y regiones del mundo, y continuamente ha cambiado a través de la historia, y esto también aplica a la sexualidad femenina. Varios aspectos y dimensiones de la sexualidad femenina, como parte de la sexualidad humana, han sido abordados también por teorías éticas, morales y teológicas. En casi cualquier época y cultura histórica, las artes, incluyendo la literatura y las artes visuales, así como la cultura popular, han representado una parte sustancial de las opiniones de determinadas sociedades sobre la sexualidad humana, que incluyen aspectos y manifestaciones implícitas (encubiertas) y explícitas (aparentes) de la sexualidad y el comportamiento femenino.

Aspectos fisiológicos

General La actividad sexual puede abarcar varios factores sexualmente estimulantes (estimulación fisiológica o estimulación psicológica), incluyendo fantasías sexuales y diferentes posiciones sexuales, o el uso de juguetes sexuales. Los juegos previos pueden preceder algunas actividades sexuales, a menudo dirigiendo a excitación sexual de la pareja. También es común para las personas que se sientan sexualmente satisfechas por ser besadas, tocadas eróticamente, o siendo abrazadas.

Desarrollo La capacidad de tener una respuesta sexual está presente desde el nacimiento. Se ha encontrado que puede haber lubricación vaginal en recién nacidas tan temprano como en las 24 horas después del parto. También hay reportes de bebés que tocan sus genitales, incluso antes del nacimiento, aunque el tocamiento genital se observa más típicamente alrededor de los 8 u 11 meses de edad (aproximadamente 4 meses después de que este comportamiento se observa en bebés varones). En algunos niños y niñas se aprecia un aumento de la actividad genital alrededor de los 15 meses de edad, si bien la manipulación rítmica que se asocia con la masturbación adulta aparece entre las edades de 2 y 3 años. Sin embargo, estos reportes son a menudo anecdóticos, y es difícil afirmar con exactitud qué tan prevalente es la masturbación infantil, debido entre otros factores a problemas en su definición. Por ejemplo, las ideas de Sigmund Freud respecto al desarrollo psicosexual y en particular a la idea de que existe un Período de latencia entre los 7 años y el comienzo de la pubertad donde el comportamiento sexual básicamente desaparece, probablemente hayan influido en la idea de que generalmente no ocurren comportamientos sexuales antes de la pubertad. Contrario a estas ideas, un estudio de 2003 con estudiantes universitarios en los Estados Unidos encontró que 40 % de las encuentadas afirmaban haberse masturbado antes de la pubertad,Bancroft, J., Herbenick, D., & Reynolds, M. (2003). Masturbation as a marker of sexual development. En J. Bancroft (Ed.), Sexual Development in Childhood. Bloomington, IN: Indiana University Press. mientras que en un estudio de 2002 con estudiantes de secundaria en Suecia, 36 % de las estudiantes reportaron haberse masturbado antes de los 13 años de edad.

Además de las experiencias en solitario, una variedad de comportamientos sexuales interpersonales se observan en la niñez. Por ejemplo, ya a la edad de 13 meses niños y niñas pueden mostrar interés en los genitales de otra persona (mirando, tocando o mencionando su nombre), inicialmente los padres pero luego otros niños y niñas, interés que parece mantenerse estable hasta al menos la edad de 6 años. Entre las edades de 3 y 5 años es común encontrar comportamientos como el exhibicionismo (p. ej., mostrar los genitales a otros, querer quitarse la ropa), voyerismo (p. ej., querer ver a otros desnudarse o mientras usan el baño), querer abrazar o acercarse demasiado a otros y particularmente tocamientos genitales, tanto en público como en casa, si bien todos estos comportamientos se observan más comúnmente en varones que en niñas. Este interes especial en los genitales de los otros, particularmente del sexo opuesto, puede dar paso a juegos que les permitan la exploración sexual con otros niños, tales como «jugar al doctor», «jugar al papá y a la mamá» o jugar a «muéstrame tú y luego te muestro yo».

También es común a esta edad que los niños y niñas muestren curiosidad por temas sexuales y que hagan preguntas sobre los cuerpos y las funciones corporales. Este interés también puede verse durante el juego, por ejemplo dibujando figuras desnudas o desvistiendo a las muñecas para ver sus genitales. También pueden mostrar interés en las conductas sexuales de los animales. A la vez, entre las edades de 4 y 6 años, muchos niños y niñas empiezan a desarrollar un sentido de modestia y a expresar un deseo de privacidad.

Para la edad preescolar, la mayoría de niñas han desarrollado una consciencia de que son niñas (identidad de género), si bien la idea de que el género es permanente (p. ej., que una niña sepa que siempre será niña) no se desarrolla completamente hasta la edad de 6 años. Para una minoría de niños y niñas, este sentido de quiénes son como personas no corresponde a su cuerpo físico. Si bien no se conoce con certeza la prevalencia de este fenómeno, no es raro que en niños y niñas pequeñas ocurran bastantes comportamientos que son típicamente asociados con el sexo opuesto (alrededor de 12% de las niñas).

Orgasmo

El orgasmo, o clímax sexual, se refiere a la descarga repentina de tensión sexual acumulada durante el ciclo de respuesta sexual, resultando en contracciones musculares rítmicas en la región pélvica caracterizada por una intensa sensación de placer. Es común en muchas mujeres tener dificultades a la hora de experimentar orgasmos durante el coito vaginal. Según la Clínica Mayo, «los orgasmos varían en intensidad, y las mujeres varían en la frecuencia de sus orgasmos y la cantidad de estimulación necesaria para provocar un orgasmo». Además, algunas mujeres pueden requerir más de un tipo de estimulación sexual para llegar al orgasmo. Parte de tales dificultades para llegar a un orgasmo se han explicado como resultado de que es necesario a menudo que haya estimulación clitoranea directa para que ocurra un orgasmo, y que el coito vaginal típico ofrece poca estimulación directa. Dependiendo de la posición, puede haber estimulación indirecta del clítoris durante el coito pene-vaginal principalmente a través de la presión externa y la fricción del hueso púbico o la base del pene contra la vulva (moviendo a su vez el prepucio del clítoris y los labios menores), así como a través de presión interna ejercida sobre los bulbos y cruras clitoreanos a través del muro vaginal.

Aunque la mayoría de investigadores sostiene que no tiene sentido hacer distinción entre «tipos» de orgasmo femenino, este se distingue habitualmente en dos categorías: orgasmo clitoriano y orgasmo vaginal. El origen del orgasmo vaginal es objeto de debate por la escasez de terminaciones nerviosas en la mayor parte de la vagina, si bien se ha sugerido la existencia del llamado punto G como una posible estructura relacionada. El 70–80% de las mujeres requieren estimulación directa del clítoris para llegar al orgasmo, aunque la estimulación clitoral indirecta también puede ser suficiente. Los orgasmos clitorianos son más fáciles de conseguir porque el glande del clítoris, o el clítoris como un todo, tiene más de 8 000 terminaciones nerviosas sensoriales, que son tantas ( o más en algunos casos) terminaciones nerviosas como las que estan presentes en el pene o el glande humanos. Como el clítoris es el homólogo al pene, es el equivalente en su capacidad para recibir estimulación sexual.

A pesar de que los orgasmos por estimulación vaginal son más difíciles de conseguir, se ha postulado que el área del punto G puede producir un orgasmo si se estimula correctamente. Sin embargo, la existencia del punto G, y su existencia como una estructura distinta, todavía está bajo disputa, ya que su ubicación exacta puede variar de mujer a mujer, y de hecho parece ser inexistente en algunas mujeres, o se plantea la hipótesis de ser una extensión del clítoris y por lo tanto la razón para los orgasmos experimentados por vía vaginal.

Las mujeres son capaces de experimentar orgasmos múltiples debido a que generalmente no requieren un periodo refractario como los hombres después del primer orgasmo. A pesar de que hay reportes de que las mujeres no experimentan un periodo refractario y por eso pueden experimentar orgasmos adicionales, u orgasmos múltiples, poco después del primer orgasmo, algunas fuentes afirman que tanto los hombres como las mujeres experimentan un período refractario porque, debido a la hipersensiblidad clitoral o la satisfacción sexual, las mujeres también pueden experimentar un periodo después del orgasmo en el que la mayor estimulación sexual no produce excitación.