Brujería y contracultura gay (título original: Witchcraft and the Gay Counterculture) es un libro escrito por Arthur Evans y publicado por primera vez en 1978. En él, Evans hace una revisión de la historia LGBT, de cómo ha sido silenciada por la historia única occidental y en particular, de la relación entre las prácticas de brujería y los gays desde tiempos remotos.
En su libro, Evans habla en primer lugar sobre cómo eran las tradiciones paganas en Europa, principalmente animistas y matriarcales, y que los homosexuales cumplían la función de «chamanes» de su comunidad. Luego pasa a explicar que durante la Edad Media se convirtieron en una especie de «contracultura» y cómo fueron duramente reprimidos por la Iglesia católica. Para Evans, muchos de quienes fueron condenados como herejes y llevados a la hoguera fueron en realidad, personas del colectivo LGBT. Finalmente, en los últimos capítulos cuenta que esta ideología cristiana, precursora de la industrialización y el capitalismo, se extendió a otras tierras colonizadas por Europa y sus poblaciones indígenas corrieron la misma suerte. Evans recorre diferentes temas de la historia, desde Juana de Arco, los cátaros y los akelarres del medievo, hasta el imperialismo estadounidense y el industrialismo del .
Autor e investigaciones Arthur Scott Evans (1942 - 2011) fue un activista y abogado de los derechos LGBT, muy activo en la ciudad de Nueva York entre los años 60 y principios de los 70, hasta su traslado en 1975 a San Francisco donde continuó la militancia política gay. Se unió al Gay Liberation Front (GLF) y en 1969 cofundó el Gay Activists Alliance (GAA).
Brujería y contracultura gay surge a partir de una serie de conferencias que dio Evans en 1975-1976 llamadas Faeries, en las que explicaba investigaciones sobre los orígenes de la contracultura LGTB. La edición en castellano fue traducida por Valentina Ripani para la Editorial Descontrol y fue publicada de forma intencionalmente clandestina, que además cuenta con un prólogo de Brigitte Vasallo. Está subtitulado como «Una visión radical de la civilización occidental y algunas de las personas que ha intentado destruir». Al final de su vida, la editorial White Crane Books lo convenció para reunir el material restante (no incluido) de sus simposios en otra recopilación llamada Moon Lady Rising (2018).
El pensamiento de Arthur Evans está fuertemente influido por las ideas del neopaganismo, en especial, en la defensa de la hipótesis del culto de las brujas. En este sentido, no es extraño que entre sus principales referentes estén los controvertidos Margaret Murray y Montague Summers. Otros autores sobre brujería, chamanismo y satanismo que cita son Joseph Campbell, Michael Harner, Wallace Notestein, Jules Michelet, George Kittredge, Caro Baroja, Phyllis Bober o Alan Kors. También menciona el célebre libro Historia de las orgías de Burgo Partridge y Sex Worship de Clifford Howard. Sobre la difusión del matriarcalismo en la prehistoria, investigó a autores como Johann Bachofen o Robert Briffault.
Otros autores que toma como referentes de su investigación son Nora Chadwick, Norman Cohn, Edward Carpenter y Violet Alford.
Contenido
Juana de Arco El libro comienza analizando la vida de Juana de Arco, condenada a muerte por travestismo. En su juicio, al cual acudió con ropas de hombre, y defendió que era un deber religioso. Los jueces se indignaron porque no solo vestía como hombre, sino que se comportaba como tal. Juana admitió haberse acostado con mujeres, entre ellas Catherine de La Rochelle. Fue torturada física y psicológicamente, y finalmente quemada viva.
Su mejor amigo, Gilles de Rais, quien era un conocido noble homosexual, decían de él un «brujo», y también fue condenado a muerte. Juana provenía de un linaje de mujeres que practicaban ritos paganos en una centenaria haya sagrada cerca de su casa, cosa que se le recriminó el día de su juicio. Durante la Edad Media, el paganismo europeo aún era practicado de forma clandestina, especialmente entre los campesinos, y Lorena (de donde era Juana) fue una región con fuerte arraigo a los ritos célticos antiguos. Aunque Juana rechazó la autoridad de la Iglesia, se sentía una sierva de Dios y posteriormente se la haría Santa de Francia, que es la historia que sí se cuenta de ella.
Prehistoria 200px|miniaturadeimagen|Estatuilla a la Diosa Madre encontrada en Anatolia, aprox. del 6 mil a. C. Evans analiza las primeras formas de religión del ser humano, principalmente animistas y matriarcales. La evidencia arqueológica nos dice que estos pueblos de la Edad de Piedra no tenían jerarquías sociales, la propiedad era comunal, no tenían una visión rígida del trabajo y el gobierno se acordaba por consenso. Además, eran relativamente pacíficos, puesto que desconocían la guerra organizada.
En el 4000 a.c. se produjo un cambio en Medio Oriente (hoy llamado la «Edad de Bronce»), por el cual surgieron nuevos grupos sociales controlados enteramente por hombres y basados en la proeza militar. Eran los primeros grupos sociales de la historia humana que vivían de hacer la guerra, y para su sustento explotaban a otros pueblos que fuesen agrícolas. Sus botines de guerra auspiciaron la creación del concepto de 'propiedad privada'. Con estas nuevas sociedades, aparecen también las clases sociales y la esclavitud, así como los primeros «Estados».
Sin embargo, las élites militares dominantes seguían siendo una parte ínfima de la sociedad como para acabar con la antigua tradición campesina, por lo que se alcanzó un nuevo equilibrio. De este choque cultural surgieron nuevas culturas: los antiguos egipcios, los sumerios o la civilización minoica.
Antigüedad 200px|miniaturadeimagen|El aquelarre de Goya, 1798 Antigua Grecia La religión antigua era politeísta. Su dios principal era la Gran Madre, y la segunda el Dios Cornudo. Las mujeres tenían un papel central, como comadronas, líderes, curanderas y sacerdotisas. La cultura griega primitiva fue chamanista y matrilineal, y su principal deidad era la Gran Madre. Al final de la Edad de Bronce (1500 a. C.) entran en la actual Grecia una serie de tribus militaristas que introducen la lengua griega e instauran la jerarquía patriarcal. En la historiografía moderna son denominados micénicos, puesto que establecieron la capital en Micenas. El estatus de la mujer declinó, Zeus se alzó como principal deidad, así como el culto a Ares, sustituyendo a la Potnia Meter. Ares, dios de la guerra, era el único dios griego que no era conocido por sus relaciones amorosas homosexuales.
La cultura patriarcal se estableció por todo el Egeo a partir del 1400 a. C. El fue una época convulsa en Grecia, marcada por el belicismo. Los estados patriarcales se destruyeron entre ellos (la guerra de Troya es sólo una de las muchas batallas) forzando intensas migraciones. Una de las tribus, los Dorios, se asentaron en Esparta. Aunque históricamente se ha recordado a este pueblo por su carácter militar, de hecho no lo eran tanto como sus vecinos. A diferencia de los micénicos, carecían de una aristocracia militar. Las mujeres dorias corrían y peleaban desnudas junto a los hombres, mientras que las mujeres de otras culturas de Grecia era despreciadas y recluidas al interior de la casa. La homosexualidad entre los dóricos fue ampliamente conocida. Era denominada paiderastia (un hombre mayor experimentado instruía en el ámbito militar, religioso, educativo y sexual a uno más joven). Plutarco comenta que entre las mujeres también existieron relaciones similares.
Los historiadores occidentales de todas las épocas, bajo su prisma homófobo y misógino, interpretaron este homosexualismo masculino como una forma de desprecio a las mujeres, y que surge en Grecia de forma tardía, cuando en realidad no es más que la continuación de las religiones naturales previas a la llegada de los griegos. Sócrates fue un defensor de esta relación íntima profesor-pupilo, contraria a la mentalidad sofista. Se sabe por ejemplo que tuvo una relación con su alumno Alcibíades. Fue condenado por «corromper a la juventud e introducir nuevas deidades» (daimon, que Evans interpreta como vestigios de la antigua religión chamanista).
Antigua Roma La religión celta y otras tradiciones europeas precristianas y prerromanas eran matriarcales. Aunque cada grupo tenía sus propias deidades, todas tenían en común la veneración a una «Gran Madre» como diosa principal, llamada Gea, Rea, Cibeles, etc.En el panteón egipcio, su equivalente fue Isis. según el lugar. El dios masculino más importante era el «Dios Cornudo», ya que la mayoría de culturas lo representaban con cuernos (a veces también patas de cabra y el pene erecto).Para más información acerca del dios astado, léase (libro online). Entre sus rituales, se incluían orgías dirigidas por sacerdotes travestidos. La sexualidad libre fue una característica común a estas religiones paganas y fue demonizada por los primeros cristianos. La religión a la Gran Madre fue la principal resistencia que tuvo el cristianismo antes de convertirse en la religión oficial en el Imperio Romano. Pablo de Tarso, por ejemplo, denuncia en Epístola a los romanos cómo los habitantes de Asia Menor dan un elevado estatus a la mujer y toleran la homosexualidad entre hombres.
En la sociedad romana, caía una dura represión sobre mujeres y gays (especialmente los afeminados). La mujer era considerada propiedad de su esposo, y los homosexuales, aunque tolerados, se asociaban a la culpa, al desprecio y a la pederastia.
Debido a la visión propagandística cristiana que nuestra era ha heredado, vemos a los romanos como gente que practicaba el libertinaje sexual y orgías de todo tipo, pero en realidad sobre la sexualidad en Roma caía una represión sin precedentes en la historia, promovida por los valores romanos de la autodisciplina y ascetismo. En el año 186 a. C., el Senado prohibió las bacanales, unas orgías en honor a Baco, que no son más que la continuación de las orgías prerromanas en honor al antiguo Dios Cornudo. Una de las razones que dio Tito Livio para condenar las bacanales es la participación de mujeres y de «hombres que son como mujeres».7 mil personas fueron detenidas por esta prohibición. En la sociedad romana también queda patente la división social entre la población urbana (colonos hablantes de latín y de religión romana) y la rural (campesinos autóctonos que mantenían la religión popular antigua y hablantes de celta, íbero, ilirio, etc). Un sacerdote de la religión antigua llegó a ser emperador romano, Heliogábalo, conocido por vestir de mujer y tener sexo con hombres y mujeres.