Las cartografías de la salud comprenden diferentes formas de expresión para entender y visibilizar una realidad heterotópica en el terreno de la salud. Se componen de diversos planos que se superponen e interactúan, generando conexiones no dirigidas, inexploradas e invisibles a una mirada aparente, sacándolas a la luz. Así, estas cartografías buscan representar o encarnar la salud, no sólo como la ausencia de enfermedad, sino como un medio de equilibrio dinámico, como un estado liminar o estado umbral, que busca el equilibrio en medio de un entorno de dificultad o adversidad permanente, de conflictividades y de irresoluciones, de cualquier índole, sean fisiológicas, sociopolíticas o ecológicas.

Estas cartografías abarcan así todas aquellas operatividades de representación que construyen un medio de conocimiento comprensivo-transformativo y no acumulativo, con la intención de dar cuenta de un nuevo escenario social, ambiental y tecnológico, no adhiriéndose a un formato concreto, caminando transversalmente por diferentes escalas, soportes y estableciendo un sistema de auto-representación en código abierto (participado y participativo) en su gestación.

Abarcan desde el ámbito de lo anónimo, el espacio vital, la familia, los cuidados personales, hasta lo más colectivo o global, siempre con una intencionada voluntad de dar representatividad a los márgenes, a lo menor, a lo pormenorizado. Por tanto, en su afán por materializar lo invisible o lo inaparente de un sistema (fisiológico o ecológico), las cartografías de la salud adquieren un compromiso político. Partiendo de este bagaje, el término cartografías de la salud plantea una redefinición de la representatividad de la salud, posicionándose de una manera concreta respecto a los dos campos que conforman el término.

Antecedentes para una definición Las cartografías que tratan de representar aspectos relacionados con la salud se han servido de las mismas técnicas, formatos y políticas de poder que el resto de las representaciones cartográficas de otros campos del conocimiento. Apareciendo a lo largo de la historia, en todas las culturas, la documentación cartográfica en materia de salud ha sido testigo de enfoques sistémicos o neguentrópicos basados en las relaciones primigenias de las comunidades con la naturaleza y lo vivo, que aún se conservan parcialmente (como es el caso de algunas culturas indígenas de Latinoamérica), hasta enfoques más nomotéticos en los llamados métodos geográficos en las ciencias de la salud y en los mapeados elaborados en determinados contextos y sociedades con el fin de ser empleados como herramientas de control y estudio de enfermedades, descubrimientos geográficos, pandemias; hasta llegar incluso a ejemplos actuales más globales, como los mapas de control de la pandemia COVID-19.

Desde la medicina hipocrática hasta las topografías médicas del La evolución histórica de la medicina occidental se ha visto particularmente influenciada por los tratados hipocráticos, especialmente por los esquemas de razonamiento ambientalista de base fisiológica que los médicos hipocráticos elaboraron. Estos establecían puentes entre las condiciones del entorno y las condiciones fisiológicas del organismo, concretamente entre el equilibrio interno de los humores y los agentes del medio físico, sobre todo de la temperatura y la humedad, considerándose efectivamente como causas de enfermedad y muerte. En el , esta teoría ambiental sería reformulada por Thomas Sydenham y, bajo la forma de corriente neo-hipócrita, nutrirá el interés médico en las aproximaciones al entorno físico y social, ejerciendo una notoria influencia en la teorización médica de la Ilustración. De este modo, comienzan a tejerse hilos entre unas herramientas y medios cartográficos en proceso de institucionalización y los focos de interés y preocupación en la medicina práctica y teórica.miniaturadeimagen|436x436px|Mapa de las defunciones por un brote de cólera en el distrito londinense de Broad Street, cartografiado por John Snow en 1854. Permite ver un patrón claro no visible hasta entonces, transmitiendo un claro mensaje visual al conectar incidencia con concentración.Fruto de esta convergencia nacerán las denominadas topografías médicas, que serán definidas como «la descripción exacta y precisa de las localidades de cada país y de las particularidades que las distinguen, para ser aplicada al estudio y al conocimiento de las enfermedades y de su tratamiento» dentro de la obra esencial Dictionnaire des sciences médicales (1812-1822).Las topografías médicas eran auténticos estudios territoriales que proporcionaban informaciones muy detalladas sobre la geografía física y humana de localidades, comarcas o regiones concretas. Si bien en un primer momento fue predominante la preocupación por los aspectos físicos del territorio (climáticos, geológicos, hidrológicos, botánicos, etc.), poco a poco el foco de atención se fue extendiendo al medio humanizado, por lo que una buena parte de las topografías que se realizaron ofrecen minuciosas descripciones del estado de las casas y las calles; las condiciones de vida y de trabajo de las clases populares; el alcoholismo, el juego y la prostitución; etc. Por este motivo, dichos estudios constituyen una apreciada y valiosa fuente de investigación histórica. La realización de estas investigaciones empíricas en la forma de topografías médicas se ven traducidas en una doble labor. Por un lado, se elabora una abundante documentación de enorme riqueza sobre las características naturales y sociales desde el punto de vista sanitario de las comunidades y poblaciones que habitan un medio local, con las consecuentes ventajas de cara a la diagnosis y aplicación de medidas profilácticas. Por otro lado, se atestiguan las potenciales influencias de dichas características del medio y sus posibles modificaciones sobre el organismo del ser humano, fuera por la mejora de su capacidad inmunoresistente frente a una pandemia o por el favorecimiento de la propagación de ésta.

Esta medicina ambientalista de tradición hipocrática se desarrollará en dos caminos paralelos por toda Europa; en España concretamente se traducirá: por un lado, en un gran interés médico por el registro meteorológico con el fin de estudiar la relación entre las condiciones atmosféricas y las fisiológicas; y, por otro lado, en los «estudios médico-topográficos con el fin de escrutar el conjunto de factores ambientales que inciden en la aparición y propagación de las enfermedades, sobre todo las de carácter epidémico».

Como evidencia el gran número de topografías difundidas en el , una gran parte de la documentación cartográfica sobre localidades y regiones de España que hoy se conservan fue fruto del interés y el compromiso desde la disciplina médica, motivados en cualquier caso por su papel fundamental como herramienta para la definición y aplicación de políticas de carácter sanitario-preventivo. En la progresiva apertura de escala y perspectiva de este tipo de investigaciones hacia un enfoque más nomotético, generando corrientes como la denominada medicina humboldtiana, la cual tomaría de la obra de Humboldt su modelo científico de explicación y representación de la distribución geográfica de la morbilidad. En este contexto, se encuadran cartografías de enfermedades como el brote de cólera que aconteció en las inmediaciones del distrito londinense de Broad Street en 1854, que motivó la generación de mapas como el elaborado por John Snow que visibilizó la conexión entre la enfermedad y su transmisión a través del agua. Estas operaciones de representación no sólo supusieron un cambio de paradigma en la aproximación a las enfermedades infectocontagiosa, sino que supuso un punto de inflexión en la validación a nivel institucional, y posteriormente cultural, de la influencia de las condiciones ambientales sobre las condiciones de salud pública, abriendo las puertas al uso de las herramientas cartográficas en el estudio, diagnosis, organización y gestión de la salud en las sociedades europeas.

Ontología relacional y cartografía social The History of Cartography constituye un ambicioso proyecto enciclopédico que persigue recoger los diversos procedimientos de mapeado del mundo producidos por distintas culturas del mundo, poniendo el énfasis en el verbo, en la propia acción de mapear, más allá del medio representativo, del reflejo producido. El valor de este producto residiría, por tanto, en la capacidad de la acción para visibilizar o componer una perspectiva y una representación particulares en un lenguaje menor del espacio y de las relaciones vivenciales de la comunidad con el mundo.Siempre ha habido probablemente un impulso para mapear en la conciencia humanaÚltimamente ha ganado interés en las ciencias sociales la noción de «ontología relacional». Con ella se quiere conceptualizar las maneras complejas en que seres humanos y no-humanos interactúan y entrelazan. A la politización de estas relaciones se ha referido a veces con la noción de «ontología política» (...) Desde este punto de vista, los conflictos ontológicos apuntan a una multiplicidad de maneras de estar en el mundo. En otras palabras, son testigos de un pluriverso existente.

En este marco, se puede entender que «la cartografía social constituía un ejercicio colectivo en que se exploraban percepciones territoriales de las comunidades locales con el fin de plasmarlas en mapas que se instrumentalizaban después como herramienta en la lucha por el territorio. Para ello se organizaban talleres en que se producían «mapas mentales» con las comunidades locales (en las cuales frecuentemente los ancianos jugaban un papel clave en recordar historias colectivas de asentamientos y tradiciones culturales) a través de las cuales se desarrollaban nociones propias de territorialidad e identidad. Más allá de simplemente definir fronteras para su título colectivo, sin embargo, los talleres de cartografía social y la producción de mapas mentales han servido como herramientas para explorar las diferencias epistemológicas» entre, podemos decir, las comunidades habitantes de los llamados espacios menores y la lógica territorial de lo estatal o lo institucional.

Cartografías como medio de representación Las cartografías de la salud se piensan como un medio de representación para un conocimiento comprensivo-transformativo y no acumulativo con carácter inclusivo, multi-escalar, multi-soporte y de código abierto.El mapa como una forma de creación / negociación de la realidad. El mapa como una herramienta de dominación simbólica.Zarycki plantea la cartografía de una forma pragmática, y como manera de aportar información que construye una realidad pero que a la vez puede llevarnos a que ésta pueda ser condicionada por diferentes factores al abrirse a varias aristas de la misma; dependiendo del receptor, su percepción y la sensibilidad que posea. Esta herramienta ha permitido tener un lenguaje adicional que llega al alcance de la gran mayoría y que, si comprendido, se puede llegar a tener un dominio sobre los símbolos que se representan. También se pueden tomar sus palabras con otra perspectiva, de la cual la forma de dominación simbólica puede hacer posible que se globalice a escalas menores y con respecto a la salud pueda adentrarse en aspectos de los cuales se negocie con la propia realidad.

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