José Joaquín Martínez (¿La Rioja?, ca. 1685 - Pamplona, 1 de agosto de 1742) fue un "maestro impresor", librero y editor que trabajó en Pamplona durante 23 años, desde 1718 hasta su muerte en 1741. Se tiene noticia de que imprimió 64 libros, que representan el nueve por ciento de la producción en Navarra a lo largo del .

Origen y primeros trabajos Se desconoce el lugar de origen de José Joaquín Martínez. Es probable que procediera de La Rioja y que se dedicara a la imprenta ambulante con un taller de su propiedad. Se tiene constancia documental de que en 1713 ya trabajaba como impresor y de que dos años más tarde se encontraba en Viana donde, con probabilidad, fue contratado por Francisco Picart para ayudarle en la composición e impresión del tomo quinto de los Anales del Reino de Navarra. Picart había trasladado su taller desde Pamplona a esta localidad para facilitar la corrección de pruebas a su autor, Francisco de Alesón, donde residió con carácter temporal.

Cuando concluyó el trabajo, Picart regresó a su domicilio en la capital navarra mientras que José Joaquín Martínez permaneció en Viana para atender el encargo de la impresión de una biografía del misionero jesuita en América Juan de VianaEnciclopedia Auñamendi. Viana. escrita por el también jesuita Juan Bautista Lanciego Eguílaz, natural de esta localidad.Gran Enciclopedia Navarra. Lanciego. En 1718 terminó la impresión, que llevó a cabo con "limpieza" y "tipos buenos",Pérez Goyena, III, 124, 1224. y se trasladó a Pamplona donde se instaló como impresor y residió el resto de su vida. Al año siguiente sacó su primer libro y colaboró de nuevo con Francisco Picart en la impresión del tomo segundo de 'Sermones varios del carmelita Juan de Jesús María.Pérez Goyena, III, 166, n.1273.

Matrimonio y vivienda Se instaló en Pamplona en un edificio ubicado entre las calles Chapitela y Mercaderes, del que tomó en arriendo "los cuartos bajos" y una "botiga" (tienda) situada enfrente por los que pagó 40 ducados anuales. El alquiler lo suscribió juntamente con un tal Martín de Cildoz, escribano real, del que cabe suponer que era su socio capitalista. El negocio ocupó un lugar estratégico, a mitad de camino de la Fuente de Santa Cecilia y de la calle Zapatería, donde se concentraban las imprentas de la ciudad. En sus impresos se anunció como "maestro impresor" y "librero".

Al cabo de quince años, en 1733, actualizó el arriendo y se hizo con tres botigas y buena parte del edificio; en consecuencia, la renta subió a 131 ducados anuales. Pero no los pagó en su totalidad pues subarrendó al menos una vivienda, por la que percibió 24 ducados. El aumento de espacio le permitió abrir en la calle Chapitela la botiga, que hasta la fecha había estado en la de los Mercaderes.

Primer matrimonio José Joaquín Martínez se había casado, con anterioridad a 1729, con Magdalena Vidaurre, natural de Cirauqui y vecina de Pamplona, que probablemente no sabía escribir y que debía de contar con un abundante patrimonio. No tuvieron hijos. Al parecer fue una mujer especialmente devota, ya que perteneció a cuatro cofradías. En su testamento, dejó encargadas quinientas misas a los franciscanos, donde pidió ser enterrada, treinta a los trinitarios y otras tantas a los carmelitas calzados, todas a razón de dos reales cada una. 200x400px|miniaturadeimagen|derecha|Vida de Josefa del Santísimo Sacramento, monja de Azpeitia (1724). Lo ha impreso y vende Martínez "en su casa de la calle de Mercaderes"Las imágenes de este artículo proceden de la Biblioteca de Navarra o de la Biblioteca Navarra Digital (BINADI).

A su marido le dejó «todos los bienes, imprenta, oro, plata y muebles». A su sobrina Josefa Lorenz, que le había servido, le dio veinte pesos y un arca para cuando «tome estado»; y a Fermina de Esain, también sobrina y casada con el impresor Jerónimo Anchuela, cierta cantidad de dinero y sus «vestidos interiores y exteriores», y a su esposo regaló «una porción de libros para componer su tienda y botiga». Sin embargo, Martínez no cumplió esta última manda porque estaba reñido con Anchuela. También dispuso que se ayudara económicamente y le se dieran «algunos libros de que necesite» a María Antonia de Ripa, si, como pretendía, se hacía monja.

Segundo matrimonio y muerte En 1735, al año de haber quedado viudo, se volvió a casar, en esta ocasión con María de Lizasoain, viuda, perteneciente a una rica familia de agricultores de Beriáin, que aportó como dote cuatrocientos ducados Posiblemente tampoco sabía escribir, ya que no firmó los documentos relacionados con el matrimonio. Tampoco tuvo descendencia.

José Joaquín falleció “con accidente repentino” cuando visitaba el convento de capuchinos de extramuros de Pamplona y, por este motivo, no pudo ser “confesado y oleado”. No había cumplido 60 años. Fue enterrado en el convento de los franciscanos con la que había sido su primera esposa.

Dejó un patrimonio considerable, lo que motivó la pretensión de disfrutar de la herencia por parte de diversos familiares, entre los que figuraban algunos parientes de Alfaro , así como por el Tribunal de Cruzada, que adujo derechos al haber muerto Martínez sin testar. Finalmente los jueces declararon heredera única a la viuda, María de Lizasoain. Esta continuó al frente del negocio, con la denominación de "Herederos de Martínez", hasta que al cabo de dos años, en 1743, se casó con Miguel Antonio Domech, quien se hizo cargo del mismo.

Empleados del taller 300x600px|miniaturadeimagen|derecha|Pliego suelto sobre la explosión del molino de la pólvora de Pamplona, en 1733, que ocasionó tres muertos e importantes daños materiales

El volumen de trabajo que desarrolló el taller de José Joaquín Martínez exigió la contratación de oficiales y aprendices. Se tiene noticia de que en torno a 1735 tuvo un número considerable de empleados, en su mayor parte procedentes de Aragón. Es el caso de Jerónimo Anchuela, que aquí comenzó como "mancebo" y ascendió a oficial para finalmente establecerse por cuenta propia, gracias a su matrimonio en 1730 con Fermina de Esain, sobrina de la primera esposa de Martínez. José Botaya, también aragonés, prestó sus servicios hasta que se estableció por cuenta propia. Por su parte, Pedro Lorenz estuvo a las órdenes de Martínez y acabó montando una imprenta y librería en San Sebastián.

Como "criados" del taller aparecen Andrés de Tortosa, Juan Camín, Pedro Berástegui y Francisco Estruel, que posteriormente pasaron a otros talleres, siempre como asalariados. Asimismo Martín José de Rada comenzó como aprendiz de librería con catorce años y continuó como oficial durante diez, hasta se que se casó con la heredera del impresor y librero Alfonso Burguete y pasó a dirigir el negocio de su suegro.

En 1740 empleó a tres “criados”, aunque no se precisan sus nombres, que manejaron las “prensas para todo género de impresiones”.

Fermina de Echauri, criada de la casa, en ocasiones ayudaba en la imprenta y librería.

Producción de libros José Joaquín Martínez trabajó desde 1715, cuando se instaló por poco tiempo en Viana, hasta su muerte en 1741. Son 26 años de actividad intensa y sin interrupciones relevantes que ofrecen el balance de 64 libros,El Diccionario de la Real Academia precisa que un libro es "todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas". Se ha de tener presente que los trabajos más frecuentes en las imprentas manuales eran de carácter menor, tales como papeles sueltos, carteles, formularios, folletos, etcétera. lo que representa una media de 2,5 por año. Esta cifra le sitúa por encima de sus colegas pamploneses, y de hecho supone el nueve por ciento de la producción de libros en Navarra durante el . Producción de libros de la imprenta de José Joaquín Martínez (1716-1741)Itúrbide, 2015, CD-ROM. "Diccionario de impresores…". Martínez.

Se registran sin libros en los años 1717 y 1718; en el primero, porque tras su estancia en Viana en 1716, con probabilidad todavía no se había instalado en Pamplona; mientras que en el segundo estaría montando su taller. Tampoco se conocen en 1723 y 1725, al comienzo de su actividad profesional. Por el contrario, a partir de 1726 y hasta 1739, durante casi tres lustros la imprenta produjo libros sin interrupción. Excepcionalmente en 1740 se interrumpió su aparición, aunque esto no significa que estuviera inactiva, ya que se tiene noticia de que en esa fecha sus tres oficiales trabajan en la impresión de diversos pleitos.

La relevante actividad del taller de José Joaquín Martínez alcanza su mayor ritmo en los años 30. En 1736 imprime ocho libros, en 1734 y 1735 cinco, y en 1728, 1731, 1737 y 1739 cuatro, lo que constituye un hito en relación con los demás talleres de la ciudad.

200x400px|miniaturadeimagen|derecha|Afectos y consideraciones devotas del jesuita Francisco de Salazar. Martínez lo editó en varias ocasiones, en la correspondiente al ejemplar aquí reproducido tenía licencia para publicarlo durante cuatro añosPéréz Goyena, III, 465, n. 1672.

En torno a 1735 Martínez realiza considerables tiradas de obras de piedad, entre las que figuran catecismos y los Ejercicios de san Ignacio que el jesuita tafallés Pedro de Calatayud distribuía en las celebradas misiones que predicaba por toda España. La encuadernación la encomendó al taller de Jerónimo de Anchuela, quien aseguró que le había encuadernado 8.000 ejemplares de los catecismos y 5.000 de los Ejercicios.

Llama la atención el elevado número de reediciones, que prácticamente representan la mitad de la producción. Todas, a excepción de dos ediciones del Libro Cuarto —gramática latina— del jesuita Bartolomé Bravo (1719 y 1727), se refieren a temas religiosos, de devoción popular, con una venta masiva y constante. Entre ellas destacan las cinco ediciones de Afectos y consideraciones devotas del jesuita Francisco de Salazar (1731, 1732, 1733, 1736, 1739).

En cuanto a la distribución temática de los títulos, como no podía ser de otra manera en esa época, se constata la hegemonía de la Religión, que comprende el 64 por ciento. Entre las 41 obras religiosas dominan las de piedad, con 32 títulos, mientras que las de contenido teológico suman nueve. El segundo apartado temático en importancia es el de Historia, aunque a gran distancia del anterior, toda vez que solamente reúne nueve títulos. Está también vinculado a la Religión, ya que cinco son hagiografías. En cuanto al Derecho, entre los cuatro títulos registrados destaca la cuidada y compleja edición de la Novísima Recopilación de las leyes del Reyno de Navarra de Joaquín Elizondo (1735). En el de Ciencias se encuentran dos obras de medicina, una de filosofía y otra de ciencias naturales. Finalmente en el campo de la gramática aparecen las dos ediciones ya citadas de la gramática latina de Bartolomé Bravo, otra gramática del maestro pamplonés Pedro Antonio Martínez de Cabredo y la Poética de Ignacio de Luzán.

Destaca el dominio prácticamente absoluto del castellano, en el conjunto de 64 obras impresas, toda vez que viene a representar el 90 por ciento. En este sentido, cabe recordar que más de dos terceras partes de los libros analizados son de contenido religioso, y dado que buena parte de la producción de ellos son de devoción, destinados a los fieles en general, el castellano es la lengua elegida para tratar estos asuntos.

El latín queda reducido a las dos “gramáticas” de Bartolomé Bravo, dos tratados de teología y uno de filosofía. El vascuence, por su parte, se emplea en dos obras de piedad popular: un librito sobre el rosario (1737) y un catecismo (1739).