thumb|Mapa del territorio mexicano cubierto por la bandera del orgullo LGBT.|269x269pxEl estudio de la historia LGBT en México se puede dividir en cuatro periodos separados correspondientes a los propios dentro de la historia mexicana: prehispánico, virreinal, México independiente y México moderno. El rechazo a la homosexualidad forma un hilo conductor que cruza los tres primeros períodos.
A lo largo de la historia, se emplearán distintas palabras para describir, señalar o acusar a la comunidad LGBT+, por lo que es necesario adentrarse al momento histórico para entender la historia de la diversidad en México. De la misma forma, la diversidad no se perciben ni conciben, de la misma forma en las distintas etapas.
México prehispánico
Es imposible comprender la sexualidad del mundo prehispánico sin comprender previamente la cosmovisión dual. Este principio afirma que las deidades tenían un carácter doble en donde ambas partes se complementaban en una sola. Esta relación dinámica (donde se puede hablar de lo masculino y lo femenino) era lo que permitía la generación del cosmos.
Los dioses eran los rectores de la sexualidad y esta se asociaba a la fecundidad de la tierra, por lo que estaba estrechamente ligada a los calendarios. Fuera de las fechas destinadas a la práctica sexual, la deidad Xochipilli era la encargada de castigos como generar hemorroides o pudrir los órganos sexuales si la abstinencia no se cumplía. centro|sinmarco|300x300px|Figura de barro de jaguar y mujer en relaciones sexuales. La mayoría de la información sobre los pueblos prehispánicos provienen de fuentes novohispanas con cosmovisión europea. En esos términos, se emplearon las palabras sodomía (actos sexuales sin fines reproductivos) y pecado nefando para señalar a quienes tenían relaciones sexuales con personas de su mismo sexo. Estos relatos deben tomarse con precaución, puesto que la acusación de sodomía era empleada para justificar la conquista, al igual que otras acusaciones (reales o inventadas) como los sacrificios humanos, el canibalismo o la idolatría.
En 1601 el historiador Antonio de Herrera se preguntaba porqué unas fuentes ponían énfasis en la pena de muerte como castigo mientras otras no presentaban pena o castigo alguno. Esto permite suponer que las fuentes manipulaban la información a su conveniencia. Serían los conquistadores españoles quienes pondrían entre sus primeros testimonios que la sodomía era común en los distintos pueblos a donde llegaron. Hernán Cortés dice que "hemos sabido y sido informados de cierto que son todos sodomitas y usan aquel abominable pecado"
Por otro lado, las teorías contemporáneas con perspectiva LGBT también han idealizado al periodo prehispánico en torno a la existencia del tercer género, por lo que se debe tomar con distancia. izquierda|miniaturadeimagen|308x308px|Lukas Avendaño, Persona muxe de Tehuantepec y artista del performance.
Los dos espíritus (El tercer sexo o género)
En muchas regiones del mundo que conservan sus tradiciones ancestrales, se habla de la existencia de un tercer sexo o género (dependiendo el autor o la postura académica que se consulte). Los pueblos indígenas lo conciben como la existencia de dos espíritus dentro de un solo cuerpo. Entre los pueblos nativoamericanos y en la zona norte de México se refiere a este grupo como berdache.
Entre los zapotecas, esta figura se emplea con el término de muxe y permanece vigente hasta nuestros días. Los muxes son una posición social intermedia en donde realizan trabajos femeninos y masculinos como el comercio, la cocina, la costura, la educación, la medicina (como curanderos) o incluso cargos políticos. Se encargan de realizar la Vela que es el nombre con que se conoce a las fiestas comunitarias. Es importante destacar que aunque la mayoría de muxes suele llevar los atuendos típicos de las mujeres, no se consideran a sí mismos como mujer.
Los pueblos prehispánicos
Los mayas thumb|Fig. 1: Pintura homoerótica maya en las paredes de las grutas de Naj Tunich (El Petén, Guatemala). Se cree que los mayas eran tolerantes con la homosexualidad. Esta era ejercida como un ritual de paso en donde los niños se convertían en hombres. El acto sexual entre hombres del mismo sexo implicaba también un ejercicio de poder sobre los dominados y los esclavos. Se sabe de fiestas rituales entre los mayas que incluían el sexo homosexual.
La sociedad maya consideraba la homosexualidad preferible al sexo prematrimonial heterosexual, por lo que los nobles conseguían esclavos sexuales para sus hijos. La idea era aprender todo lo relacionado al sexo usando prácticas homosexuales para que al llegar al matrimonio, se pudiera ejercer de manera adecuada. Al mismo tiempo debía ejercerse la sexualidad sin perder la virilidad.
Las pruebas arqueológicas más concretas de las prácticas homosexuales entre los mayas, se encuentran en la cueva de Naj Tunich, en Guatemala (fig. 1). Dentro existe una pintura que muestra dos hombres desnudos abrazándose, lo que genera la teoría de que algunos encuentros homosexuales quizá tenían lugar en esta cueva.
Antropólogos como Gaspar Cahuich aseguran que existen referencias de homosexualidad y travestismo en figurillas de barro y pinturas, pero no se ha encontrado evidencia de lesbianismo.
En el periodo de la evangelización, Fray Diego de Landa aseguró que aunque en la zona donde laboró no existía la práctica entre los indígenas, era común en otros pueblos de la península.
Los mexicas Por su contacto directo con el proceso de conquista, los cronistas españoles mencionan que los mexicas (o aztecas) eran intolerantes con la homosexualidad, actividad que castigaban con la pena de muerte, aunque no está comprobado. En este apartado se considera además de las prácticas en la capital de México-Tenochtitlán y Tlatelolco, las referidas dentro de los límites del imperio con sus distintos señoríos. izquierda|miniaturadeimagen|"Maya-Tones II" (2013) Autor Desconocido. Figurilla de barro del Estado de México. Según el Dr. Guilhem Olivier, existió la posibilidad de contacto homosexual en espacios de convivencia masculina habitual como las escuelas telpochcalli o el calmécac.
Las crónicas novohispanas afirman que al ascender al trono de Texcoco, Nezahualpilli, supo que los caciques alrededor permitían la homosexualidad, cosa que enfadó al nuevo Señor de Texcoco que ordenó pena de muerte a quien cometiesen pecado nefando. Según el cronista Alva Ixtlilxochitl, el pecado nefando se castigaba con pena de muerte. A quien hacía de pasivo se le removían las entrañas y se le prendía fuego desde dentro mientras al activo se le amarraba a un madero y se le cubría con ceniza caliente hasta asfixiarlo; luego se les quemaba vivos. De hecho se asegura que Nezahualcóyotl habría condenado a muerte a cuatro hijos suyos (según Clavijero) por su homosexualidad.
A menudo se acusó a los sacerdotes de prácticas homosexuales. Bernal Díaz del Castillo, aseguraba que los sacerdotes de Cempoala lo hacían previo a sus rituales, mientras Alonso de Zuazo describió orgías homosexuales previo al ritual del sacrificio humano. El mismo caso ocurría en el Señorío de Tlaxcala donde solamente los sacerdotes tenían permitido representar a las diosas y debían travestirse como ellas en las ceremonias. Y en la Gran Tenochtitlán, los sacerdotes debían vestirse con la piel desollada de una mujer para personificar a Chicomecóatl, diosa del maíz, en el Templo Mayor.
Se considera que los rituales públicos tenían tintes homoeróticos. Así, por ejemplo, adoraban a la diosa Xochiquétzal, que bajo su aspecto masculino, con el nombre de Xochipilli, protegía la prostitución masculina y la homosexualidad. La historia mítica del pueblo azteca se dividía en cuatro «mundos», de los cuales el anterior había sido «una vida fácil, débil, de sodomía, perversión, del baile de las flores y de adoración a Xochiquétzal», en la que se habían olvidado las «virtudes masculinas de la guerra, la administración y la sabiduría». Es posible que esta historia hiciera referencia a los toltecas. El autor Richard Texler, en su libro Sex and the Conquest, afirma que los aztecas convertían a algunos de los enemigos conquistados en berdaches, siguiendo la metáfora de que la penetración es una muestra de poder.
Se sabe también, que durante las ceremonias del Señorío de Tlaxcala, había hombres vestidos como mujer que desfilaban al lado de las prostitutas para las celebraciones religiosas. Travestirse durante las ceremonias religiosas era una constante en el mundo prehispánico. Hay noticias de esto en las fiesta de Títitl (20 sacerdotes personificaban a las tonan), en la fiesta Uey Tozoztli (una mujer era vestida y rapada como hombre), y en la fiesta del dios Paya en la Huasteca (donde hombres bailaban vestidos con pelucas y trajes de mujer).
Algunos autores afirman que estas estrictas leyes no eran empleadas en la práctica y que los homosexuales eran relativamente libres. Por ejemplo, citan crónicas españolas que hablan de sodomía generalizada que incluía a niños de hasta 6 años o de niños que se vestían como mujeres para ejercer la prostitución. Las crónicas también hablan de actos religiosos en los que se practicaba la sodomía.
Por el contrario, en el Códice Florentino, Fray Bernardino de Sahagún menciona que según los indígenas:"El sodomético paciente, es abominable, nefando, y detestable, digno de que hagan burla, y se rían las gentes; y el hedor, y la fealdad de su pecado, nefando, no se puede sufrir, por el asco que da a los hombres."La existencia del lesbianismo está atestiguada por la palabra náhuatl patlacheh, que denomina a mujeres que realizan actividades masculinas, incluyendo la penetración de otras mujeres, como revela la Historia general de las cosas de Nueva España de Bernardino de Sahagún.
Existe en la "Descripción de la provincia de Tlaxcala" de Diego Muñoz, la historia de un hermafrodita, que estaba sometido junto con otras 20 mujeres, de manceba a un hijo de Xicontécatl. Cuando el hijo no estaba con las concubinas, el hermafrodita adoptaba actitud varonil, procurando, cuidando y teniendo relaciones sexuales con el resto de mujeres. Fue descubierto porque una de ellas quedó embarazada y todo el grupo fue juzgado de traición a su amo y marido. Las mujeres fueron repudiadas y casadas con otros señores, mientras el joven fue condenado a ser abierto del costado con un pedernal. Desangrándose, intentó huir mientras los jóvenes tlaxcaltecas lo apedreaban, hasta que cayó muerto. Diego Muñoz Camargo, Descripción de la provincia de Tlaxcala, p. 201; Historia de Tlaxcala, lib. I, cap .VIII, pp. 151-152. miniaturadeimagen|380x380px|"Maya-Tones I" (2013) Autor Desconocido. Figurilla de barro del Estado de México.|centro Los pueblos indígenas Este segmento se refiere a las prácticas sexuales prehispánicas que aún permanecen vigentes en la actualidad dentro de comunidades indígenas.
Los tarascos Al momento de la conquista, entre el pueblo tarasco (posteriormente purépechas) se cuenta que cuando Quénomen, esposa de Corócomaco, Señor de Tzacapu, ascendió al trono; tuvo que ser ataviada con el ropaje masculino que incluía una rodela y una porra, de tal forma que travestida, demostraba su virilidad.
Se sabe que cuando un cazador era torpe, lo obligaban a ponerse una falda que demostrara su falta de virilidad.
Los rarámuri En los pueblos nómadas del norte del país, no existía un término para referirse a la homosexualidad hasta la llegada de los españoles. Dentro del pueblo rarámuri o tarahumara, se les denominó como Reneke o Nawiki. Ahí, los roles de género consisten en que el hombre sea el proveedor económico y la mujer permanezca al cuidado del hogar, por lo que los reneke o nawiki, son además, personas que pueden cambiar el rol de género sumado a sus prácticas sexuales.