Jesús de Galíndez Suárez, (Madrid, 12 de octubre de 1915 - República Dominicana, 5 de junio de 1956) fue un escritor, jurista, profesor y político español de ideología nacionalista vasca.

Fue secuestrado en Nueva York y enviado a la fuerza por avión a República Dominicana donde fue asesinado por orden de Rafael Leónidas Trujillo. Escritor, jurista y profesor de la Universidad de Columbia y delegado del Partido Nacionalista Vasco en el Gobierno Vasco del exilio.

Biografía Infancia y formación Existen noticias contradictorias sobre el lugar de nacimiento de Jesús Galíndez. Aunque algunas fuentes citan su lugar de nacimiento como la localidad de Amurrio, en la provincia vasca de Álava, parece ser que realmente nació en Madrid, el 12 de octubre de 1915. Era hijo de Jesús de Galíndez Rivero, médico oculista, natural de Amurrio; y de la madrileña María Suárez Romarate, que murió a los once días de dar a luz a su hijo. Debido a este hecho, el pequeño Jesús se crio con sus abuelos en Amurrio, mientras su padre vivía y ejercía su profesión en Madrid. Jesús de Galíndez vivió en el caserío Larrabeobe durante su infancia y estuvo muy unido a su abuelo que era médico y alcalde de Amurrio. Tras realizar sus estudios primarios en Amurrio, su padre decidió que se trasladara a estudiar a Madrid para tenerlo también más cerca, aunque lo internó en Nuestra Señora del Recuerdo, el colegio de los jesuitas en el entonces municipio independiente de Chamartín de la Rosa. En paralelo su padre se había vuelto a casar y había tenido un hijo.

Participó en los movimientos estudiantiles contra Primo de Rivera en la década de 1920. A la hora de elegir estudios universitarios prefirió el Derecho, frente a la tradición familiar. Pronto despertó también su actividad literaria y publicó en Madrid en 1933, con sólo 18 años, La M. N. y M. L. Tierra de Ayala, su Señorío y su Fuero e Ideas políticas de Saavedra Fajardo. Realizó otras dos obras menores de temática penal en 1934: La legislación penal en Vizcaya y Psicología-Herencia-Delincuencia Infantil. Durante su época universitaria se relacionó activamente con Euzko Ikasle Batza, una asociación estudiantil nacionalista vasca que operaba en Madrid impartiendo conferencias y trabajando para ellos. También se vinculó con las actividades del Hogar Vasco en Madrid, sede del Partido Nacionalista Vasco (PNV) en la capital de España. Aunque era madrileño de nacimiento y había vivido la mayor parte de su infancia y juventud en Madrid, Galíndez mantuvo siempre una fuerte vinculación afectiva con Amurrio y con la Tierra de Ayala. Siempre que podía se iba de vacaciones a la casa de sus abuelos. Esta relación afectiva y sentimental acabó derivando en una inclinación política al nacionalismo vasco, en el que militó desde los 17 años de edad.

Se graduó en Derecho en la Universidad Central de Madrid el 20 de junio de 1936 tras presentar una brillante tesis de grado sobre el Caserío Vasco, entendido este como institución social, económica y jurídica. A raíz de su graduación pasó a ocupar la plaza de profesor ayudante en la cátedra de Derecho Civil del profesor Felipe Sánchez-Román, pero el estallido de la guerra civil española un mes más tarde dio al traste con sus planes de futuro.

La Guerra Civil (1936-39) Vinculado desde su juventud al PNV, la llegada de la guerra civil, acontecimiento que cambiaría su vida, le sorprendió en Madrid, aunque los primeros meses del conflicto no cambiaron mucho la vida del joven Galíndez que siguió como profesor ayudante.

Durante los primeros meses de la guerra Galíndez fue testigo de la represión en la retaguardia republicana. El PNV formó en septiembre de 1936 un Comité-Delegación en el Hogar Vasco de Madrid, que se ocupó de proteger a los vascos residentes en la capital de los posibles desmanes que pudieran realizar los milicianos republicanos. Esta organización en la que se integró Galíndez se ocupó preferentemente de dar cobertura y protección a religiosos vascos que vivían en Madrid. Cuando el PNV tomó partido decidido por la causa republicana a partir de la concesión de la autonomía al País Vasco en octubre de 1936 Galíndez se presentó como voluntario para luchar en el Frente Norte, pero el PNV había decidido que sus militantes de Madrid formasen una Guardia dedicada a la protección de su sede, de los políticos nacionalistas que estaban en la capital y de dar cobertura a las actividades humanitarias del Comité-Delegación del PNV. Galíndez fue nombrado jefe de esta guardia.

En mayo de 1937 el dirigente nacionalista Manuel de Irujo fue nombrado Ministro de Justicia. A raíz de este nombramiento, durante unos meses, Galíndez pasó a ser Letrado Asesor de la Dirección General de Prisiones dirigida por Vicente Sol. En septiembre de 1937 se incorporó a la Brigada Vasca que luchaba en el frente de Aragón. Tenía el grado de Teniente en su condición de Asesor Jurídico.

Publicó en 1938 Ensueños. Treinta ensayos poéticos.

El exilio (1939) El 10 de febrero de 1939 Galíndez cruzó la frontera francesa por el puente de Bourg-Madame huyendo con los restos del ejército republicano tras la caída de Cataluña. Los franceses lo internaron en el campo de internamiento de Vernet junto con otros miles de soldados republicanos exiliados. Galíndez permaneció entre siete y ocho meses retenido en dicho campo hasta que pudo huir. Tras refugiarse temporalmente en casa de un cura vasco en Las Landas logró contactar con diplomáticos dominicanos que le permitieron exiliarse en dicho país al poco de estallar la Segunda Guerra Mundial. Sus contactos con los diplomáticos de ese país ya se habían iniciado durante la guerra civil en Madrid, donde había mantenido relaciones cordiales con los embajadores dominicano y paraguayo.

Estancia en la República Dominicana (1939-1946) left|thumb|Rafael Leónidas Trujillo, dictador de la República Dominicana Galíndez vivió durante algo más de 6 años en la República Dominicana, entre 1939 y 1946. Su estancia en el país caribeño coincidió aproximadamente con el periodo de la Segunda Guerra Mundial. La República Dominicana estaba sometida a la férrea dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, quien a pesar de ser un furibundo anticomunista, se ofreció a permitir la entrada de 100.000 exiliados republicanos españoles en su país. Sin embargo la República Dominicana no resultaba un destino demasiado atractivo para los refugiados españoles que preferían otros países como México, Argentina o Venezuela y llegaron solo unos miles. Este hecho, precisamente, fue el que animó a Galíndez a elegir la República Dominicana, ya que buscaba un país que no fuera a verse inundado por un riada de refugiados y donde por tanto fuera más sencillo destacar y labrarse un futuro. El 19 de noviembre de 1939 Galíndez desembarcó en tierra dominicana tras llegar desde Burdeos en un trasatlántico fletado por el SERE, que transportaba principalmente refugiados republicanos españoles, junto con un importante número de judíos que huían de la guerra en Europa.

Galíndez se adaptó rápidamente a la vida en la República Dominicana y no tardó en tejer una red de contactos y amistades, tanto dentro de la comunidad vasca establecida en Santo Domingo (entonces llamada Ciudad Trujillo), como entre el conjunto de exiliados españoles o entre los propios dominicanos, muchos de ellos con conexiones en el régimen, lo que le permitió asentarse y prosperar en el país caribeño. Instalado en un departamento de la calle Licenciado Lovatón de la capital, al mes de su llegada ya se relacionaba con los círculos intelectuales del país ya que se le encargó pronunciar una conferencia para el Ateneo Dominicano sobre Los vascos, raza misteriosa y de leyenda. Poco después daba clases de historia y lenguaje en un instituto de secundaria y en octubre de 1940 se le nombró catedrático de Ciencias Jurídicas en la Escuela de Derecho Diplomático y Consular que tenía la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores. Ahí fue profesor de Ramfis Trujillo, el hijo del dictador. Su preparación, dinamismo y capacidad de trabajo le hicieron ganarse un gran prestigio. Al poco fue nombrado secretario del Instituto de Legislación Americana Comparada de la Universidad de Santo Domingo para la cual tradujo el manual del catedrático Gordon Ireland, Cursillo de Derecho Constitucional Americano Comparado. Finalmente, en 1944, fue nombrado asesor legal del Departamento de Trabajo y Economía de la República Dominicana. En paralelo a su labor docente dio conferencias, colaboró con la Revista Jurídica Dominicana y la revista Clío de la Academia Dominicana de la Historia y publicó varios libros. Se puede decir que Galíndez ganó una gran consideración entre los dominicanos y así fue siempre muy cauto a la hora de tratar la política interna dominicana y el régimen trujillista. Nunca criticó abiertamente a Trujillo para no buscarse problemas con el régimen y poder ganarse la vida, pero se cuidó también mucho de rendir pleitesía al dictador, cuyo régimen político aborrecía. Durante sus años en la República Dominicana Galíndez fue recogiendo y recopilando documentación sobre la dictadura que a la postre desembocaría en el trabajo de investigación sobre el régimen trujillista, que causó su asesinato.

En paralelo a su labor académica Galíndez empezó a desempeñar un papel político más significativo, aunque siempre alejado de la política interna dominicana. Funcionaba a su llegada a la capital dominicana una delegación del Gobierno Vasco que dirigía el doctor Eusebio de Irujo, hermano del líder nacionalista Manuel de Irujo. A los pocos meses de su llegada, en 1940, sustituyó a Irujo como cabeza de la delegación, cuando este se marchó a Venezuela. Durante 5 años desempeñó por tanto el papel de máximo representante del Gobierno Vasco en la República Dominicana. Según algunos autores, durante su periodo como delegado del Gobierno Vasco en la República Dominicana fue captado por el FBI para brindar información sobre las actividades de nazis y falangistas españoles en la República Dominicana, y también sobre las actividades de comunistas españoles exiliados, a pesar de ser algo reticente a esto último.Según Arthur P. Duggan, agente de los EEUU, que se dice que captó a Galindez: "Galíndez ha sido franco al afirmar que prefiere informar sobre los nazis en Santo Domingo a hacerlo sobre las actividades de los comunistas españoles, donde cuenta con buenos contactos. De todas formas, siempre que ha podido ha brindado valiosa información sobre los movimientos e intenciones de los comunistas españoles" Esta labor se inscribiría en la consigna que el Gobierno Vasco y el PNV habían dado a sus miembros de colaborar con las democracias occidentales para ganarse el favor de las mismas para la causa vasca.